1
Un
meteorito atravesó fugaz en la tétrica noche
estrellada; los Reptilianos se
desprendían de unos putrefactos huevos
ovoides, una niebla verdosa se apoderó de la nave extraterrestre, se camufló en la lluvia mientras los rayos
macabros resplandecían lumínicamente.
Un joven observó la nave desde la tienda de
gasolina después de una larga jornada.
Una
mujer que paseaba con sus dos hijos vio
descender la nave y corrió de la mano
con ellos, intentó por con todas sus fuerzas contenerlos, pero un rayo lumínico
los atrapó, succionando a los pequeños;
la mujer gritó desesperada bajo la lluvia y persuadía al joven que se asomó por
la puerta:
-¡Ayuda!
¡Por favor! –gritó la mujer con desesperación. -¡Por favor! ¡Déjeme entrar!
–suplicó
Pero el
joven apuntó con su índice el cartel que decía: “Cerrado”, mientras miraba la
nave asombrado.
-¡Lo
siento Lady! Pero debo largarme de aquí. ¡Nos invaden! ¡Dios mío! –huyó
desesperado y se escondió detrás de la tienda.
-¡bastardo! Eres un cobarde. –masculló la mujer furiosa.
Corrió
hacia una vieja cabina telefónica y marcó el número de la policía. La mujer
casi se desplomaba atolondrada.
-!Buenas
noches! Policía ¿en qué puedo servir? –clamoreó una electrizada voz doméstica.
-¡Tiene
que ayudarme! ¡Por favor! He perdido a mis hijos –lloró la mujer mientras
suplicaba –, estábamos aquí y se los llevaron, desaparecieron ¡Oh! Dios, ¿puede
ayudarme?
-Ok.
Señora ¡Calma! Y dígame ¿Dónde se ubica? –preguntó el policía.
-En una estación de gasolina y una tienda…, en el kilómetro de…
La
señal se cortó, la luz de la cabina telefónica comenzó a parpadear por una
extraña interferencia, la lluvia caía sin detenerse, la mujer golpeó
desesperada con sus manos los ventanales de la cabina, su aflicción era máxima,
unos ruidos centellantes zumbaban su
oído, y luces de todos colores se apagaban y encendían, como parpadeos de
electro proyectora. Después hubo un silencio…, una luz cegadora, un grito
aterrador…, la mujer se azotaba contra el ventanal.
El
joven de la tienda escuchó los gritos desesperados de la mujer y salió a la
calle, se acercó a la cabina telefónica, sintió un escalofrió horripilante en
su espalda. Pero cuando intentó ayudarla la mujer había desaparecido en la luz
y fue eyectada al espacio…
El
joven volteó ligeramente y se encontró de frente con el Reptiliano
-¡Santo
Dios! –Exclamó aterrorizado –, ¿Qué demonio eres?
El
Reptiliano estiró su lánguido brazo y con su garra hizo la señal de un
triángulo y enfocó su mirada en el humano; el joven cayó al suelo y dio un
grito horripilante, cargado de espanto, que se escuchó por toda la avenida; se
tocó el rostro con desesperación, sus oídos sangraban y su cuerpo entero se
resquebrajaba en el cementó, como un gusano herido.
Un
automóvil que pasaba se detuvo, en su interior había una pareja de recién
casados que se toparon con la macabra escena.
-¡Que
sucede! ¡Dios mío! –dijo el hombre apoyado en el volante, su rostro estaba
paralizado por el pánico.
-¡Arranca!
¡Arranca! ¡Muévete! ¡Gabriel! –el pavor gobernó los ojos de la mujer.
-No
puedo. El auto no parte, estamos atascados, ¡No te muevas, Camila! –ordenó
Gabriel intentando que su voz sonara tranquilizadora.
El
Reptiliano se acercó lentamente al auto, los pestillos se bajaron, y la radio
sintonizó una vieja canción sesentera
que sonó lentamente con una voz que huía trastornada por los bordes de las
puertas; dio unos pasos hacia el auto y estiró su lánguido brazo y con sus
garras hizo la señal de un triángulo y enfocó su mirada en el auto, la pareja
convulsionó, y un líquido verdoso cayó por sus bocas, sus mandíbulas se
ancharon y unos colmillos de reptil se asomó entre sus dientes; la pareja se
miraba de soslayo mientras empezaba la trasformación, luego zumbó un estruendo
truculento, la pareja yacía rendida en los asientos del auto, bajo el yugo del
espeluznante monstruo extraterrestre.
