La
nave radícula y arboleada aterrizó inyectada de punta en la insonoridad del mar
terrestre, sin ocasionar el más mínimo desvelo en los terrícolas circundantes
de la periferia; tal cual como en el espacio, el sonido en el vacío no bramó ni
un segundo en las cárdenas aguas del
pacifico. La horda de alienígenas extraterrestres insectoides se deslizaban uno
por uno, en fila militar preparando la invasión planetaria, en grupo de a
cuatro se arrimaron los incestos a un cubo receptáculo y geométrico que los deslizaba
a la superficie terrestre; había llegado el momento de iniciar la colonización
y necesitaban el apreciado tesoro de la humanidad, el “Genoma Humano” y su secuencia cromosómico de ADN ,era la materia prima indispensable para la fusión nuclear del
núcleo de la estrella solar, el elemento necesario para dar vida al imperio de
los artrópodos alienígenas. Poco a poco comenzaron a subyugar las ciudades del
mundo en pequeñas naves arboleadas. Los insectos descendieron en todas las
avenidas principales del planeta.
- ¡Quédate
ahí! ¡Quieto Humano! –dijo un insecto
con ojos ovalados; apuntando con su pistola atómica a un terrícola en el balcón
de su edificio. Mientras que una horda de alienígenas apresaba a cada habitante
que se cruzara por su camino, capturándolos en grotescos cubos verdosos
metálicos.
- ¿Quién
anda ahí? –preguntó una mujer sin lograr ver a los alienígenas invasores
seguido de un grito de espanto que se perdió en la neblina.
Un sujeto
asustado, corrió hasta su habitación cogió un arma y volvió hacia el patio de
su hogar.
-¡Salga
de ahí o le dispararé! –exclamó mientras una gota de sudor rodaba por su frente.
- ¿Me
dispararas terrícola? –Replicó una voz electrónica y desafiante–: la invasión
ya ha comenzado y no hay nada que puedas hacer.
El
sujeto paralizado se quedó observando desde el balcón de su edificio, el
grotesco panorama de los insectos encadenando a quien se cruzara por su camino.
– ¡Salgan de aquellos matorrales! –Dijo un
insecto a un grupo de adolescentes escondidos y despavoridos–, luego les
disparó un rayo que gelatinizó a los pequeños en el suelo.
- ¿Qué
quieres hacer humanoide? –Jadeó la cucaracha acercándose con sus patas puntiagudas,
mientras devoraba la cabeza de un hombre
que intentaba correr.
Un hombre salió de su casa dio dos tiros al aire,
en señal de advertencia, intentando persuadir a un insecto.
- ¡Malditos
cobardes! –exclamó el sujeto en un gravísimo grito opacado con un rayo láser,
mientras que a lo lejos en la niebla se escuchaba gritos humanos de horror.
¡El
mar está plagado de cuerpos humanos! ¡Los insectos nos devoran, nos devoran…!
–Gritó una anciana mientras era encadenada por un invasor.
Un
artrópodo da la orden de despliegue por toda la ciudad. ¡Es hora de buscar al científico!
¡Traigan el ADN! –ordenó el líder
Insectoide desde la nave arboleada.
Un
alienígena se introdujo en la casa del científico y activo su capa de
invisibilidad.
-¿Quién
anda ahí? –dijo el científico mientras se levantaba asustado de su cama,
ignorando la calamidad que ocurría en todo el planeta.
-¿Es
usted Dimitri, el poseedor del genoma humano? –dijo una voz grillada por la
ventana del balcón.
-¡Así
es! ¿Quién es? ¿Dónde está? ¿De dónde proviene su voz? ¡Muéstrese por favor! –Preguntó Dimitri.
-¡Está
bien! Saldré. –Dijo la voz electrónica–; Pero antes, debe prometerme que no
gruñirá, ni saldrá corriendo.
-¡Ok!
De acuerdo –Respondió desconcertado.
-De
cualquier forma, si tienes la osadía de salir corriendo explotara en mil
pedazos. Y esto; no lo digo en broma, me refiero a que literalmente tus extremidades
volaran como cohetes–, le advirtió el insecto mientras se acercaba.
- ¡Que
idiotez! ¿Cómo esperas que crea eso? ¿Me estas tomando el pelo? –agregó
burlándose Dimitri.
-¡Así
es! Cobarde humano. Es mejor que me creas. La invasión ha comenzado en todo el
mundo.
