viernes, 16 de diciembre de 2016

ALMAGESTO (Parte 1)



Capítulo I
El Mar de los Dioses


Hace quince mil millones de años, cuando no existía más que el infinito indescriptible  y la nada, una gran explosión generó la expansión de la materia circundante y los centros energéticos estelares, dando lugar, en el último ciclo inmemorial, a la formación de “Luniver” [La primera galaxia viviente]. En un comienzo Luniver albergó a los “Qhua”, una raza de hombres titánicos que devoraban la energía electromagnética y la luz visible, pero con el pasar de los milenios se extinguieron, sin embargo, en el reinado de “Oxul” gobernante del planeta “Cinión”; un grupo de sabios descifraron la formula perdida de los Qhua, que fue encontrada en “El Mar De Los Dioses”, a la antigua formula de creación ancestral, los sabios de Cinión le llamaron “El Almagesto”:
-¿Cuánto falta mi señor? –preguntó el vasallo con pleitesía.
-No mucho, Leroy, debemos acercar la barcaza hacia aquella zona rocosa –ordenó Deyon
-Entiendo, amo, iré a toda prisa, estas aguas fueron en algún momentos las más puras, hoy son bandidas a los navegantes –agregó Leroy –, vamos acercándonos a los pináculos de “Sill”, donde descansan los corsarios de los Dioses; Señor.
-¡Callad sirviente, Callad! ¿Has oído aquello?
-¡No! Mi señor, las aguas son venenosas.
-Es el rugido divino, ¡Mirad el horizonte! Ahí, detrás de aquella isla de piedras, se encuentra “El Mar De Los Dioses” dirigíos allí la barcaza –dispuso Deyon con prisa.
Un viento negruzco golpeó la figura de Deyon, un cuerpo gaseoso atrapado en un traje de metal, y un holograma virtual que aparentaba  un rostro no humano e indefinible. Su voz parecía salir de un destello cósmico, un conjunto de vibraciones que viajaba en ondas sonoras, y encantos telepáticos. Detrás de su hombro un satélite violeta y una estrella rojiza se entremezclaban con la niebla y el líquido plomizo del mar pétreo. 
-¡Ya vamos acercándonos mi amo! –Señaló Leroy remando firmemente–, ahí a unos pocos metros deberé sumergirme, en la profundidades, al lado de los pináculos de Sill.
-Deberás traedme las tablas sagradas con la formula, donde se encuentran los antiguos rezos de los Qhua, con ellos podré invocaros y rescatar a nuestros antiguos dioses. Es necesario para Cinión, es la única oportunidad de salvar al planeta de las garras del rey Erik de Bur,  Oxil estará muy orgulloso de ti, te ha entrenado como un hijo. –dijo Deyon telepáticamente al muchacho.
Leroy extrajo un respirador mecánico y se sumergió en las profundidades de Sill. Avistó lo que en el pasado fue una bella ciudad con pilares de roca o mármol traído desde la luna, esferas trasportadoras y mausoleos gigantescos, que en su parte superior se constituían de magnificas telepantallas con imágenes de galaxias perdidas del pasado; naves romboides incrustadas en la arena servían de hogar para extrañas criaturas marinas de aspecto fluorescente y trasparencia gelatinada. La bella ciudad de Sill, mostraba su cara más primitiva y amable, donde se albergó alguna vez una raza superior de semidioses, tal como Deyon, de una inalcanzable sabiduría y ostentosa tecnología. Luego una devastación natural dejo a la ciudad bajo el agua, muriendo todos sus habitantes, salvo uno, que permaneció oculto en la galaxia, hasta ahora…
Leroy nadó hacia la cúpula principal de la ciudad, lo que en el pasado fue el centro de comando superior de los gobernantes de Sill, y en un cubo de cristal acuoso, se divisaba las tablas sagradas con los rezos de Cadam,  presionó un botón de piedra, que desestabilizó el campo magnético del cubo, se abrieron  unas compuertas, y una mano mecánica deslizo las tablas sagradas con proximidad, Leroy las cogió con cuidado, extraños jeroglíficos centellaban con luminosidad extrema, el encanto hipnótico de las tablas entró por sus jóvenes ojos, se sintió en una calma pura que no podía relatar, pensó intrigado en el significado de todos esos símbolos antiguos,  y se dispuso a nadar devuelta a la barcaza.
El viento soplaba con fuerza, el mar negro como el petróleo, el cielo ensangrentado se escapó en el horizonte silenciado; unas aves gigantescas de aspecto prehistórico, y de fuertes mandíbulas deformes, danzaban sobre la barcaza; Leroy, con dificultad, logró subirse, mientras su amo miraba con atención las aves que acechaban.
