miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA SEÑAL



1

Un meteorito atravesó fugaz en la tétrica noche  estrellada; los Reptilianos  se desprendían de unos  putrefactos huevos ovoides, una niebla verdosa se apoderó de la nave extraterrestre,  se camufló en la lluvia mientras los rayos macabros resplandecían lumínicamente.
 Un joven observó la nave desde la tienda de gasolina después de una larga jornada.
Una mujer que paseaba con sus dos hijos  vio descender la nave  y corrió de la mano con ellos, intentó por con todas sus fuerzas contenerlos, pero un rayo lumínico los atrapó, succionando  a los pequeños; la mujer gritó desesperada bajo la lluvia y persuadía al joven que se asomó por la puerta:
-¡Ayuda! ¡Por favor! –gritó la mujer con desesperación. -¡Por favor! ¡Déjeme entrar! –suplicó
Pero el joven apuntó con su índice el cartel que decía: “Cerrado”, mientras miraba la nave asombrado.
-¡Lo siento Lady! Pero debo largarme de aquí. ¡Nos invaden! ¡Dios mío! –huyó desesperado y se escondió detrás de la tienda. 
-¡bastardo!  Eres un cobarde. –masculló la mujer furiosa.
Corrió hacia una vieja cabina telefónica y marcó el número de la policía. La mujer casi se desplomaba atolondrada.
-!Buenas noches! Policía ¿en qué puedo servir? –clamoreó una electrizada voz doméstica.
-¡Tiene que ayudarme! ¡Por favor! He perdido a mis hijos –lloró la mujer mientras suplicaba –, estábamos aquí y se los llevaron, desaparecieron ¡Oh! Dios, ¿puede ayudarme?
-Ok. Señora ¡Calma! Y dígame ¿Dónde se ubica? –preguntó el policía.
-En una estación de gasolina y una tienda…, en el kilómetro de…
La señal se cortó, la luz de la cabina telefónica comenzó a parpadear por una extraña interferencia, la lluvia caía sin detenerse, la mujer golpeó desesperada con sus manos los ventanales de la cabina, su aflicción era máxima, unos ruidos centellantes zumbaban  su oído, y luces de todos colores se apagaban y encendían, como parpadeos de electro proyectora. Después hubo un silencio…, una luz cegadora, un grito aterrador…, la mujer se azotaba contra el ventanal.
El joven de la tienda escuchó los gritos desesperados de la mujer y salió a la calle, se acercó a la cabina telefónica, sintió un escalofrió horripilante en su espalda. Pero cuando intentó ayudarla la mujer había desaparecido en la luz y fue eyectada al espacio…
El joven volteó ligeramente y se encontró de frente con el Reptiliano
-¡Santo Dios! –Exclamó aterrorizado –, ¿Qué demonio eres?
El Reptiliano estiró su lánguido brazo y con su garra hizo la señal de un triángulo y enfocó su mirada en el humano; el joven cayó al suelo y dio un grito horripilante, cargado de espanto, que se escuchó por toda la avenida; se tocó el rostro con desesperación, sus oídos sangraban y su cuerpo entero se resquebrajaba en el cementó, como un gusano herido.
Un automóvil que pasaba se detuvo, en su interior había una pareja de recién casados que se toparon con la macabra escena.
-¡Que sucede! ¡Dios mío! –dijo el hombre apoyado en el volante, su rostro estaba paralizado por el pánico.
-¡Arranca! ¡Arranca! ¡Muévete! ¡Gabriel! –el pavor gobernó los ojos de la mujer.
-No puedo. El auto no parte, estamos atascados, ¡No te muevas, Camila! –ordenó Gabriel intentando que su voz sonara tranquilizadora.
El Reptiliano se acercó lentamente al auto, los pestillos se bajaron, y la radio sintonizó  una vieja canción sesentera que sonó lentamente con una voz que huía trastornada por los bordes de las puertas; dio unos pasos hacia el auto y estiró su lánguido brazo y con sus garras hizo la señal de un triángulo y enfocó su mirada en el auto, la pareja convulsionó, y un líquido verdoso cayó por sus bocas, sus mandíbulas se ancharon y unos colmillos de reptil se asomó entre sus dientes; la pareja se miraba de soslayo mientras empezaba la trasformación, luego zumbó un estruendo truculento, la pareja yacía rendida en los asientos del auto, bajo el yugo del espeluznante monstruo extraterrestre.
Una nave escamosa y alargada en forma de “V” descendió y se instaló suspendida sobre el auto, la pareja abrió los ojos aturdidamente y observaron inmóviles un luminiscente cilindro tubular que comenzó a succionarlos hacia la nave, el joven que yacía resquebrajado en el cemento intentó decir algo, pero luego desistió sin esperanzas, el auto vibró rígidamente y se suspendió en el aire: rocas, piedrecillas, árboles, animales, restos de escombros y decenas de casas desmanteladas fueron eyectadas al cielo con familias en su interior, cientos de gritos humanos: hombres, mujeres y niños suspendido y atrapados en los cilindros luminosos, chillaban de dolor por los tubos, mientras una extraña sustancia los gelatinizaba en la oscura neblina.

