domingo, 25 de diciembre de 2016

WHYN



1
En los canales del planeta Whyn, estaban los aeronautas esperando noticias de la invasión, el exterminio había comenzado y pensaban en la forma de escapar o hacerle frente de la mejor manera. Una plataforma industrial se introducía por el canal, mientras de unas naves submarinas descendían un grupo de científicos con espantosos insectos en cubículos cristalizados;  los pilares en forma de arco rodeaban la gran plataforma y decenas de naves y esferas satelitales surcaban el cielo a gran velocidad:
-¿Cuánto tardaremos? –preguntó Enam, mientras palpaba con su mano una extraña planta lugareña con aspecto hostil.
-¡Espero que no mucho! Me ordenaron encontrar a un grupo de civiles que corrían peligro en este planeta, pero en realidad no he visto tal incidente –dijo el líder de escuadrón Cyrano.  
-Imagine que las aguas de Whyn eran más oscuras. –comentó Shaad, y su cabello rosó sus  labios detrás del casco espacial.
-La verdad, a mí ya me dio hambre señor –agregó Evan.
-¡Ah! Puedes callarte, siempre estás pensando en comida. –protestó Fatir.
-¿Puedes comunicarte con la nave? Quizá tengan una nueva información, Cyrano –preguntó Shaad.
El líder saco su comunicador del bolsillo.
-¡Aló! ¡Alguien por ahí!  Ya exploramos en Whyn, pero no vemos ninguna hostilidad…, repito, no hay hostilidad… –exclamó el líder capitán de escuadrón.
-Nuestros monitores indican que las aguas del canal están infectadas. –contestó una voz.
-¿Qué cosa? ¿A qué se refiere? ¿Serán los insectos que extrajeron los científicos?
-Es una posibilidad –aclaró Shaad –, recuerdo que nos advirtieron que este planeta tendría elementos muy extraño, ésta planta –Apuntó con su dedo índice y caminó certera –; por ejemplo es de aquellas que se considera venenosa en cualquier planeta de la cercana galaxia.
Enam miró de reojo a Shaad, sacó su mano rápidamente  y observó con precaución. Sus ojos de huevo frito  se abrieron con más ansiedad.
-Pero, ¡Qué importa estos insectos del canal o las extrañas plantas!, aún no damos con los civiles, ¿No se supone que hay un exterminio aquí? –razonó Fatir
-Si hay exterminio o no, igualmente debemos explorar aquí. Ordenes son ordenes –agregó Evan.
Fatir lo miró y enarcó las cejas. Evan respondió con una irónica sonrisa.
-Capitán, los datos de la cyberbrújula indica que debemos movernos por el noroeste.-repuso Shaad. Sus ojos verdes se traslucieron por el caso embelleciendo su rostro.
-¿Cuánto tiempo nos queda? –preguntó Cyrano.
-19 Horas y 30 Minutos –contestó Enam –, se puso delante de Cyrano y esperando sus órdenes. 
-¡Bien!, aún tenemos tiempo, debemos investigar qué es lo que sucedió, desde que aterrizamos solo hemos vistos aquel grupo de científicos extrayendo los insectos del canal, si nos hubieran interceptados por el radar, ya nos habrían apresado. Pero, aun no saben de nuestra presencia –Cyrano pensó en silencio, luego agregó–: el plan A, consistirá en ocultarnos, escabullirnos y esperar el momentos para entrar a la industria a ver si aquellos científicos ocultan algo o tienen civiles apresados, el plan B, dos de ustedes explorará aquellos bosques fluviales y traerán muestras: Será Fatir y Evan, ya que están constantemente peleando les servirá para anchar lazos –Fatir gruño como lobo furioso –. Y plan C, sin importar lo que pase, nos reuniremos en este mismo punto en Diez horas, ocultaremos la nave en la entrada del bosque, quien sobreviva está autorizado para el despegue de la nave, según el orden jerárquico de mando, que ustedes ya saben.
-¿Quedan claras las ordenes soldados? –finalizó Cyrano.
-¡Si, señor! –respondieron cada uno.
2

-Estoy harto de los trabajos de segunda mano –reclamó Fatir con enojo –, por qué debo soportar estas humillaciones, yo ya debería ser ascendido a Capitán.
-Es mejor que te calmes –dijo Evan –, ya tendrás tu oportunidad, todos la tendremos en la base. Mejor hagamos bien el trabajo que ordenó Cyrano.
-¡Ese! ¡Perdedor!, debimos ir y atacar a los científicos, si ocultan algo en la industria, deberíamos saberlo antes que nos exterminen –se enfadó en aeronauta.
-si nos dijo que saquemos muestras es por algo, Fatir, además las necesitamos, estos bosques pueden ocultar información relevante del planeta y del canal, su biodiversidad, etc. –replicó Evan.
-Es solo por vanidad, es su afán de querer investigar todo, Cyrano no es un soldado, es un científico, ni siquiera en un buen explorador, no sé por qué  está al mando.
Evan calló y siguió en paso lerdo entre el frondoso bosque.
-Pero, ¿Qué hay de aquellos horribles insectos? ¿Lo has visto? Eran horripilantes, quizá encontremos pistas entre estos frondosos árboles. –Remembró Evan –, es probable que Cyrano quiera buscar respuestas más concretas.
-¡Al diablo! Lo dudo –exclamó fastidiado Fatir–, es probable que solo habiten el canal, quizá aquellos insectos está vinculado directamente con el exterminio de los civiles, sería gracioso –enunció con ironía.
-No le hayo la gracia –dijo Evan mirando de frente a Fatir, luego, volteó con violencia y siguió caminando entre  extraños árboles y plantas exóticas.
-¡Bah! No seas cobarde, ambos sabemos que ninguno quiere estar en este estúpido planeta. –concluyó Fatir.
El sol comenzó a descender, como un imprevisible círculo anaranjado. Sonidos de aves a lo lejos, que aúllan como huelles, el suelo infectado de diminutos gusanillos blanquecinos que escurrían en la tierra negra y hostil, los árboles de rebeles hojas y asperezas carcomidas por quizá qué ser vivo (si se le puede decir seres vivos), los troncos y las raíces lucían fosilizadas por quizá qué tipo de mineral nauseabundo, que emitía fluorescentes auras neblinosas grisáceas y rojizas. Las extrañas plantes lucían un color negruzco inexplicable, un negro más oscuro que el petróleo, y que en sus contornos formaba una extraña brillantez que se transparentaba con la niebla grisácea.
-Pero que maldito y horrible lugar es este –vociferó Fatir –, nos han enviado a la boca del lobo, estos árboles, estas plantas…, jamán he visto algo igual en ningún planeta de nuestra galaxia, empiezo a dudar si saldremos con vida de aquí.  
-Lamento admitirlo, pero tienes razón, este horrible lugar es una cueva maldita y oscura –Evan dio unos cuantos pasos y se detuvo.
-Me siento exhausto, descansemos un poco. –se sentó en una pequeña roca de piedra.
-Ya va casi es de noche, ¿Cuánto dura la noche en Whyn? –preguntó Evan mientras suspiraba.
-Veré en la cyberbrújula –dijo Fatir –, según esto, indica que son cinco horas, y hemos gastado dos de las diez, como dijo Cyrano.
-Oh, sí, el Capitán, ¿Puedes comunicarte con él? ¿Quizás tengan noticias de los científicos?
Fatir llamó por la cyberbrújula.
-¡Alo! Capitán ¡Cyrano! ¿Me escuchan? –sonó una extraña interferencia y luego desapareció.
-Debemos estar en una zona cero, no tendremos comunicación. No hemos podido investigar nada, y las plantas, los árboles, la tierra y estos gusanillos, son tan solidos que no podemos sacar muestras, como si fueran indestructibles. –agregó Fatir compungido.
-Pero no podremos saber de qué material es sin las muestras –baladró Evan -¿Qué  haremos ahora?
-Regresar.
-¿Regresar?
-¿sabes específicamente dónde estamos? ¿Qué dice la cyberbrújula?
-¡Esta muerta! No indica nada Evan.
-¿Cómo? ¡Nada! –el aeronauta se levantó de la roca y su rostro pareció desfigurarse.
-Me estás diciendo que hemos estado todo este tiempo dando vueltas sin saber a dónde nos dirigimos –pronunció.
-¡Mmm! Me temo que sí. Me distraje y la cyberbrújula perdió todo rastro de nuestra posición.
-¡Eres un inepto! –vociferó Evan enceguecido por la rabia, y se lanzó sobre Fatir ahorcándolo.
-¡Evan! ¡Evan! ¡Por el amor de Dios! ¡Mírate! ¡Cielos santos! –gorgoreó Fatir asustado. 
Evan se detuvo y observó su traje estelar.
Tu rostro, esta todo negro…, es la piedra donde te sentaste, algo se introdujo por tu traje.
Evan se desprendió rápidamente de las piezas del traje estelar, dejando solo su máscara de oxígeno.
-¡Esta por todo mi cuerpo! –exclamó con horror –, mis manos y brazos, mis piernas, ¡Míralos! –Gimió desesperado –, ¿Qué me está pasando?... ¡Ayúdame!
Su cuerpo cada vez se tornaba de un color negro petróleo, y el esmalte de su rostro lucía una extraña brillantez.
-¡Es el insecto! ¡Es el insecto! –repitió Evan con demencia, intentó sacarse el manchón arañándose el rostro y los brazos, pero solo logró empeorarlo–, maldito planeta, nunca debí venir…, nunca –irguió su cabeza y gritó hacia el bosque, con un estruendo desesperado que ahuyentó a Fatir.
El aeronauta retrocedió unos pasos lentamente.
-¿Por qué te alejas? ¡Infeliz! –gruñó Evan como un animal fiero –, su voy se hizo más ronca, y el manchón tenía una tonalidad oscura más profunda, el rostro de Evan estaba totalmente deforme, sus brazos y sus piernas comenzaron extenderse, como hule derretido, como goma fundida.
-¡Lo siento! Lo siento mucho amigo, te atestiguaré –dijo el aeronauta con frustración –, tus hijos, tu esposa…, te extrañaremos… 
Fatir retrocedió y explotó en un llanto inaudible, observó con horror, como su amigo se transformaba en una gran masa negruzca que se derretía en el espantoso bosque del planeta Whyn, observó cada instante de la macabra escena, el cuerpo fundido de Evan, se iba absorbiendo por la tierra maldita del bosque, cientos de gusanillos blanquecinos se deslizaban tétricamente entre la tierra, como celebrando en un gran festín. Lo último que vio Fatir, fue el rostro de su amigo desvanecerse en la tierra sin piedad…, su expresión horripilante simulaba un: “¡Adiós!”   

