Capítulo I
El Mar de los Dioses
Hace
quince mil millones de años, cuando no existía más que el infinito
indescriptible y la nada, una gran
explosión generó la expansión de la materia circundante y los centros
energéticos estelares, dando lugar, en el último ciclo inmemorial, a la
formación de “Luniver” [La primera
galaxia viviente]. En un comienzo Luniver albergó a los “Qhua”, una raza de
hombres titánicos que devoraban la energía electromagnética y la luz visible,
pero con el pasar de los milenios se extinguieron, sin embargo, en el reinado
de “Oxul” gobernante del planeta “Cinión”;
un grupo de sabios descifraron la formula perdida de los Qhua, que fue
encontrada en “El Mar De Los Dioses”,
a la antigua formula de creación ancestral, los sabios de Cinión le llamaron “El
Almagesto”:
-¿Cuánto
falta mi señor? –preguntó el vasallo con pleitesía.
-No
mucho, Leroy, debemos acercar la barcaza hacia aquella zona rocosa –ordenó
Deyon
-Entiendo,
amo, iré a toda prisa, estas aguas fueron en algún momentos las más puras, hoy
son bandidas a los navegantes –agregó Leroy –, vamos acercándonos a los
pináculos de “Sill”, donde descansan
los corsarios de los Dioses; Señor.
-¡Callad
sirviente, Callad! ¿Has oído aquello?
-¡No!
Mi señor, las aguas son venenosas.
-Es el
rugido divino, ¡Mirad el horizonte! Ahí, detrás de aquella isla de piedras, se
encuentra “El Mar De Los Dioses”
dirigíos allí la barcaza –dispuso Deyon con prisa.
Un
viento negruzco golpeó la figura de Deyon, un cuerpo gaseoso atrapado en un
traje de metal, y un holograma virtual que aparentaba un rostro no humano e indefinible. Su voz
parecía salir de un destello cósmico, un conjunto de vibraciones que viajaba en
ondas sonoras, y encantos telepáticos. Detrás de su hombro un satélite violeta
y una estrella rojiza se entremezclaban con la niebla y el líquido plomizo del
mar pétreo.
-¡Ya
vamos acercándonos mi amo! –Señaló Leroy remando firmemente–, ahí a unos pocos
metros deberé sumergirme, en la profundidades, al lado de los pináculos de Sill.
-Deberás
traedme las tablas sagradas con la formula, donde se encuentran los antiguos
rezos de los Qhua, con ellos podré
invocaros y rescatar a nuestros antiguos dioses. Es necesario para Cinión, es la única oportunidad de
salvar al planeta de las garras del rey Erik
de Bur, Oxil estará muy orgulloso de ti, te ha
entrenado como un hijo. –dijo Deyon telepáticamente al muchacho.
Leroy extrajo
un respirador mecánico y se sumergió en las profundidades de Sill. Avistó lo que en el pasado fue una
bella ciudad con pilares de roca o mármol traído desde la luna, esferas
trasportadoras y mausoleos gigantescos, que en su parte superior se constituían
de magnificas telepantallas con imágenes de galaxias perdidas del pasado; naves
romboides incrustadas en la arena servían de hogar para extrañas criaturas
marinas de aspecto fluorescente y trasparencia gelatinada. La bella ciudad de Sill, mostraba su cara más primitiva y
amable, donde se albergó alguna vez una raza superior de semidioses, tal como
Deyon, de una inalcanzable sabiduría y ostentosa tecnología. Luego una
devastación natural dejo a la ciudad bajo el agua, muriendo todos sus
habitantes, salvo uno, que permaneció oculto en la galaxia, hasta ahora…
Leroy
nadó hacia la cúpula principal de la ciudad, lo que en el pasado fue el centro
de comando superior de los gobernantes de Sill,
y en un cubo de cristal acuoso, se divisaba las tablas sagradas con los rezos
de Cadam, presionó un botón de piedra, que desestabilizó
el campo magnético del cubo, se abrieron
unas compuertas, y una mano mecánica deslizo las tablas sagradas con
proximidad, Leroy las cogió con cuidado, extraños jeroglíficos centellaban con
luminosidad extrema, el encanto hipnótico de las tablas entró por sus jóvenes
ojos, se sintió en una calma pura que no podía relatar, pensó intrigado en el
significado de todos esos símbolos antiguos,
y se dispuso a nadar devuelta a la barcaza.
