martes, 29 de noviembre de 2016

El Incidente del Planeta 2005





[“El siguiente texto es  un relato escrito por el desaparecido astronauta Andrócles de Nervo, en su última misión al planeta 2005 . Su  bitácora  espacial contenía documentos y fotografías del incidente del año 3125; según naves investigadoras de aquellos años posteriores al incidente, no  se encontraron vestigios de habitantes o vida en el planeta 2005, Y hasta la fecha, las investigaciones del centro galáctico no ha localizado el paradero del astronauta Andrócles, enviado bajo la inspección planetaria del 3 de Agosto del 3125”]
Documento desclasificado por S.A Galáctica.-
    
Cuando aterricé en este infame lugar el viento soplaba en la oscura lobreguez, los pináculos y montículos montañosos se divisaban desde lejos. La niebla azul oscura se desplazaba entre las sombras de la planicie rocosa, mientras un rayo azul eléctrico salía de la abertura de la tierra infectada de pequeñas larvas y dípteros alargados. En una llanura del extremo noroeste encontré tumbado el esqueleto gigantesco de un animal irreconocible, saque muestras para investigar, pero mi sistema no tenía ningún arquetipo para definir su estructura molecular; entre medio de huesos y escombros divisé un letrero que decía: “Bienvenidos a la ciudad de FY Imperial, diez mil habitantes” y una estructura de acero fortificado que parecía una olvidada base militar. Un vehículo de expedición 2100-Org- se deslizó por las maldecidas tierras del planeta, haciendo sonar el claxon como si fuera a chocar con un montón de rocas, dando la impresión de estar acompañado en medio de esta desolación, cuando lo vi, me escondí detrás de la llanura más cercana a la base. El 210o-Org- se acercó a la compuerta de la base militar, y comenzó lo que parecía una inspección rutinaria. El vehículo disponía de seis ruedas fortificadas junto a un parachoques frontal, una luz violeta marcaba los sensores de movimientos en la planicie rocosa, y un foco de luz en el frente que iluminaba entre las tinieblas. En el hangar logré divisar decenas de máquinas desmanteladas: naves excavadoras, robots transportadores y armas de corto alcance, todas carcomidas y oxidadas por la tétrica niebla de la meseta depredada. Al detenerse el vehículo, un hombre alargado de aspecto sobrehumano y ojos negruzcos se bajó del 210o-Org- y caminó hacia la puerta principal; en el interior de la base habían cientos de monitores abandonados y carcomidos por el óxido difuminado de la meseta, lo sé, porque lo investigué previamente; fue entonces cuando el ser alargado de aspecto humanoide extrajo de su cinturón un pequeño proyector y comenzó a comunicarse en un extraño e incomprendible dialecto extraterrestre que no comprendo, dijo: ¡“ke-jue-il-ce-nak”! era lo que pronunciaba mientras se teletrasportaba entre la oscuridad de los fríos módulos de la base y me dispuse a seguirlo. Cuando llegó al visor principal manipuló su foto proyectora extrayendo la información de la nave, me acerqué a él sin que me pudiera detectar y se dispuso a observar las imágenes: se proyectó un grupo de personas ordenando decenas de cajas que decía: “Empresa Galáctica y colonización planetaria”, y niños que se deslizan en pequeñas naves de hierro rojo y fluorescente, mujeres y hombres cargando armamento de grueso calibre, con trajes espaciales, decenas de militares soldando estructuras de hierro; parecía una perfecta labor de colonización que por algún inexplicable motivo ya no se encontraba en ejercicio. Los hombres de las imágenes comentaban que en las inmediaciones de las cimas montañosas, era posible extraer un costoso mineral para las futuras extracciones, mientras observaban a sus hijos deslizarse en las micronaves. Pero después hubo una extraña interferencia y el ser sobrehumano no pudo seguir viendo lo que sucedía; quizás esa sensación lo alertó de algo,  quizás venía de un planeta aledaño a investigar lo sucedido; o solo se detuvo en su viaje interestelar a observar lo que acontecido por curiosidad; lo cierto es que lo que ocurrió a continuación fueron los eventos más extraños que me ha tocado ver en cualquier viaje hiperespacial.  