domingo, 25 de septiembre de 2016

EL ORO DE BLATTODEA



La nave radícula y arboleada aterrizó inyectada de punta en la insonoridad del mar terrestre, sin ocasionar el más mínimo desvelo en los terrícolas circundantes de la periferia; tal cual como en el espacio, el sonido en el vacío no bramó ni un segundo en las  cárdenas aguas del pacifico. La horda de alienígenas extraterrestres insectoides se deslizaban uno por uno, en fila militar preparando la invasión planetaria, en grupo de a cuatro se arrimaron los incestos a un cubo receptáculo y geométrico que los deslizaba a la superficie terrestre; había llegado el momento de iniciar la colonización y necesitaban el apreciado tesoro de la humanidad, el “Genoma Humano” y su secuencia cromosómico de ADN ,era la materia prima indispensable para la fusión nuclear del núcleo de la estrella solar, el elemento necesario para dar vida al imperio de los artrópodos alienígenas. Poco a poco comenzaron a subyugar las ciudades del mundo en pequeñas naves arboleadas. Los insectos descendieron en todas las avenidas principales del planeta.  
- ¡Quédate ahí!  ¡Quieto Humano! –dijo un insecto con ojos ovalados; apuntando con su pistola atómica a un terrícola en el balcón de su edificio. Mientras que una horda de alienígenas apresaba a cada habitante que se cruzara por su camino, capturándolos en grotescos cubos verdosos metálicos.
- ¿Quién anda ahí? –preguntó una mujer sin lograr ver a los alienígenas invasores seguido de un grito de espanto que se perdió en la neblina.  
Un sujeto asustado, corrió hasta su habitación cogió un arma y volvió hacia el patio de su hogar.
-¡Salga de ahí o le dispararé! –exclamó mientras una gota de sudor rodaba por su frente.
- ¿Me dispararas terrícola? –Replicó una voz electrónica y desafiante–: la invasión ya ha comenzado y no hay nada que puedas hacer.
El sujeto paralizado se quedó observando desde el balcón de su edificio, el grotesco panorama de los insectos encadenando a quien se cruzara por su camino.
 – ¡Salgan de aquellos matorrales! –Dijo un insecto a un grupo de adolescentes escondidos y despavoridos–, luego les disparó un rayo que gelatinizó a los pequeños en el suelo. 
- ¿Qué quieres hacer humanoide? –Jadeó la cucaracha acercándose con sus patas puntiagudas, mientras devoraba la cabeza  de un hombre que intentaba correr.
Un  hombre salió de su casa dio dos tiros al aire, en señal de advertencia, intentando persuadir a un insecto.
- ¡Malditos cobardes! –exclamó el sujeto en un gravísimo grito opacado con un rayo láser, mientras que a lo lejos en la niebla se escuchaba gritos humanos de horror.
¡El mar está plagado de cuerpos humanos! ¡Los insectos nos devoran, nos devoran…! –Gritó una anciana mientras era encadenada por un invasor.
Un artrópodo da la orden de despliegue por toda la ciudad. ¡Es hora de buscar al científico! ¡Traigan el ADN! –ordenó el líder Insectoide desde la nave arboleada.
Un alienígena se introdujo en la casa del científico y activo su capa de invisibilidad.
-¿Quién anda ahí? –dijo el científico mientras se levantaba asustado de su cama, ignorando la calamidad que ocurría en todo el planeta.
-¿Es usted Dimitri, el poseedor del genoma humano? –dijo una voz grillada por la ventana del balcón.
-¡Así es! ¿Quién es? ¿Dónde está? ¿De dónde proviene su voz?  ¡Muéstrese por favor! –Preguntó Dimitri.
-¡Está bien! Saldré. –Dijo la voz electrónica–; Pero antes, debe prometerme que no gruñirá, ni saldrá corriendo.
-¡Ok! De acuerdo –Respondió desconcertado.
-De cualquier forma, si tienes la osadía de salir corriendo explotara en mil pedazos. Y esto; no lo digo en broma, me refiero a que literalmente tus extremidades volaran como cohetes–, le advirtió el insecto mientras se acercaba.
- ¡Que idiotez! ¿Cómo esperas que crea eso? ¿Me estas tomando el pelo? –agregó burlándose Dimitri.
-¡Así es! Cobarde humano. Es mejor que me creas. La invasión ha comenzado en todo el mundo.