El
viento soplaba con fuerza, el mar negro como el petróleo, el cielo ensangrentado
se escapó en el horizonte silenciado; unas aves gigantescas de aspecto
prehistórico, y de fuertes mandíbulas deformes, danzaban sobre la barcaza;
Leroy, con dificultad, logró subirse, mientras su amo miraba con atención las
aves que acechaban.
-¡Pronto!
Leroy, debemos irnos, he sabido de muchos hombres que han muerto en estas
aguas, a estos pájaros los llaman “Los devoradores” –dijo Deyon con un tono
vocal vibrante, simulando una voz humana de alarma –, ¡tomad mi mano muchacho!
¡Pronto! ¡Entrad a la barcaza!
Leroy
se aterrorizó al ver las aves y se
apresuró con una hábil persuasión.
-Aun no
nos han visto mi señor, su punto débil en su nublada visión, sabe que estamos
aquí, pero no puede estar seguro de atacar –agregó Leroy –, luego, dejó las tablas
en la parte trasera de la barcaza y la cubrió con un dispositivo magnético,
extrajo su alabarda laser del cinturón, y se puso delante de su amo, como un
valiente guardaespaldas, esperando que el ave se lanzara en picada.
-¡Oh!
¿Qué haces Leroy? Me impresiona tu valentía, –vocalizó robóticamente Deyon.
Las
aves se acercaban cada vez más a la barcaza y gruñían como fieras indomables
-Solo
hago mi trabajo. Señor. –puntualizó.
-¡Dejadme
a mí! Hidalgo soldado, que yo os combatiréis con la fiera. –replicó Deyon.
Leroy
volteó hacia su amo y retrocedió unos pasos mientras las aves se acercaban; una
de ellas, abrió su maloliente mandíbula y dejo caer un gargajo de fuego en la
barcaza.
-¡Cuidado
Señor! –baladró el discípulo.
Deyon alzó
sus brazos, y en un dialecto extraño, pronunció unas palabras que se asimilaban
a una orden divina. De sus manos de desprendió una luz luminosa fantasmagórica
que rodeó la barcaza; después se formó una gran esfera que albergó el bote, tal
cual fuera, un campo de fuerza que protege a una nave de combate. Las aves
comenzaron a lanzar gargajos de fuego que chocaban en el campo de fuerza.
-¿Cómo
puedo ayudarlo mi amo? –Insistió el sirviente –, no soportaremos mucho tiempo.
Los
bólidos fe fuego caían abundantemente, como lluvia de aerolitos.
-Debemos
trabajar juntos –bramó metálicamente Deyon –, usaremos vuestra alabarda laser
para mataros, esperareréis a que se
cansen de arrojar gargajos, yo quitaré el campo de fuerza y saltaras con la
lanza hacia las aves, intentad herirlas en su pico o alas.
-¡Muy
bien! Estoy preparado –exclamó Leroy.
-¡Hagámoslo!
No seremos vencidos por ridículas aves.
Deyon
retiró el campo de fuerza, y el sirviente brincó hacia las aves bestiales; decapitando
a una e hiriendo a otra en su ala izquierda, al caer giró hábilmente el
alabarda esquivando los gargajos de fuego; en un segundo brinco hirió a dos
aves gravemente y estas se desplomaron en picada hacia el mar pétreo; en el
tercer brinco degolló a dos aves de una pasada e hirió de muerte a la última,
pero al caer conjuntamente, esta le arroja un gargajo que le impactó en su
brazo derecho arrancándolo de cuajo. Leroy cayó sobre la barcaza mientras las
aves muertas se hundían en el océano decrepito.
-¡Señor,
vio como mate a las infelices! –gimió el muchacho, como si el dolor no fuera
parte de su cuerpo, no se inmutó ningún segundo por la pérdida de su miembro.
Deyon
se arrancó su capa, y fabrico un torniquete presionando con firmeza por la
parte superior del codo.
-¡Fuiste
muy valiente! Estarás bien. Pronto llegaremos a la orilla de la playa, en la
nave hay medicinas y una cápsula de regeneración molecular, te curaré ese
brazo, solo debes resistir un poco más –Dijo Deyon alentando al joven discípulo–,
regresaremos al “Centaurus” [nave
nodriza imperial] Oxul estará muy orgulloso de ti, solo descansa.