-¡Pronto! Leroy, debemos irnos, he sabido de muchos hombres que han muerto en estas aguas, a estos pájaros los llaman  “Los devoradores” –dijo Deyon con un tono vocal vibrante, simulando una voz humana de alarma –, ¡tomad mi mano muchacho! ¡Pronto! ¡Entrad a la barcaza!
Leroy se aterrorizó al ver las aves  y se apresuró con una hábil persuasión.
-Aun no nos han visto mi señor, su punto débil en su nublada visión, sabe que estamos aquí, pero no puede estar seguro de atacar –agregó Leroy –, luego, dejó las tablas en la parte trasera de la barcaza y la cubrió con un dispositivo magnético, extrajo su alabarda laser del cinturón, y se puso delante de su amo, como un valiente guardaespaldas, esperando que el ave se lanzara en picada.
-¡Oh! ¿Qué haces Leroy? Me impresiona tu valentía, –vocalizó robóticamente Deyon.
Las aves se acercaban cada vez más a la barcaza y gruñían como fieras indomables
-Solo hago mi trabajo. Señor. –puntualizó.
-¡Dejadme a mí! Hidalgo soldado, que yo os combatiréis con la fiera. –replicó Deyon.
Leroy volteó hacia su amo y retrocedió unos pasos mientras las aves se acercaban; una de ellas, abrió su maloliente mandíbula y dejo caer un gargajo de fuego en la barcaza.
-¡Cuidado Señor! –baladró el discípulo.
Deyon alzó sus brazos, y en un dialecto extraño, pronunció unas palabras que se asimilaban a una orden divina. De sus manos de desprendió una luz luminosa fantasmagórica que rodeó la barcaza; después se formó una gran esfera que albergó el bote, tal cual fuera, un campo de fuerza que protege a una nave de combate. Las aves comenzaron a lanzar gargajos de fuego que chocaban en el campo de fuerza.
-¿Cómo puedo ayudarlo mi amo? –Insistió el sirviente –, no soportaremos mucho tiempo.
Los bólidos fe fuego caían abundantemente, como lluvia de aerolitos.
-Debemos trabajar juntos –bramó metálicamente Deyon –, usaremos vuestra alabarda laser para mataros, esperareréis  a que se cansen de arrojar gargajos, yo quitaré el campo de fuerza y saltaras con la lanza hacia las aves, intentad herirlas en su pico o alas.
-¡Muy bien! Estoy preparado –exclamó Leroy.
-¡Hagámoslo! No seremos vencidos por ridículas aves.
Deyon retiró el campo de fuerza, y el sirviente brincó hacia las aves bestiales; decapitando a una e hiriendo a otra en su ala izquierda, al caer giró hábilmente el alabarda esquivando los gargajos de fuego; en un segundo brinco hirió a dos aves gravemente y estas se desplomaron en picada hacia el mar pétreo; en el tercer brinco degolló a dos aves de una pasada e hirió de muerte a la última, pero al caer conjuntamente, esta le arroja un gargajo que le impactó en su brazo derecho arrancándolo de cuajo. Leroy cayó sobre la barcaza mientras las aves muertas se hundían en el océano decrepito.
-¡Señor, vio como mate a las infelices! –gimió el muchacho, como si el dolor no fuera parte de su cuerpo, no se inmutó ningún segundo por la pérdida de su miembro.
Deyon se arrancó su capa, y fabrico un torniquete presionando con firmeza por la parte superior del codo. 
-¡Fuiste muy valiente! Estarás bien. Pronto llegaremos a la orilla de la playa, en la nave hay medicinas y una cápsula de regeneración molecular, te curaré ese brazo, solo debes resistir un poco más –Dijo Deyon alentando al joven discípulo–, regresaremos al “Centaurus” [nave nodriza imperial] Oxul estará muy orgulloso de ti, solo descansa.
-Mi señor, alguna vez le he dicho que nunca conocí a mi padre, jamás pude encontrarlo en  toda Cinión, ahora está muerto ¡Por todos los cielos! –exclamó el joven.
-Tranquilo mi querido discípulo. Tu padre estaría muy orgulloso de ti, hoy has sido un héroe para Cinión, has logrado encontrar las tablas de Sill y mataste esas aves bestiales con gran habilidad. Motivos sobran para confiar en vuestro aplomo y mañana lo sabrán todos los habitantes de Cinión –dijo Deyon telepáticamente. 
El joven vio sus contornos faciales reflejados en el rostro holográfico del semidiós; el agua estaba tranquila y silenciosa; los satélites del cielo rojizo pululaban tras el hombro del enigmático cuerpo del divino; el joven discípulo cerró sus ojos con nostálgica ventura. 