3

Fatir caminaba en el bosque maldito, extraños movimientos de los árboles y plantas lo tenía abrumado, recordaba constantemente la muerte de Evan, tal como aguja en la cabeza. Un siniestro aullido a lo lejos lo alertó…, se detuvo, miró hacia atrás, y vio una masa negruzca acercándose.
-¡Santo Dios! ¿Qué es eso? –exclamó, y sus manos temblaron como gelatina, su corazón palpitaba intensamente.
Caminó unos pasos por un sendero, y se encontró de frente con una muralla rectangular con extraños símbolos galácticos antiguos, se escondió detrás, y esperó que la gran masa se arrastrara por el costado…, era algo inexplicable, restos orgánicos podían divisarse, los restos del cuerpo de  Evan se mezclaron con restos de innombrables animales voluminosos, y el manchón aguado y aceitoso se esparcía, mientras la masa se acercaba con fluidez hacia su posición.
-¡Estoy acabado! –Dijo Fatir, sus brazos y piernas estaban totalmente exhaustos.    
Extrajo su cyberbrújula y grabó el siguiente mensaje:
[“Oficial Fatir Zabek, cuarto al mando, quiero reportar la muerte de mi amigo Evan Rodríguez, quinto al mando, a las 05: 30 [hora de nave estelar] falleció Rodríguez, en extrañas circunstacias, después de tener contacto con una roca del bosque fluvial, del planeta Whyn; de una forma inexplicable su cuerpo se desintegró y luego se gelatinizó, tomando un color negruzco, que luego fue absorbido por la extraña superficie del bosque, hay sospechas fundadas de que tenga relación con unos extraños insectos extraídos del canal por un grupo de científicos, que aún no logramos explicar. Quiero atestiguar, que me encuentro en camino a el punto de encuentro según lo señalado por el líder de escuadrón Cyrano, pero que una extraña criatura del bosque ha seguido mis pasos, la masa tiene elementos orgánicos y humanos que no puedo distinguir; si muero espero que esta información sea relevante para el resto del escuadrón; no dejo esposa, ni hijos…, solo díganle a mis padres que los amo, ¡Cambio y fuera!”]  
Fatir tomó su pistola neutrónica y se lanzó sobre la masa orgánica, dio cinco disparos seguidos, pero la criatura ni se inmutó. El manchón subió por sus pies, y sintió un cosquilleo punzante que lo paralizó, podía sentir la anestesia monstruosa del manchón, como si cientos de arañas lo picaran a la vez…, la imagen de una mujer que tanto amo en su juventud paso por su cabeza…, luego abrió su boca y posó en sus dientes en el cañón de la pistola neutrónica, apretó el gatillo, pero el rayo no salió…, arrojó la pistola inservible entre los árboles, apretó sus puños y dientes, dio un rugido largo y profundo y exclamó:
-¡Ven aquí! ¡Maldita bestia del demonio!...

4

-Enam, ¿tiene algún reporte del resto del equipo? –preguntó Cyrano.
-Nada señor, hace más de cinco horas que perdimos comunicación –Enam extrajo la cyberbrújula y la maniobró con expertiz –, y me temo que no hay otra forma de saber de ellos, ni de algún dato científico concreto.
-Señor, según el plan A, no hemos podido avistar a los científicos que ingresaron a la industria, con el extraño insecto del canal –agregó Shaad, sus labios esponjosos se fruncieron, luego, mordió su parte inferior–, ¿Qué es lo que haremos? ¿Será necesario investigar las aguas del canal?
Cyrano pensó un segundo.
-¡Esta bien!  No hemos tenido contacto ni con  Fatir o Evan, y ya ha pasado bastante tiempo; robaremos aquella barca,  –Cyrano apuntó con su mano hacia un extremo del canal –, y navegaremos del otro lado, donde vimos a los científicos entrar a la base industrial, ¡Evan! Encárguese del centinela,  la señorita Shaad y yo nos moveremos por el costado.
Enam miró a Cyrano de soslayo. Hizo un ademán expresando su disconformidad con la orden y obedeció.
-Está bien –dijo Enam –, cúbrame la espalda capitán.
Enam se acercó al guardia de la barca, subió por el costado sigilosamente y tumbó al científico con la pistola neutrónica.
-¡Suban! ¡Suban! –susurró.
Cyrano agarró los controles y puso andar la barca; el motor era silencioso, el canal lucía de una tonalidad verdosa que variaba a gris y azul oscuro.
-¡Que extraño! –Balbuceó Shaad –, las tonalidades de las aguas varían de color, y logro observar algo, en lo profundo, es una especie de anfibio.
-Enam, extraiga una muestra del agua. –ordenó Cyrano.
El aeronauta sacó su cantimplora y se inclinó por la barca.
-¡Señor! –baladró compungido –, no puedo sacar muestras, la cantimplora no se sumerge.
-¿De qué rayos habla? –preguntó el capitán sorprendido.
-Es el agua señor, esta cristalizada como un  cubo de hielo, visualmente tiene un aspecto líquido y acuoso, pero al tacto es como si fuera una gran masa de hielo sólida. Jamás he visto algo así.
-Pero los científicos extrajeron de estas aguas un insecto, todos vimos eso. –vociferó sorprendido Cyrano.
Enam intentó nuevamente introducir la cantimplora, pero esta resbaló y se deslizó por la superficie del extraño canal, hasta perderse en las pequeñas oleadas.
-¡Es imposible! –exclamó Shaad –, entonces, ¿Cómo aquellos científicos encapsularon a ese extraño insecto?
Shaad observó como los anfibios chocaban contra el agua de hielo, como tratando de salir hacia la superficie.
-¡Cielo Santo! –gimió asustada y cruzó sus brazos por el cuello de Enam.
-Quizá aquella capsula era especial, o los científicos cuentan con alguna herramienta sofisticada para extraer a estas criaturas del canal –infirió Enam.
-A esta altura, todo es probable, el material de todo el planeta parece solidificarse en el día, habría que intentar esto mismo de noche, no creo que aquellos científicos cuenten con tecnología más avanzada que la nuestra, nuestras herramientas están adaptadas para toda la galaxia –explicó Cyrano, mientras llegaba al extremo de la base industrial.
-¡Muy bien! ¡Muchachos! Hemos llegado…
Cyrano sacó su pistola neutrónica y disparó en la manilla de la puerta. Los aeronautas entraron sin más rodeos.
- Silencio.  ¡Esta oscuro!  Puedo ver varios pasadizos –Dijo Cyrano, en voz baja–, pero hay uno que parece el principal, lleguemos hasta allí, permanezcamos juntos, estas bases han estado abandonadas por mileños, lo noto, por estas paredes roídas, todo el metal de la construcción esta oxidada.
-Capitán. ¡Venga! ¡Mire aquí! No creerá esto –dijo Shaad.
La aeronauta apuntó con su linterna estelar hacia la pared.
-Son marcas de garras,  de algún extraño animal, hay un manchón gigante y negruzco; ¡mire! Llega hasta el techo, tiene una brillantez muy extraña, ¿Qué diablos es esto? ¿Contra qué nos enfrentamos Cyrano? –preguntó afligida la mujer.
-¡No lo toque! ¡Aléjese! –ordenó el capitán –, al parecer es una masa viva, un organismo semi orgánico y acuoso, intraplanetario,  tal vez, pero no sabemos que naturaleza tiene, mejor mantenerse alejado.
-¡Que fue eso! –exclamó Enam –, escuché un aullido, un grito horroroso señor, viene de allá –apuntó con la linterna hacia el final del pasadizo –, ¡vamos! Alguien está en peligro.
-Enam, ¡Cuidado!, puede ser una trampa –señaló el capitán –, no sabemos que oculta esta espantosa industria, ¡mantenga la calma!...
Los aeronautas se acercaron lentamente hacia el final del pasadizo, cuando llegaron escucharon una voces que venían de un salón, que parecía ser el centro neurálgico de la estructura industrial y se asomaron con sigilo por la puerta.
-¡No puede ser! ¡No puedo creer lo que mis ojos ven! –exclamó Shaad con horror.
Miles de habitantes: civiles terrícolas, humanoides Whynianos, híbridos y alienígenas, estaban apresados en urnas mecánicas; decenas de científicos introducían un líquido negruzco y acuoso, que en cuestión de segundo lo transformaban en extraños monstros, mitad masa y mitad cuerpos orgánicos, los gritos cadavéricos podían escucharse por todo el salón, y en el centro, yacía un gran manchón de 20 metros de diámetros que era alimentado de los restos humanoides y alienígenas que extraían de las urnas. La aberración más espantosa de la galaxia estaba delante de los ojos de los infortunados aeronautas, y no podían hacer nada. Enam intentó mover su cuerpo atónito y paralizado pero su impresión era tan dramática, que perdió el control y sentido de lugar y tiempo; Shaad se quedó momificada, y su rostro de horror lucia con un semblante espectral que solo el terror de lo inexplicable puede lograr. Cyrano estuvo mudo un par de minutos, caminó de forma extraña y luego repuso:
-¡Después de todo! Si es un exterminio –movió su cabeza de un lado para el otro con un aire de locura, sus ojos se oscurecieron, su rostro se desfiguró, una parte de su rostro vociferó–, ¡Huyan!, huyan mientras puedan…
Shaad se volteó a verlo y dijo:
-Tú sabias de esto ¿verdad?..., ahora entiendo todo, enviaste a la muerte a Fatir y Evan, sabias que el bosque estaba infectado con esta cosa, y todos estos científicos están infectados también; es una masacre, un exterminio para alimentar a la bestia.
-Así es –dijo Cyrano con voz de zombie –, yo los traje hasta aquí, y hay miles más como yo expandiendo el virus por la galaxia, todos vendrán aquí, para alimentar a nuestro señor –el monstruo rugió con fuerza en el medio del salón–, y tú, tan bella y tan sensual, serás la encargada de llevar el virus de vuelta a la nave.
Shaad y Enam retrocedieron lentamente mientras el cuerpo trasformado de Cyrano, se arrastraba como un zombie.
-¿Por qué…? ¿Por qué…? –baladró Shaad con espanto, mientras el cuerpo de Cyrano se deshacía en una negruzca masa horripilante y nauseabunda que se arrastraba como sanguijuela derretida.
-¡Huyamos! –gritó desesperado Enam.
De la masa deforme se desprendió el tórax del cadáver de Cyrano, y unas pequeñas membranas se regeneró rápidamente, como patas de arácnidos. La monstruosidad se deslizó vertiendo un líquido asqueroso por el suelo y se lanzó a la espalda de Enam.
-¡No! ¡Dios mío!  Está en mi espalda… ¡Sácamelo! Shaad ¡Auxilio! –gritó de dolor el aeronauta.
Shaad lo agarró de sus brazos, tratando de zafarlo de las membranas del monstro, pero no pudo salvarlo.
-¡Lo siento! –exclamó llorando y abatida, y el rostro de Enam se esfumó entre la masa negra.
La mujer corrió por el pasadizo lo más rápido que pudo, salió por la puerta de la industria y se subió a la barca, la echó andar en dirección hacia el extremo de la playa…, pero, el motor se detuvo en el medio del canal. El sol se estaba guardando en el horizonte de Whyn, y recordó lo que Cyrano explicó de las criaturas, por la noche la solidificación del agua cambiaba a estado acuoso, liberando a las bestias del canal, sacó su pistola neutrónica y se puso alerta…, cientos de insectos deformes y asquerosos aullaban en la oscuridad, tentáculos con extraños ojos deformes se desprendían del canal y asechaban la embarcación; la mujer, abatida y exhausta extrajo su cyberbrújula y grabo el siguiente mensaje:
[Soy Shaad Solari, científica y geóloga del escuadrón primero, fuimos enviados a una misión de investigación al planeta Whyn, y,  por causas que desconozco, se ha masificado un extraño virus en toda la galaxia cercana. El planeta Whyn está infectado y el escuadrón ha muerto…, yo lucho por mi vida, no vengan a este planeta…, díganle a mi esposo que lo amo, cambio y fuera]
Puso la pistola neutrónica en su cabeza y apretó el galillo…, pero el rayo no salió del arma, los insectos subían por la barca y arrinconaron a la mujer….la noche enmudeció…, un grito macabro de dolor y  frustración se expandió por todo el canal…