-Mi
señor, alguna vez le he dicho que nunca conocí a mi padre, jamás pude
encontrarlo en toda Cinión, ahora está muerto ¡Por todos los cielos! –exclamó el joven.
-Tranquilo
mi querido discípulo. Tu padre estaría muy orgulloso de ti, hoy has sido un
héroe para Cinión, has logrado
encontrar las tablas de Sill y
mataste esas aves bestiales con gran habilidad. Motivos sobran para confiar en
vuestro aplomo y mañana lo sabrán todos los habitantes de Cinión –dijo Deyon telepáticamente.
El
joven vio sus contornos faciales reflejados en el rostro holográfico del
semidiós; el agua estaba tranquila y silenciosa; los satélites del cielo rojizo
pululaban tras el hombro del enigmático cuerpo del divino; el joven discípulo
cerró sus ojos con nostálgica ventura.
***
Capítulo II
Las Tablas de Sill
La nave
despegó en dirección hacia el Centaurus; Deyon tomó las tablas y las
acomodó en una esquina de la nave. El cuerpo de Leroy dormía en la cápsula de
regeneración molecular; Oxil apareció por el visor principal.
-Deyon
¿Cómo se encuentra usted y Leroy? –preguntó el gobernante.
-Hemos
sufrido un percance en los pináculos de Sill,
pero ahora nos encontramos a salvo y en dirección hacia Centaurus.
-¿Qué fue lo que sucedió exactamente? ¿Han podido rescatar
las tablas? –señaló Oxil con voz tranquilizadora, se podía divisar el
movimiento solemne y circundante de su capa tras la luz estelar.
-Las
tablas están a salvo –respondió –, Leroy
nadó en las profundidades de la cuidad de Sill y las rescató; luego, fuimos atacados por aves bestiales de la
isla señor; pero el muchacho luchó con arrojo contras las criaturas, en la
disputa un ave le arrancó un brazo de un gargajo, pero ya está siendo
regenerado en la cápsula.
-¡Me
alegra escucharlo! –Repuso Oxil–, no podía esperar menos de este joven; lo he
criado desde que era un niño; como ya lo sabe, él es un creyente de los
antiguos Qhua, y dará su vida por
protegerlo si es necesario, el chico
ignora que usted es un descendiente de ellos; es un muchacho de corazón puro y
valiente, creció en una aldea pobre de Cinión,
perdió a su padre en las antiguas guerras y su madre lo abandono, y desde entonces
lo he criado a mi lado como un hijo; muy pronto será un gran guerrero.
-Me
halaga señor –dijo Deyon, y los contornos de su rostro holográfico se hizo más
rutilante–, el hecho de que haya confiado en mí, la vida de este joven
aprendiz, ha sido el honor más grande que os recibido de un gobernante. Trataré
de no defraudaros su confianza, ni la de los habitantes de Cinión.
Deyon
bajó su cabeza en señal de reverencia.
-El
honor es todo mío –repuso Oxil–, sin su ayuda nada de esto sería posible, en un
usted está la esperanza de la sabiduría de los Qhua; es la leyenda viviente de nuestros dioses de antaño, los que
empezaron la construcción del universo, nuestros creadores; tal vez, algún día
comprenderemos el “¿Por qué?” De nuestra existencia y el origen de las
galaxias; buscaremos Luniver y el
renacer de los nuevos mundos que nos esperan, y cuando llegue ese momento,
espero tenerlo a mi lado Deyon, y al joven aprendiz, él confía en usted y su
sabiduría más que nadie, y yo como su rey le aseguro que no lo defraudará.
-Coincido
totalmente majestad, espero cumplir todas vuestras expectativas y proteger al
muchacho –agregó el semidiós.
-¡Hasta
luego Deyon! Lo esperaré con ansiedad.
-hasta
la vista majestad.
El
visor se apagó y Deyon se quedó mirando por el ventanal de la nave un nido
destellante de estrellas en la lejanía; pensó en todo lo dicho por Oxil, y en
los habitantes de Cinión, y de la
confianza que había entregado en él, siendo un semidiós, pero con inquietudes y
defectos humanos, se acercó a la cápsula donde se encontraba Leroy, y observó
que el joven tenía los ojos abiertos; se preguntó para sus adentros, si el
chico había escuchado la conversación con Oxil, pensó en utilizar telepatía en
el chico, pero luego desistió.