***
  
Capítulo II
Las Tablas de Sill

La nave despegó en dirección hacia el  Centaurus; Deyon tomó las tablas y las acomodó en una esquina de la nave. El cuerpo de Leroy dormía en la cápsula de regeneración molecular; Oxil apareció por el visor principal.
-Deyon ¿Cómo se encuentra usted y Leroy? –preguntó el gobernante.
-Hemos sufrido un percance en los pináculos de Sill, pero ahora nos encontramos a salvo y en dirección hacia Centaurus.
-¿Qué fue lo que sucedió exactamente? ¿Han podido rescatar las tablas? –señaló Oxil con voz tranquilizadora, se podía divisar el movimiento solemne y circundante de su capa tras la luz estelar.
-Las tablas están a salvo –respondió –, Leroy  nadó en las profundidades de la cuidad de Sill y las rescató; luego, fuimos atacados por aves bestiales de la isla señor; pero el muchacho luchó con arrojo contras las criaturas, en la disputa un ave le arrancó un brazo de un gargajo, pero ya está siendo regenerado en la cápsula.
-¡Me alegra escucharlo! –Repuso Oxil–, no podía esperar menos de este joven; lo he criado desde que era un niño; como ya lo sabe, él es un creyente de los antiguos Qhua, y dará su vida por protegerlo si es necesario,  el chico ignora que usted es un descendiente de ellos; es un muchacho de corazón puro y valiente, creció en una aldea pobre de Cinión, perdió a su padre en las antiguas guerras y su madre lo abandono, y desde entonces lo he criado a mi lado como un hijo; muy pronto será un gran guerrero.
-Me halaga señor –dijo Deyon, y los contornos de su rostro holográfico se hizo más rutilante–, el hecho de que haya confiado en mí, la vida de este joven aprendiz, ha sido el honor más grande que os recibido de un gobernante. Trataré de no defraudaros su confianza, ni la de los habitantes de Cinión.
Deyon bajó su cabeza en señal de reverencia.
-El honor es todo mío –repuso Oxil–, sin su ayuda nada de esto sería posible, en un usted está la esperanza de la sabiduría de los Qhua; es la leyenda viviente de nuestros dioses de antaño, los que empezaron la construcción del universo, nuestros creadores; tal vez, algún día comprenderemos el “¿Por qué?”  De nuestra existencia y el origen de las galaxias; buscaremos Luniver y el renacer de los nuevos mundos que nos esperan, y cuando llegue ese momento, espero tenerlo a mi lado Deyon, y al joven aprendiz, él confía en usted y su sabiduría más que nadie, y yo como su rey le aseguro que no lo defraudará.
-Coincido totalmente majestad, espero cumplir todas vuestras expectativas y proteger al muchacho –agregó el semidiós.
-¡Hasta luego Deyon! Lo esperaré con ansiedad.
-hasta la vista majestad.
El visor se apagó y Deyon se quedó mirando por el ventanal de la nave un nido destellante de estrellas en la lejanía; pensó en todo lo dicho por Oxil, y en los habitantes de Cinión, y de la confianza que había entregado en él, siendo un semidiós, pero con inquietudes y defectos humanos, se acercó a la cápsula donde se encontraba Leroy, y observó que el joven tenía los ojos abiertos; se preguntó para sus adentros, si el chico había escuchado la conversación con Oxil, pensó en utilizar telepatía en el chico, pero luego desistió.
-¿Dónde estamos señor? ¿Ya llegamos a Centaurus? –preguntó y luego tosió un instante.
-Aun no, joven aprendiz, pero ya estamos muy cerca, recién el sabio gobernante de Cinión se comunicó conmigo, le conté lo sucedido, y de lo valiente que fuiste, estarán todos orgullosos de ti. ¿Sientes el brazo?
-Sí, mi señor, pero quisiera un poco de agua.
-¡Tomad! aquí está mi cantimplora.
El joven bebió a grandes sorbos.