GTF.
                   


miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA SEÑAL



1

Un meteorito atravesó fugaz en la tétrica noche  estrellada; los Reptilianos  se desprendían de unos  putrefactos huevos ovoides, una niebla verdosa se apoderó de la nave extraterrestre,  se camufló en la lluvia mientras los rayos macabros resplandecían lumínicamente.
 Un joven observó la nave desde la tienda de gasolina después de una larga jornada.
Una mujer que paseaba con sus dos hijos  vio descender la nave  y corrió de la mano con ellos, intentó por con todas sus fuerzas contenerlos, pero un rayo lumínico los atrapó, succionando  a los pequeños; la mujer gritó desesperada bajo la lluvia y persuadía al joven que se asomó por la puerta:
-¡Ayuda! ¡Por favor! –gritó la mujer con desesperación. -¡Por favor! ¡Déjeme entrar! –suplicó
Pero el joven apuntó con su índice el cartel que decía: “Cerrado”, mientras miraba la nave asombrado.
-¡Lo siento Lady! Pero debo largarme de aquí. ¡Nos invaden! ¡Dios mío! –huyó desesperado y se escondió detrás de la tienda. 
-¡bastardo!  Eres un cobarde. –masculló la mujer furiosa.
Corrió hacia una vieja cabina telefónica y marcó el número de la policía. La mujer casi se desplomaba atolondrada.
-!Buenas noches! Policía ¿en qué puedo servir? –clamoreó una electrizada voz doméstica.
-¡Tiene que ayudarme! ¡Por favor! He perdido a mis hijos –lloró la mujer mientras suplicaba –, estábamos aquí y se los llevaron, desaparecieron ¡Oh! Dios, ¿puede ayudarme?
-Ok. Señora ¡Calma! Y dígame ¿Dónde se ubica? –preguntó el policía.
-En una estación de gasolina y una tienda…, en el kilómetro de…
La señal se cortó, la luz de la cabina telefónica comenzó a parpadear por una extraña interferencia, la lluvia caía sin detenerse, la mujer golpeó desesperada con sus manos los ventanales de la cabina, su aflicción era máxima, unos ruidos centellantes zumbaban  su oído, y luces de todos colores se apagaban y encendían, como parpadeos de electro proyectora. Después hubo un silencio…, una luz cegadora, un grito aterrador…, la mujer se azotaba contra el ventanal.
El joven de la tienda escuchó los gritos desesperados de la mujer y salió a la calle, se acercó a la cabina telefónica, sintió un escalofrió horripilante en su espalda. Pero cuando intentó ayudarla la mujer había desaparecido en la luz y fue eyectada al espacio…
El joven volteó ligeramente y se encontró de frente con el Reptiliano
-¡Santo Dios! –Exclamó aterrorizado –, ¿Qué demonio eres?
El Reptiliano estiró su lánguido brazo y con su garra hizo la señal de un triángulo y enfocó su mirada en el humano; el joven cayó al suelo y dio un grito horripilante, cargado de espanto, que se escuchó por toda la avenida; se tocó el rostro con desesperación, sus oídos sangraban y su cuerpo entero se resquebrajaba en el cementó, como un gusano herido.
Un automóvil que pasaba se detuvo, en su interior había una pareja de recién casados que se toparon con la macabra escena.
-¡Que sucede! ¡Dios mío! –dijo el hombre apoyado en el volante, su rostro estaba paralizado por el pánico.
-¡Arranca! ¡Arranca! ¡Muévete! ¡Gabriel! –el pavor gobernó los ojos de la mujer.
-No puedo. El auto no parte, estamos atascados, ¡No te muevas, Camila! –ordenó Gabriel intentando que su voz sonara tranquilizadora.
El Reptiliano se acercó lentamente al auto, los pestillos se bajaron, y la radio sintonizó  una vieja canción sesentera que sonó lentamente con una voz que huía trastornada por los bordes de las puertas; dio unos pasos hacia el auto y estiró su lánguido brazo y con sus garras hizo la señal de un triángulo y enfocó su mirada en el auto, la pareja convulsionó, y un líquido verdoso cayó por sus bocas, sus mandíbulas se ancharon y unos colmillos de reptil se asomó entre sus dientes; la pareja se miraba de soslayo mientras empezaba la trasformación, luego zumbó un estruendo truculento, la pareja yacía rendida en los asientos del auto, bajo el yugo del espeluznante monstruo extraterrestre.
Una nave escamosa y alargada en forma de “V” descendió y se instaló suspendida sobre el auto, la pareja abrió los ojos aturdidamente y observaron inmóviles un luminiscente cilindro tubular que comenzó a succionarlos hacia la nave, el joven que yacía resquebrajado en el cemento intentó decir algo, pero luego desistió sin esperanzas, el auto vibró rígidamente y se suspendió en el aire: rocas, piedrecillas, árboles, animales, restos de escombros y decenas de casas desmanteladas fueron eyectadas al cielo con familias en su interior, cientos de gritos humanos: hombres, mujeres y niños suspendido y atrapados en los cilindros luminosos, chillaban de dolor por los tubos, mientras una extraña sustancia los gelatinizaba en la oscura neblina.