-¡Cállese estúpido! ¿Qué diablos eres? ¡Debo estar loco! –insistió asustado el científico mientras movía su cabeza de hito a hito, negando la situación, buscando la procedencia del sonido expedido en el viento metálico.
-Toda la raza humana está loca y pronta a su extinción. Venimos viajando desde el núcleo solar; tenemos todo preparado para la invasión de su planeta.
- ¿Qué estas insinuando? Lo que dices no tiene sentido, los extraterrestres no existen son una invención de los medios periodísticos. ¡Sabes!  Hare algo. Entraré nuevamente por el balcón y si lo vuelvo a escuchar tu voz tomare mi arma y  disparare sin pensarlo.
-Es mejor que no hagas eso, no te lo recomiendo. He puesto un explosivo en tu cuerpo y en el cuerpo de todos los habitantes de la ciudad. La invasión comienza aquí y ahora.
El científico se quedó atónito y desconcertado mientras escuchaba el rezongo insectívoro del huésped indeseado.  
 -¿Qué has puesto en nuestros cuerpos? Lo que dices no puede ser posible de ninguna manera.
-¡Por los núcleos de mil soles! –Chilló el insecto–, Solo desabrocha tu camisa playera y veras lo que te digo terrícola.
El  humano comenzó a desabrocharse lentamente los botones de la camisa, mientras que con su otra mano sostenía el arma firmemente.
-Quiero que veas atentamente tu ombligo. ¿Ves lo que hay allí?
Del ombligo del sujeto comenzó a parpadear una luz roja violeta, que centellaba generosamente.
-¿Qué es esto? ¿Qué me has puesto?
-Es un microchip detonador sensorial, se activa con energía telepática; esto es, se activa con impulsos electrónicos cerebrales, y mi cerebro funciona como detonador, es muy fácil activarlo basta que piense y explotaras…
-¡Que maldito! ¿Eres un asesino?
 -No…, No lo soy. Pero tú eres un humano muy estúpido al parecer.
-¿Cómo fue que me pusiste esta cosa?
-Lo hicimos mientras la ciudad dormía. Anoche, cuando aterrizamos, estábamos observando desde la nave arboleada todos sus movimientos, fue entonces que expedimos micronaves con nanotecnología avanzada por todo el mundo; un microchip explosivo fue introducido por ombligo de los humanos.
-¡Maldito gusano me has estado espiando!
-No, humanoide necio, lo que pasa es que tú no puedes verme aun. Ahora, ¿Harás lo que te pido? Solo quiero, que…, por más desconcertado que este tu inferior e inútil cerebro; no salgas huyendo como un cobarde; eso es todo.
-¡Está bien! –Respondió Dimitri con un tono cansado–: el científico lucia bastante desorientado y no comprendía la situación en la que se encontraba. Una sensación de frialdad, tétrica y una brisa helada soplaba por el balcón; detrás de unos matorrales se desplaza súbitamente un cuerpo extraño y alargado; de unos tres metros de longitud, sus cavidades  eran aplanadas y de su cabeza se desprendían dos antenas filiformes, tenia alas plomizas y membranosas, movía rápidamente sus seis pegajosas patas puntiagudas; el abdomen era verdoso, y terminaba en dos puntas articuladas, que le daba un aspecto de redondez; de las piezas bocales se desprendía un líquido amarillento y aguado que caía acuosa cada vez que el alienígena abría la boca. El científico impactado no podía concebir lo que sus ojos le mostraban.
- ¡Pero qué diablos eres!  ¿Una maldita cucaracha? –pensó en salir corriendo, pero enseguida dudó y comprendió que mantenerse estático era la mejor opción.
-Así es mentecato humanoide –respondió el insecto apuntando con su pistola atómica.
-¡Que asqueroso  y feo eres!
-¡Tranquilo! ya sabes lo que tienes en tu ombligo y lo que puede pasar si no me obedeces.
-Pero; ¿cómo es posible que suceda esto? Debo estar loco, los incestos gigantes no existen ni menos pueden hablar.