-La cápsula proyecta que la regeneración celular fue un éxito. Dentro de poco empezaras a sentir un leve cosquilleo, y  tu cerebro acomodará la información.
-Gracias Señor, por un momento pensé que podía escapar sin lesiones al destruir esas aves monstruosas, Pero me equivoque.
-No importa joven aprendiz –respondió vivazmente –, todos hemos tenidos heridas de guerra en las primeras aventuras, fuiste muy valiente y serás un gran guerrero. Te lo aseguro.
¡Atención! –Clamoreó la operadora de la nave–, tripulantes hemos llegado a Centaurus
-¡Pronto! Vístete Leroy, nos presentaremos ante Oxil, llevaos vuestras tablas, ha llegado el momento de saber su contenido. No querrás perderte esto, ¿estoy en lo cierto?  
-De ningún modo –el joven sonrió y se puso la túnica y su alabarda laser.
Leroy se paró tenazmente y su cara lucia como nueva, su brazo ya respondía. Deyon parecía sonreír y su rostro holográfico destelló. Bajaron de la nave, y un par de robots imperial los dirigió por los numerosos pasillos del Centaurus, los portanaves estaban por doquier, los cohetes despegaban generando un remolino que se perdía entre las estrellas y la abertura superior del Centaurus; la colosal nave  imperial, estaba equipada de cientos de robots androides dispuestos a morir por Cinión.
-Es extraño –dijo Leroy –, solo dejo la nodriza unos días, y olvido su magnificencia, siempre he soñado en navegar por la galaxia de Luniver, espero que sea a bordo de Centaurus.
Los robots androides dejaron a los aventureros en las puertas del templo, la nave estaba equipada y construida según la última cuidad de la bella Cinión, a imagen y semejanza de Sill.
 Oxil salió de inmediato a recibirlos.
-¡Mi querido muchacho! –Dijo el rey abriendo los brazos de par en par–, he sabido de tu gran hazaña, ya eres todo un guerrero, has aprendido bien de los soldados imperiales.
-Gracias, su majestad.
-Deyon, usted se ha ganado mi gratitud, espero poder ayudarlo en lo que sea.
-Estoy a su servicio. –Respondió telepáticamente –, he aquí vuestras tablas majestad, hemos cuidado de ellas para descifrar el destino que  nos depara.
-¡Síganme! –ordenó Oxil, mientras caminaba de espalda, luciendo su bella capa imperial de bordes luminiscentes.
Las puertas del templo se abrieron de hito a hito, dos soldados imperiales guardaban en cada extremo con sus sables y escudos magnéticos. La catedral lucia imponente, su forma de rombo alargado jugaba con los  destellos lumínicos del universo; en el centro, un altar de piedra cristalizada, y en fondo un panel con un espejo de superficie azogada.
-Leroy, pasad las tablas de Sill a Deyon, solo un descendiente semidiós de los antiguos Qhua, puede activar las memorias en el altar, -ordenó el rey.  
Deyon se inclinó ante Oxil, y alzó sus manos recibiendo las tablas, caminó hacia el altar y las puso en la superficie, cuadrando perfectamente el gran libro por los bordes de piedra; los jeroglíficos se iluminaron como fuego incandescentes y un haz de luz cruzó por todos los cristales del templo, hasta llegar a la superficie azogada del espejo:


ALMAGESTO
[Las Tablas de Sill]

Tabla I
En las tumbas sagradas de Luniver
Yace tu cuerpo de titán majestuoso
Y tu infinito poder florece en el olimpo del Qhua
En el canto inmemorial que da vida al universo

Tabla II
En Luniver naciste un día, ¡Oh! Dios de Dioses
Y la estrella encantada cobijó tu alma
El tronar de los espejismos siderales
Albergó tu corazón inmortal supremo

Tabla III
¡Oh! Que grandeza señor mío, vuestra espada
Forjó el multiverso y tu escudo erigió las galaxias
Y en siete días formaste los planetas
En “Cadam” [La tierra] creaste hombres libres a tu semejanza.