2

-Oh, Dios ¿Dónde estoy? –Camila despertó en un capullo aguado y nauseabundo.
Al frente de ella, pudo ver cientos de capullos amontonados.
-¿Quiénes son? –pensó – ¿Dónde está Gabriel? -, movió sus ojos de un extremo a otro para ver un poco más nítido.
Desprendió sus manos de una cuerda metálica y membranosa, y perforó el capullo con sus uñas. El líquido gelatinoso se esparció deslizándose entre decenas de cables fibrosos de una extraña aleación mecánica.
-¿Dónde está Gabriel?   ¡Válgame! ¿Qué son todas estas cosas? –exclamó para sí Camila, vomitó hacia un costado, un líquido negro, luego, entre una niebla espesa y verdosa, pudo visualizar un capullo incrustado en la pared, mientras se levantaba del suelo roído.
-¡Qué Diablos!  -gestualizó con sus labios sin emitir sonido.
-¡Ayuda! –dijo una voz tremebunda–, el capullo gelatinoso se mecía en un vaivén asqueroso, como bolsa de parásitos.
-¡Oh! ¡Habrase visto, tal infamia! –gimoteó Camila –; el cuerpo del joven de la tienda, estaba en transición, mitad humano, mitad espectro, y moribundo aún se resistía a la muerte, musitó un fatídico y alargado aliento gargajoso. Sus brazos y piernas eran como los miembros de un lagarto, dos patas traseras y dos delanteras, y su abdomen escamoso estaba fusionado con el capullo.
-¡Ayuda! –emitió un gemido espantoso, luego se desvaneció
Camila huyó aterrada  al ver tal aberración, pero no tenía rumbo ninguno, había decenas de túneles sin destinos con enjambres de rebrotes de ofidios Reptilianos por doquier; tropezó con un cadáver con extrañas heridas en su espalda, y en el suelo un líquido trasparente reflejo su rostro:
-¡No! ¡No! ¡No! –Repitió la joven mujer con la garganta quebrada –, se frotó la cara y gimió, ¡Debe ser una pesadilla!
Su rostro escamoso se reflejó en el líquido, los colmillos se asomaban entre pequeños trozos de encías desgarradas en el hueso dental.
Corrió gritando por los túneles confundida.
-¡Ayuda! ¡Por favor!  ¡No puede ser! –lloró abatida en el suelo.
-¡Camila! ¡Camila! –Susurró una voz quejumbrosa –, soy “Yo” tu marido, ¡Sácame de aquí!  ¿Amor?  Camila.  ¿Eres tú? –ululó sin fuerzas.
El rostro de deformado de Camila traslucía en la media luz…, sus manos parecían pezuñas y de sus pies se desprenden fuertes garras ventosas, su piel se había trasformado en una poderosa armadura escamosa; pero aún mantenía esa mirada de desesperanza que la hacía humana.   
El dorso de Gabriel se asomó desde el capullo, su cuerpo estaba deformado y fusionado con la bolsa acuosa y las partes metálicas de la nave. Su pupila se expandió y se contrajo súbitamente, como el ojo de un lagarto.
-Es un experimento…, –dijo– experimentan con nosotros desde miles de años, y nos transforman en horrorosos monstruos, lo he visto todo, van de planeta en planeta, se apoderan de todos los seres vivientes y los transforman en reptiles, están creando un ejército en la galaxia y se preparan para invadir nuevos mundos. Usan la señal, el triángulo, de ahí emana su poder, la construyeron en todas las civilizaciones que dominan…, siempre han estado Camila…, siempre entre nosotros…
-¿Qué debo hacer? –preguntó oculta a media luz
-¡Huir! huye de esta maldita nave –Camila lloro–, no dejes que vuelvan a la tierra, destruye su señal. Escapa amor, ¡Hazlo ya!
Un ruido de pisadas se sintió desde cerca.
-¡Corre! –Ordenó Gabriel –, hizo un profundo suspiro, y su pupila se apagó en la penumbra.          

3

 Camila huyó por los pasadizos de la nave sin mirar atrás, una hornada de Reptiliano venía marcando el paso, la humedad de los túneles se intensificó y los capullos comenzaron a desprenderse de las paredes metálicas.
Y entre la niebla verdosa y maloliente,  la silueta de unos reptiles cuasihumanos se vislumbró como ratas en la madriguera, la mujer detuvo su andar, miró de un lado para el otro, hasta que detrás de unos huevos carnosos ovoides, se asomó un hibrido ocultándose de la vergüenza y el peligro:
-¿Quién anda ahí? –Preguntó Camila –, unas siluetas escurridizas se deslizaban entre los huevos, como culebras.
Otra silueta erguida repuso:
-Soy la mujer de los niños…, mis hijos, mis preciosos niños, se transforman en ellos. No puedo evitarlo, poco a poco mi cuerpo, mis brazos y piernas, se endurecen con la piel Reptiliana. –musitó acongojada.
-¿Qué te sucedió? –insistió Camila.
-Lo mismo que a todos. Lo mismo que al joven de la tienda, que a mis hijos, que ha tu marido y a todo el pueblo, nos están convirtiendo en monstros.
La mujer se acercó lentamente a Camila.  Y se puso alerta.
-¡Tranquila! –Murmuró Camila –, buscaremos la forma de salir de aquí, de esta maldita nave, solo debemos buscar la señal.
-¡La señal! ¿Qué señal? –indagó con el parpadeo de sus ojos insectoides.  
-La señal que hacen los Reptilianos para apresarnos. Los triángulos que erigieron hacen mileños en el mundo.
-No entiendes nada. –dijo la mujer Reptiliana–, ellos no van a perder jamás. He tenido una visión en mi trasformación,  han hecho esto en miles de galaxia y no se detendrán.
Los pequeños lagartos escurridizos se afiataron al abdomen de su madre, y luego mugieron como si masticaran un trozo de hueso.
-¿Qué es lo que viste? –replicó Camila.
La mujer Reptiliana elongó su cabeza alargando su cuello, haciendo un gran círculo que surcó en la neblina viscosa, y señalo:
-¿Dónde piensas que estamos?
-En la nave, atrapadas… ¿Qué esperas? ¿Por qué no me ayudas a salir de aquí?  
-Porque no hay salida…, ellos se acercan, ven, yo te protegeré, su mundo es increíble, es lo más bellos que he visto…estaré con mis niños allí, ven Camila vamos, sé que quieres ser uno de ellos…
Camila retrocedió lentamente, los pequeños lagartos abrieron su boca y gruñeron como víboras, la mujer Reptiliana siguió lentamente los pasos de Camila, contorsionó su cuerpo serpenteándose, como el baile de una cascabel; su mirada se tornó acechante, tal como el depredador a su presa.
-¡Ven Camila! ¡Ven! Un nuevo mundo nos espera…
Y por un momento el hipnotismo de la Reptiliana la cautivó…, la imagen de cientos de guerreros alienígenas mutilados en el mar se reveló, humanos y Reptilianos, híbridos, y múltiples monstros deformes, gritos de cabezas cercenadas en la arena, rayos eléctricos caían como flecha sobre una horda civiles indefensos; un escuadrón de cuasihumanos uniformados disparaban con armas plasmáticas, una luz rojiza hizo erupción en las montañas, como un hongo nuclear… Un forado en el cielo, naves en forma de “V” disparaban desde el firmamento, miles de cuerpos humanos quemándose en la arena, con la radiación del sol, decenas  de pirámides emergían  del inframundo…
-¡La señal! ¡La señal! –Gimió Camila –,  y despertó de súbito en una camilla de piedra. Cuatro Reptilianos la mantenían afirmada por sus deformes extremidades.
-¡La señal! ¡La señal! –Repetía hipnotizada –, sus pupila se extendía mientras deliraba, sus ojos centellaban, como el fuego de una explosión nuclear en medio del desierto.
Una mano mecánica descendió de un pilar con jeroglíficos, gigantes monolitos de piedra cubrían las paredes; decenas de Reptilianos gemían y alababan en cuclillas, tal como si fuera un rito demoniaco.
-¡La señal! –Pensó –, el último suspiro entre la niebla verde.
-¿Gabriel? ¿Mi amor? ¿Eres tú?  –Exclamó–, la mano mecánica atravesó su corazón arrancándolo de sopetón, un Reptiliano con atuendo de guerrero levantó su lanza y emitió un rugido de guerra, luego, lo arrojó dentro de la pirámide que se perdió entre cientos de corazones humanos, la transición había terminado…
El eco del último alarido de Camila rebotó en las paredes de la pirámide…, una silueta humana fantasmal ascendía suavemente al cielo, todo quedo en silencio.
-¡Gabriel! ¡Guíame! Dame una señal…, voy hacia ti mi amor… –exclamó el fantasma.
Y por primera vez, en cientos de millares de años, los ojos de los Reptilianos se estremecieron de horror y espanto.