-Te equivocas. Si existimos, y somos muchos, cientos; hemos estado en este planeta desde su origen; millones de años atrás, somos dueño de todo el inframundo, del centro de la tierra; hemos visto caer cometas; desaparecer cientos de especies de mamíferos y reptiles en la tierra; nosotros somos la única especie original de este planeta. ¡Tú ni te imaginas! Hemos evolucionado desde mucho antes que su especie se hacían llamar “Homo Sapiens”; tenemos la capacidad de hacernos invisibles; podemos leer la mente; nos comunicamos telepáticamente y nuestro sistema de navegación hiperespacial esta a mas de un millón de años luz de sus pequeños aviones y barcos de juguetes; veras –vil humano –nosotros  habitamos el sol, nuestro caparazón ha evolucionado de una forma tal que se ha vuelto indestructible, impenetrable, se necesita muchos Albert Einstein trabajando a toda máquina para que ustedes lleguen a entender como funciona nuestro caparazón que nos hace colonizar estrellas como el sol.
-¡Pero eso es imposible! –Fisgoneaba Dimitri.
 -¡Oh sí! repugnante e inútil humano, ¡claro que es posible!- Tu especie siempre ha sido y será pasajera en este planeta; ni siquiera son capaces de mantener y regenerar sus propios recursos naturales; en todo caso; ya no importa. Nos hemos cansado de este planeta. Nuestro sistema de navegación lleva activado quinientos años y nos preparamos para habitar “Blattodea”.
- ¿Blattodea? ¿De qué estás hablando? –Preguntó el científico.
- De nuestra nueva civilización. A setecientos quilómetros de profundidad, después del núcleo solar. Llevamos dos mil años construyendo nuestra fortaleza y por fin tenemos la tecnología suficiente para abandonar el núcleo de este inmundo planeta.
 -¡Todo esto son patrañas! De ser así como tú dices, el mundo de la ciencia ya lo habrían descubierto.
-¡Quif Quif! –surgió un sonido de la boca del insecto, simulando una risa.  
Luego, empezó a arrastrar sus patas en dirección a Dimitri; el pavor invade su rostro al ver semejante insecto serpentearse como una lagartija horripilante. En su caparazón, tenía una hinchazón, un relieve, que se desprendió del hombro del insecto, dejando caer un líquido negruzco, salió un cilindro de su abdomen con un láser de luz verdosa que  apuntó directamente a la cabeza del científico.
-¿Qué me estás haciendo? ¿Qué me pasa?- no puedo moverme.
-Claro que no puedes moverte, te he inmovilizado como una piedra.
El insecto se acerca a su rostro, éste lo mira paralizado como un muñeco de metal, mientras abre su pegajosa boca mal oliente y dice:
-La explicación de por qué  tus científicos humanoides, no saben nada de nuestra existencia, es que no han llegado a comprende la tecnología de la invisibilidad. Nosotros la hemos estado utilizando desde los principio de la evolución, y,  en los mileños de vida que le queda a la tierra, esto es, -descartando la inminente posibilidad de autodestruirse que posee su especie, de experimentar y detonar armas nucleares- tampoco será tiempo suficiente para que lleguen a descubrirla.
El insecto dejo de apuntar a la cabeza Dimitri y este dio una bocanada de alivio.
-Entonces. ¡Dime lo que quieres! -Gritó compungido.
El insecto se acercó al sillón de su departamento, se sentó y cruzo las seis patas, lo miro directamente, con un pequeño brillo estelar en sus aceitunados ojos.
- Ahora que ya estamos más relajados, Quiero que me digas una cosa.
-¿Qué? ¿Qué puede haber de interés por mi persona?
-¡Solo calla humano! –dijo el artrópodo con un tono de relajo.
Dimitri camino hacia el sillón con cara de pregunta: – ¡Que tramará tamaña cucaracha! ¿Sabrá las autoridades de tal invasión? –Pensó mientras miraba a la cucaracha sin quitarle los ojos de encima, mientras aquella reía burlonamente mirando como el científico cruzaba sus delgadas piernas en el sillón.
-Abre aquel estante cuidadosamente, detrás de la puerta está tu PC, con los códigos del genoma humano, quiero que me lo des –dijo la cucaracha.
-Pero… ¿Cómo es posibles que puedas saber de aquellas investigaciones, si aún no han sido divulgadas ni al común de los mortales? –preguntó sorprendido Dimitri.
-Es por la telepatía extrasensorial, la imagen de las cosas entran por tu globo ocular, lo que proyecta la información a tu cerebro, esté emite una onda telepática que llega directamente a mis antenas y después a mi cerebro insectívoro. He podido ver todo lo que has hecho durante horas.
-¿Y el ADN? ¡No me digas que todo esto lo haces por la ciencia biológica!