-¡Cállese
estúpido! ¿Qué diablos eres? ¡Debo estar loco! –insistió asustado el científico
mientras movía su cabeza de hito a hito, negando la situación, buscando la
procedencia del sonido expedido en el viento metálico.
-Toda
la raza humana está loca y pronta a su extinción. Venimos viajando desde el
núcleo solar; tenemos todo preparado para la invasión de su planeta.
-
¿Qué estas insinuando? Lo que dices no tiene sentido, los extraterrestres no
existen son una invención de los medios periodísticos. ¡Sabes! Hare algo. Entraré nuevamente por el balcón y
si lo vuelvo a escuchar tu voz tomare mi arma y
disparare sin pensarlo.
-Es
mejor que no hagas eso, no te lo recomiendo. He puesto un explosivo en tu
cuerpo y en el cuerpo de todos los habitantes de la ciudad. La invasión
comienza aquí y ahora.
El
científico se quedó atónito y desconcertado mientras escuchaba el rezongo
insectívoro del huésped indeseado.
-¿Qué has puesto en nuestros cuerpos? Lo que
dices no puede ser posible de ninguna manera.
-¡Por
los núcleos de mil soles! –Chilló el insecto–, Solo desabrocha tu camisa
playera y veras lo que te digo terrícola.
El humano comenzó a desabrocharse lentamente los
botones de la camisa, mientras que con su otra mano sostenía el arma
firmemente.
-Quiero
que veas atentamente tu ombligo. ¿Ves lo que hay allí?
Del
ombligo del sujeto comenzó a parpadear una luz roja violeta, que centellaba
generosamente.
-¿Qué
es esto? ¿Qué me has puesto?
-Es
un microchip detonador sensorial, se activa con energía telepática; esto es, se
activa con impulsos electrónicos cerebrales, y mi cerebro funciona como detonador,
es muy fácil activarlo basta que piense y explotaras…
-¡Que
maldito! ¿Eres un asesino?
-No…, No lo soy. Pero tú eres un humano muy
estúpido al parecer.
-¿Cómo
fue que me pusiste esta cosa?
-Lo
hicimos mientras la ciudad dormía. Anoche, cuando aterrizamos, estábamos
observando desde la nave arboleada todos sus movimientos, fue entonces que
expedimos micronaves con nanotecnología avanzada por todo el mundo; un microchip
explosivo fue introducido por ombligo de los humanos.
-¡Maldito
gusano me has estado espiando!
-No,
humanoide necio, lo que pasa es que tú no puedes verme aun. Ahora, ¿Harás lo
que te pido? Solo quiero, que…, por más desconcertado que este tu inferior e
inútil cerebro; no salgas huyendo como un cobarde; eso es todo.
-¡Está
bien! –Respondió Dimitri con un tono cansado–: el científico lucia bastante
desorientado y no comprendía la situación en la que se encontraba. Una
sensación de frialdad, tétrica y una brisa helada soplaba por el balcón; detrás
de unos matorrales se desplaza súbitamente un cuerpo extraño y alargado; de
unos tres metros de longitud, sus cavidades eran aplanadas y de su cabeza se desprendían
dos antenas filiformes, tenia alas plomizas y membranosas, movía rápidamente sus
seis pegajosas patas puntiagudas; el abdomen era verdoso, y terminaba en dos
puntas articuladas, que le daba un aspecto de redondez; de las piezas bocales
se desprendía un líquido amarillento y aguado que caía acuosa cada vez que el
alienígena abría la boca. El científico impactado no podía concebir lo que sus
ojos le mostraban.
-
¡Pero qué diablos eres! ¿Una maldita
cucaracha? –pensó en salir corriendo, pero enseguida dudó y comprendió que
mantenerse estático era la mejor opción.
-Así
es mentecato humanoide –respondió el insecto apuntando con su pistola atómica.
-¡Que
asqueroso y feo eres!
-¡Tranquilo!
ya sabes lo que tienes en tu ombligo y lo que puede pasar si no me obedeces.
-Pero;
¿cómo es posible que suceda esto? Debo estar loco, los incestos gigantes no
existen ni menos pueden hablar.