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viernes, 16 de diciembre de 2016

PARÁSITO ESTELAR


La hipernave tubular  descendió en el rojo planeta inhóspito, los foráneos astronautas se  deslizaron en la superficiemillares de piedrecillas eclipsaban en un pequeño lago de agua descongelada, detrás de los penachos rocosos.  En las cumbres puntiagudas de la cúspide montañosa dormía el sol que se apagaba junto a los planetas hermanos.  
Un astronauta caminó por la orilla del lago, y enseguida sitio que algo se introducía por la bota espacial, se asuntó inmediatamente, y se devolvió a la nave a toda prisa, cuando se despojó de su bota, pudo palpar su pie izquierdo y sentir una protuberancia, descolgó un cuchillo laser e hizo un corte vertical; una especie de anélido parasitario se había introducido debajo de su piel, sin siquiera sentirlo. Extrajo la lombriz y la puso en una probeta encapsulada. El astronauta cerró la herida y se quedó un buen rato observándola; pero un dolor punzante comenzó a brotar de su pie; cogió en fonovisor deprisa y avisó a su compañero que aun exploraba el planeta:
-Guillermo ¿Me escuchas? Algo se introdujo en mi pie, es una especie de parásito del lago, en los montículos, lo encapsulé en una probeta, ¡Me escuchas! ¿Estas por allí?
Pero es astronauta no respondió al llamado.
El dolor aumentó profundamente, la enfermedad no daba tregua al astronauta y no sabía cómo reaccionar, un leve enrojecimiento comenzó a esparcirse por todo el pie, la inflamación espantosa y la hipersensibilidad de su piel lo inmovilizó; primero se le produjo un halo verdoso amarillento alrededor de la herida, tal como el efecto de una toxina; después una mancha sanguinolenta rodeó la inflamación y se tornó violácea, el astronauta pensó -¿En cuánto rato más llegará Guillermo? –, insistió en llamarlo por el fonovisor, pero no obtuvo respuestas. Estaba entrando en un proceso lento y paulatino infeccioso, y cada vez se hacía más irreversible e intolerable el dolor, y de un momento a otro el astronauta sintió una puntada que irradió desde el pie hasta su cadera; hizo una mueca de espanto y luego dio un grito profundo y aterrador; ya casi no podía mover nada de su pierna, y sintió una fiebre ardiente que lo quemaba desde el mismo averno. El astronauta estaba desesperado, ahora la hinchazón era aún más grave, su piel estaba tan tirante como un globo a punto de estallar y una pequeña abertura rajo su piel, una arteria cedió lanzando un chorro de sangre morada y putrefacta; el astronauta sintió náuseas y vomitó hacia un costado y luego exclamó:
-¡Guillermo! ¡Guillermo! Contesta por amor de Dios –vociferó desesperado mientras su pierna se despedazaba.
El astronauta pensó en un momento, en su familia y en sus hijos, e imaginó un sendero verdoso y un riachuelo de diáfanas  aguas cordilleranas; luego la imagen se esfumó y la abertura de su pierna se abría cada vez un poco más; intentó mover su pierna hacia la derecha de la camilla, pero un espasmo muscular lo impidió; sintió sed y deshidratación por las sales del vómito, y la garganta con gusto a metal secó su áspera lengua; luego la imagen de un desierto rojo, un lago negro, miles de lombrices parasitarias emergían en las profundidades, entre pequeños volcanes que eructaban burbujas de azufre, pero un ruido lo despertó; la lombriz yacía en la probeta serpenteándose como una horrorosa culebra marina –pensó, ¿quizá quiere escapar? –; pero luego recordó que todo era un sueño o quizás no, y todo era confusión…, zamarreó su cabeza y se inclinó, vio su pierna necrótica y putrefacta, ya no sentía dolor, y la verdad ya ni le importaba, el tajo de la inflamación recorría toda la pierna hasta la cadera; volteó para ver la probeta, pero la lombriz no estaba, había desaparecido, ¿Estaré soñando otra vez? –Se preguntó–, la palma de sus manos se tornó amarillenta y su pierna derecha comenzó a inflamarse, se sentía débil, pero aún tenía fuerzas, intento un segundo llamado:
-¡Guillermo! ¿Estas allí? He perdido una pierna amigo, todo se fue al demonio, no podré volver a la tierra, si vuelves a la nave, asegúrate de que mis restos sean cremados, no volveré a mi hogar con este maldito parásito del demonio, mucha suerte amigo.
Esperó unos minutos, pero Guillermo no contesto.
La imagen de su primer cohete de juguete volvió de la infancia a su cabeza, eran otros tiempos, y soñaba en conocer otros mundos, lugares mágicos y se sintió aliviado por un momento…, pero enseguida, un nuevo ruido lo alertó, la lombriz en la probeta serpenteaba nuevamente, lo hizo con tal fuerza que la probeta cayó al suelo y se quebró, la lombriz comenzó a deslizarse lentamente hacia la camilla del astronauta, el hombre miró horrorizado al espantoso animal, intento deslizarse y tomar el arma láser, pero estaba muy lejos; la lombriz subió por las patas de la camilla y se dirigió a su pierna, se detuvo, un instante, como si olfateara la podredumbre del miembro.
-¡Nooooo! –Gritó el astronauta– ¡Aléjate! ¡Maldito gusano!
El parásito escarbó como un topo en la pierna del astronauta y se introdujo con rapidez, el hombre apretó sus dientes hasta quebrarlos de dolor…, de pronto, el sonido metálico de la escotilla lo alerto.
-¡Guillermo! ¿Eres tú? ¡Ayúdame amigo! –Sollozó el astronauta desesperado –, mira lo que me han hecho Guillermo, nunca debimos venir aquí, no quiero morir en este planeta.
 Se escuchó el sonido de unos pasos, pesados y marcados, que vibró en el suelo y la camilla.
-¡Ven amigo! –Lloró el astronauta –, estoy destrozado, no permitas que estos parásitos lleguen a la tierra.
El suelo tembló aún más con cada pisada, el astronauta apenas podía mantenerse despierto y solo vio la silueta de su amigo acercándose
Guillermo se inclinó y observó el pie del astronauta, luego se acercó a su torso, el hombre respondió con un abrazo desesperado…, pero Guillermo estaba estático, y su rostro amarillento y sin expresión alguna, el astronauta lo miró aterrado y supo lo que sucedía; Guillermo abrió la boca y en su interior un nuevo espanto nacería…


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ALMAGESTO (Parte 1)