-Pues bien, eso que tienes en tu PC, y que ustedes llaman “ADN”; nosotros lo llamamos: “El oro de Blattodea”. Es una rica fuente de energía y le da dureza a nuestro caparazón; con ella podremos desarrollar una inteligencia única y avanzada para nuestro organismo y así soportar los altos grados de temperatura que hay en las profundidades  del sol y transformarlo en una poderosa arma invasiva. Dominaremos todo el sistema solar; nos haremos más fuerte, más potentes, con el ADN podremos dominar cualquier planeta del cosmos; y con el tiempo dominaremos el universo, seremos el equivalente de lo que ustedes llaman “Dioses”.
-¡Pero qué estupideces dices insecto! El ADN contiene la información codificada necesaria para la vida humana terrestre y adaptable al ambiente de nuestro planeta, no se ha comprobado su utilidad extraterrestre, es decir, es solo un conjunto de proteínas indispensables para el ser humano y no para los insectos.
-¡Adaptable para su planeta! –Musitó el insecto con un sarcasmo de burla.
-Ustedes han usado la ciencia por décadas, con el solo propósito de distraer a sus semejantes, para mantenerlos callados, y justificar todo atreves de ello,  los padres descuidan a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Pero ya nos hemos apoderado de  todos los establecimientos, en las casas, en las bibliotecas, universidades, en los cuarteles, edificios estatales, hay un insecto alienígeno con camuflaje humano, extrayendo toda la información planetaria de la humanidad, de ustedes no quedará rastro en todo el universo. Las autoridades han puesto en marcha toda su economía mundial, toda su flota y poderío militar; pero saben que no tienen alternativa, estamos debajo de sus narices desde tiempos inmemoriales, han vivido cegados como cerdos, son el cáncer y nosotros la cura; sin mencionar la incapacidad de autosustentarse;  por eso, nos llevaremos toda la información genética del planeta; le haremos un gran favor a la necedad humana.
Y por cierto, sé que tú tienes los códigos, de no ser así, no estaría aquí hablando con un insignificante humanoide.
-Y si lo sabes. ¿Por qué no me matas de una vez?
-¡Necesito los códigos!
-¿Qué códigos? solo poseo los del laboratorio central.
-Los códigos que utilizaste para entrar al laboratorio, donde tienen oculto la fórmula única del genoma humano. ¿Tú eres el empleado industrial? ¿No es así?
- Si los quieres por qué no lees mi mente, maldita cucaracha.
-¿Qué, acaso no sabes que ya lo hice? Lo que sucede es que tienes una mente  anciana y deteriorada, que mis antenas no pueden captar la imagen extrasensorial para descifrarlo; pero lo tienes anotado, en un papel amarillo, está guardado, en el velador de tu pieza, y quiero que vayas por el ahora. ¡Esto es lo que le hace la soberbia humana  a tu raza imbécil! Con el tiempo entenderán que solo nuestra especie puede evolucionar y dominar el universo.
 -¡No te entiendo! ¿Y cómo esperas que te entregue la fórmula de la humanidad?
-Pues veras, entrarás al edificio estatal, los científicos abandonan el laboratorio temprano; buscaras la fórmula a como dé lugar. Muchas autoridades ya sabían de nuestra invasión y se llevaron varias muestras y los dígitos del código, pero lo que no sabían, es que en una pieza aledaña a la bóveda hay un ordenador resguardado, y en su contenido esta la nueva fórmula única del genoma humano  que un científico dejo olvidado. Acaso ¿no serás tú aquel científico?
Ahora necesito los códigos, así podré entrar y robarla, porque al igual que tú, yo también soy un insecto de ciencias y necesito la fórmula de la vida para dominar toda mi nueva civilización en el  núcleo del sol.
-¡Ah! Después de todo si eres un negociador, un incesto que entiende de economía y colonización imperial –dijo el humano riéndose de la cucaracha mientras se sentaba en el sillón –, ¡Quién lo diría!
El incesto se acercó al humano y de su hombro, comenzó a salir un cilindro un poco más grande que el anterior.
-Este no es paralizador, este detonará directamente el microchip de tu ombligo si no haces lo que te digo, explotaras en mil pedazos, y de verdad ya me estoy aburriendo de ti, humano patético, solo tráeme los códigos para obtener el ADN. Pero antes ve por alimento a la cocina; hablar tanto me ha dado un poco de apetito.