Tabla IV
Y al final del día brotaron nuevos universos
Y mundos paralelos abrigaron tu alma
El egoísmo de los hombres destruyó Cadam, pero dejaste a los hombres libres
Dominar nuevos mundos, y os distéis tu divinidad

Tabla V
Después tu alma se apagó por mileños, ¡Oh! Lumínico esplendor
Vuelve de las cenizas eternas y alumbra nuestras vidas
Deja que tus manos fuertes forjen lozanos mundos
Has de tu nuevo nacimiento, nuestra devoción. [Religión]

Las tablas fueron reveladas a través del espejo del gran templo, Oxil se inclinó en el altar y acarició  embelesado el retablo. Deyon y Leroy observaron lo sucedido con asombro; el gran secreto de los antiguos Qhua había sido revelado. El rey retrocedió lentamente del sagrario mientras rezada.
-Debemos ir a Luniver –sentenció el gobernante–, ya sabemos dónde buscar, aún existe la esperanza de encontrar Cadam, ahí descansan las tumbas de los Qhua, debemos revivir a nuestro gran Dios “Almagesto”, que me dicen amigos míos,  ¿se unirán en esta gran odisea?
-Cuente conmigo –dijo Leroy dando un paso hacia delante.
-Nunca pensé que llegaría este día –agregó Deyon–, ¡Por fin! Podre conocer al gran señor del universo, los inmortales de donde desciendo.
Leroy miró sorprendido
-¿Es eso cierto, mi amo? ¿Usted desciende de los dioses del Qhua? –preguntó el joven con entusiasmo.
-Estas en lo correcto –dijo el rey mostrando sus palmas –. Decidimos no decirte hasta que regresasen de Sill, estuviste a prueba todo el tiempo, ahora eres el primer discípulo de un descendiente de los dioses, los creadores del universo, Deyon el semidiós ha aceptado ser tu maestro. 
El joven corrió hacia el rey y lo abrazó fuertemente. Deyon se acercó al joven, lo tomó de los hombros y le dijo:
-Leroy ¿estás preparado para conocer a los dioses?
-Sí –respondió emocionado
-Bueno, mis queridos aventureros –interrumpió Oxil –, debemos armar los preparativos para emprender el viaje, mañana partiremos a Luniver.