-¿Dónde
estamos señor? ¿Ya llegamos a Centaurus? –preguntó y luego tosió un instante.
-Aun
no, joven aprendiz, pero ya estamos muy cerca, recién el sabio gobernante de Cinión se comunicó conmigo, le conté lo
sucedido, y de lo valiente que fuiste, estarán todos orgullosos de ti. ¿Sientes
el brazo?
-Sí, mi
señor, pero quisiera un poco de agua.
-¡Tomad!
aquí está mi cantimplora.
El
joven bebió a grandes sorbos.
-La
cápsula proyecta que la regeneración celular fue un éxito. Dentro de poco
empezaras a sentir un leve cosquilleo, y
tu cerebro acomodará la información.
-Gracias
Señor, por un momento pensé que podía escapar sin lesiones al destruir esas aves
monstruosas, Pero me equivoque.
-No
importa joven aprendiz –respondió vivazmente –, todos hemos tenidos heridas de
guerra en las primeras aventuras, fuiste muy valiente y serás un gran guerrero.
Te lo aseguro.
¡Atención!
–Clamoreó la operadora de la nave–, tripulantes hemos llegado a Centaurus
-¡Pronto!
Vístete Leroy, nos presentaremos ante Oxil, llevaos vuestras tablas, ha llegado
el momento de saber su contenido. No querrás perderte esto, ¿estoy en lo
cierto?
-De ningún modo –el joven sonrió y se puso la túnica y su
alabarda laser.
Leroy
se paró tenazmente y su cara lucia como nueva, su brazo ya respondía. Deyon
parecía sonreír y su rostro holográfico destelló. Bajaron de la nave, y un par
de robots imperial los dirigió por los numerosos pasillos del Centaurus, los portanaves estaban por
doquier, los cohetes despegaban generando un remolino que se perdía entre las
estrellas y la abertura superior del Centaurus;
la colosal nave imperial, estaba
equipada de cientos de robots androides dispuestos a morir por Cinión.
-Es
extraño –dijo Leroy –, solo dejo la nodriza unos días, y olvido su
magnificencia, siempre he soñado en navegar por la galaxia de Luniver, espero que sea a bordo de Centaurus.
Los
robots androides dejaron a los aventureros en las puertas del templo, la nave
estaba equipada y construida según la última cuidad de la bella Cinión, a imagen y semejanza de Sill.
Oxil salió de inmediato a recibirlos.
-¡Mi
querido muchacho! –Dijo el rey abriendo los brazos de par en par–, he sabido de
tu gran hazaña, ya eres todo un guerrero, has aprendido bien de los soldados
imperiales.
-Gracias,
su majestad.
-Deyon,
usted se ha ganado mi gratitud, espero poder ayudarlo en lo que sea.
-Estoy
a su servicio. –Respondió telepáticamente –, he aquí vuestras tablas majestad,
hemos cuidado de ellas para descifrar el destino que nos depara.
-¡Síganme!
–ordenó Oxil, mientras caminaba de espalda, luciendo su bella capa imperial de
bordes luminiscentes.
Las
puertas del templo se abrieron de hito a hito, dos soldados imperiales
guardaban en cada extremo con sus sables y escudos magnéticos. La catedral
lucia imponente, su forma de rombo alargado jugaba con los destellos lumínicos del universo; en el
centro, un altar de piedra cristalizada, y en fondo un panel con un espejo de
superficie azogada.
-Leroy,
pasad las tablas de Sill a Deyon,
solo un descendiente semidiós de los antiguos Qhua, puede activar las memorias en el altar, -ordenó el rey.
Deyon
se inclinó ante Oxil, y alzó sus manos recibiendo las tablas, caminó hacia el
altar y las puso en la superficie, cuadrando perfectamente el gran libro por
los bordes de piedra; los jeroglíficos se iluminaron como fuego incandescentes
y un haz de luz cruzó por todos los cristales del templo, hasta llegar a la
superficie azogada del espejo:
ALMAGESTO
[Las Tablas de Sill]
Tabla I
En las tumbas sagradas de Luniver
Yace tu cuerpo de titán majestuoso
Y tu infinito poder florece en el olimpo
del Qhua
En el canto inmemorial que da vida al
universo
Tabla II
En Luniver naciste un día, ¡Oh! Dios de
Dioses
Y la estrella encantada cobijó tu alma
El tronar de los espejismos siderales
Albergó tu corazón inmortal supremo
Tabla III
¡Oh! Que grandeza señor mío, vuestra
espada
Forjó el multiverso y tu escudo erigió
las galaxias
Y en siete días formaste los planetas
En “Cadam” [La tierra] creaste hombres
libres a tu semejanza.