El científico arrojo una bolsa de azúcar que halló en la despensa por las patas filosas del insecto, este se precipitó  y comenzó a devorarla por su boca pegajosa, tragaba y regurgitaba, tragaba y regurgitaba, la mezcla emitía un olor estupefacto, que el insecto succionaba una y otra vez.
-Ahora, ¡haz lo que te dije! –ordenó el insecto al científico; éste comenzó a caminar lentamente hacia la habitación, mientras el insecto engullía; en el velador había un papel doblado con el código de acceso a la formula única, lo toma, y con la otra mano cogió un lápiz que había encima y comenzó a caminar hacia el insecto mientras este regurgitaba en el suelo, cuando caminaba recordó que el insecto le dijo que mientras observaba las cosas por su globo ocular, pues la vista de los artrópodos es muy débil; por impulso extrasensorial llegaría a sus antenas a transmitir la información, pues el insecto no podía ver directamente a través de sus ojos inadaptables para la superficie terrestre.
¡Aquí está el código!
-¡Póntelo delante de los ojos! –ordenó en artrópodo.
 Pero el científico no obedeció de inmediato y titubeaba mientras se le acercaba
- ¡Hazlo maldito ya ha sido suficiente!
De pronto Dimitri comenzó a convulsionar, su cuerpo se puso de un color azul, el miedo lo atormentaba, sus labios estaban morados, su corazón palpitaba tan violentamente, como el zumbido de un aguijón.
-¡Hazlo por un demonio!  ¡Necesito los códigos! La dominación ha comenzado
El humano presiona el lápiz que tenía en su mano con más fuerza y desesperación, estaba sudado y sus lagrimas rodaban en su mejilla; se pozo frente al insecto,  y con gran presión comienza a perforar sus ojos ovalados, el primer chorro de líquido verdoso cae en el azúcar esparcida en el suelo, donde el insecto regurgitaba con repugnancia.
-¿Qué has hecho humano estúpido?  ¡No has entendido nada!
El  Insectoide gemía de dolor en el suelo, mientras el humano grita con furia:
-¡Has perdido cucaracha del infierno! Tú y toda tu raza de langostas asquerosas; Jamás podrás dominar el sol, esta información genética jamás pasara a tu imperio del terror.
-¡Te equivocas!  De lo contrario, serás tú quien irá al centro del sol conmigo. En tu cerebro se guarda la fórmula de la vida humana. Y la obtendré a como dé lugar.
Dimitri comenzó a retroceder mientras chocaba con los muebles de su casa, el insecto se inflamaba su abdomen furioso delante del científico. Dimitri lo miro de frente y le dijo:
-Hagas lo que hagas jamás entenderás la inteligencia de la humanidad. El genoma humano prevalecerá por siempre en el universo, es un hecho que ya comprobamos, y será en este o cualquier planeta. Tu raza de insectos nunca podrás dominar Blattodea sin nuestro elemento vital, hace muchos años que sabemos que es indispensable para desarrollar su habitad en el núcleo sol, pero su afán imperialista  será lo que llevará a la extinción alienígena. Blattodea es un sueño de insectos inservibles que los humanos creamos y que nunca podrán alcanzar. Vendrá una nueva raza de alienígenas y les arrebatara el genoma humano y lo esparcirá por el universo, finalmente nosotros dominaremos la existencia de toda materialidad. La información cromosómica se transmitirá eternamente por los siglos de los siglos, y mileños tras mileños ustedes tardaran en comprender que su invasión a la tierra fue parte de un plan elaborado por los la humanos, con el solo objeto de que nuestra información genética prevalezca eternamente y se expanda sin detenerse. Así que; ¡Miserable cucaracha! Dispara de una vez y permite que tu estúpida invasión se vaya al carajo.         
El insecto alienígeno disparo su pistola láser sin trastabillar ni un segundo;  formándose un capullo ovoide alrededor del cuerpo gelatinizado del científico.
Un cubo receptáculo aterrizo afuera de la casa del científico mientras el insecto arrastraba su plasmático bulto por el suelo hacia la puerta de la nave en dirección a Blattodea. 


GTF.




  





miércoles, 7 de septiembre de 2016

PESADILLA LUNAR





Y dígame usted… ¿Se siente el indicado para esta misión? ¿Cuál es su nombre astronauta?
-Tirso Goumas. Señor; haré lo mejor posible.