Una
nave escamosa y alargada en forma de “V” descendió y se instaló suspendida
sobre el auto, la pareja abrió los ojos aturdidamente y observaron inmóviles un
luminiscente cilindro tubular que comenzó a succionarlos hacia la nave, el
joven que yacía resquebrajado en el cemento intentó decir algo, pero luego
desistió sin esperanzas, el auto vibró rígidamente y se suspendió en el aire:
rocas, piedrecillas, árboles, animales, restos de escombros y decenas de casas
desmanteladas fueron eyectadas al cielo con familias en su interior, cientos de
gritos humanos: hombres, mujeres y niños suspendido y atrapados en los
cilindros luminosos, chillaban de dolor por los tubos, mientras una extraña
sustancia los gelatinizaba en la oscura neblina.
2
-Oh,
Dios ¿Dónde estoy? –Camila despertó en un capullo aguado y nauseabundo.
Al
frente de ella, pudo ver cientos de capullos amontonados.
-¿Quiénes
son? –pensó – ¿Dónde está Gabriel? -, movió sus ojos de un extremo a otro para
ver un poco más nítido.
Desprendió
sus manos de una cuerda metálica y membranosa, y perforó el capullo con sus
uñas. El líquido gelatinoso se esparció deslizándose entre decenas de cables
fibrosos de una extraña aleación mecánica.
-¿Dónde
está Gabriel? ¡Válgame! ¿Qué son todas
estas cosas? –exclamó para sí Camila, vomitó hacia un costado, un líquido
negro, luego, entre una niebla espesa y verdosa, pudo visualizar un capullo
incrustado en la pared, mientras se levantaba del suelo roído.
-¡Qué
Diablos! -gestualizó con sus labios sin
emitir sonido.
-¡Ayuda!
–dijo una voz tremebunda–, el capullo gelatinoso se mecía en un vaivén
asqueroso, como bolsa de parásitos.
-¡Oh!
¡Habrase visto, tal infamia! –gimoteó Camila –; el cuerpo del joven de la
tienda, estaba en transición, mitad humano, mitad espectro, y moribundo aún se
resistía a la muerte, musitó un fatídico y alargado aliento gargajoso. Sus
brazos y piernas eran como los miembros de un lagarto, dos patas traseras y dos
delanteras, y su abdomen escamoso estaba fusionado con el capullo.
-¡Ayuda!
–emitió un gemido espantoso, luego se desvaneció
Camila
huyó aterrada al ver tal aberración,
pero no tenía rumbo ninguno, había decenas de túneles sin destinos con
enjambres de rebrotes de ofidios Reptilianos por doquier; tropezó con un
cadáver con extrañas heridas en su espalda, y en el suelo un líquido
trasparente reflejo su rostro:
-¡No!
¡No! ¡No! –Repitió la joven mujer con la garganta quebrada –, se frotó la cara
y gimió, ¡Debe ser una pesadilla!
Su
rostro escamoso se reflejó en el líquido, los colmillos se asomaban entre
pequeños trozos de encías desgarradas en el hueso dental.
Corrió
gritando por los túneles confundida.
-¡Ayuda!
¡Por favor! ¡No puede ser! –lloró
abatida en el suelo.
-¡Camila!
¡Camila! –Susurró una voz quejumbrosa –, soy “Yo” tu marido, ¡Sácame de
aquí! ¿Amor? Camila.
¿Eres tú? –ululó sin fuerzas.
El
rostro de deformado de Camila traslucía en la media luz…, sus manos parecían
pezuñas y de sus pies se desprenden fuertes garras ventosas, su piel se había
trasformado en una poderosa armadura escamosa; pero aún mantenía esa mirada de
desesperanza que la hacía humana.
El dorso
de Gabriel se asomó desde el capullo, su cuerpo estaba deformado y fusionado
con la bolsa acuosa y las partes metálicas de la nave. Su pupila se expandió y
se contrajo súbitamente, como el ojo de un lagarto.
-Es un
experimento…, –dijo– experimentan con nosotros desde miles de años, y nos
transforman en horrorosos monstruos, lo he visto todo, van de planeta en
planeta, se apoderan de todos los seres vivientes y los transforman en
reptiles, están creando un ejército en la galaxia y se preparan para invadir
nuevos mundos. Usan la señal, el triángulo, de ahí emana su poder, la
construyeron en todas las civilizaciones que dominan…, siempre han estado
Camila…, siempre entre nosotros…
-¿Qué
debo hacer? –preguntó oculta a media luz
-¡Huir!
huye de esta maldita nave –Camila lloro–, no dejes que vuelvan a la tierra,
destruye su señal. Escapa amor, ¡Hazlo ya!
Un
ruido de pisadas se sintió desde cerca.
-¡Corre!
–Ordenó Gabriel –, hizo un profundo suspiro, y su pupila se apagó en la
penumbra.
3
Camila huyó por los pasadizos de la nave sin
mirar atrás, una hornada de Reptiliano venía marcando el paso, la humedad de
los túneles se intensificó y los capullos comenzaron a desprenderse de las
paredes metálicas.