Capítulo III

Luniver

Luniver, la primera galaxia en espiral del universo, la que albergó el origen de los dioses ya era una realidad para el gobernante del planeta Cinión, solía imaginar desde su niñez el momento de conocerla;  había pasado cinco generaciones de gobernantes de dinastía sagrada de Cinión, y ninguno había contado con la ayuda de un semidiós como Deyon. El momento llegaría; pero, no obstante el peligro asechaba, su enemigo del planeta Bur, el Rey Erik buscaba las tablas para revivir al Dios y así  dominar el universo.
-¿Ya están listos los preparativos para el viaje a Luniver? –preguntó el rey Oxil a los soldados imperiales.
-Hemos dejado todo preparado y al alcance para partir señor, las naves están listas por si nos atacan, los soldados coordinados, el Centaurus es una de las naves más equipadas del imperio su majestad, mucho más que las antiguas naves nodrizas de Sill. –señaló el capitán androide.
-¡Muy bien! Gracias por su cooperación Capitán, hemos hecho un gran trabajo. ¿Qué opinas Deyon?
Se quedó pensativo mientras miraba todos los preparativos por el visor principal de la nave; caminó de un lado para el otro con los brazos atrás, luego respondió:
-Es necesario estar preparado para todo –dijo con ímpetu–, incluso para la muerte.
-¡Para la muerte! –exclamó el rey temeroso.
-Sí
Hubo un silencio largo he incómodo.
 – Debemos recordar que el rey Erik del planeta Bur, tiene el mismo objetivo que nosotros, solo que él l quiere  dominar la galaxia y entablar el mal, es posible que muchas vidas se pierdan en esta expedición, debemos estar preparado para un ataque sin precedentes, nos llevará hasta el límite, el Centaurus es una nave muy fuerte y nuestras  aeronaves guerreras son más sofisticadas que las de ellos; pero,  los soldados del planeta de Bur son más fuertes que nuestros robots androides, nos superan el doble de estatura, –a un  humano promedio me refiero–, nuestra opción es pelear con nuestra tecnología, pero jamás cuerpo a cuerpo. No podremos soslayar estos detalles. –Señalo Deyon, y su rostro holográfico tomó un tono más opaco.
-¿Qué oportunidad tenemos de sobrevivir mi señor? –preguntó Leroy.
-Si mis cálculos no fallan. Hay un cincuenta y cincuenta porcentaje de sobrevivencia; cualquiera de los dos mundos puede ganar; pero, nuestra táctica debe ser el factor sorpresa, adelantarnos y llegar a Cadam antes que ellos, o esperar que ellos lleguen primero y atacarlos.
-Será difícil encontrar Cadam en Luniver –repuso el rey.
-Lo sabremos de inmediato –agregó el semidiós–, Cadam aun luce como la antigua tierra, así lo llamaban nuestros antepasados, la raza humana no ha cambiado mucho de aspecto desde aquellos tiempos, solo evolucionó su tecnología.
-¿Y qué pasará con la galaxia? –insistió Oxil.
-Es muy probable que nos estén esperando. Me atrevería a decir que el rey Erik nos confrontará a la entrada de Luniver, para arrebatarnos las tablas. Luego dirigirá sus naves guerreras a Cadam, intentará destruir el planeta; hay que anticiparse a todo.
-¿Con que armas contamos?
-Con aquellas que hemos elaborados, pistolas plasmáticas, cañones protónicos y alabardas laser; es lo que usaran los robots androides, las naves guerreras están bien equipadas con bombarderos y además contamos con el arma principal del Centaurus.
-Ok –dijo el rey –, ¿Hay algo más que agregar?
-No señor –dijo Deyon.
-Bueno, Leroy y Deyon  me acompañaran, nos quedaremos aquí, en el centro de mando principal, me han avisado por el visor imperial que ya estamos pronto de llegar a Luniver –masculló Oxil –, pero antes permítanme presentarles a quien nos apoyará en las tácticas de guerra.
Las puertas automáticas de la cabina se abrieron, Oxil sonrió.
-Permítanme mis queridos amigos, presentarles a mi hija, ella es Ayana.
Una mujer alta de finos rasgos delgados, labios gruesos y ojos pardos tomó los brazos de Oxil y acarició su canoso pelo. Amaya era la única hija del rey, y una experta en las tácticas de guerra imperial, desde niña fue preparada por los robots androides para gobernar junto a su padre, tal como a Leroy.
-¡Hola! –dijo la princesa y soslayó la mirada dulcemente.
Leroy quedó atónito con la belleza de la princesa, el rostro holográfico de Deyon brilló como el nacimiento de una estrella.
-¡Hola! Princesa –respondieron el maestro y el discípulo al mismo tiempo y torpemente.
Muy bien señores, no se queden mudos –insinuó Oxil –pregunten lo que deseen.
-¿Qué táctica usara el rey Erik, si nos espera en la entrada de Luniver? –se atrevió Leroy.
-Una de las más hostiles y despiadadas, con los años he comprendido que los habitante de Bur, solo buscan apartarnos del sistema imperial, es como la selección natural, tal como se decía en el antiguo Cadam; ellos son más grandes y fuertes, son guerreros natos, buscaran en todo momento  destruirnos; nuestros cuerpos son pequeños y frágiles, y no tendremos posibilidad ante ellos en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, pero poseemos mejor tecnología, tenemos  robots androides que  están modernizados con tácticas de guerra de última generación. Lo que debemos hacer es atacarlos primeros, en la primera línea –la princesa extrajo su visor portátil y proyecto un holograma–, aquí está el mapa de Luniver, ellos esperaran de frente, su objetivo es arrebatarnos las tablas, sin ellas no podrán invocar a los Qhua, intentaran hacerlo en la intercepción de Kah, en la órbita circular de los planetas olvidados, donde se encuentra la entrada a Luniver.
-¿Y qué debemos hacer…, esperar? –preguntó Leroy desconcertado.
Ayana desconecto el mapa del visor y caminó hacia él chico.
-¡Jamás! –Exclamó –, nunca podremos esperar cuando se trata de un Bur, si nos atrapan no tendremos alternativa, se apoderaran de las tablas y viviremos como esclavos en su planeta. Debemos empezar la guerra.
Deyon asintió con la cabeza; el rey bostezó y dijo:
-Entonces, ya está todo dicho. Deyon ordena los preparativos del ataque; ya nos aproximamos a Luniver; que estén todos listos y dispuestos.
-Sí, Majestad.
Deyon miro al muchacho y le dijo telepáticamente –Leroy, ya estamos en guerra, prepárate muchacho, que la gloria nos espera.

