sábado, 29 de octubre de 2016

LA MALDICIÓN DE LA PRINCESA DE QUAOAR





1.

EL DESCUBRIMIENTO

La máquina proyectora térmica parpadeaba rutilantemente en el oscuro vacío de la habitación, comenzó a buscar sobrevivientes en la nave NODRIZA3,  su espectro de luz se deslizaba en línea horizontal y vertical por todo el apartamento de la nave de la Realeza Quaoriana. Uno de los científicos investigadores el señor: Zenón  Caristeas; acompañado de un grupo de astrofísicos llevaba un tiempo en la búsqueda de sobrevivientes en las inmediaciones de la órbita de Nibíru, revisaban cada lugar oculto de las naves abandonadas, esperando hallar algún tripulante con vida:
-¡Zenón! ¡Venga aquí por favor! –habló uno de los astronautas mientras apuntaba con su linterna en la oscura habitación.
El respirar tétrico y afligido se escuchaba detrás de la escafandra húmeda de los astronautas.
-¡Allí! Justo ahí, puedo ver una cápsula criogénica Señor, es de aquellas que reportaron perdida desde la central. –dijo Arsenio.
-¡Vaya a investigar cabo! ¿O le da miedo? –Agregó Damián burlándose.
-¡De ninguna manera señores! Para esto y mucho más fui entrenado varios años–replicó Arsenio con orgullo.
Los astronautas se acercaron lentamente a la cápsula criogénica, su aspecto era cilíndrico y alargado, en la superficie yacía la escarcha de un gélido y frio aire fantasmal.
-¡Cielos Santos señor! Ve usted lo que mis ojos ven –dijo Arsenio mirando de  soslayo Zenón.
-¡Así es! –baladró Zenón en voz baja.
- Oh. Es una mujer. Tiene un aspecto joven. ¿Será la princesa del planeta Quaoar? –preguntó Damián sin obtener respuesta.
-¡Es muy probable! Esta nave ha sido reportada perdida por la realeza del planeta enano.
-¡Muy bien! Empaquen todo. Nos llevaremos la cápsula a la central AZN5. Obtendremos ahí nuestras respuestas. –ordenó Zenón en tono de mando y frunciendo sus gruesos labios.

2.

EL ENCUENTRO

La nave de expedición aterrizó en la Central Espacial AZN5, sin ningún sobresalto aparente; las estrellas titilaban a lo lejos, la paz reinaba en la galaxia.
-¡Atención central! , reportándose nave de expedición [L1] de misión nave NODRIZA3, hallamos una cápsula criogénica con una mujer en su interior, joven al parecer, solicito permiso para ser internada en la clínica espacial. Operadora. –exclamó Zenón  por el fonovisor mientras se bajaba de la nave.
-Permiso concedido. –clamoreó una voz platinada.
Los astronautas trasladaron la cápsula a la clínica central con la mujer en su interior. Al llegar las enfermeras se percataron que aquella mujer tenía los rasgos de la realeza de Quaoar, su piel era de rosa transparente y sus ojos de un azul verdoso profundo, su cuerpo perfectamente proporcionado conjugaba con su pelo de oro cristalizado.
-¿Dónde estoy? –preguntó la princesa en voz baja y aturdida mientras se acomodaba en la camilla.
-¡Buenos días! Usted se encuentra a salvo, en la central espacial AZN5 –contestó la enfermera mientras le acomodaba la almohada –llegó hace cuatro días, estaba exhausta, pero ya se encuentra bien, el capitán Zenón la encontró en la nave NODRIZA3. ¡Oh! Que coincidencia, justo viene a visitarla.
Entró el capitán acompañado de los tres astrofísicos y unas rosas blancas en la mano. Las puso en una jarra de agua. Luego se presentó.
-¡Buenos días princesa! Soy el capitán Zenón Caristeas, líder de expedición y ellos son: Arsenio Dalaras, astrofísico experto en rescate y segundo al mando; Damián Lemonis nuestro astroquímico y Trifón Zeta  piloto mecánico de la nave de expedición [L1]. Saluden muchachos.
-¡Encantada de conocerlos! Muchas gracias por salvarme astronautas. Mi padre, el rey KA, del planeta Quaoar estará horrado de agradecerles.
- ¡No hay de que…! –Respondió Zenón –es  solo nuestro trabajo princesa. ¿Sabe usted cuanto tiempo llevaba dormida? ¿Nadie le ha comentado aquello? –preguntó Zenón levantando una de sus cejas con un aire de coqueteo y seriedad.
-¡No! –Respondió la princesa entre las sabanas–, su rostro color rosa se ruborizo en  suaves tintes color guinda.
-lleva ciento nueve años en estado criogénico, que para nosotros es una eternidad; los terrícolas más longevos pueden llegar a los ciento cincuenta años fácilmente, tenemos una vida corta en comparación a la suya, pues solo ha estado perdida un mes de un año del planeta Quaoar. Su nave desvió el curso y navego sin rumbo fijo por la órbita de Nibíru.
¡Rayos! ¡Qué dramática situación! –masculló la princesa.
¿Sabe usted que ha pasado con la nave NODRIZA3? ¿Por qué desvió tan dramáticamente su rumbo? Y lo más extraño… ¿Dónde está el resto de su tripulación?
-No lo sé capitán, he olvidado todo. Solo recuerdo que me llevaron a la nave NODRIZA3, un grupo de aldeanos y después solo veo la cara de mi padre. Parecía preocupado. Pero más que eso…no puedo recordar –dijo la princesa con la mirada gacha.
-¡Esta bien! Debe descansar ahora. –exclamó Zenón un poco preocupado de la salud de la soberana.
En ese instante el monitor  cardíaco comenzó a parpadear, una luz roja se apagaba y encendía en señal de alerta, la línea de las pulsaciones se deshacía como una firma nerviosa; los científicos pasmados ante tal panorama llamaron de urgencia a la enfermera de turno; el rostro de la princesa pasó de rosa a un blanco que trasparentaba los contornos de su cara, dejando ver sus huesos y vasos capilares tras de la piel. Su cráneo parecía hincharse y achatarse a la vez en una horripilante pulsación, como un globo a punto de reventar.  
-¡Santo Cielos! –gritó Trifón zeta, sorprendido y asustado a tal punto de esconderse detrás de una camilla de levitación.
-¡Mantengan la calma! –pronunció Zenón con voz estentórea.
-¡A un lado! –ordenó la enfermera –. Debemos estabilizar los órganos más importantes. Si fallan ambos corazones la perderemos.
Los científicos retrocedieron varios pasos ataras y se quedaron mudos observando a las enfermeras mientras reanimaban a la princesa Quaoriana.
-¡Al Fin! Ya está. Su primer corazón se encuentra estable. El segundo tendrá que esperar. Sin él no podrá realizar sus funciones básicas. Debemos esperar hasta que se recupere. Por mientras estará en un coma profundo. Desde luego necesitará descanso señores. –dijo la enfermera superiora haciendo una mueca con la boca.
-¿Cuándo estará lista? –Preguntó Zenón –, necesitamos interrogarla para el reporte de rescate y expedición del [L1]. La central nos exige el informe de protocolo.
-¡Lo siento señores! No estoy en condiciones de entregar un día o fecha exacto, en estos casos solo hay que esperar… –replicó la superiora.
Los científicos se miraron consternados y preocupados por la actual situación de la princesa, y sin más preámbulos abandonaron la sala de recuperación.