2

-Oh, Dios ¿Dónde estoy? –Camila despertó en un capullo aguado y nauseabundo.
Al frente de ella, pudo ver cientos de capullos amontonados.
-¿Quiénes son? –pensó – ¿Dónde está Gabriel? -, movió sus ojos de un extremo a otro para ver un poco más nítido.
Desprendió sus manos de una cuerda metálica y membranosa, y perforó el capullo con sus uñas. El líquido gelatinoso se esparció deslizándose entre decenas de cables fibrosos de una extraña aleación mecánica.
-¿Dónde está Gabriel?   ¡Válgame! ¿Qué son todas estas cosas? –exclamó para sí Camila, vomitó hacia un costado, un líquido negro, luego, entre una niebla espesa y verdosa, pudo visualizar un capullo incrustado en la pared, mientras se levantaba del suelo roído.
-¡Qué Diablos!  -gestualizó con sus labios sin emitir sonido.
-¡Ayuda! –dijo una voz tremebunda–, el capullo gelatinoso se mecía en un vaivén asqueroso, como bolsa de parásitos.
-¡Oh! ¡Habrase visto, tal infamia! –gimoteó Camila –; el cuerpo del joven de la tienda, estaba en transición, mitad humano, mitad espectro, y moribundo aún se resistía a la muerte, musitó un fatídico y alargado aliento gargajoso. Sus brazos y piernas eran como los miembros de un lagarto, dos patas traseras y dos delanteras, y su abdomen escamoso estaba fusionado con el capullo.
-¡Ayuda! –emitió un gemido espantoso, luego se desvaneció
Camila huyó aterrada  al ver tal aberración, pero no tenía rumbo ninguno, había decenas de túneles sin destinos con enjambres de rebrotes de ofidios Reptilianos por doquier; tropezó con un cadáver con extrañas heridas en su espalda, y en el suelo un líquido trasparente reflejo su rostro:
-¡No! ¡No! ¡No! –Repitió la joven mujer con la garganta quebrada –, se frotó la cara y gimió, ¡Debe ser una pesadilla!
Su rostro escamoso se reflejó en el líquido, los colmillos se asomaban entre pequeños trozos de encías desgarradas en el hueso dental.
Corrió gritando por los túneles confundida.
-¡Ayuda! ¡Por favor!  ¡No puede ser! –lloró abatida en el suelo.
-¡Camila! ¡Camila! –Susurró una voz quejumbrosa –, soy “Yo” tu marido, ¡Sácame de aquí!  ¿Amor?  Camila.  ¿Eres tú? –ululó sin fuerzas.
El rostro de deformado de Camila traslucía en la media luz…, sus manos parecían pezuñas y de sus pies se desprenden fuertes garras ventosas, su piel se había trasformado en una poderosa armadura escamosa; pero aún mantenía esa mirada de desesperanza que la hacía humana.   
El dorso de Gabriel se asomó desde el capullo, su cuerpo estaba deformado y fusionado con la bolsa acuosa y las partes metálicas de la nave. Su pupila se expandió y se contrajo súbitamente, como el ojo de un lagarto.
-Es un experimento…, –dijo– experimentan con nosotros desde miles de años, y nos transforman en horrorosos monstruos, lo he visto todo, van de planeta en planeta, se apoderan de todos los seres vivientes y los transforman en reptiles, están creando un ejército en la galaxia y se preparan para invadir nuevos mundos. Usan la señal, el triángulo, de ahí emana su poder, la construyeron en todas las civilizaciones que dominan…, siempre han estado Camila…, siempre entre nosotros…
-¿Qué debo hacer? –preguntó oculta a media luz
-¡Huir! huye de esta maldita nave –Camila lloro–, no dejes que vuelvan a la tierra, destruye su señal. Escapa amor, ¡Hazlo ya!
Un ruido de pisadas se sintió desde cerca.
-¡Corre! –Ordenó Gabriel –, hizo un profundo suspiro, y su pupila se apagó en la penumbra.          

