viernes, 16 de diciembre de 2016

PARÁSITO ESTELAR


La hipernave tubular  descendió en el rojo planeta inhóspito, los foráneos astronautas se  deslizaron en la superficiemillares de piedrecillas eclipsaban en un pequeño lago de agua descongelada, detrás de los penachos rocosos.  En las cumbres puntiagudas de la cúspide montañosa dormía el sol que se apagaba junto a los planetas hermanos.  
Un astronauta caminó por la orilla del lago, y enseguida sitio que algo se introducía por la bota espacial, se asuntó inmediatamente, y se devolvió a la nave a toda prisa, cuando se despojó de su bota, pudo palpar su pie izquierdo y sentir una protuberancia, descolgó un cuchillo laser e hizo un corte vertical; una especie de anélido parasitario se había introducido debajo de su piel, sin siquiera sentirlo. Extrajo la lombriz y la puso en una probeta encapsulada. El astronauta cerró la herida y se quedó un buen rato observándola; pero un dolor punzante comenzó a brotar de su pie; cogió en fonovisor deprisa y avisó a su compañero que aun exploraba el planeta:
-Guillermo ¿Me escuchas? Algo se introdujo en mi pie, es una especie de parásito del lago, en los montículos, lo encapsulé en una probeta, ¡Me escuchas! ¿Estas por allí?
Pero es astronauta no respondió al llamado.
El dolor aumentó profundamente, la enfermedad no daba tregua al astronauta y no sabía cómo reaccionar, un leve enrojecimiento comenzó a esparcirse por todo el pie, la inflamación espantosa y la hipersensibilidad de su piel lo inmovilizó; primero se le produjo un halo verdoso amarillento alrededor de la herida, tal como el efecto de una toxina; después una mancha sanguinolenta rodeó la inflamación y se tornó violácea, el astronauta pensó -¿En cuánto rato más llegará Guillermo? –, insistió en llamarlo por el fonovisor, pero no obtuvo respuestas. Estaba entrando en un proceso lento y paulatino infeccioso, y cada vez se hacía más irreversible e intolerable el dolor, y de un momento a otro el astronauta sintió una puntada que irradió desde el pie hasta su cadera; hizo una mueca de espanto y luego dio un grito profundo y aterrador; ya casi no podía mover nada de su pierna, y sintió una fiebre ardiente que lo quemaba desde el mismo averno. El astronauta estaba desesperado, ahora la hinchazón era aún más grave, su piel estaba tan tirante como un globo a punto de estallar y una pequeña abertura rajo su piel, una arteria cedió lanzando un chorro de sangre morada y putrefacta; el astronauta sintió náuseas y vomitó hacia un costado y luego exclamó:
-¡Guillermo! ¡Guillermo! Contesta por amor de Dios –vociferó desesperado mientras su pierna se despedazaba.
El astronauta pensó en un momento, en su familia y en sus hijos, e imaginó un sendero verdoso y un riachuelo de diáfanas  aguas cordilleranas; luego la imagen se esfumó y la abertura de su pierna se abría cada vez un poco más; intentó mover su pierna hacia la derecha de la camilla, pero un espasmo muscular lo impidió; sintió sed y deshidratación por las sales del vómito, y la garganta con gusto a metal secó su áspera lengua; luego la imagen de un desierto rojo, un lago negro, miles de lombrices parasitarias emergían en las profundidades, entre pequeños volcanes que eructaban burbujas de azufre, pero un ruido lo despertó; la lombriz yacía en la probeta serpenteándose como una horrorosa culebra marina –pensó, ¿quizá quiere escapar? –; pero luego recordó que todo era un sueño o quizás no, y todo era confusión…, zamarreó su cabeza y se inclinó, vio su pierna necrótica y putrefacta, ya no sentía dolor, y la verdad ya ni le importaba, el tajo de la inflamación recorría toda la pierna hasta la cadera; volteó para ver la probeta, pero la lombriz no estaba, había desaparecido, ¿Estaré soñando otra vez? –Se preguntó–, la palma de sus manos se tornó amarillenta y su pierna derecha comenzó a inflamarse, se sentía débil, pero aún tenía fuerzas, intento un segundo llamado:
-¡Guillermo! ¿Estas allí? He perdido una pierna amigo, todo se fue al demonio, no podré volver a la tierra, si vuelves a la nave, asegúrate de que mis restos sean cremados, no volveré a mi hogar con este maldito parásito del demonio, mucha suerte amigo.
Esperó unos minutos, pero Guillermo no contesto.
La imagen de su primer cohete de juguete volvió de la infancia a su cabeza, eran otros tiempos, y soñaba en conocer otros mundos, lugares mágicos y se sintió aliviado por un momento…, pero enseguida, un nuevo ruido lo alertó, la lombriz en la probeta serpenteaba nuevamente, lo hizo con tal fuerza que la probeta cayó al suelo y se quebró, la lombriz comenzó a deslizarse lentamente hacia la camilla del astronauta, el hombre miró horrorizado al espantoso animal, intento deslizarse y tomar el arma láser, pero estaba muy lejos; la lombriz subió por las patas de la camilla y se dirigió a su pierna, se detuvo, un instante, como si olfateara la podredumbre del miembro.
-¡Nooooo! –Gritó el astronauta– ¡Aléjate! ¡Maldito gusano!
El parásito escarbó como un topo en la pierna del astronauta y se introdujo con rapidez, el hombre apretó sus dientes hasta quebrarlos de dolor…, de pronto, el sonido metálico de la escotilla lo alerto.
-¡Guillermo! ¿Eres tú? ¡Ayúdame amigo! –Sollozó el astronauta desesperado –, mira lo que me han hecho Guillermo, nunca debimos venir aquí, no quiero morir en este planeta.
 Se escuchó el sonido de unos pasos, pesados y marcados, que vibró en el suelo y la camilla.
-¡Ven amigo! –Lloró el astronauta –, estoy destrozado, no permitas que estos parásitos lleguen a la tierra.
El suelo tembló aún más con cada pisada, el astronauta apenas podía mantenerse despierto y solo vio la silueta de su amigo acercándose
Guillermo se inclinó y observó el pie del astronauta, luego se acercó a su torso, el hombre respondió con un abrazo desesperado…, pero Guillermo estaba estático, y su rostro amarillento y sin expresión alguna, el astronauta lo miró aterrado y supo lo que sucedía; Guillermo abrió la boca y en su interior un nuevo espanto nacería…


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