2b.

EL TRANCE
(En un Sueño Profundo…)


[Un grupo de aldeanos observaban el sol naranja purpurino que se dejaba caer tras el horizonte rojizo del lago Ulelek del planeta Quaoar. Los habitantes, de cuerpos selváticos y piel árida admiraban la grandeza del rey KA, un Quaoriano guerrero de la segunda dinastía de los recolectores imperialistas. Su hija, la princesa INA, era la única heredera de la última dinastía. El trono debía traspasarse en la ceremonia del primer ciclo estelar del planeta plutoniano. Quaoar tenía un solo dios “Boro” que sometía a los aldeanos a horripilantes sacrificios. A orillas del lago Ulelek emergía una gran bestia innombrable con dentadura filosa y poderosos tentáculos. Boro ordenaba los macabros sacrificios, mientas la bestia desollaba vivo a los aldeanos para luego ser devorados. El rey KA, ante tamaña abominación solicitó la ayuda de los habitantes del planeta Xz, en las inmediaciones de la órbita de Nibíru, KA acepto la ayuda de los Dioses Niburianos, pero a cambio de ello pidieron el alma de la princesa INA, como ofrenda galáctica. Pero esta no accedió a ser sacrificada.
-¡Mi querida hija! Sé que es injusto. Nuestra existencia no tiene alternativa, deberás partir al planeta Xz. Ellos quieren tu alma. Pero ambos sabemos que nuestra dinastía es eterna. Y no hay poder en la galaxia que pueda contra ti. –dijo el rey KA en tono de súplica de frente a su hija.
-¡No, padre! No haré tamaña osadía y sacrificio, los aldeanos solo son parte del pueblo y yo soy la heredera al trono. ¡Que venga vuestro monstruo y devoraos a quien quiera! Si el Dios Boro lo ordena. Que se haga su voluntad. –exclamó INA con pasión apuntando su índice hacia el lago del sacrificio.
-¡Pero hija mía! ¿Por qué le has dado la espalda a tu pueblo?  ¿En qué momento has inclinado tu alma a la avaricia y el poder? –dijo el anciano con los ojos llorosos.
Pero INA no respondió a las suplicas de su padre y sonrió diabólicamente mientras los aldeanos eran desollados vivos, por la dentadura ensangrentada del monstruo, a orillas del Ulelek.
INA, la maligna princesa solo quería mantener el trono de su padre y ser la única heredera de todo Quaoar. Ante tal negación y soberbia de la soberana, los habitantes del planeta Xz invocaron a su propio dios “IKUTA” y arrojaron una maldición a la princesa y a todo el reino de Quaoar: “La malavenida furia de IKUTA cayó sobre el reino del Rey KA, sin clemencia y sin perdón…” IKUTA descendió del cielo magro y se posó frente al bello cuerpo  de INA, apuntó su lanza contra la princesa y le dijo:

¡Navegaras mileños tras mileños por los mares del universo!
Serás eterna en la oscuridad;
 Y por tu egoísmo vivirás y morirás día a día, sol a sol;
Y de aquella bestia que habita en tu reino
Que infame tragedia ha traído a los aldeanos;
Te condeno a llevarla en tu vientre por toda la eternidad.