Entre una compuerta que se abría y se cerraba constantemente, y sin generar un sonido audible, estaba atorada la cabeza de un extraterrestre de gran envergadura, tenía los ojos grandes y negros, con leves manchas rojizas ramificadas, sin pupila aparente o alguna forma de iris colorida semejante al humano interplanetario promedio; sus pómulos lucían fosilizados, y sus mejillas estaban necrosas. El ser sobrehumano se acercó lentamente a la compuerta y extrajo un aparato puntiagudo de su abdomen y lo incrustó en la cabeza putrefacta [no puedo señalar si existía  partes del cuerpo del extraterrestre, porque jamás lo pude ver completamente] luego extrajo un líquido de color grisáceo de su cerebro y lo bebió de un sorbo; el ser sobrehumano cayó al suelo y convulsionó repetitivamente, su cuerpo se inflamó y se llenó de yagas y venas verduscas, su brazos y piernas se alargaron aún más, su piel se tornó membranosa y su cabeza creció colosalmente, como si inflara un globo. Se había trasformado en un monstruo, una abominación del solitario planeta; Después comenzó a moverse desorientadamente por todos lados, jadeaba y babeaba sin descanso, como un canino rabioso; golpeó varias veces las paredes fortificadas de la base, como queriendo buscar una salida, hasta que logró huir; lo seguí sigilosamente escondiéndome en los objetos que arrojaba por doquier, caminó doscientos metros por la acidez de la tierra hasta llegar a un montículo, cerca de una llanura y se desplomó; lo vigilé desde lejos por tres horas a lo menos hasta que me quedé dormido…, luego, desperté con un fuerte movimiento telúrico…, el extraterrestre no estaba en el lugar donde lo vi por última vez; caminé hasta la llanura y subí por una pendiente, y pude divisar que a lo lejos el extraterrestre caminaba aturdido nuevamente; otro fuerte temblor movió mis pies, y un gran forado se formó al lado del desorientado monstruo, la tierra se quebrajó de golpe y sin aviso, en un instante, sin siquiera comprender lo que sucedía, se desplegó un enorme tentáculo que asomó del orificio, a los pies de alienígena; después fueron dos tentáculos, después cincos, y así prosiguió hasta que un enorme bestia salió a la superficie; tenía una cabeza similar a la del extraterrestre, incluso casi humana, pude ver que sus ojos lucían pupilas amarillentas verdosas; una nariz y una boca bien definida, como los rasgos de un muñeco de cera;  sus colmillos eran gruesos y parejos,  venas inflamadas y azulinas se desprendía de sus mejillas; era una cabeza casi humana, salvo por su color verduzco grisáceo; mis ojos no podían creer lo que veían;  quedé estupefacto ante tal imagen desfigurada; una cabeza cuasihumana con cientos de tentáculos estaba delante de mí; pensé por varios segundos en la causas de esta inexplicable monstruosidad, quizá los habitantes experimentaron genéticamente con nuestro ADN, y su fuente proteica se mezclado con algún extraño animal de este planeta, que dio como resultado una cabeza tentaculada de doscientos metros de diámetro, o solo es una aberración creadas en las profundidades de este infierno, ¡Que más puede ser! Ni un Dios alternativo de la interconexión galáctica ha creado semejante cosa. En un momento una ráfaga de viento cegó la imagen,  y en mi poca visión atónita y desfigurada, vi deslizar la cabeza tentaculada por la planicie de la llanura, el extraterrestre la observaba como si no le temiera, como si existiera alguna conexión entre ellos; el alienígena, quien antes fuera un ser sobrehumano se acercó lentamente hacia un tentáculo de la monstruosa cabeza, pero fue apresado mordazmente por la membrana, el apéndice se abrió de improviso y mostró una boca pegajosa con dientes diminutos, al verse atrapado el alienígena emitió un espantoso chillido que se escuchó en todo el valle, como una señal de auxilio; luego una nave en forma de espada descendió del espacio y dejó caer un rayo violeta en la colosal cabeza ; el monstruo estaba paralizado, y el alienígena fue liberado antes de ser devorado por el tentáculo. La cabeza tentaculada retrocedió y se escondió en su fosa, en ese momento me dispuse a acercarme lentamente, entre los pedazos de roca cristalizada, pero fui apresado y encarcelado, una enorme bestia alienígena me sorprendió en un segundo, y cuando volteé a mirar, el valle estaba inundado de seres con cabezas prominentes e inexpresivos ojos negros.