-¿Tirso? Muy bien. ¡Acompáñeme por favor! Necesito que se haga algunos exámenes; debemos ser precavidos, la situación en la Luna, puede ser de extrema gravedad. Nuestros depósitos de mineral en los yacimientos de Sílice, Granito Lunar y Tranquillityta; pueden estar en peligro. Quiero dejarle claro señor Goumas que no se interrumpirá esta misión por falta de presupuesto. ¿Entiende bien los términos del contrato y su misión?
-¡Sí Señor! No hay problema alguno. Necesito el trabajo.
- ¡Bien! No se preocupe, partirá mañana; de todas formas, ya sabemos que Usted es un hábil  minero y astronauta; no me cabe duda que podrá cumplir satisfactoriamente esta misión.
Al día siguiente su nave despego de la estación “Pórtico” y desapareció entre las estrellas con ligera presteza, a bordo lo acompañaban dos androides de la empresa minera: Ink y Nus; tenían morfología humana, podían operar la nave con destreza programada a nivel central y estaban autorizados para usar traje espacial, su comportamiento mecanizado  demostraban frías expresiones humanas, como si fueran muñecos de cera.   
-¡La tierra es hermosa desde esta vista señor! –Dijo Ink mientras revisaba el visor de la nave –. ¿Trae sus botas lunares señor?...
Pero Goumas no contestaba ninguna pregunta, comentarios o chistes sincronizados de los androides, pues nunca le agrado del todo su mecánica, y sabía perfectamente que estaban programados para aliviar cualquier desorden psicológico de los astronautas en el espacio.
La nave no tardó mucho en llegar a la Luna.
-¡Preparando desacople de la nave señor! –Exclamó Nus sin gesticular ningún falso músculo de aquel pálido rostro –, desacople completo y listo para alunizaje señor, solo necesito su autorización.
-Alunizaje autorizado –Señaló Goumas mientras miraba por su ventana con atención, todo el procedimiento se estaba llevando a cabo perfectamente por los androides con una exactitud odiosa y matemática.
-A quinientos metros del alunizaje señor. Los cráteres son visibles. Bajamos a trecientos metros. La nave se ve estable en todas sus partes.
El astronauta estaba muy atento siguiendo todo el procedimiento por su ventana, ¿Cuál es el tiempo total de misión? –preguntó por primera vez a los Droides.
-Solo dos horas con treinta segundos Señor. Las misiones mineras a la Luna son  más cortas que los otros planetas, desde los inicios de la extracción lunar nos hemos vuelto una empresa muy sofisticada.
-¡Gracias por la aclaración Nus! La verdad; ya me había olvidado de todos esos detalles de los viajes lunares.
-De nada Señor –respondió el Droide con los controles en su mano –, nivelando descenso sobre el cráter lunar.
La nave aterrizo exitosamente en la superficie lunar, junto al cráter Tycho, en su exterior se podían divisar numerosas rocas y piedrecillas que se opacaban con el reflejo del sol, dando un aspecto tenebroso y desolador.
El astronauta se puso su traje y descendió de la nave junto a los Droides
-Hay formaciones rocosas por doquier Señor –señaló Ink–, y el sol se encuentra centellando en el horizonte. ¡Es una vista increíble!  A veces pienso en lo maravilloso que debe ser para los humanos habitar en ella, y al recordar eso, encuentro increíble que en este momento  caminemos aquí.
-En teoría, no estas sintiendo aquella sensación, es solo un discurso programado. Ink.
El Droide miro a Tirso de soslayo, como si comprendiera la injuriosa ironía que el humano enunciaba a los acomodados comentarios de los androides.
-Es hora de activar las máquinas excavadoras y dirigirlas al cráter Tycho, dentro de una semana habremos extraído todo el mineral que no han solicitado de la tierra –dijo Tirso mientras oprimía los botones de su dispositivo de mano, dando la orden a los Droides.
En ese momento una extraña vibración comenzó a vislumbrarse en los pies de Tirso, como si existiera una presión entre la superficie lunar y un efecto de atracción  gravitatoria al mismo tiempo, los aparatos de la nave, de los trajes y el flujo eléctrico de los instrumentos se detuvo y en un instante volvió a estabilizarse.
-¡Santas galaxias! ¿Qué rayos fue eso? –Exclamó Nus mientras daba pequeños saltos en la superficie lunar.