Tabla IV
Y al final del día brotaron nuevos
universos
Y mundos paralelos abrigaron tu alma
El egoísmo de los hombres destruyó Cadam,
pero dejaste a los hombres libres
Dominar nuevos mundos, y os distéis tu
divinidad
Tabla V
Después tu alma se apagó por mileños, ¡Oh! Lumínico esplendor
Vuelve
de las cenizas eternas y alumbra nuestras vidas
Deja
que tus manos fuertes forjen lozanos mundos
Has
de tu nuevo nacimiento, nuestra devoción. [Religión]
Las
tablas fueron reveladas a través del espejo del gran templo, Oxil se inclinó en
el altar y acarició embelesado el
retablo. Deyon y Leroy observaron lo sucedido con asombro; el gran secreto de
los antiguos Qhua había sido
revelado. El rey retrocedió lentamente del sagrario mientras rezada.
-Debemos
ir a Luniver –sentenció el gobernante–,
ya sabemos dónde buscar, aún existe la esperanza de encontrar Cadam, ahí descansan las tumbas de los Qhua, debemos revivir a nuestro gran
Dios “Almagesto”, que me dicen amigos
míos, ¿se unirán en esta gran odisea?
-Cuente
conmigo –dijo Leroy dando un paso hacia delante.
-Nunca
pensé que llegaría este día –agregó Deyon–, ¡Por fin! Podre conocer al gran
señor del universo, los inmortales de donde desciendo.
Leroy
miró sorprendido
-¿Es
eso cierto, mi amo? ¿Usted desciende de los dioses del Qhua? –preguntó el joven con entusiasmo.
-Estas
en lo correcto –dijo el rey mostrando sus palmas –. Decidimos no decirte hasta
que regresasen de Sill, estuviste a
prueba todo el tiempo, ahora eres el primer discípulo de un descendiente de los
dioses, los creadores del universo, Deyon el semidiós ha aceptado ser tu
maestro.
El
joven corrió hacia el rey y lo abrazó fuertemente. Deyon se acercó al joven, lo
tomó de los hombros y le dijo:
-Leroy
¿estás preparado para conocer a los dioses?
-Sí
–respondió emocionado
-Bueno,
mis queridos aventureros –interrumpió Oxil –, debemos armar los preparativos
para emprender el viaje, mañana partiremos a Luniver.
Capítulo III
Luniver
Luniver,
la primera galaxia en espiral del universo, la que albergó el origen de los dioses
ya era una realidad para el gobernante del planeta Cinión, solía imaginar desde su niñez el momento de conocerla; había pasado cinco generaciones de
gobernantes de dinastía sagrada de Cinión,
y ninguno había contado con la ayuda de un semidiós como Deyon. El momento
llegaría; pero, no obstante el peligro asechaba, su enemigo del planeta Bur, el Rey Erik buscaba las tablas para
revivir al Dios y así dominar el
universo.
-¿Ya
están listos los preparativos para el viaje a Luniver? –preguntó el rey Oxil a
los soldados imperiales.
-Hemos
dejado todo preparado y al alcance para partir señor, las naves están listas
por si nos atacan, los soldados coordinados, el Centaurus es una de las naves más equipadas del imperio su
majestad, mucho más que las antiguas naves nodrizas de Sill. –señaló el capitán androide.
-¡Muy
bien! Gracias por su cooperación Capitán, hemos hecho un gran trabajo. ¿Qué
opinas Deyon?
Se
quedó pensativo mientras miraba todos los preparativos por el visor principal
de la nave; caminó de un lado para el otro con los brazos atrás, luego
respondió:
-Es
necesario estar preparado para todo –dijo con ímpetu–, incluso para la muerte.
-¡Para
la muerte! –exclamó el rey temeroso.
-Sí
Hubo un
silencio largo he incómodo.