El rey KA, al enterarse de la maldición que azotaría a su pueblo de aldeanos y a su hija la princesa INA, no tuvo más opción que condenarla al exilio. Ordenó a un grupo de sirvientes preparar una nave NODRIZA3 del imperio Quaoriano:
-¡”Hija mía debes irte, la maldición caerá en tu cuerpo y en todo el pueblo”!
Pero INA estaba llena de furia y  de rencor por lo sucedido. Al ver que su padre preparaba la nave tripulada con soldados Quaorianos se enfrentó ante el rey y lo ahorco hasta la muerte.
Ante tal situación los soldados Quaorianos salieron detrás de INA, disparando enérgicamente con sus pistolas neutrónicas, ésta logro subirse a la nave y despegó raudamente. Los tripulantes al ver lo sucedido, sintieron miedo de la princesa y obedecieron sin protestar. Los aldeanos se quedaron sin gobernante, siguiendo las órdenes y sacrificios que el Dios Boro invocaba para alimentar a la bestia de Ulelek. La nave NODRIZA3 se perdió fugazmente en el universo, de la  maligna INA y su tripulación no se supo más;  mientras reinaba la ignominia y la infamia subyugaba a los aldeanos en todo Quaoar…]        




3.

EL DESENLACE

No hay elementos que nos indiquen presencia de habitantes Quaorianos en la nave NODRIZA3 –exclamó Zenón mientras encendía un habano galáctico purificado –, si viene cierto, hemos revisado una y otra vez las cámaras satelitales y los Drones de investigación no han encontrado ningún cadáver o material orgánico de ese planeta, ¿Es esto posible?
-¡Tal vez! –Respondió Trifón Zeta, cruzando sus brazos tras su cabeza–, quizás el fantasma se esfumó. Después de todo,  son ciento nueve años. Cualquier cosa puede pasar.
-Ah, ¿Qué? Eso no es del todo correcto. –se pronunció Arsenio enfáticamente, mientras Damián engullía un trozo de pollo frito. –Es probable que exista al algún lugar de la nave que no estemos revisando bien.
-¡Tú crees! –ululó Damián con la boca llena.  
-¡Pero los Drones han hecho la inspección! –agregó Zenón.
-Si lo sé, capitán, pero en ciertas ocasiones se han producido errores en la inspección de los Drones, quizás sea necesario volver. –reiteró con seguridad Arsenio.
El capitán se quedó pensativo por un momento, luego agrego:
-¡Esta bien! Tienes razón. Prefiero salir de toda duda –Zenón hablo por el fonovisor de brazo–: ¡Atención! Llamando a central. Solicito autorización de vuelo de nave de expedición [L1] con rumbo a nave NODRIZA3, situación: posible material orgánico no encontrado por los Drones; Repito, posible material… Operadora: Autorización concedida capitán Zenón. –gracias central.
-¡Qué bien mi hermano! ¡Tendremos acción! –chilló bravuconamente Trifón Zeta dando palmaditas en las espaldas de los científicos.
Todos rieron al mismo tiempo, mientras se subían al [L1].
La nave NODRIZA3 lucia imponente en medio del espacio, las estrellas, constelaciones y galaxias se difuminaban a lo lejos dando el aspecto de una neblina sepulcral que solo el vacío puede acallar. La nave estaba compuesta de tres partes: una principal donde estaba el centro de mando, una segunda elaborada de un cuerpo cónico y puntiagudo; y la tercera parte de forma oval y cilíndrica; todo en su conjunto daba la sensación que fuera una gran arma flotante metaloide. El [L1] aterrizó en el hangar principal del centro de mando de la nave NODRIZA3, sin ningún percance estelar aparente.
La computadora central del coloso clamoreó por cada habitación, tenebrosamente, mientras los científicos se deslizaban por los pasadizos oscuros en dirección al centro de mando principal. –“Bienvenidos extranjeros. Mi nombre es Artemisa, computadora central de la nave  NODRIZA 3, a sus órdenes”
-¡Hu! ¡hu! ¡Qué macabra voz de esta señora, he! Ciento nueve años de abandono ¡Quizás le falta un buen macho mi amigo! –Dijo Trifón Zeta burlonamente.