-Te
equivocas. Si existimos, y somos muchos, cientos; hemos estado en este planeta
desde su origen; millones de años atrás, somos dueño de todo el inframundo, del
centro de la tierra; hemos visto caer cometas; desaparecer cientos de especies
de mamíferos y reptiles en la tierra; nosotros somos la única especie original
de este planeta. ¡Tú ni te imaginas! Hemos evolucionado desde mucho antes que
su especie se hacían llamar “Homo Sapiens”;
tenemos la capacidad de hacernos invisibles; podemos leer la mente; nos
comunicamos telepáticamente y nuestro sistema de navegación hiperespacial esta
a mas de un millón de años luz de sus pequeños aviones y barcos de juguetes;
veras –vil humano –nosotros habitamos el
sol, nuestro caparazón ha evolucionado de una forma tal que se ha vuelto
indestructible, impenetrable, se necesita muchos Albert Einstein trabajando a
toda máquina para que ustedes lleguen a entender como funciona nuestro
caparazón que nos hace colonizar estrellas como el sol.
-¡Pero
eso es imposible! –Fisgoneaba Dimitri.
-¡Oh sí! repugnante e inútil humano, ¡claro
que es posible!- Tu especie siempre ha sido y será pasajera en este planeta; ni
siquiera son capaces de mantener y regenerar sus propios recursos naturales; en
todo caso; ya no importa. Nos hemos cansado de este planeta. Nuestro sistema de
navegación lleva activado quinientos años y nos preparamos para habitar
“Blattodea”.
-
¿Blattodea? ¿De qué estás hablando? –Preguntó el científico.
- De
nuestra nueva civilización. A setecientos quilómetros de profundidad, después
del núcleo solar. Llevamos dos mil años construyendo nuestra fortaleza y por
fin tenemos la tecnología suficiente para abandonar el núcleo de este inmundo
planeta.
-¡Todo esto son patrañas! De ser así como tú
dices, el mundo de la ciencia ya lo habrían descubierto.
-¡Quif
Quif! –surgió un sonido de la boca del insecto, simulando una risa.
Luego,
empezó a arrastrar sus patas en dirección a Dimitri; el pavor invade su rostro
al ver semejante insecto serpentearse como una lagartija horripilante. En su
caparazón, tenía una hinchazón, un relieve, que se desprendió del hombro del
insecto, dejando caer un líquido negruzco, salió un cilindro de su abdomen con
un láser de luz verdosa que apuntó directamente
a la cabeza del científico.
-¿Qué
me estás haciendo? ¿Qué me pasa?- no puedo moverme.
-Claro
que no puedes moverte, te he inmovilizado como una piedra.
El insecto
se acerca a su rostro, éste lo mira paralizado como un muñeco de metal, mientras
abre su pegajosa boca mal oliente y dice:
-La
explicación de por qué tus científicos
humanoides, no saben nada de nuestra existencia, es que no han llegado a
comprende la tecnología de la invisibilidad. Nosotros la hemos estado
utilizando desde los principio de la evolución, y, en los mileños de vida que le queda a la
tierra, esto es, -descartando la inminente posibilidad de autodestruirse que
posee su especie, de experimentar y detonar armas nucleares- tampoco será
tiempo suficiente para que lleguen a descubrirla.
El insecto
dejo de apuntar a la cabeza Dimitri y este dio una bocanada de alivio.
-Entonces.
¡Dime lo que quieres! -Gritó compungido.
El
insecto se acercó al sillón de su departamento, se sentó y cruzo las seis
patas, lo miro directamente, con un pequeño brillo estelar en sus aceitunados
ojos.
-
Ahora que ya estamos más relajados, Quiero que me digas una cosa.
-¿Qué?
¿Qué puede haber de interés por mi persona?
-¡Solo
calla humano! –dijo el artrópodo con un tono de relajo.
Dimitri
camino hacia el sillón con cara de pregunta: – ¡Que tramará tamaña cucaracha!
¿Sabrá las autoridades de tal invasión? –Pensó mientras miraba a la cucaracha
sin quitarle los ojos de encima, mientras aquella reía burlonamente mirando
como el científico cruzaba sus delgadas piernas en el sillón.
-Abre
aquel estante cuidadosamente, detrás de la puerta está tu PC, con los códigos
del genoma humano, quiero que me lo des –dijo la cucaracha.
-Pero…
¿Cómo es posibles que puedas saber de aquellas investigaciones, si aún no han
sido divulgadas ni al común de los mortales? –preguntó sorprendido Dimitri.
-Es
por la telepatía extrasensorial, la imagen de las cosas entran por tu globo
ocular, lo que proyecta la información a tu cerebro, esté emite una onda
telepática que llega directamente a mis antenas y después a mi cerebro insectívoro.
He podido ver todo lo que has hecho durante horas.