***

Deyon se paró frente a la horda de los robots androides, caminó de un lado a otro, inspeccionando su equipamiento, Leroy lo observó detenidamente, cada instrucción que daba, mientras seguía sus pasos.
-¡Ha llegado el día! –exclamó el semidiós alzando sus brazos –, hoy atacaremos al rey Erik de Bur, lo haremos por nuestra historia, para recuperar a vuestro Dios “Almagesto”, y ustedes al igual que yo, son la semejanza de la divinidad, y la continuación de nuestro reino, el que algunas vez fue, en Cadam, donde el cielo era celeste y el mar azul, allí volveremos a rescatar lo nuestro, todo aquello que una vez soñaron, todo lo que vieron en los antiguos escritos, será revelado por los dioses de Qhua, por eso; mis queridos androides, deben pelear, y deben ganarle a la tiranía. El enemigo es más poderoso, es cierto, pero ellos no tienen el coraje ni el espíritu que heredamos de los dioses. Debemos vencer y así será.
Los androides hicieron un ademan de reverencia ante Deyon, uno de ellos vocifero: – ¡Hurra! ¡Vida a Deyon! Nuestro salvador, el semidiós. Leroy también se reverenció
Los soldados prepararon sus armas y marcharon hacia las aeronaves guerreras; Deyon y su discípulo tomaron posición y se embarcaron en las aeronaves.
-¡Buena suerte! –dijo Deyon al muchacho.
-¡Buena suerte maestro! –respondió raudo.
Miles de aeronave despegaron del interior del Centaurus al espacio exterior.
-Deyon –dijo Leroy por el visor de la aeronave–, en sus ojos se notaba algo de miedo.
-Sí, aprendiz –contestó.
-debo confesarte algo antes de partir, pues quizá, nadie sabe que pueda pasar, no pretendo morir, pero siempre es una probabilidad.
-Dime –Deyon suspiro.
-He sentido una sensación muy extraña al ver a la princesa Amaya, como un cosquilleo en el centro del estómago, y me he estremecido, ¿Qué me estará pasando?, ¿Será aquello de que hablan los habitantes de Cinión?   
-¿Qué hablan precisamente?
-Es un antiguo ritual que concebían hombres y mujeres, algunos les llamaban “Amor”, ¿crees que sea posible saber más de aquello?
-Todo es posible si liberamos a nuestros dioses, sabremos del Amor y mucho más, pero ahora Leroy, hay que concentrarse, debemos estar atentos al encuentro con los Burianos.
-¡Esta bien maestro! –masculló Leroy.
Las naves imperiales se acercaban con gran velocidad a intercepción de Kah, el espacio estaba en silencio, sin avizorar naves enemigas.
-¡Miren allí! –Dijo un soldado androide–, nos acercamos a los planetas olvidados, que aterrador panorama señor; ¡son planetas fantasmas!
Las aeronaves pasaron por el rededor de cientos de escombros de mundos destruidos, partes rocosas y ciudades flotantes por doquier, la desoladora imagen de civilizaciones antiguas, desbastada sin saber ¿Por qué? O ¿por quién?
-Son las antiguas ciudades, de las primeras colonizaciones –agregó Deyon –, eran las primeras fundadas por hombres de Cadam, al principio de la era de las guerras galácticas, estas ciudades flotantes, están aquí hace millones de años, nadie tiene más información, espero los dioses expliquen esta devastación.  
Las aeronaves esquivaron los restos de planetas flotantes, todos los pilotos androides guardaron silencio, tal como un rezo antiguo, Leroy observó sorprendido, pero en un instante sin percatarse, una nave Buriana disparó cerca de su posición.