-¡Cállate la boca Trifón! –murmuró con rabia en los dientes Arsenio Dalaras.
-¡No pierdan la línea! Atento a mis pasos muchachos. –interrumpió Zenón algo compungido.
-¿Damián, porque estas tan callado? –preguntó Trifón.
-¡Por idiotas como tú! –respondió Damián Lemonis sin vacilaciones.
-¡Cállense los dos! –replicó Arsenio sentenciando el silencio.
-¡Ya estamos por llegar! Atención muchachos. –Exclamó el capitán Zenón –preparen sus armas.
Los astronautas prepararon sus fundíbulos de corto alcance, sujetándolos firmemente con ambas manos,  mientras marchaban decididos paso a paso. El respirar agonizante de los científicos se escuchaba tras la humedecida escafandra. Trozos de cables en descomposición, fierros enredados de un extraño metal y un extraño líquido acuoso y verdoso escurría por los pasadizos de la nave. Las habitaciones abandonadas con algún que otro monitor encendido daba una sensación lúgubre de soledad, el tibio viento y un olor nauseabundo de putrefacción se esparcía por los conductos de ventilación.  
-¡Qué asco! ¿De dónde proviene ese repugnante olor? –preguntó Damián con el rostro desfigurado.
-¡De tu trasero! –se burló Trifón.
-¡Aja! He. ¡Muy gracioso, no! ¡Veo que la estupidez mantiene intacto tu sentido del humor! –Respondió Damián Malhumorado –, espero que tu cerebro este igual de ejercitado.
Trifón zeta le mostró sus dientes apretados en señal de desagrado.
-¡Ah, ya, tranquilos muchachos! –refunfuñó Arsenio mientras sostenía la linterna.
Los científicos apuntaban sus armas mientras caminaban en silencio por el corredor. Un trozo de la nave descompuesto se desprendía de la techumbre hidráulica, el líquido se esparcía escurridizo por toda la estructura.
-¡Atención! Llamando al líder de escuadrón capitán Zenón C. Tenemos noticias del planeta Quaoar. Un Dron de expedición nos informa que el planeta se encuentra deshabitado y no hay rastros del  rey KA, ni los aldeanos. –sonó el fonovisor del brazo del capitán.
-¡Que extraño señor! –dijo Arsenio mitad preocupado mitad aliviado–, apostaría mi equipo de salvamento a que la princesa escapó de ese horrible planeta.
-¿Abortaremos la misión señor? Sería bueno regresar a la central por unos refrescos. –señaló Damián con miedo en su rostro.
-Nadie abortará –sentenció Zenón –, es necesario investigar que paso aquí. Necesitamos entregar el reporte de esta nave. Así lo señala el protocolo, hasta que esta intriga no esté resuelta, no podremos volver a la central AZN5.
Los jóvenes científicos se miraron angustiosamente, conmocionados por la decisión del capitán, todos intentaban distraerse, pero en su interior sabían que algo no andaba bien. Cada vez la nave se hacía más grande, más  fría e horripilante, en cada paso que avanzaba el escuadrón por la oscuridad su angustia crecía; la estructura metálica fue tomando un tono grisáceo y verdoso opaco, como la madreselva Quaoriana que alguna vez lucio frondosa en el planeta enano.
¡Señor, puede ver eso! Aquellas aberturas. Parecen cargas de explosiones, quizás algún tripulante intentó usar su arma, pero de cadáver ni hablar, son señales, quizás huían de algo señor.  –explicó Arsenio mesuradamente.
-Es muy probable, ¡Manténgase alerta soldado! –susurró en voz baja Zenón.
Los astronautas llegaron al final del corredor y subieron las escaleras hacia la cabina de mando central del NODRIZA3, el piso y la habitación estaba repleta de musgos selváticos, los científicos caminaron con precaución.
-Señores, enciendan sus rastreadores telúricos, quiero estar al tanto de cualquier movimiento extraño y, ¡Por los satélites de Júpiter! No se les ocurra perderse. Este coloso es espeluznante y te atrapa. –dijo Zenón preocupado y sintiendo miedo por primera vez. Los astronautas obedecieron sin preámbulos.
-Capitán será necesario dividirnos. Debemos hacer guardia en el umbral de la cabina del bloque D. –propuso Arsenio.
-¡OK!, ¡Esta bien! Arsenio y Trifón se quedaran en la puerta del bloque D. Usted Damián me acompañará a inspeccionar la cabina. –decretó Zenón apresuradamente.
-Capitán mi rastreador telúrico está parpadeando. –Exclamó Trifón Zeta con un nervio descontrolado –, señor, algo se acerca, es muy grande, esta oscuro nos está asechando.
-¡Mantenga la calma! Dígame todo lo que suceda.
-Capitán hay un olor nauseabundo, es horripilante, una neblina viene hacia nosotros, no sabemos que puede ser, el terror nos invade; Arsenio esta atónito, sin poder de reacción, creo que la neblina es paralizante, señor, no podemos movernos, dígale a mi esposa e hijos que los amo, vayan con este mensaje a la tierra y que Dios se apiade de nuestras almas… –dijo Trifón en un último y alargado suspiro mientras rezaba.
La bestia de Ulelek se deslizó hasta las piernas de Arsenio y lo atravesó con su mandíbula filosa y puntiaguda de hito a hito. Un chorro de sangre callo en la cara de Trifón que paralizado miraba como el científico era desollado por la abominable bestia, luego empalo el cuerpo aún con vida en  sus filosos colmillos y desprendió cientos de tentáculos que succionaba los restos de carne y de piel esparcidos por doquier, del vientre de la bestia se desprendían unos paracitos que devoraban el musgo y todo material orgánico existente. Arsenio suplicó a la bestia que lo matara de una vez, y esta accedió, sus tentáculos se deslizaron por sus extremidades triturándolo y succionando seguidamente. Los parásitos se acercaron al cuerpo paralizado de Trifón y de los pies lo deslizaron hacia el vientre de la bestia que desprendió un líquido acido verdoso que licuo el cuerpo en cuestión de minutos. Los tentáculos subieron por el borde de la escalera, y agarro la cabeza de Damián, la enrolló serpenteadamente y luego la cercenó con su filoso colmillo. El capitán Zenón  disparó su arma tres veces hacia los tentáculos y boca de la bestia pero esta ni se inmutó, rendido se cobijó en una esquina y habló por el fonovisor de brazo:
¡Llamando a la central ANZ5! ¿Me copian? Hemos sido atacados por la bestia de Ulelek, ¡URGENTE! Deben destruir nave NODRIZA3, ¿Me copian? Ha muerto todo el escuadrón
¿Me copian?... Todo quedo en silencio un instante, luego una interferencia por el fonovisor y una voz de ultratumba, exclamó detrás de aullidos y gritos de dolor: “SOY INA, PRINCESA DEL DIÓS BORO, Y EN ESTA NAVE NO HAY NINGÚN SOBREVIVIENTE”

FIN


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miércoles, 12 de octubre de 2016

EL ROBOT DEL INTERIOR (Los Últimos Terrícolas)