-¿Y el
ADN? ¡No me digas que todo esto lo
haces por la ciencia biológica!
-Pues
bien, eso que tienes en tu PC, y que ustedes llaman “ADN”; nosotros lo llamamos: “El oro de Blattodea”. Es una rica
fuente de energía y le da dureza a nuestro caparazón; con ella podremos
desarrollar una inteligencia única y avanzada para nuestro organismo y así
soportar los altos grados de temperatura que hay en las profundidades del sol y transformarlo en una poderosa arma
invasiva. Dominaremos todo el sistema solar; nos haremos más fuerte, más
potentes, con el ADN podremos dominar
cualquier planeta del cosmos; y con el tiempo dominaremos el universo, seremos
el equivalente de lo que ustedes llaman “Dioses”.
-¡Pero
qué estupideces dices insecto! El ADN
contiene la información codificada necesaria para la vida humana terrestre y
adaptable al ambiente de nuestro planeta, no se ha comprobado su utilidad
extraterrestre, es decir, es solo un conjunto de proteínas indispensables para
el ser humano y no para los insectos.
-¡Adaptable
para su planeta! –Musitó el insecto con un sarcasmo de burla.
-Ustedes
han usado la ciencia por décadas, con el solo propósito de distraer a sus
semejantes, para mantenerlos callados, y justificar todo atreves de ello, los padres descuidan a sus hijos y a los hijos
de sus hijos. Pero ya nos hemos apoderado de todos los establecimientos, en las casas, en
las bibliotecas, universidades, en los cuarteles, edificios estatales, hay un
insecto alienígeno con camuflaje humano, extrayendo toda la información
planetaria de la humanidad, de ustedes no quedará rastro en todo el universo.
Las autoridades han puesto en marcha toda su economía mundial, toda su flota y
poderío militar; pero saben que no tienen alternativa, estamos debajo de sus
narices desde tiempos inmemoriales, han vivido cegados como cerdos, son el
cáncer y nosotros la cura; sin mencionar la incapacidad de autosustentarse; por eso, nos llevaremos toda la información
genética del planeta; le haremos un gran favor a la necedad humana.
Y
por cierto, sé que tú tienes los códigos, de no ser así, no estaría aquí
hablando con un insignificante humanoide.
-Y
si lo sabes. ¿Por qué no me matas de una vez?
-¡Necesito
los códigos!
-¿Qué
códigos? solo poseo los del laboratorio central.
-Los
códigos que utilizaste para entrar al laboratorio, donde tienen oculto la
fórmula única del genoma humano. ¿Tú eres el empleado industrial? ¿No es así?
- Si
los quieres por qué no lees mi mente, maldita cucaracha.
-¿Qué,
acaso no sabes que ya lo hice? Lo que sucede es que tienes una mente anciana y deteriorada, que mis antenas no
pueden captar la imagen extrasensorial para descifrarlo; pero lo tienes
anotado, en un papel amarillo, está guardado, en el velador de tu pieza, y
quiero que vayas por el ahora. ¡Esto es lo que le hace la soberbia humana a tu raza imbécil! Con el tiempo entenderán
que solo nuestra especie puede evolucionar y dominar el universo.
-¡No te entiendo! ¿Y cómo esperas que te
entregue la fórmula de la humanidad?
-Pues
veras, entrarás al edificio estatal, los científicos abandonan el laboratorio
temprano; buscaras la fórmula a como dé lugar. Muchas autoridades ya sabían de
nuestra invasión y se llevaron varias muestras y los dígitos del código, pero
lo que no sabían, es que en una pieza aledaña a la bóveda hay un ordenador
resguardado, y en su contenido esta la nueva fórmula única del genoma
humano que un científico dejo olvidado. Acaso
¿no serás tú aquel científico?
Ahora
necesito los códigos, así podré entrar y robarla, porque al igual que tú, yo
también soy un insecto de ciencias y necesito la fórmula de la vida para dominar
toda mi nueva civilización en el núcleo del
sol.
-¡Ah!
Después de todo si eres un negociador, un incesto que entiende de economía y
colonización imperial –dijo el humano riéndose de la cucaracha mientras se
sentaba en el sillón –, ¡Quién lo diría!
El
incesto se acercó al humano y de su hombro, comenzó a salir un cilindro un poco
más grande que el anterior.