Y entre
la niebla verdosa y maloliente, la
silueta de unos reptiles cuasihumanos se vislumbró como ratas en la madriguera,
la mujer detuvo su andar, miró de un lado para el otro, hasta que detrás de
unos huevos carnosos ovoides, se asomó un hibrido ocultándose de la vergüenza y
el peligro:
-¿Quién
anda ahí? –Preguntó Camila –, unas siluetas escurridizas se deslizaban entre
los huevos, como culebras.
Otra
silueta erguida repuso:
-Soy la
mujer de los niños…, mis hijos, mis preciosos niños, se transforman en ellos.
No puedo evitarlo, poco a poco mi cuerpo, mis brazos y piernas, se endurecen
con la piel Reptiliana. –musitó acongojada.
-¿Qué
te sucedió? –insistió Camila.
-Lo
mismo que a todos. Lo mismo que al joven de la tienda, que a mis hijos, que ha
tu marido y a todo el pueblo, nos están convirtiendo en monstros.
La mujer
se acercó lentamente a Camila. Y se puso
alerta.
-¡Tranquila!
–Murmuró Camila –, buscaremos la forma de salir de aquí, de esta maldita nave, solo
debemos buscar la señal.
-¡La
señal! ¿Qué señal? –indagó con el parpadeo de sus ojos insectoides.
-La
señal que hacen los Reptilianos para apresarnos. Los triángulos que erigieron hacen
mileños en el mundo.
-No
entiendes nada. –dijo la mujer Reptiliana–, ellos no van a perder jamás. He
tenido una visión en mi trasformación,
han hecho esto en miles de galaxia y no se detendrán.
Los
pequeños lagartos escurridizos se afiataron al abdomen de su madre, y luego
mugieron como si masticaran un trozo de hueso.
-¿Qué
es lo que viste? –replicó Camila.
La
mujer Reptiliana elongó su cabeza alargando su cuello, haciendo un gran círculo
que surcó en la neblina viscosa, y señalo:
-¿Dónde
piensas que estamos?
-En la
nave, atrapadas… ¿Qué esperas? ¿Por qué no me ayudas a salir de aquí?
-Porque
no hay salida…, ellos se acercan, ven, yo te protegeré, su mundo es increíble,
es lo más bellos que he visto…estaré con mis niños allí, ven Camila vamos, sé
que quieres ser uno de ellos…
Camila
retrocedió lentamente, los pequeños lagartos abrieron su boca y gruñeron como
víboras, la mujer Reptiliana siguió lentamente los pasos de Camila, contorsionó
su cuerpo serpenteándose, como el baile de una cascabel; su mirada se tornó
acechante, tal como el depredador a su presa.
-¡Ven Camila!
¡Ven! Un nuevo mundo nos espera…
Y por
un momento el hipnotismo de la Reptiliana la cautivó…, la imagen de cientos de
guerreros alienígenas mutilados en el mar se reveló, humanos y Reptilianos,
híbridos, y múltiples monstros deformes, gritos de cabezas cercenadas en la
arena, rayos eléctricos caían como flecha sobre una horda civiles indefensos;
un escuadrón de cuasihumanos uniformados disparaban con armas plasmáticas, una
luz rojiza hizo erupción en las montañas, como un hongo nuclear… Un forado en
el cielo, naves en forma de “V” disparaban desde el firmamento, miles de
cuerpos humanos quemándose en la arena, con la radiación del sol, decenas de pirámides emergían del inframundo…
-¡La
señal! ¡La señal! –Gimió Camila –, y
despertó de súbito en una camilla de piedra. Cuatro Reptilianos la mantenían
afirmada por sus deformes extremidades.
-¡La
señal! ¡La señal! –Repetía hipnotizada –, sus pupila se extendía mientras
deliraba, sus ojos centellaban, como el fuego de una explosión nuclear en medio
del desierto.
Una
mano mecánica descendió de un pilar con jeroglíficos, gigantes monolitos de
piedra cubrían las paredes; decenas de Reptilianos gemían y alababan en
cuclillas, tal como si fuera un rito demoniaco.
-¡La
señal! –Pensó –, el último suspiro entre la niebla verde.
-¿Gabriel?
¿Mi amor? ¿Eres tú? –Exclamó–, la mano
mecánica atravesó su corazón arrancándolo de sopetón, un Reptiliano con atuendo
de guerrero levantó su lanza y emitió un rugido de guerra, luego, lo arrojó
dentro de la pirámide que se perdió entre cientos de corazones humanos, la
transición había terminado…
El eco
del último alarido de Camila rebotó en las paredes de la pirámide…, una silueta
humana fantasmal ascendía suavemente al cielo, todo quedo en silencio.
-¡Gabriel!
¡Guíame! Dame una señal…, voy hacia ti mi amor… –exclamó el fantasma.
Y por
primera vez, en cientos de millares de años, los ojos de los Reptilianos se
estremecieron de horror y espanto.
GTF

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