1

Despertó asustado y no supo que decir. La imagen de un robot saliendo del interior de su cuerpo lo dejó más que turbado. Secó el sudor de su frente, se puso su traje azul metálico y se dirigió al laboratorio central de la base “Infinitum”. Sabía considerablemente que nadie en toda  Atón comprendería el experimento que estaba llevando a cabo.
Robert Dikoudis, era un tipo tranquilo, introvertido y de gran genio; pero por desgracia  padecía constantemente de demencia espacial, algunos; sin embargo decían que aquello era un reflejo genético del comportamiento humano exterior, heredado de Los últimos terrícolas.
-Llamando a bese central Infinitum, Operadora, comuníqueme con el general Lucas Evander.
-Entendido señor.
-Habla el general, ¿Cómo se encuentra hoy Dikoudis? ¡Dígame! ¿En qué puedo ayudarlo?
-Pido autorización para restablecer el “Proyecto Cinco” general.
-¿Me habla usted del proyecto de los Robots Humanoides Robert?
-Sí señor robots inteligentes y baratos para el mantenimiento de la ciudad.
-¡Esta seguro Robert! Recuerde lo que paso la última vez. Usted sufre demencia espacial y alucinaciones producto de los experimentos.
-No se preocupe señor, ya lo tengo superado, los robots deben quedar en buenas condiciones e utilizables para el manejo domestico de la ciudad
-Está Usted seguro Dikoudis. Puede ser perjudicial para su salud –exclamó Evander mientras lo analizaba de pies a cabeza.
-¡Sí! Lo sé señor. Cometí un error. Pero debo terminar los experimentos
-¡Está bien! cuente con la autorización para el Proyecto Cinco.-
-¡Gracias señor! –dijo el Doctor sin mediar más palabras.
El Proyecto Cinco consistía en un grupo de robots para las tareas domésticas y engorrosas de Atón; pero dado a la complejidad psíquica de un cerebro Cyberorgánico, era necesario seguir un protocolo especial, para mantener el control de loa robots, donde  no se exceda los límites del Código Atoriano.
¡Doctor Dikoudis! –Llamó una mujer alta, tez blanca y pelo liso dorado, entrando al laboratorio con su delantal blanco –: señor, hay un problema, con la serie Z10 de los robots domésticos, su cerebro Cyberorgánico se ha alterado. Puesto que su visión es dejar que este cerebro sea idéntico a los enlaces mentales y sinopsis neuronales de los humanos, no están respondiendo al protocolo exigido para el bien de la ciudad y el código Atoriano, más que un robot doméstico, estos enlaces cerebrales demuestran el traspaso de pensamientos destructivos que pueden ser peligrosos para la ciudad de Atón. ¿Puede usted generar los cambios necesarios en estos cerebros? –preguntó la joven científica.
-¡Por supuesto! Yo he creados estos cerebros para ser usados domésticamente, una mente Cyberorgánica puede ser muy útil para nuestra sociedad.
-¡Útil y destructiva! –Señaló la científica–, mis investigaciones han arrojado que los vicios humanos pueden ser traspasados a estos cerebros –dijo la mujer con un lápiz en la mano–; en resumidas cuentas estaríamos creando posibles robots con predisposición autodestructivas e invasivas, que puede ocasionar graves perjuicios en el desarrollo social de la ciudad.
-¿Con quién tengo el gusto de hablar…? –dijo Dikoudis en un tono sarcástico y burlón mientras veía a la chica con el lápiz en la boca.
- Helena Onisse, ingeniera robótica de la universidad de Atón Señor –exclamó la científica con gran vivacidad –. Helena alzo su fina mano delicadamente saludando al Doctor.
-¡Mucho gusto Señorita Onisse! Ahora, me puede explicar Usted como ha llegado a las conclusiones fácticas en la utilización de cerebros Cyberorgánicos.
-Pues bien, en realidad es cosa de herencia señor, la especies humanas no Atorianas han demostrado poseer una fuerte inclinación por los deseos más primitivos, los humanos antiguos excluyendo a Los Últimos, se caracterizaban por poseer actitudes bélicas y violentas. En este sentido, un cerebro Cyberorgánico está hecho al modelo de los primeros ingenieros, aquellos que sobrevivieron a la sexta guerra, pero no se percataron que en su evolución admitiría la información de sus antepasados.
-¿Me esta insinuando que los cerebros Cyberorgánicos están obsoletos?
-No señor, en lo absoluto. Solo señalo que la naturaleza robótica se abre curso, y que es posible que estos robots en algún momento inesperado se salgan de control
-¿Qué es lo que sugiere Onisse? –Preguntó Dikoudis con sus ojos desorbitados.
-Es necesario volver al origen señor. Necesitamos un cerebro con información Atoriana, con la evolución y conocimiento de Los Últimos Terrícolas, pero adaptado a las funciones básicas de la ciudad. Quizás alguna producción en serie que tenga ese objetivo, pero también necesitamos robots científicos y un líder.
-¿Este tipo de cosas enseñan en la universidad Atoriana en estos días? –Preguntó Dikoudis sorprendido.
-Así es Doctor. Las últimas investigaciones en robótica señalan que la construcción del pensamiento Cyberorgánico debe ir dirigido hacia la función de la sociedad colectiva, eso permite adquirir un estímulo comparable a la empatía humana, pero aplicable a los robots.
-Ok. Trabajaremos en la modificación interna de los cerebros por ahora, pero necesitamos un modelo de cerebro evolutivo. Uno que  contenga la herencia de los últimos terrícolas –comentó el Doctor pensativo mientras Onisse esperaba en un largo silencio esfumado –. Será mejor consultarlo a la almohada –Dijo finalmente el doctor con la vista pegada al techo.
Onisse sonrió con los labios sutilmente y salió del laboratorio.