-Este
no es paralizador, este detonará directamente el microchip de tu ombligo si no
haces lo que te digo, explotaras en mil pedazos, y de verdad ya me estoy
aburriendo de ti, humano patético, solo tráeme los códigos para obtener el ADN. Pero antes ve por alimento a la
cocina; hablar tanto me ha dado un poco de apetito.
El
científico arrojo una bolsa de azúcar que halló en la despensa por las patas filosas
del insecto, este se precipitó y comenzó
a devorarla por su boca pegajosa, tragaba y regurgitaba, tragaba y regurgitaba,
la mezcla emitía un olor estupefacto, que el insecto succionaba una y otra vez.
-Ahora,
¡haz lo que te dije! –ordenó el insecto al científico; éste comenzó a caminar
lentamente hacia la habitación, mientras el insecto engullía; en el velador
había un papel doblado con el código de acceso a la formula única, lo toma, y
con la otra mano cogió un lápiz que había encima y comenzó a caminar hacia el
insecto mientras este regurgitaba en el suelo, cuando caminaba recordó que el insecto
le dijo que mientras observaba las cosas por su globo ocular, pues la vista de
los artrópodos es muy débil; por impulso extrasensorial llegaría a sus antenas
a transmitir la información, pues el insecto no podía ver directamente a través
de sus ojos inadaptables para la superficie terrestre.
¡Aquí
está el código!
-¡Póntelo
delante de los ojos! –ordenó en artrópodo.
Pero el científico no obedeció de inmediato y
titubeaba mientras se le acercaba
-
¡Hazlo maldito ya ha sido suficiente!
De
pronto Dimitri comenzó a convulsionar, su cuerpo se puso de un color azul, el
miedo lo atormentaba, sus labios estaban morados, su corazón palpitaba tan
violentamente, como el zumbido de un aguijón.
-¡Hazlo
por un demonio! ¡Necesito los códigos!
La dominación ha comenzado
El
humano presiona el lápiz que tenía en su mano con más fuerza y desesperación,
estaba sudado y sus lagrimas rodaban en su mejilla; se pozo frente al insecto, y con gran presión comienza a perforar sus
ojos ovalados, el primer chorro de líquido verdoso cae en el azúcar esparcida
en el suelo, donde el insecto regurgitaba con repugnancia.
-¿Qué
has hecho humano estúpido? ¡No has
entendido nada!
El Insectoide gemía de dolor en el suelo, mientras
el humano grita con furia:
-¡Has
perdido cucaracha del infierno! Tú y toda tu raza de langostas asquerosas; Jamás
podrás dominar el sol, esta información genética jamás pasara a tu imperio del
terror.
-¡Te
equivocas! De lo contrario, serás tú
quien irá al centro del sol conmigo. En tu cerebro se guarda la fórmula de la
vida humana. Y la obtendré a como dé lugar.
Dimitri
comenzó a retroceder mientras chocaba con los muebles de su casa, el insecto se
inflamaba su abdomen furioso delante del científico. Dimitri lo miro de frente
y le dijo:
-Hagas
lo que hagas jamás entenderás la inteligencia de la humanidad. El genoma humano
prevalecerá por siempre en el universo, es un hecho que ya comprobamos, y será
en este o cualquier planeta. Tu raza de insectos nunca podrás dominar Blattodea
sin nuestro elemento vital, hace muchos años que sabemos que es indispensable
para desarrollar su habitad en el núcleo sol, pero su afán imperialista será lo que llevará a la extinción alienígena.
Blattodea es un sueño de insectos inservibles que los humanos creamos y que
nunca podrán alcanzar. Vendrá una nueva raza de alienígenas y les arrebatara el
genoma humano y lo esparcirá por el universo, finalmente nosotros dominaremos
la existencia de toda materialidad. La información cromosómica se transmitirá
eternamente por los siglos de los siglos, y mileños tras mileños ustedes
tardaran en comprender que su invasión a la tierra fue parte de un plan
elaborado por los la humanos, con el solo objeto de que nuestra información
genética prevalezca eternamente y se expanda sin detenerse. Así que; ¡Miserable
cucaracha! Dispara de una vez y permite que tu estúpida invasión se vaya al
carajo.
El
insecto alienígeno disparo su pistola láser sin trastabillar ni un segundo; formándose un capullo ovoide alrededor del
cuerpo gelatinizado del científico.
Un
cubo receptáculo aterrizo afuera de la casa del científico mientras el insecto
arrastraba su plasmático bulto por el suelo hacia la puerta de la nave en
dirección a Blattodea.
GTF.