-No lo sé. Creo que fue solo interferencia. –contestó Ink
-¡Avancemos! No perdamos el tiempo –Agregó Tirso haciéndose el desentendido.
Los astronautas dirigieron las máquinas excavadoras que pronto realizaron su trabajo controladas por el computador central de la nave, y se dirigieron e inspeccionar el cráter lunar, caminando en pequeños saltos.
-Es difícil pensar que el sol brille tan poco en estos lugares, me da la sensación de un vacío, aquí no hay nada, solo la tierra esférica a lo lejos.
-¡Cuidado Droides! En estos cráteres lunares la temperatura es muy baja, si nos cayéramos moriremos congelados –comentó Tirso.
-Señor, ¿Quiere rastrear la interferencia, de cualquier forma, es inusual que se produzca de forma inusitada? –Preguntó Ink.
-¡Esta bien! Hazlo, de todas maneras debemos saber que son estas vibraciones para agregarlo al reporte.
-¡Señor! Acabo de sentir ruido de interferencia, proviene de una de las antenas de las máquinas excavadoras, se está acercando al cráter de impacto. –se estrepitó  Nus un poco más compungido de lo habitual.
-Tranquilo la maquina debe volver sola, así está programada
-¿Reviso la segunda maquina señor? Creo que ya trae mineral.
-¡Entendido! Proceda.
Nus reviso la máquina y al verla llena de mineral se quedó atónito y perplejo observando su color rojizo centellar, se encandilaron sus ojos; la chispa del rayo  reflectada en el vidrio del casco, cuando tomo el mineral; al tacto, lo halló bastante extraño y no recordaba que textura tenían las piedras extraídas en otras misiones, no recordaba aquella solidez; decidió guardar un resto de mineral en su bolsillo para sacar muestras de laboratorio. Pero al dar la vuelta y seguir el rumbo, se encontró de frente con un espectro, era un selenita encorvado hacia su rostro, de dos metros de altura, de brazos  y piernas largas, que se mimetizaba con el color rojizo del mineral y volvía nuevamente a su color gris plateado. El androide no alcanzó a reaccionar, ni alzar la voz por el dispositivo de audio, fue cuando el selenita apoyó sus largas y filosas manos en el casco del androide y todo quedo en silencio…
-Nus, es hora de volver a la nave –dijo Tirso apresuradamente– ¡Nus! ¿Nus? ¡Conteste el dispositivo de audio! Por un instante se produjo un silencio incomodo, pero Nus respondió el audio con un “si” y comenzó a despabilar, obedeció de inmediato y a caminó letárgicamente hacia la nave, como si no hubiera pasado nada en lo absoluto…   

Los astronautas se embarcaron en la nave espacial y se dirigieron a la base Lunar de Tycho. Su puerta principal se abrió dejando entrar a la nave cuidadosamente.
-¡Bueno Muchachos! vamos a cenar, ¡Oh! Se me olvidaba, Ustedes los androides… ¿De qué se alimentan? –preguntó Tirso, medio en broma, medio enserio.
-Nuestro sistema digestivo no es muy diferente al de un ser humano ordinario Señor. Comemos las mismas cosas y tenemos un microchip de sabores en nuestro cerebro biomecánico, más de dos millones de sabores distintos.
-¡Santo cielo! De verdad sí que están avanzados; aunque, ¡sabes Ink! No somos los tan ordinarios como parece, cada uno de nosotros es un ser individual y productivo, no tenemos un sistema de programación integrado como ustedes, pero nuestros errores nos pueden salir muy caros como civilización empresarial–contestó Tirso al androide en un tono más odioso de lo común; mientras se sentaba en la mesa con un plato de legumbres fritas.
-Y… ¿Qué opinas tú Nus? ¿Crees que estas legumbres son deliciosas?
El astronauta se dirigió al Droide, pero este no contesto ninguna palabra. Estaba sentado con la mirada fija en una de las ventanas con vista hacia el cráter
-¿Qué es lo que pasa, viste algún fantasma en el cráter? ¿Nus?
-¡No, señor! –Respondió sonámbulamente.
-¡Ufff! ¡Caray! Ustedes sí que saben expresarse.
Las luces del casino se apagaron y prendieron en segundos, parpadearon extrañamente como sucedió en la nave.
-Es la interferencia señor. Nuevamente. ¿Quiere que localice de donde proviene?