***

Cuando desperté no puede contener el miedo, al principio no podía creer lo que estaba viendo, me encontraba en la nave de estos extraños alienígenas apresado y sin ninguna posibilidad de escapar, probablemente me habían adormecido con alguna sustancia somnífera o simplemente usaron telepatía para controlarme; las jaulas eran transparentes y de un material acuoso que no pude descifrar, al tocarla se expandía y contraía como si fuera de hule; a mi alrededor, habían cientos de jaulas del mismo material, en su interior estaba toda una multitud de humanos desaparecidos, hombre, mujeres, niños y ancianos; e incluso múltiples armas y robots de transporte, luego, –pensé –: ¡he aquí toda la ciudad  Imperial de FY!, ¿Serán los diez mil habitantes apresados por esta horda demoníaca de alienígenas? Ya todo cobraba sentido, las imágenes de la colonización, hombres y mujeres trabajando, niños jugando en sus micronaves, todo aquello que sería una gran comunidad para  habitar este planeta hostil estaban atrapados en estos tubos acuosos sin saber qué destino nos esperaba. A mi derecha pude ver el rostro de una mujer que intentaba escapar del cilindro, estiraba sus manos hacia mí, y gritaba pidiéndome auxilio, pero nada podía hacer, asimismo, ocurría a mi izquierda, un anciano sin voz solo me miraba con cara de desolación y en frente podía ver a un niño con la mirada perdida y sin ninguna emoción; cientos de quejidos y alaridos aterradores aguzaba mi oído. De los tubos acuosos emanaban decenas de cilindros enredados que al parecer llegaban a una gran válvula en el centro de la nave, allí una extraña succión con ruido metálico hacía eco en todo el bastimento; cuando avisté hacia el inferior de la nave fui testigo de la preparación más macabra de mi existencia, los alienígenas estaban organizados en hordas estructuradas, con dirección hacia la puerta principal, de pronto, un ruido metálico que ensordeció a todos los humanos atrapados, la puerta principal se abrió crujiendo como mineral torcido, y poco a poco comenzaron a vislumbrarse las gelatinosas partes del cefalópodo, la colosal cabeza tentaculada ingresaba a la nave, deslizándose con sus membranas ventosas y su estructura deforme; ¡Dios santo! –sollocé–, ¡Este es el fin! No hay manera de escapar; la cabeza cuasihumana sonreía escalofriantemente, la muchedumbre gritaba de espanto al ver al titánico monstruo; la horda de alienígenas se alistaron alrededor de la bestia y jalaron las palancas de los tubos acuosos, el monstro estiró sus múltiples membranas hacia los cilindros y atrapó a los humanos uno por uno; algunos caían y se reventaban en el suelo, otros eran desgarrados por los filamentos de los tentáculos, otros morían aplastados por el mando voraz; el cefalópodo engullía sin piedad a ciento de personas, vi caer a niños y mujeres por su boca, aún con vida y gritando entre desesperación y suplicas horrorosas, el pánico cundió entre la sangre, podía sentir los gritos de cientos de personas desde el abdomen de la bestia y oír como la acidez de sus vísceras los desasía  sin piedad. Un grupo de humanos intentó organizarse y escapar, pero fueron apresados por los alienígenas que no dudaron en aplastarlos y devorar sus partes; muchos murieron por la impresión, los ancianos eran devorados ya muertos, y los restos de cadáveres fueron licuados por un motor que bombeaba en el centro de la nave. Dentro de toda la desesperación que sentí y de lo inimaginable y horripilante de la situación, pude escapar de los tentáculos del monstruo, entre la abertura de la nave y los cilindros acuosos, me camufle con restos membranosos de la bestia, me quedé ahí inmovilizado por horas, hasta que deje de sentir ruidos o gritos de espanto, la masacre había finalizado, la cabeza tentaculada había devorado a cientos de humanos en tan solo cuatro horas. Entre el tubo acuoso y las paredes de la nave pude ver un forado que daba al valle, me deslicé simulando ser una parte viscosa del abdomen de la bestia y escapé, caí sobre la parte inferior de la nave y los restos de filamentos membranosos del cefalópodo amortiguaron mi caída, me arrastré por la arena hasta llegar a una trinchera rocosa donde me escondí, estuve horas paralizado, esperando que la nave despegara de una vez y poder así gritar mi espanto. Pensé por un momento que los alienígenas se habían percatado de mi escape, y que volverían por mí, pero la nave prendió los motores y comenzó a despegar, pude ver como cientos de restos humanos eran arrojados a la arena, como desperdicio espacial, restos que habían sido licuados previamente en su interior, corrí y corrí lo más veloz que pude, aterrado y sin descanso y no voltee jamás. Me escondí en la base militar y revisé cada archivo que encontré, buscando respuestas a la espeluznante situación, pero no halle indicios del incidente. Cuando me disponía a regresar a mi nave y abandonar este desgraciado lugar, encontré en los escombros un visor que parpadeaba, y en su contenido un mensaje en dialecto alienígena, lo descifre con calma una y otra vez, sin creer lo que decía…, me habían enviado a un planeta de donde jamás escaparía.      
“¡ATENCIÓN!  ¡ATENCION! EL EXPERIMENTO HA FUNCIONADO, HEMOS ENVIADO HUMANOS PARA  ALIMENTAR LA GRAN CABEZA”