1b

¡Suéltenme! ¡Suéltenme! –Gritó Dikoudis mientras despertaba asustado. La imagen de un Robot saliendo de su cuerpo lo volvía a atormentar.
-Otra vez el mismo sueño –se dijo así mismo con terror.
Se levantó de la cama y fue al baño a secarse el rostro del sudor. Enseguida se dirigió  hacia la ventana de su habitación, un paisaje hermoso de la tierra hacia brillar sus ojos; a pesar, de ser un gran planeta desértico, aún se podía vislumbrar aquellos bordes azulinos atmosféricos, o, quizás más bien imaginaba que era otro mundo, aquel del cual su padre le hablo en su niñez; su padre, quien fue uno de los que confió en él y en sus primeros experimentos, quien siendo uno de “Los Últimos” le dio aliento para seguir adelante con sus experimentos, pero la tierra siempre le fue un pensamiento lejano, incluso en este momento.
-¿Qué Robot debo crear para ayudar a la ciudad? ¿Qué cambios en el cerebro Cyberorgánico necesitamos? –Dikoudis se preguntaba mientras miraba la tierra por su ventana, esperando que la  respuesta cayera universo.

2

¡Doctor!, ¡Doctor!, ¡Despierte!, ¿Qué le sucedió? ¿Se quedó dormido? –Dijo Onisse mientras levantaba a Dikoudis del suelo.
-¡No lo sé! Onisse hay que ir al laboratorio.
-¿A tomado sus medicamentos Señor? El general Evander lo espera en el laboratorio.
-¡Ese cretino impaciente! –Comentó ofuscado mientras se levantaba–, solo quiere a los malditos Robots. No podré terminar el Proyecto Cinco a tiempo.
-No perdamos la calma Doctor, siempre ha llegado a la solución de los problemas científicos, tal como lo hizo su padre quien fue un científico excepcional.
-Mi padre era un verdadero Terrícola Onisse. Yo solo he sido una mala copia con una obsesión explosiva.
-No sea tan duro consigo mismo Doctor. Toda Atón sabe de lo que es capaz.
- ¿Toda Atón, insinúas? –Repitió con sarcasmo–, lo verdadero es que no puedo crear ese cerebro Helena. Es imposible encontrar algún modelo con la información genética de “Los Últimos” tendría que morir uno de ellos y su cuerpo ser donado a la ciencia. Tú y yo sabemos que “Los Últimos” son intocables.
Helena y el Doctor salieron del departamento en dirección al laboratorio.
-¿Señor Dikoudis como se encuentra? Lo estaba esperando. –Dijo el General Evander mientras se levantaba del sillón en la oficina del Doctor.
Dikoudis solo lo siguió con la mirada mientras se deslizaba.
-Lamento informarle que el Proyecto Cinco esta cancelado.
-General. Es el proyecto de mi padre, he trabajado toda mi vida en el desde que lo herede.
-Sí, lo sé –Dijo con su pipa en la boca –, Pero el Concejo Atoriano ha decidido que usted es un peligro para nuestra sociedad. O acaso se le olvida que sufre hace años de demencia espacial.
-Así es señor. Pero he hecho incansables esfuerzos para controlarlo, la enfermedad no impide mis investigaciones científicas.
-¡Bueno! No esta demás saberlo; pero el Concejo cree que ha pasado tiempo suficiente, y decidió que es hora de abandonar la idea de tener Robots domésticos en la ciudad, sin contar con el real peligro que puede ocasionar si los robots se salen de control, además el pre-proyecto fue un rotundo fracaso.
-Eso no es del todo correcto general. Los robots están utilizables, solamente que es necesario activar su cerebros Cyberorgánicos con la información genética de los últimos.
-Entonces Doctor ¿Me puede explicar porque todos estos años esos robots no ha sido utilizados?
-Por mi padre señor
-¿Qué dice?
-Mi padre me dijo antes de morir que no se activen los cerebros del pre-proyecto hasta que encontrara un modelo legítimo de los últimos, además, la doctora Onisse sugirió que aquella traslación debe tener la información Atoriana destinada a la mente colectiva de la ciudad y un líder que controle su masificación.
-¿Es aquello cierto señorita Onisse?
-Así es general, según las últimas investigaciones de la universidad Atoriana que lo avalan.
-¡No pude ser! –Dijo en general sacándose la pipa de la boca–, eso significa que debemos encontrar a ese líder, un líder capaz de dominar los robot domésticos y también que sea capaz de…
-¿Capaz de qué? –Interrumpió Dikoudis con cara interrogativa–, no estará pensando en utilizar mis robots con fines militares general, mi padre se esforzó mucho por estos robots, siempre quiso que ellos tuvieran un fin social para la ciudad y no para la milicia, no por ello la humanidad se extinguió por el uso de esta tecnología, fueron seis guerras general, seis; y me va explicar usted que aún no aprendemos…
-¡Lo siento mucho doctor! –Exclamó Evander–. El Consejo Atoriano tiene sus reglas, nada puedo hacer para intervenirlas, no puedo evitar simpatizar con usted, y sé que el Proyecto Cinco era la gran obra de su padre, pero el concejo tiene sus derechos y autoridad, las leyes Atorianas lo avalan según nuestra democracia.
-¡Democracia General! ¿De qué democracia me está usted hablando? –Preguntó desconcertado mientras se llevaba ambas manos al rostro en señal de negación –Usted y yo sabemos que aquellos conceptos han llevado y justificado la guerra por mileños a la humanidad, hay registros, están en los libros…, por aquellos hemos confiado en la ciencia para mantener nuestra civilización.
El general guardó silencio por unos segundos.
-Lo siento mucho Doctor Dikoudis. No puedo hacer nada por usted, el concejo piensa que es mejor resguardarse ante una posible invasión, sé que nos hemos mantenido en paz durante muchos años y no existen conflictos con los otros planetas y galaxias cercanas, pero…, la ciudad no puede quedar sin defensa.