-No, no te preocupes debe ser las máquinas excavadoras, a veces hacen fallar  el sistema. Iré a la cama. Las legumbres me han dejado satisfecho. Sería bueno que ustedes también descansen, ¡Oh! Perdón, que se desconecten; en fin…cualquier cosa estaré durmiendo. –dijo el capitán Goumas mientras se retiraba de la mesa con absoluta indiferencia.

Los androides se quedaron solos en el casino de la base. Ink miraba a su par de frente, sospechando algo más extraño, enseguida le pregunta:
-¿Has visto algo, no es cierto? ¿Dime? ¿Se trata de un Selenita?
- No he visto nada. –Respondió tajantemente el androide.
-¡Vamos! Puedes confiar en mí, has actuado raro desde que llegaste de ese cráter.
-No es nada. Solo me traje esta piedra de Tranquillityta.
-Tú y yo sabemos que aquello esta fuera del protocolo, tenemos prohibido tener contacto directo con el mineral.
-¡Lo sé! No te preocupes lo devolveré mañana solo que su color rojizo me conmovió. Este es el peor humano con el que viajo. Solo le interesa el resguardo de la empresa.
-¡Ok! No hablaré del tema. Pero será mejor que lo devuelvas. –insistió Ink mientras tomaba el  mineral y lo observa con sus dedos. Y se quedó en silencio.
-¿Escuchaste eso?
-¡Sí!  ¡Qué extraño! Es como un zumbido. Como si fuera un grillar de un insecto.
-Así es. Pero en la luna no hay ni insectos ni grillos –Respondió Ink compungido–, Solo hay Selenitas violentos ávidos de venganza.
-Revisa si proviene de las máquinas excavadoras.
-¡ok!
-Nus. Vamos al monitor, quizás viene del cráter
Los androides prendieron la pantalla y comenzaron a inspeccionar la faena minera.
-¿Qué es eso? ¿Ves lo mismo que yo? Esas rocas se mueven solas… ¡Oh Diantres! Una nave se está asomando por el cráter… ¡Nus! despierta al humano, que venga a ver esto.
El androide se dirige hacia la habitación del humano, se postra al lado de su cama y posa su mano en su cabeza; tal como el selenita lo hizo con él.
-¿Es usted el Capitán Tirso Goumas?
-¡Sí! Pero, ¿Qué es lo que pasa? ¿Se volvió loco? ¡No ve que estoy descansando!
-¿Es usted un representante de la tierra?
-Pero ¿qué clase de preguntas son esas? Claro que si soy habitante de la tierra. Usted lo sabe bien ¡Pedazo de excremento!
El androide comenzó a palidecer, sus ojos se tornaron de un color rojizo brillante y fuerte, como las piedras de Tranquillityta; Su cuerpo se encorvo. Sus piernas y brazos se alargaron como hule y su cabeza se ovaló como un huevo.
El astronauta estaba inmóvil ante el selenita sin reacción alguna.
-Necesito que lleve este mensaje a la tierra. Dígales a sus líderes que la invasión es inminente que ya no puedo hacer nada más por ustedes. El pacto con la empresa se acabó.
-¿A qué se refiere? –Preguntó Tirso al alienígena mientras daba un paso hacia tras.
-Es el mineral, inepto terrícola, se lo han llevado todo, vete a tu sucio planeta.
Tirso no podía creer lo que estaba sucediendo, salió asustado corriendo de su habitación, cuando paso por el casino gritó  desesperado a los androides.
vayámonos de inmediato! Van a invadir la tierra, preparen todo –gritó con terror.
Los androides estaban inmóviles como maniquíes en las sillas del comedor y no tuvieron reacción alguna.
-¡Malditos androides! ¿Qué me hicieron? ¡Esto no es real! No puede ser real–exclamó con rabia y despavorido –, puso en marcha los motores de la nave y se alejó camino hacia la tierra lo más rápido posible.
Llamo tres veces por el radio a la base “Pórtico” terrestre, pero no tuvo respuesta, llamo dos veces a su hijos y su esposa, pero tampoco tuvo respuestas; asustado se puso a llorar desconsoladamente sobre los controles de la nave, se levantó y  miró el reflejo por el visor de la pantalla; solo vio una cabeza gris ovalada sin lagrima alguna…una voz maléfica se escucho tan solo un instante: Y dígame Usted… ¡SI USTED!  ¿Se siente indicado para esta misión?...   
    
GTF