3

 Camila huyó por los pasadizos de la nave sin mirar atrás, una hornada de Reptiliano venía marcando el paso, la humedad de los túneles se intensificó y los capullos comenzaron a desprenderse de las paredes metálicas.
Y entre la niebla verdosa y maloliente,  la silueta de unos reptiles cuasihumanos se vislumbró como ratas en la madriguera, la mujer detuvo su andar, miró de un lado para el otro, hasta que detrás de unos huevos carnosos ovoides, se asomó un hibrido ocultándose de la vergüenza y el peligro:
-¿Quién anda ahí? –Preguntó Camila –, unas siluetas escurridizas se deslizaban entre los huevos, como culebras.
Otra silueta erguida repuso:
-Soy la mujer de los niños…, mis hijos, mis preciosos niños, se transforman en ellos. No puedo evitarlo, poco a poco mi cuerpo, mis brazos y piernas, se endurecen con la piel Reptiliana. –musitó acongojada.
-¿Qué te sucedió? –insistió Camila.
-Lo mismo que a todos. Lo mismo que al joven de la tienda, que a mis hijos, que ha tu marido y a todo el pueblo, nos están convirtiendo en monstros.
La mujer se acercó lentamente a Camila.  Y se puso alerta.
-¡Tranquila! –Murmuró Camila –, buscaremos la forma de salir de aquí, de esta maldita nave, solo debemos buscar la señal.
-¡La señal! ¿Qué señal? –indagó con el parpadeo de sus ojos insectoides.  
-La señal que hacen los Reptilianos para apresarnos. Los triángulos que erigieron hacen mileños en el mundo.
-No entiendes nada. –dijo la mujer Reptiliana–, ellos no van a perder jamás. He tenido una visión en mi trasformación,  han hecho esto en miles de galaxia y no se detendrán.
Los pequeños lagartos escurridizos se afiataron al abdomen de su madre, y luego mugieron como si masticaran un trozo de hueso.
-¿Qué es lo que viste? –replicó Camila.
La mujer Reptiliana elongó su cabeza alargando su cuello, haciendo un gran círculo que surcó en la neblina viscosa, y señalo:
-¿Dónde piensas que estamos?
-En la nave, atrapadas… ¿Qué esperas? ¿Por qué no me ayudas a salir de aquí?  
-Porque no hay salida…, ellos se acercan, ven, yo te protegeré, su mundo es increíble, es lo más bellos que he visto…estaré con mis niños allí, ven Camila vamos, sé que quieres ser uno de ellos…
Camila retrocedió lentamente, los pequeños lagartos abrieron su boca y gruñeron como víboras, la mujer Reptiliana siguió lentamente los pasos de Camila, contorsionó su cuerpo serpenteándose, como el baile de una cascabel; su mirada se tornó acechante, tal como el depredador a su presa.
-¡Ven Camila! ¡Ven! Un nuevo mundo nos espera…
Y por un momento el hipnotismo de la Reptiliana la cautivó…, la imagen de cientos de guerreros alienígenas mutilados en el mar se reveló, humanos y Reptilianos, híbridos, y múltiples monstros deformes, gritos de cabezas cercenadas en la arena, rayos eléctricos caían como flecha sobre una horda civiles indefensos; un escuadrón de cuasihumanos uniformados disparaban con armas plasmáticas, una luz rojiza hizo erupción en las montañas, como un hongo nuclear… Un forado en el cielo, naves en forma de “V” disparaban desde el firmamento, miles de cuerpos humanos quemándose en la arena, con la radiación del sol, decenas  de pirámides emergían  del inframundo…
-¡La señal! ¡La señal! –Gimió Camila –,  y despertó de súbito en una camilla de piedra. Cuatro Reptilianos la mantenían afirmada por sus deformes extremidades.
-¡La señal! ¡La señal! –Repetía hipnotizada –, sus pupila se extendía mientras deliraba, sus ojos centellaban, como el fuego de una explosión nuclear en medio del desierto.
Una mano mecánica descendió de un pilar con jeroglíficos, gigantes monolitos de piedra cubrían las paredes; decenas de Reptilianos gemían y alababan en cuclillas, tal como si fuera un rito demoniaco.
-¡La señal! –Pensó –, el último suspiro entre la niebla verde.
-¿Gabriel? ¿Mi amor? ¿Eres tú?  –Exclamó–, la mano mecánica atravesó su corazón arrancándolo de sopetón, un Reptiliano con atuendo de guerrero levantó su lanza y emitió un rugido de guerra, luego, lo arrojó dentro de la pirámide que se perdió entre cientos de corazones humanos, la transición había terminado…
El eco del último alarido de Camila rebotó en las paredes de la pirámide…, una silueta humana fantasmal ascendía suavemente al cielo, todo quedo en silencio.
-¡Gabriel! ¡Guíame! Dame una señal…, voy hacia ti mi amor… –exclamó el fantasma.
Y por primera vez, en cientos de millares de años, los ojos de los Reptilianos se estremecieron de horror y espanto.

GTF


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