– Debemos recordar que el rey Erik del planeta Bur, tiene el mismo objetivo que nosotros, solo que él l quiere dominar la galaxia y entablar el mal, es
posible que muchas vidas se pierdan en esta expedición, debemos estar preparado
para un ataque sin precedentes, nos llevará hasta el límite, el Centaurus es una nave muy fuerte y
nuestras aeronaves guerreras son más
sofisticadas que las de ellos; pero, los
soldados del planeta de Bur son más
fuertes que nuestros robots androides, nos superan el doble de estatura, –a
un humano promedio me refiero–, nuestra
opción es pelear con nuestra tecnología, pero jamás cuerpo a cuerpo. No podremos
soslayar estos detalles. –Señalo Deyon, y su rostro holográfico tomó un tono
más opaco.
-¿Qué
oportunidad tenemos de sobrevivir mi señor? –preguntó Leroy.
-Si mis
cálculos no fallan. Hay un cincuenta y cincuenta porcentaje de sobrevivencia;
cualquiera de los dos mundos puede ganar; pero, nuestra táctica debe ser el
factor sorpresa, adelantarnos y llegar a Cadam
antes que ellos, o esperar que ellos lleguen primero y atacarlos.
-Será
difícil encontrar Cadam en Luniver –repuso el rey.
-Lo
sabremos de inmediato –agregó el semidiós–, Cadam
aun luce como la antigua tierra, así lo llamaban nuestros antepasados, la raza
humana no ha cambiado mucho de aspecto desde aquellos tiempos, solo evolucionó
su tecnología.
-¿Y qué
pasará con la galaxia? –insistió Oxil.
-Es muy
probable que nos estén esperando. Me atrevería a decir que el rey Erik nos confrontará a la entrada de Luniver, para arrebatarnos las tablas.
Luego dirigirá sus naves guerreras a Cadam,
intentará destruir el planeta; hay que anticiparse a todo.
-¿Con
que armas contamos?
-Con
aquellas que hemos elaborados, pistolas plasmáticas, cañones protónicos y
alabardas laser; es lo que usaran los robots androides, las naves guerreras
están bien equipadas con bombarderos y además contamos con el arma principal
del Centaurus.
-Ok
–dijo el rey –, ¿Hay algo más que agregar?
-No
señor –dijo Deyon.
-Bueno,
Leroy y Deyon me acompañaran, nos
quedaremos aquí, en el centro de mando principal, me han avisado por el visor
imperial que ya estamos pronto de llegar a Luniver
–masculló Oxil –, pero antes permítanme presentarles a quien nos apoyará en las
tácticas de guerra.
Las
puertas automáticas de la cabina se abrieron, Oxil sonrió.
-Permítanme
mis queridos amigos, presentarles a mi hija, ella es Ayana.
Una
mujer alta de finos rasgos delgados, labios gruesos y ojos pardos tomó los
brazos de Oxil y acarició su canoso pelo. Amaya era la única hija del rey, y una
experta en las tácticas de guerra imperial, desde niña fue preparada por los
robots androides para gobernar junto a su padre, tal como a Leroy.
-¡Hola!
–dijo la princesa y soslayó la mirada dulcemente.
Leroy
quedó atónito con la belleza de la princesa, el rostro holográfico de Deyon
brilló como el nacimiento de una estrella.
-¡Hola!
Princesa –respondieron el maestro y el discípulo al mismo tiempo y torpemente.
Muy
bien señores, no se queden mudos –insinuó Oxil –pregunten lo que deseen.
-¿Qué
táctica usara el rey Erik, si nos
espera en la entrada de Luniver? –se
atrevió Leroy.
-Una de
las más hostiles y despiadadas, con los años he comprendido que los habitante
de Bur, solo buscan apartarnos del
sistema imperial, es como la selección natural, tal como se decía en el antiguo
Cadam; ellos son más grandes y
fuertes, son guerreros natos, buscaran en todo momento destruirnos; nuestros cuerpos son pequeños y
frágiles, y no tendremos posibilidad ante ellos en un enfrentamiento cuerpo a
cuerpo, pero poseemos mejor tecnología, tenemos
robots androides que están
modernizados con tácticas de guerra de última generación. Lo que debemos hacer
es atacarlos primeros, en la primera línea –la princesa extrajo su visor
portátil y proyecto un holograma–, aquí está el mapa de Luniver, ellos esperaran de frente, su objetivo es arrebatarnos las
tablas, sin ellas no podrán invocar a los Qhua,
intentaran hacerlo en la intercepción de Kah,
en la órbita circular de los planetas olvidados, donde se encuentra la entrada
a Luniver.