Capítulo I
El Mar de los Dioses


Hace quince mil millones de años, cuando no existía más que el infinito indescriptible  y la nada, una gran explosión generó la expansión de la materia circundante y los centros energéticos estelares, dando lugar, en el último ciclo inmemorial, a la formación de “Luniver” [La primera galaxia viviente]. En un comienzo Luniver albergó a los “Qhua”, una raza de hombres titánicos que devoraban la energía electromagnética y la luz visible, pero con el pasar de los milenios se extinguieron, sin embargo, en el reinado de “Oxul” gobernante del planeta “Cinión”; un grupo de sabios descifraron la formula perdida de los Qhua, que fue encontrada en “El Mar De Los Dioses”, a la antigua formula de creación ancestral, los sabios de Cinión le llamaron “El Almagesto”:
-¿Cuánto falta mi señor? –preguntó el vasallo con pleitesía.
-No mucho, Leroy, debemos acercar la barcaza hacia aquella zona rocosa –ordenó Deyon
-Entiendo, amo, iré a toda prisa, estas aguas fueron en algún momentos las más puras, hoy son bandidas a los navegantes –agregó Leroy –, vamos acercándonos a los pináculos de “Sill”, donde descansan los corsarios de los Dioses; Señor.
-¡Callad sirviente, Callad! ¿Has oído aquello?
-¡No! Mi señor, las aguas son venenosas.
-Es el rugido divino, ¡Mirad el horizonte! Ahí, detrás de aquella isla de piedras, se encuentra “El Mar De Los Dioses” dirigíos allí la barcaza –dispuso Deyon con prisa.
Un viento negruzco golpeó la figura de Deyon, un cuerpo gaseoso atrapado en un traje de metal, y un holograma virtual que aparentaba  un rostro no humano e indefinible. Su voz parecía salir de un destello cósmico, un conjunto de vibraciones que viajaba en ondas sonoras, y encantos telepáticos. Detrás de su hombro un satélite violeta y una estrella rojiza se entremezclaban con la niebla y el líquido plomizo del mar pétreo. 
-¡Ya vamos acercándonos mi amo! –Señaló Leroy remando firmemente–, ahí a unos pocos metros deberé sumergirme, en la profundidades, al lado de los pináculos de Sill.
-Deberás traedme las tablas sagradas con la formula, donde se encuentran los antiguos rezos de los Qhua, con ellos podré invocaros y rescatar a nuestros antiguos dioses. Es necesario para Cinión, es la única oportunidad de salvar al planeta de las garras del rey Erik de Bur,  Oxil estará muy orgulloso de ti, te ha entrenado como un hijo. –dijo Deyon telepáticamente al muchacho.
Leroy extrajo un respirador mecánico y se sumergió en las profundidades de Sill. Avistó lo que en el pasado fue una bella ciudad con pilares de roca o mármol traído desde la luna, esferas trasportadoras y mausoleos gigantescos, que en su parte superior se constituían de magnificas telepantallas con imágenes de galaxias perdidas del pasado; naves romboides incrustadas en la arena servían de hogar para extrañas criaturas marinas de aspecto fluorescente y trasparencia gelatinada. La bella ciudad de Sill, mostraba su cara más primitiva y amable, donde se albergó alguna vez una raza superior de semidioses, tal como Deyon, de una inalcanzable sabiduría y ostentosa tecnología. Luego una devastación natural dejo a la ciudad bajo el agua, muriendo todos sus habitantes, salvo uno, que permaneció oculto en la galaxia, hasta ahora…
Leroy nadó hacia la cúpula principal de la ciudad, lo que en el pasado fue el centro de comando superior de los gobernantes de Sill, y en un cubo de cristal acuoso, se divisaba las tablas sagradas con los rezos de Cadam,  presionó un botón de piedra, que desestabilizó el campo magnético del cubo, se abrieron  unas compuertas, y una mano mecánica deslizo las tablas sagradas con proximidad, Leroy las cogió con cuidado, extraños jeroglíficos centellaban con luminosidad extrema, el encanto hipnótico de las tablas entró por sus jóvenes ojos, se sintió en una calma pura que no podía relatar, pensó intrigado en el significado de todos esos símbolos antiguos,  y se dispuso a nadar devuelta a la barcaza.
El viento soplaba con fuerza, el mar negro como el petróleo, el cielo ensangrentado se escapó en el horizonte silenciado; unas aves gigantescas de aspecto prehistórico, y de fuertes mandíbulas deformes, danzaban sobre la barcaza; Leroy, con dificultad, logró subirse, mientras su amo miraba con atención las aves que acechaban.
-¡Pronto! Leroy, debemos irnos, he sabido de muchos hombres que han muerto en estas aguas, a estos pájaros los llaman  “Los devoradores” –dijo Deyon con un tono vocal vibrante, simulando una voz humana de alarma –, ¡tomad mi mano muchacho! ¡Pronto! ¡Entrad a la barcaza!
Leroy se aterrorizó al ver las aves  y se apresuró con una hábil persuasión.
-Aun no nos han visto mi señor, su punto débil en su nublada visión, sabe que estamos aquí, pero no puede estar seguro de atacar –agregó Leroy –, luego, dejó las tablas en la parte trasera de la barcaza y la cubrió con un dispositivo magnético, extrajo su alabarda laser del cinturón, y se puso delante de su amo, como un valiente guardaespaldas, esperando que el ave se lanzara en picada.
-¡Oh! ¿Qué haces Leroy? Me impresiona tu valentía, –vocalizó robóticamente Deyon.
Las aves se acercaban cada vez más a la barcaza y gruñían como fieras indomables
-Solo hago mi trabajo. Señor. –puntualizó.
-¡Dejadme a mí! Hidalgo soldado, que yo os combatiréis con la fiera. –replicó Deyon.
Leroy volteó hacia su amo y retrocedió unos pasos mientras las aves se acercaban; una de ellas, abrió su maloliente mandíbula y dejo caer un gargajo de fuego en la barcaza.
-¡Cuidado Señor! –baladró el discípulo.
Deyon alzó sus brazos, y en un dialecto extraño, pronunció unas palabras que se asimilaban a una orden divina. De sus manos de desprendió una luz luminosa fantasmagórica que rodeó la barcaza; después se formó una gran esfera que albergó el bote, tal cual fuera, un campo de fuerza que protege a una nave de combate. Las aves comenzaron a lanzar gargajos de fuego que chocaban en el campo de fuerza.
-¿Cómo puedo ayudarlo mi amo? –Insistió el sirviente –, no soportaremos mucho tiempo.
Los bólidos fe fuego caían abundantemente, como lluvia de aerolitos.
-Debemos trabajar juntos –bramó metálicamente Deyon –, usaremos vuestra alabarda laser para mataros, esperareréis  a que se cansen de arrojar gargajos, yo quitaré el campo de fuerza y saltaras con la lanza hacia las aves, intentad herirlas en su pico o alas.
-¡Muy bien! Estoy preparado –exclamó Leroy.
-¡Hagámoslo! No seremos vencidos por ridículas aves.
Deyon retiró el campo de fuerza, y el sirviente brincó hacia las aves bestiales; decapitando a una e hiriendo a otra en su ala izquierda, al caer giró hábilmente el alabarda esquivando los gargajos de fuego; en un segundo brinco hirió a dos aves gravemente y estas se desplomaron en picada hacia el mar pétreo; en el tercer brinco degolló a dos aves de una pasada e hirió de muerte a la última, pero al caer conjuntamente, esta le arroja un gargajo que le impactó en su brazo derecho arrancándolo de cuajo. Leroy cayó sobre la barcaza mientras las aves muertas se hundían en el océano decrepito.
-¡Señor, vio como mate a las infelices! –gimió el muchacho, como si el dolor no fuera parte de su cuerpo, no se inmutó ningún segundo por la pérdida de su miembro.
Deyon se arrancó su capa, y fabrico un torniquete presionando con firmeza por la parte superior del codo. 
-¡Fuiste muy valiente! Estarás bien. Pronto llegaremos a la orilla de la playa, en la nave hay medicinas y una cápsula de regeneración molecular, te curaré ese brazo, solo debes resistir un poco más –Dijo Deyon alentando al joven discípulo–, regresaremos al “Centaurus” [nave nodriza imperial] Oxul estará muy orgulloso de ti, solo descansa.
-Mi señor, alguna vez le he dicho que nunca conocí a mi padre, jamás pude encontrarlo en  toda Cinión, ahora está muerto ¡Por todos los cielos! –exclamó el joven.
-Tranquilo mi querido discípulo. Tu padre estaría muy orgulloso de ti, hoy has sido un héroe para Cinión, has logrado encontrar las tablas de Sill y mataste esas aves bestiales con gran habilidad. Motivos sobran para confiar en vuestro aplomo y mañana lo sabrán todos los habitantes de Cinión –dijo Deyon telepáticamente. 
El joven vio sus contornos faciales reflejados en el rostro holográfico del semidiós; el agua estaba tranquila y silenciosa; los satélites del cielo rojizo pululaban tras el hombro del enigmático cuerpo del divino; el joven discípulo cerró sus ojos con nostálgica ventura. 

***
  
Capítulo II
Las Tablas de Sill

La nave despegó en dirección hacia el  Centaurus; Deyon tomó las tablas y las acomodó en una esquina de la nave. El cuerpo de Leroy dormía en la cápsula de regeneración molecular; Oxil apareció por el visor principal.
-Deyon ¿Cómo se encuentra usted y Leroy? –preguntó el gobernante.
-Hemos sufrido un percance en los pináculos de Sill, pero ahora nos encontramos a salvo y en dirección hacia Centaurus.
-¿Qué fue lo que sucedió exactamente? ¿Han podido rescatar las tablas? –señaló Oxil con voz tranquilizadora, se podía divisar el movimiento solemne y circundante de su capa tras la luz estelar.
-Las tablas están a salvo –respondió –, Leroy  nadó en las profundidades de la cuidad de Sill y las rescató; luego, fuimos atacados por aves bestiales de la isla señor; pero el muchacho luchó con arrojo contras las criaturas, en la disputa un ave le arrancó un brazo de un gargajo, pero ya está siendo regenerado en la cápsula.
-¡Me alegra escucharlo! –Repuso Oxil–, no podía esperar menos de este joven; lo he criado desde que era un niño; como ya lo sabe, él es un creyente de los antiguos Qhua, y dará su vida por protegerlo si es necesario,  el chico ignora que usted es un descendiente de ellos; es un muchacho de corazón puro y valiente, creció en una aldea pobre de Cinión, perdió a su padre en las antiguas guerras y su madre lo abandono, y desde entonces lo he criado a mi lado como un hijo; muy pronto será un gran guerrero.
-Me halaga señor –dijo Deyon, y los contornos de su rostro holográfico se hizo más rutilante–, el hecho de que haya confiado en mí, la vida de este joven aprendiz, ha sido el honor más grande que os recibido de un gobernante. Trataré de no defraudaros su confianza, ni la de los habitantes de Cinión.
Deyon bajó su cabeza en señal de reverencia.
-El honor es todo mío –repuso Oxil–, sin su ayuda nada de esto sería posible, en un usted está la esperanza de la sabiduría de los Qhua; es la leyenda viviente de nuestros dioses de antaño, los que empezaron la construcción del universo, nuestros creadores; tal vez, algún día comprenderemos el “¿Por qué?”  De nuestra existencia y el origen de las galaxias; buscaremos Luniver y el renacer de los nuevos mundos que nos esperan, y cuando llegue ese momento, espero tenerlo a mi lado Deyon, y al joven aprendiz, él confía en usted y su sabiduría más que nadie, y yo como su rey le aseguro que no lo defraudará.
-Coincido totalmente majestad, espero cumplir todas vuestras expectativas y proteger al muchacho –agregó el semidiós.
-¡Hasta luego Deyon! Lo esperaré con ansiedad.
-hasta la vista majestad.
El visor se apagó y Deyon se quedó mirando por el ventanal de la nave un nido destellante de estrellas en la lejanía; pensó en todo lo dicho por Oxil, y en los habitantes de Cinión, y de la confianza que había entregado en él, siendo un semidiós, pero con inquietudes y defectos humanos, se acercó a la cápsula donde se encontraba Leroy, y observó que el joven tenía los ojos abiertos; se preguntó para sus adentros, si el chico había escuchado la conversación con Oxil, pensó en utilizar telepatía en el chico, pero luego desistió.
-¿Dónde estamos señor? ¿Ya llegamos a Centaurus? –preguntó y luego tosió un instante.
-Aun no, joven aprendiz, pero ya estamos muy cerca, recién el sabio gobernante de Cinión se comunicó conmigo, le conté lo sucedido, y de lo valiente que fuiste, estarán todos orgullosos de ti. ¿Sientes el brazo?
-Sí, mi señor, pero quisiera un poco de agua.
-¡Tomad! aquí está mi cantimplora.
El joven bebió a grandes sorbos.
-La cápsula proyecta que la regeneración celular fue un éxito. Dentro de poco empezaras a sentir un leve cosquilleo, y  tu cerebro acomodará la información.
-Gracias Señor, por un momento pensé que podía escapar sin lesiones al destruir esas aves monstruosas, Pero me equivoque.
-No importa joven aprendiz –respondió vivazmente –, todos hemos tenidos heridas de guerra en las primeras aventuras, fuiste muy valiente y serás un gran guerrero. Te lo aseguro.
¡Atención! –Clamoreó la operadora de la nave–, tripulantes hemos llegado a Centaurus
-¡Pronto! Vístete Leroy, nos presentaremos ante Oxil, llevaos vuestras tablas, ha llegado el momento de saber su contenido. No querrás perderte esto, ¿estoy en lo cierto?  
-De ningún modo –el joven sonrió y se puso la túnica y su alabarda laser.
Leroy se paró tenazmente y su cara lucia como nueva, su brazo ya respondía. Deyon parecía sonreír y su rostro holográfico destelló. Bajaron de la nave, y un par de robots imperial los dirigió por los numerosos pasillos del Centaurus, los portanaves estaban por doquier, los cohetes despegaban generando un remolino que se perdía entre las estrellas y la abertura superior del Centaurus; la colosal nave  imperial, estaba equipada de cientos de robots androides dispuestos a morir por Cinión.
-Es extraño –dijo Leroy –, solo dejo la nodriza unos días, y olvido su magnificencia, siempre he soñado en navegar por la galaxia de Luniver, espero que sea a bordo de Centaurus.
Los robots androides dejaron a los aventureros en las puertas del templo, la nave estaba equipada y construida según la última cuidad de la bella Cinión, a imagen y semejanza de Sill.
 Oxil salió de inmediato a recibirlos.
-¡Mi querido muchacho! –Dijo el rey abriendo los brazos de par en par–, he sabido de tu gran hazaña, ya eres todo un guerrero, has aprendido bien de los soldados imperiales.
-Gracias, su majestad.
-Deyon, usted se ha ganado mi gratitud, espero poder ayudarlo en lo que sea.
-Estoy a su servicio. –Respondió telepáticamente –, he aquí vuestras tablas majestad, hemos cuidado de ellas para descifrar el destino que  nos depara.
-¡Síganme! –ordenó Oxil, mientras caminaba de espalda, luciendo su bella capa imperial de bordes luminiscentes.
Las puertas del templo se abrieron de hito a hito, dos soldados imperiales guardaban en cada extremo con sus sables y escudos magnéticos. La catedral lucia imponente, su forma de rombo alargado jugaba con los  destellos lumínicos del universo; en el centro, un altar de piedra cristalizada, y en fondo un panel con un espejo de superficie azogada.
-Leroy, pasad las tablas de Sill a Deyon, solo un descendiente semidiós de los antiguos Qhua, puede activar las memorias en el altar, -ordenó el rey.  
Deyon se inclinó ante Oxil, y alzó sus manos recibiendo las tablas, caminó hacia el altar y las puso en la superficie, cuadrando perfectamente el gran libro por los bordes de piedra; los jeroglíficos se iluminaron como fuego incandescentes y un haz de luz cruzó por todos los cristales del templo, hasta llegar a la superficie azogada del espejo:


ALMAGESTO
[Las Tablas de Sill]

Tabla I
En las tumbas sagradas de Luniver
Yace tu cuerpo de titán majestuoso
Y tu infinito poder florece en el olimpo del Qhua
En el canto inmemorial que da vida al universo

Tabla II
En Luniver naciste un día, ¡Oh! Dios de Dioses
Y la estrella encantada cobijó tu alma
El tronar de los espejismos siderales
Albergó tu corazón inmortal supremo

Tabla III
¡Oh! Que grandeza señor mío, vuestra espada
Forjó el multiverso y tu escudo erigió las galaxias
Y en siete días formaste los planetas
En “Cadam” [La tierra] creaste hombres libres a tu semejanza.

Tabla IV
Y al final del día brotaron nuevos universos
Y mundos paralelos abrigaron tu alma
El egoísmo de los hombres destruyó Cadam, pero dejaste a los hombres libres
Dominar nuevos mundos, y os distéis tu divinidad

Tabla V
Después tu alma se apagó por mileños, ¡Oh! Lumínico esplendor
Vuelve de las cenizas eternas y alumbra nuestras vidas
Deja que tus manos fuertes forjen lozanos mundos
Has de tu nuevo nacimiento, nuestra devoción. [Religión]

Las tablas fueron reveladas a través del espejo del gran templo, Oxil se inclinó en el altar y acarició  embelesado el retablo. Deyon y Leroy observaron lo sucedido con asombro; el gran secreto de los antiguos Qhua había sido revelado. El rey retrocedió lentamente del sagrario mientras rezada.
-Debemos ir a Luniver –sentenció el gobernante–, ya sabemos dónde buscar, aún existe la esperanza de encontrar Cadam, ahí descansan las tumbas de los Qhua, debemos revivir a nuestro gran Dios “Almagesto”, que me dicen amigos míos,  ¿se unirán en esta gran odisea?
-Cuente conmigo –dijo Leroy dando un paso hacia delante.
-Nunca pensé que llegaría este día –agregó Deyon–, ¡Por fin! Podre conocer al gran señor del universo, los inmortales de donde desciendo.
Leroy miró sorprendido
-¿Es eso cierto, mi amo? ¿Usted desciende de los dioses del Qhua? –preguntó el joven con entusiasmo.
-Estas en lo correcto –dijo el rey mostrando sus palmas –. Decidimos no decirte hasta que regresasen de Sill, estuviste a prueba todo el tiempo, ahora eres el primer discípulo de un descendiente de los dioses, los creadores del universo, Deyon el semidiós ha aceptado ser tu maestro. 
El joven corrió hacia el rey y lo abrazó fuertemente. Deyon se acercó al joven, lo tomó de los hombros y le dijo:
-Leroy ¿estás preparado para conocer a los dioses?
-Sí –respondió emocionado
-Bueno, mis queridos aventureros –interrumpió Oxil –, debemos armar los preparativos para emprender el viaje, mañana partiremos a Luniver.



Capítulo III

Luniver

Luniver, la primera galaxia en espiral del universo, la que albergó el origen de los dioses ya era una realidad para el gobernante del planeta Cinión, solía imaginar desde su niñez el momento de conocerla;  había pasado cinco generaciones de gobernantes de dinastía sagrada de Cinión, y ninguno había contado con la ayuda de un semidiós como Deyon. El momento llegaría; pero, no obstante el peligro asechaba, su enemigo del planeta Bur, el Rey Erik buscaba las tablas para revivir al Dios y así  dominar el universo.
-¿Ya están listos los preparativos para el viaje a Luniver? –preguntó el rey Oxil a los soldados imperiales.
-Hemos dejado todo preparado y al alcance para partir señor, las naves están listas por si nos atacan, los soldados coordinados, el Centaurus es una de las naves más equipadas del imperio su majestad, mucho más que las antiguas naves nodrizas de Sill. –señaló el capitán androide.
-¡Muy bien! Gracias por su cooperación Capitán, hemos hecho un gran trabajo. ¿Qué opinas Deyon?
Se quedó pensativo mientras miraba todos los preparativos por el visor principal de la nave; caminó de un lado para el otro con los brazos atrás, luego respondió:
-Es necesario estar preparado para todo –dijo con ímpetu–, incluso para la muerte.
-¡Para la muerte! –exclamó el rey temeroso.
-Sí
Hubo un silencio largo he incómodo.
 – Debemos recordar que el rey Erik del planeta Bur, tiene el mismo objetivo que nosotros, solo que él l quiere  dominar la galaxia y entablar el mal, es posible que muchas vidas se pierdan en esta expedición, debemos estar preparado para un ataque sin precedentes, nos llevará hasta el límite, el Centaurus es una nave muy fuerte y nuestras  aeronaves guerreras son más sofisticadas que las de ellos; pero,  los soldados del planeta de Bur son más fuertes que nuestros robots androides, nos superan el doble de estatura, –a un  humano promedio me refiero–, nuestra opción es pelear con nuestra tecnología, pero jamás cuerpo a cuerpo. No podremos soslayar estos detalles. –Señalo Deyon, y su rostro holográfico tomó un tono más opaco.
-¿Qué oportunidad tenemos de sobrevivir mi señor? –preguntó Leroy.
-Si mis cálculos no fallan. Hay un cincuenta y cincuenta porcentaje de sobrevivencia; cualquiera de los dos mundos puede ganar; pero, nuestra táctica debe ser el factor sorpresa, adelantarnos y llegar a Cadam antes que ellos, o esperar que ellos lleguen primero y atacarlos.
-Será difícil encontrar Cadam en Luniver –repuso el rey.
-Lo sabremos de inmediato –agregó el semidiós–, Cadam aun luce como la antigua tierra, así lo llamaban nuestros antepasados, la raza humana no ha cambiado mucho de aspecto desde aquellos tiempos, solo evolucionó su tecnología.
-¿Y qué pasará con la galaxia? –insistió Oxil.
-Es muy probable que nos estén esperando. Me atrevería a decir que el rey Erik nos confrontará a la entrada de Luniver, para arrebatarnos las tablas. Luego dirigirá sus naves guerreras a Cadam, intentará destruir el planeta; hay que anticiparse a todo.
-¿Con que armas contamos?
-Con aquellas que hemos elaborados, pistolas plasmáticas, cañones protónicos y alabardas laser; es lo que usaran los robots androides, las naves guerreras están bien equipadas con bombarderos y además contamos con el arma principal del Centaurus.
-Ok –dijo el rey –, ¿Hay algo más que agregar?
-No señor –dijo Deyon.
-Bueno, Leroy y Deyon  me acompañaran, nos quedaremos aquí, en el centro de mando principal, me han avisado por el visor imperial que ya estamos pronto de llegar a Luniver –masculló Oxil –, pero antes permítanme presentarles a quien nos apoyará en las tácticas de guerra.
Las puertas automáticas de la cabina se abrieron, Oxil sonrió.
-Permítanme mis queridos amigos, presentarles a mi hija, ella es Ayana.
Una mujer alta de finos rasgos delgados, labios gruesos y ojos pardos tomó los brazos de Oxil y acarició su canoso pelo. Amaya era la única hija del rey, y una experta en las tácticas de guerra imperial, desde niña fue preparada por los robots androides para gobernar junto a su padre, tal como a Leroy.
-¡Hola! –dijo la princesa y soslayó la mirada dulcemente.
Leroy quedó atónito con la belleza de la princesa, el rostro holográfico de Deyon brilló como el nacimiento de una estrella.
-¡Hola! Princesa –respondieron el maestro y el discípulo al mismo tiempo y torpemente.
Muy bien señores, no se queden mudos –insinuó Oxil –pregunten lo que deseen.
-¿Qué táctica usara el rey Erik, si nos espera en la entrada de Luniver? –se atrevió Leroy.
-Una de las más hostiles y despiadadas, con los años he comprendido que los habitante de Bur, solo buscan apartarnos del sistema imperial, es como la selección natural, tal como se decía en el antiguo Cadam; ellos son más grandes y fuertes, son guerreros natos, buscaran en todo momento  destruirnos; nuestros cuerpos son pequeños y frágiles, y no tendremos posibilidad ante ellos en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, pero poseemos mejor tecnología, tenemos  robots androides que  están modernizados con tácticas de guerra de última generación. Lo que debemos hacer es atacarlos primeros, en la primera línea –la princesa extrajo su visor portátil y proyecto un holograma–, aquí está el mapa de Luniver, ellos esperaran de frente, su objetivo es arrebatarnos las tablas, sin ellas no podrán invocar a los Qhua, intentaran hacerlo en la intercepción de Kah, en la órbita circular de los planetas olvidados, donde se encuentra la entrada a Luniver.
-¿Y qué debemos hacer…, esperar? –preguntó Leroy desconcertado.
Ayana desconecto el mapa del visor y caminó hacia él chico.
-¡Jamás! –Exclamó –, nunca podremos esperar cuando se trata de un Bur, si nos atrapan no tendremos alternativa, se apoderaran de las tablas y viviremos como esclavos en su planeta. Debemos empezar la guerra.
Deyon asintió con la cabeza; el rey bostezó y dijo:
-Entonces, ya está todo dicho. Deyon ordena los preparativos del ataque; ya nos aproximamos a Luniver; que estén todos listos y dispuestos.
-Sí, Majestad.
Deyon miro al muchacho y le dijo telepáticamente –Leroy, ya estamos en guerra, prepárate muchacho, que la gloria nos espera.