-Señores, ¡Oh! ¡Por Luniver! Me están disparando –se alborotó Leroy.
-¡Precaución! Soldados preparen sus armas –ordenó Deyon.
La aeronave  que pilotaba Leroy dio un giro sorpresivo, y persiguió entre los escombros a la nave enemiga buriana.
-Dispare. Soldado –ordenó Deyon.
-Es muy hábil, no sé si logre alcanzarlo, señor; se escabulle entre la niebla planetaria.
-Solo siga disparando
-¿Hasta cuándo?
-Hasta que ordené que se detenga, lo más probable, es que esa nave buriana, sea un señuelo, nos llevará a las otras y sabremos su posición.
-¿Y si es una trampa?
-¡No importa! Nuestras aeronaves son más sofisticadas, le alcanzaremos y avisaremos su posición.
-¡Entendido! Maestro.
Leroy prosiguió al buriano mientras esquivaba hábilmente la basura espacial.
-Maestro.
-¿Qué?
-Creo que la nave buriana se ha escabullido entre los restos de planeta, se escondió en algún lado.  
-¿Pudo ver dónde?
-No, pero creo que está entre los edificios de una olvidada ciudad.
-Prosiga con la búsqueda, soldado…, –insistió el semidiós–. Atención a todos los pilotos del Centaurus, quiero que se mantengan alerta, sospecho que los burianos están cerca.
-¿Quizás sea una emboscada? Si los burianos, nos trajeron hasta aquí, es porque se nos adelantaron a Luniver, ¿Qué haremos señor? –preguntó un soldado por el radio.
-Esperaremos aquí, veremos si el soldado Leroy hace contacto, si lo seguimos hasta la ciudad puede ser una catástrofe para nuestras fuerzas.
-Entendido Señor.
-¿Leroy?
-Sí, maestro
-Tenga cuidado, los burianos son hábiles atacando, no los subestime.
-Lo sé Maestro, aprendí bien en los entrenamientos con los robots androides, Oxil no escatimó en los simuladores.
-Solo recuerde, esta es la guerra real…
Un disparo dio en frente de la aeronave que pilotaba Leroy; la nave buriana arremetía con ráfagas laser por doquier. El muchacho respondió al ataque.
-Me atacan, Maestro, los burianos me están acechando.
-¡Sigue disparando! –Vociferó el semidiós –, has que te siga hacia aquel edificio, y lo derribas sobre su nave.
El muchacho giró la aeronave, y disparó en los cimientos del edificio, este cayó sobre la nave buriana, pero una ráfaga del láser, lo desestabilizó.
-He logrado derribarlo.  Señor, pero pierdo altura, creo que me estrellaré.
-¡Activa el propulsor! O te harás papillas…, –ordenó
Deyon se estremeció y observó la nave mientras se hacía añicos, luego hubo unos segundos de silencio…
-¿Leroy me copia?
La silla de la aeronave se deslizaba flotando por el espacio, con un vaivén activado por el paracaídas. 
-¡Diantres! Estuvo cerca, Maestro ¿Me copia? Creo que voy cayendo cerca de la nave Buriana, está en ruinas bajo el edificio, ¿Señor? ¿Se encuentra ahí? ¡Aló! ¡Hay alguien que me escuche! Creo que he perdido comunicación –murmuró Leroy a sí mismo.
El muchacho cayó lentamente, hasta llegar a la superficie de lo que fue una ciudad de un oscuro  planeta fantasma.  Solo y sin su nave se sentó en un pedazo de cemento mientras sus ojos miraban las estrellas del firmamento; pensó detenidamente en todas las enseñanzas de Oxil, repasó mentalmente todos los entrenamientos y las tácticas de supervivencia; recordó  las palabras del semidiós mientras hinchaba su pecho a la defensiva, extrajo su alabarda laser del cinturón   y se puso a trabajar en mantenerse vivo.

Continuara…


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