-¿Y qué
debemos hacer…, esperar? –preguntó Leroy desconcertado.
Ayana
desconecto el mapa del visor y caminó hacia él chico.
-¡Jamás!
–Exclamó –, nunca podremos esperar cuando se trata de un Bur, si nos atrapan no tendremos alternativa, se apoderaran de las
tablas y viviremos como esclavos en su planeta. Debemos empezar la guerra.
Deyon
asintió con la cabeza; el rey bostezó y dijo:
-Entonces,
ya está todo dicho. Deyon ordena los preparativos del ataque; ya nos
aproximamos a Luniver; que estén
todos listos y dispuestos.
-Sí,
Majestad.
Deyon
miro al muchacho y le dijo telepáticamente –Leroy, ya estamos en guerra,
prepárate muchacho, que la gloria nos espera.
***
Deyon
se paró frente a la horda de los robots androides, caminó de un lado a otro,
inspeccionando su equipamiento, Leroy lo observó detenidamente, cada
instrucción que daba, mientras seguía sus pasos.
-¡Ha
llegado el día! –exclamó el semidiós alzando sus brazos –, hoy atacaremos al
rey Erik de Bur, lo haremos por nuestra historia, para recuperar a vuestro Dios
“Almagesto”, y ustedes al igual que
yo, son la semejanza de la divinidad, y la continuación de nuestro reino, el
que algunas vez fue, en Cadam, donde
el cielo era celeste y el mar azul, allí volveremos a rescatar lo nuestro, todo
aquello que una vez soñaron, todo lo que vieron en los antiguos escritos, será
revelado por los dioses de Qhua, por
eso; mis queridos androides, deben pelear, y deben ganarle a la tiranía. El
enemigo es más poderoso, es cierto, pero ellos no tienen el coraje ni el
espíritu que heredamos de los dioses. Debemos vencer y así será.
Los
androides hicieron un ademan de reverencia ante Deyon, uno de ellos vocifero: –
¡Hurra! ¡Vida a Deyon! Nuestro salvador, el semidiós. Leroy también se
reverenció
Los
soldados prepararon sus armas y marcharon hacia las aeronaves guerreras; Deyon
y su discípulo tomaron posición y se embarcaron en las aeronaves.
-¡Buena
suerte! –dijo Deyon al muchacho.
-¡Buena
suerte maestro! –respondió raudo.
Miles
de aeronave despegaron del interior del Centaurus
al espacio exterior.
-Deyon
–dijo Leroy por el visor de la aeronave–, en sus ojos se notaba algo de miedo.
-Sí,
aprendiz –contestó.
-debo
confesarte algo antes de partir, pues quizá, nadie sabe que pueda pasar, no
pretendo morir, pero siempre es una probabilidad.
-Dime
–Deyon suspiro.
-He
sentido una sensación muy extraña al ver a la princesa Amaya, como un
cosquilleo en el centro del estómago, y me he estremecido, ¿Qué me estará
pasando?, ¿Será aquello de que hablan los habitantes de Cinión?
-¿Qué
hablan precisamente?
-Es un
antiguo ritual que concebían hombres y mujeres, algunos les llamaban “Amor”, ¿crees que sea posible saber más
de aquello?
-Todo
es posible si liberamos a nuestros dioses, sabremos del Amor y mucho más, pero
ahora Leroy, hay que concentrarse, debemos estar atentos al encuentro con los
Burianos.
-¡Esta
bien maestro! –masculló Leroy.
Las
naves imperiales se acercaban con gran velocidad a intercepción de Kah, el espacio estaba en silencio, sin
avizorar naves enemigas.
-¡Miren
allí! –Dijo un soldado androide–, nos acercamos a los planetas olvidados, que
aterrador panorama señor; ¡son planetas fantasmas!
Las
aeronaves pasaron por el rededor de cientos de escombros de mundos destruidos,
partes rocosas y ciudades flotantes por doquier, la desoladora imagen de civilizaciones
antiguas, desbastada sin saber ¿Por qué? O ¿por quién?
-Son
las antiguas ciudades, de las primeras colonizaciones –agregó Deyon –, eran las
primeras fundadas por hombres de Cadam,
al principio de la era de las guerras galácticas, estas ciudades flotantes,
están aquí hace millones de años, nadie tiene más información, espero los
dioses expliquen esta devastación.