Onisse estaba atónita y sin voz, sólo podía observar el rostro desfigurado de Robert al enterarse que la obra de su padre sería usada con fines militares. El general se puso la pipa en la boca y re retiro de la oficina con paso firme mientras Robert se desplomo abatido en su asiento.

3

Onisse se acercó a Dikoudis y lo tomo por su espalda en señal de consuelo
-¡Señor! ¡Señor! ¿Se encuentra usted bien? ¿Quiere un vaso de agua?
-No, muchas gracias señorita, la verdad, es que no sé qué es lo que haré ahora, esto puede traer graves consecuencia para Atón, es posible que los Robots se salgan de control sin un líder que provenga de “Los Últimos”, y a juzgar por lo que dijo el general, es muy probable que el Concejo esté pensando en un líder militar, aquello podría traer consecuencia desastrosas, podría formarse una rebelión, la historia nos ha demostrado que la robótica se abre curso y conciencia que los lleva a ejercer la dominación de la humanidad, ha pasado antes y volverá a pasar, hemos estado cientos de años tratando de dominar la tecnología, pero al final siempre nos sobrepasa.
-¡Así es señor! Usted está en lo correcto. En la universidad Atoriana nos enseñaban filosofía de la robótica, después de mucho tiempo en que la humanidad se desprendió de aquella, finalmente se optó por mantenerla pues nos ayuda a meditar los grandes cataclismos tecnológicos que hemos sufrido, ha sido una transición muy costosa señor para la humanidad…Mn. Bueno, la que queda por lo menos.
-¡Onisse!  Repítame. ¿Qué es lo que dijo…? –Exclamó Robert mientras se paraba efusivamente de su escritorio, comenzó a caminar de un lado para el otro, por toda la oficina como un loco mientras se desordenada su graso pelo y aplastaba su cabeza con sus manos.
-¿Cuál de todas las cosas señor? ¡Ah! Que en la universidad Atoriana nos enseñaban…
-¡No! No es eso. –interrumpió abruptamente el doctor con los ojos perdidos en el espacio tiempo de su locura –. Es lo último que dijo Onisse.
-¡Ah! Le decía que  la Robótica ha sido una transición muy costosa para la humanidad.
Onisse  miró al Doctor con cara de duda y desconcierto. Pensó en un instante: “¡sí que está loco este sujeto!”
-¡Exacto! Eso es. Transición, Transición. Esa es nuestra palabra; nuestro punto de vista.
-No lo logro entender a qué se refiere Doctor.
-¡Usted ha dado en al clavo Onisse!  Es necesario un proceso de “Transición”. Los robots necesitan un líder, y aquel debe contener información genética de “Los Últimos” ¡He aquí la solución!
-¿Dónde doctor?
-Justo en frente de ti.
-¡Señor! No estará pensando en…
-¡Si Señorita! Eso es justamente lo que estoy pensando, y es más, lo llevo meditando desde que Evander abandono mi oficina. No creo que tenga más alternativa, de lo contrario se perderá el proyecto de mi padre en manos de la milicia.
-Pero, Señor, es muy arriesgado, puede resultar un rotundo fracaso.
-No fracasaremos.
-¿Fracasaremos? –exclamó preocupada.
-¡Así es! Y Usted me ayudara. Usted y nadie más. Solo en ti puedo confiar Onisse.
La científica tomo los informes de la mesa de Robert y se retiró de su oficina, sin decir nada, ya había comprendido absolutamente todo, sabía en cierta y rara forma que el Doctor Dikoudis tenía razón y que todo lo que razonaba era por el bien de Atón. Al retirarse solo quedo su perfume de aroma jazmín en el aire.  
                                                                                