***

Deyon se paró frente a la horda de los robots androides, caminó de un lado a otro, inspeccionando su equipamiento, Leroy lo observó detenidamente, cada instrucción que daba, mientras seguía sus pasos.
-¡Ha llegado el día! –exclamó el semidiós alzando sus brazos –, hoy atacaremos al rey Erik de Bur, lo haremos por nuestra historia, para recuperar a vuestro Dios “Almagesto”, y ustedes al igual que yo, son la semejanza de la divinidad, y la continuación de nuestro reino, el que algunas vez fue, en Cadam, donde el cielo era celeste y el mar azul, allí volveremos a rescatar lo nuestro, todo aquello que una vez soñaron, todo lo que vieron en los antiguos escritos, será revelado por los dioses de Qhua, por eso; mis queridos androides, deben pelear, y deben ganarle a la tiranía. El enemigo es más poderoso, es cierto, pero ellos no tienen el coraje ni el espíritu que heredamos de los dioses. Debemos vencer y así será.
Los androides hicieron un ademan de reverencia ante Deyon, uno de ellos vocifero: – ¡Hurra! ¡Vida a Deyon! Nuestro salvador, el semidiós. Leroy también se reverenció
Los soldados prepararon sus armas y marcharon hacia las aeronaves guerreras; Deyon y su discípulo tomaron posición y se embarcaron en las aeronaves.
-¡Buena suerte! –dijo Deyon al muchacho.
-¡Buena suerte maestro! –respondió raudo.
Miles de aeronave despegaron del interior del Centaurus al espacio exterior.
-Deyon –dijo Leroy por el visor de la aeronave–, en sus ojos se notaba algo de miedo.
-Sí, aprendiz –contestó.
-debo confesarte algo antes de partir, pues quizá, nadie sabe que pueda pasar, no pretendo morir, pero siempre es una probabilidad.
-Dime –Deyon suspiro.
-He sentido una sensación muy extraña al ver a la princesa Amaya, como un cosquilleo en el centro del estómago, y me he estremecido, ¿Qué me estará pasando?, ¿Será aquello de que hablan los habitantes de Cinión?   
-¿Qué hablan precisamente?
-Es un antiguo ritual que concebían hombres y mujeres, algunos les llamaban “Amor”, ¿crees que sea posible saber más de aquello?
-Todo es posible si liberamos a nuestros dioses, sabremos del Amor y mucho más, pero ahora Leroy, hay que concentrarse, debemos estar atentos al encuentro con los Burianos.
-¡Esta bien maestro! –masculló Leroy.
Las naves imperiales se acercaban con gran velocidad a intercepción de Kah, el espacio estaba en silencio, sin avizorar naves enemigas.
-¡Miren allí! –Dijo un soldado androide–, nos acercamos a los planetas olvidados, que aterrador panorama señor; ¡son planetas fantasmas!
Las aeronaves pasaron por el rededor de cientos de escombros de mundos destruidos, partes rocosas y ciudades flotantes por doquier, la desoladora imagen de civilizaciones antiguas, desbastada sin saber ¿Por qué? O ¿por quién?
-Son las antiguas ciudades, de las primeras colonizaciones –agregó Deyon –, eran las primeras fundadas por hombres de Cadam, al principio de la era de las guerras galácticas, estas ciudades flotantes, están aquí hace millones de años, nadie tiene más información, espero los dioses expliquen esta devastación.  
Las aeronaves esquivaron los restos de planetas flotantes, todos los pilotos androides guardaron silencio, tal como un rezo antiguo, Leroy observó sorprendido, pero en un instante sin percatarse, una nave Buriana disparó cerca de su posición.
-Señores, ¡Oh! ¡Por Luniver! Me están disparando –se alborotó Leroy.
-¡Precaución! Soldados preparen sus armas –ordenó Deyon.
La aeronave  que pilotaba Leroy dio un giro sorpresivo, y persiguió entre los escombros a la nave enemiga buriana.
-Dispare. Soldado –ordenó Deyon.
-Es muy hábil, no sé si logre alcanzarlo, señor; se escabulle entre la niebla planetaria.
-Solo siga disparando
-¿Hasta cuándo?
-Hasta que ordené que se detenga, lo más probable, es que esa nave buriana, sea un señuelo, nos llevará a las otras y sabremos su posición.
-¿Y si es una trampa?
-¡No importa! Nuestras aeronaves son más sofisticadas, le alcanzaremos y avisaremos su posición.
-¡Entendido! Maestro.
Leroy prosiguió al buriano mientras esquivaba hábilmente la basura espacial.
-Maestro.
-¿Qué?
-Creo que la nave buriana se ha escabullido entre los restos de planeta, se escondió en algún lado.  
-¿Pudo ver dónde?
-No, pero creo que está entre los edificios de una olvidada ciudad.
-Prosiga con la búsqueda, soldado…, –insistió el semidiós–. Atención a todos los pilotos del Centaurus, quiero que se mantengan alerta, sospecho que los burianos están cerca.
-¿Quizás sea una emboscada? Si los burianos, nos trajeron hasta aquí, es porque se nos adelantaron a Luniver, ¿Qué haremos señor? –preguntó un soldado por el radio.
-Esperaremos aquí, veremos si el soldado Leroy hace contacto, si lo seguimos hasta la ciudad puede ser una catástrofe para nuestras fuerzas.
-Entendido Señor.
-¿Leroy?
-Sí, maestro
-Tenga cuidado, los burianos son hábiles atacando, no los subestime.
-Lo sé Maestro, aprendí bien en los entrenamientos con los robots androides, Oxil no escatimó en los simuladores.
-Solo recuerde, esta es la guerra real…
Un disparo dio en frente de la aeronave que pilotaba Leroy; la nave buriana arremetía con ráfagas laser por doquier. El muchacho respondió al ataque.
-Me atacan, Maestro, los burianos me están acechando.
-¡Sigue disparando! –Vociferó el semidiós –, has que te siga hacia aquel edificio, y lo derribas sobre su nave.
El muchacho giró la aeronave, y disparó en los cimientos del edificio, este cayó sobre la nave buriana, pero una ráfaga del láser, lo desestabilizó.
-He logrado derribarlo.  Señor, pero pierdo altura, creo que me estrellaré.
-¡Activa el propulsor! O te harás papillas…, –ordenó
Deyon se estremeció y observó la nave mientras se hacía añicos, luego hubo unos segundos de silencio…
-¿Leroy me copia?
La silla de la aeronave se deslizaba flotando por el espacio, con un vaivén activado por el paracaídas. 
-¡Diantres! Estuvo cerca, Maestro ¿Me copia? Creo que voy cayendo cerca de la nave Buriana, está en ruinas bajo el edificio, ¿Señor? ¿Se encuentra ahí? ¡Aló! ¡Hay alguien que me escuche! Creo que he perdido comunicación –murmuró Leroy a sí mismo.
El muchacho cayó lentamente, hasta llegar a la superficie de lo que fue una ciudad de un oscuro  planeta fantasma.  Solo y sin su nave se sentó en un pedazo de cemento mientras sus ojos miraban las estrellas del firmamento; pensó detenidamente en todas las enseñanzas de Oxil, repasó mentalmente todos los entrenamientos y las tácticas de supervivencia; recordó  las palabras del semidiós mientras hinchaba su pecho a la defensiva, extrajo su alabarda laser del cinturón   y se puso a trabajar en mantenerse vivo.

Continuara…


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