Las
aeronaves esquivaron los restos de planetas flotantes, todos los pilotos
androides guardaron silencio, tal como un rezo antiguo, Leroy observó
sorprendido, pero en un instante sin percatarse, una nave Buriana disparó cerca
de su posición.
-Señores,
¡Oh! ¡Por Luniver! Me están
disparando –se alborotó Leroy.
-¡Precaución!
Soldados preparen sus armas –ordenó Deyon.
La
aeronave que pilotaba Leroy dio un giro
sorpresivo, y persiguió entre los escombros a la nave enemiga buriana.
-Dispare.
Soldado –ordenó Deyon.
-Es muy
hábil, no sé si logre alcanzarlo, señor; se escabulle entre la niebla
planetaria.
-Solo
siga disparando
-¿Hasta
cuándo?
-Hasta
que ordené que se detenga, lo más probable, es que esa nave buriana, sea un
señuelo, nos llevará a las otras y sabremos su posición.
-¿Y si
es una trampa?
-¡No
importa! Nuestras aeronaves son más sofisticadas, le alcanzaremos y avisaremos
su posición.
-¡Entendido!
Maestro.
Leroy
prosiguió al buriano mientras esquivaba hábilmente la basura espacial.
-Maestro.
-¿Qué?
-Creo
que la nave buriana se ha escabullido entre los restos de planeta, se escondió
en algún lado.
-¿Pudo
ver dónde?
-No,
pero creo que está entre los edificios de una olvidada ciudad.
-Prosiga
con la búsqueda, soldado…, –insistió el semidiós–. Atención a todos los pilotos
del Centaurus, quiero que se
mantengan alerta, sospecho que los burianos están cerca.
-¿Quizás
sea una emboscada? Si los burianos, nos trajeron hasta aquí, es porque se nos
adelantaron a Luniver, ¿Qué haremos
señor? –preguntó un soldado por el radio.
-Esperaremos
aquí, veremos si el soldado Leroy hace contacto, si lo seguimos hasta la ciudad
puede ser una catástrofe para nuestras fuerzas.
-Entendido
Señor.
-¿Leroy?
-Sí,
maestro
-Tenga
cuidado, los burianos son hábiles atacando, no los subestime.
-Lo sé
Maestro, aprendí bien en los entrenamientos con los robots androides, Oxil no
escatimó en los simuladores.
-Solo
recuerde, esta es la guerra real…
Un
disparo dio en frente de la aeronave que pilotaba Leroy; la nave buriana
arremetía con ráfagas laser por doquier. El muchacho respondió al ataque.
-Me
atacan, Maestro, los burianos me están acechando.
-¡Sigue
disparando! –Vociferó el semidiós –, has que te siga hacia aquel edificio, y lo
derribas sobre su nave.
El
muchacho giró la aeronave, y disparó en los cimientos del edificio, este cayó
sobre la nave buriana, pero una ráfaga del láser, lo desestabilizó.
-He
logrado derribarlo. Señor, pero pierdo
altura, creo que me estrellaré.
-¡Activa
el propulsor! O te harás papillas…, –ordenó
Deyon
se estremeció y observó la nave mientras se hacía añicos, luego hubo unos
segundos de silencio…
-¿Leroy
me copia?
La
silla de la aeronave se deslizaba flotando por el espacio, con un vaivén activado
por el paracaídas.
-¡Diantres!
Estuvo cerca, Maestro ¿Me copia? Creo que voy cayendo cerca de la nave Buriana,
está en ruinas bajo el edificio, ¿Señor? ¿Se encuentra ahí? ¡Aló! ¡Hay alguien
que me escuche! Creo que he perdido comunicación –murmuró Leroy a sí mismo.
El
muchacho cayó lentamente, hasta llegar a la superficie de lo que fue una ciudad
de un oscuro planeta fantasma. Solo y sin su nave se sentó en un pedazo de
cemento mientras sus ojos miraban las estrellas del firmamento; pensó
detenidamente en todas las enseñanzas de Oxil, repasó mentalmente todos los
entrenamientos y las tácticas de supervivencia; recordó las palabras del semidiós mientras hinchaba
su pecho a la defensiva, extrajo su alabarda laser del cinturón y se puso a trabajar en mantenerse vivo.
Continuara…
GTF

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