                                                                                    4

Robert se quedó meditando, mirando por la ventana de su alcoba, podía ver las estrellas a lo lejos y el rojizo planeta tierra, a través del cristal su rostro se reflejaba como si estuviera en el agua: ¡Ahí está mi rostro! –Pensaba contemplando los astros –, ¿Qué hubiera hecho mi padre? ¿Qué pensaría mi padre en este preciso momento, sería capaz de tirar el proyecto de su vida por el suelo, o más bien meditaría la posibilidad de prolongarlo por el resto de su existencia? Si tan solo estuviera con él; aquí, solo por un momento, solo por este segundo donde mi cabeza y corazón se retuercen buscando una solución. Lo cierto es que sé que la solución está a la mano, sé que de cualquier forma debo velar por el bien de la ciudadanía Atoriana, el Consejo lo sabe, somos los descendientes de los últimos, los últimos seres humanos que poblaron la tierra cuando aquella aun tenia vida, atmosfera, flores, animales o vida como la conocemos, mi padre amaba todo aquello, siempre estuvo dispuesto hasta entregar su vida si es necesario, y yo, un científico exitoso, uno de los más importantes de Atón, voy a sacrificar todo lo necesario para ello, tomaré esta difícil decisión y me hare responsable de ella por el bien de la humanidad.
El científico se puso su bata, sus lentes y salió de su habitación rumbo al departamento de la única persona en que confiaba, su asistente de laboratorio. Era la hora en que toda la cuidad dormía y necesitaba discreción para llevar a cabo su plan; su plan que lo haría transcender superiormente por el resto de cualquier mortal, sería recordado por mileños como el primer descendientes de los últimos que entrega su cuerpo por el bien superior de la ciencia
-¡Onisse, Onisse! ¡Contéstame! ¡Ábrame la puerta! –Golpeaba la puerta con ansiedad y euforia, como solía suceder los medicamentos a veces le causaban efectos secundarios.
-¡Doctor! Es tarde. ¿Qué quiere?
-necesito que me acompañe al laboratorio, ha ocurrido un problema con los robots, se han vuelto locos.
-Señor ¿cómo pudo suceder semejante cosa? –preguntó alterada.
-No lo sé, quizás alguien dejo la clave expuesta del compartimento. Necesito que me ayude.
-Está bien. Déjeme que me vista y lo acompaño.
Onisse entró a su departamento y se puso su traje azul metálico mientras Robert esperaba en la puerta.
-Ya señor estoy lista, vamos deprisa, no puedo creer que haya ocurrido semejante accidente, siempre mantengo precauciones excesivas, perdóneme si cometí un error.
Los dos tomaron un deslizador, y  atravesaban los anchos pasajes de Atón, a metros se vislumbraba un conjunto de árboles y jardines artificiales de múltiples colores; los científicos conversaban sobre la posibilidad de alguna fuga de un ejemplar, sin tener ideas verdaderas de lo que acontecía. Pronto llegaron al laboratorio.
-Doctor, he revisado todas las compuertas; todo está en orden aquí, no hay ninguna fuga de ejemplares –dijo Onisse en un tono de extraña sospecha, presintiendo lo que se venía –, las compuertas de los robots están aseguradas señor.
-¡Lo siento mucho Onisse! Lamento sacarla de su departamento con esta mentira, lo cierto es que usted es la única persona que me puede ayudar y en quien confío.
-¿A qué se refiere Señor? –Dijo Onisse un poco asustada, mientras retrocedía dando dos pasos certeros hacia atrás- ¿A tomado sus medicamentos? ¿Quiere que lo lleve al hospital Atoriano? Onisse trataba de entender lo que sucedía mientras buscaba la forma de tranquilizar a Robert.
-¡Transición! ¿Se acuerda de esa palabra Señorita?
-Si claro que lo recuerdo Señor. ¿Cómo olvidarlo? Sin embargo, es una locura, podría perder la vida.
-¿Locura? Locura sería no terminar el trabajo de mi padre y dejar que Evander use los Robots para la milicia. Mi vida quedará a manos de la ciencia desde esta noche.
-¿Usted sabe en el lío que podría meterme señor? Podrían quitarme la licencia y jamás ejercería como ingeniera robótica
-Lo sé mi querida Onisse, por eso me tome el tiempo de redactar un testamento, en él te entrego amplios poderes, tienes el dominio de todas mis haberes, incluyendo el proyecto de mi padre, solo en ti confío, y sé que serás la indicada para seguir sobrellevando el Proyecto Cinco con todo lo que eso implica, incluso si es que todo sale bien, tendrás amplios poderes sobre mí, en cualquier circunstancia si transciendo de la forma Robótica, como esperamos, podré darte más indicaciones.
-Pero señor, no creo poder con tanta responsabilidad
-sí, claro que podrás, ya se todo sobre ti, fuiste la mejor de la clase y tienes un corazón noble, tu eres la indicada, no cabe duda. Cuando acabes la transición debes destruir la cápsula, solo tú tienes el poder de reconstruirla, las indicaciones están en mi testamento; no queremos que alguien más use su cerebro en pos de la guerra.
Onisse sonrió y entró al compartimento donde estaban los robots, tomo el ALFA 1, el modelo más avanzado de todo el grupo y lo conectó al computador central y dijo: –Señor, sé que usted está en lo correcto, me siento muy honrada en poder ayudarlo, que este sacrificio sea por el bien de la ciencia y de la humanidad.
Las cápsulas se abrieron y Robert entró a una de ellas, mientras el ALFA 1 caminaba hacia la otra. Una última mirada y Onisse le dió la mano a quien fue su mentor por todos estos años en la universidad.
-¡Éxito Señor! Estaré aquí esperando cuando salga. No se preocupe por todo, está bajo control como usted decía.
Robert mantuvo la calma y solo pensaba en su padre cuando estaba dentro de la cápsula, las compuertas se cerraron, había un olor a gas metálico en el interior, unas manos robóticas lo tomaron de las extremidades y un casco descendió del techo de la cápsula incrustándose en su cabeza, el ALFA 1 estaba exactamente en la misma posición en el otro extremo del laboratorio.
-Listo, Onisse, estoy preparado, comienza la Transición cerebral
Onisse oprimió enter del computador central, un ruido extraño y fuerte comenzó a emerger, casi como una centrifuga, en el interior de la capsula unas luces azules comenzaron a parpadear, el computador indicaba: “cincuenta porciento, setenta porciento”, mientras Onisse se apretaba fuertemente las manos y los dientes nerviosa: “setenta y cinco porciento, noventa porciento”, ¡Por los anillos de Saturno! Solo quedan “Diez porciento”, ¡Vamos Robert tu puedes lograrlo! : “noventa y cinco porciento”, y hubo una pausa más de lo normal, Onisse  se empezó a impacientar: ¡Vamos, Vamos!   “noventa y ocho porciento… y cien porciento”: “Transición Completa” ¡Jesús! –Exclamó una palabra que había recordado de las bibliotecas antiguas Atorianas –, vio que salía un vapor fluorescente de la cápsula de Robert… Y allí estaba.  Un imponente Robot se asomaba delante de sus ojos…