GTF


                     

lunes, 21 de noviembre de 2016

SALTO TEMPORAL




A.

Por miles de años los cometas han dejado su rastro en el cielo de la humanidad. Desde tiempos inmemorables los hombres han salido a cazar estos ases del firmamento, aerolitos  gigantescos que surcan la atmosfera, de gran volumen, longitud y masa; que desafía a los astrofísicos a encontrar  cualquier indicio, que nos dé una esperanza, de avizorar señales de vida, en la inmensidad del universo o  en alguna galaxia cercana.  Todo comenzó una noche del año 2336, cuando alrededor de 5 cometas dejaron su huella estelar  por los cielos estrellados; un importante astrofísico de aquellos tiempos el Señor Alberto Prih, tuvo un sueño revelador: la creación de un traje intergaláctico que le permitiera viajar sobre  los cometas. Después del lúdico sueño el señor Prih, se dirigió velozmente y muy entusiasmado  a comentarlo en su círculo científico más cercano:
-¡Qué maravilla de noche! He podido observar cómo estos cometas se acercan a la tierra, es un hecho inédito; pero aún no estoy satisfecho, que llegue la hora de verlos caer, –comentó Luciano blic, en un tono de cursilería científica.
-Buenas noches estimados –saludó Alberto–, he tenido una noche agitada.
-¡Ah! Los sueños otra vez. ¿Verdad? –dijo Luciano levantándose abruptamente de un fino sillón de cuero.
-¡He ahí! La magia de toda la ciencia –agregó Carlos Cleves.
La habitación lucía pulcramente, miles de pergaminos digitales con la historia estelar de cientos de cometas documentados de la historia terrestre.
-¡Tú no cambias nada Alberto! –Comentó Luciano haciendo una mueca–, eres tan tozudo como las colas de los cometas, siempre apuntas en dirección contraria al sol.
-¿A qué te refieres? –sugirió Alberto.
-¡A nada! Solo digo que tú y tus sueños locos nos saca de contexto.
-¡Bah! –dijo Alberto haciéndose el desentendido.
-Entonces, ¿Qué has soñado esta vez? –preguntó Carlos.
-Lo diré, sí, prometen no tomarme el pelo –repuso Alberto.
-¡Vamos Hombre! ¡Habla ya! –sentenció Luciano.
-Es un traje.
-¿Un traje?
-¡Sí! Un traje intergaláctico, que nos permita viajar sobre el cometa, bueno…, mmm, quizás cabe la posibilidad de viajar por el interior del cometa.
Hubo un silencio incomodo, unos segundos, los científicos se miraron desconcertados, luego se rieron a destajo.
- Pero usted está más loco que una cabra –dijo Luciano riendo a carcajadas–, sin agregar, que no existe material en la tierra que soporte la presión, velocidad y los altos grados de temperatura de un cometa. Su aventura mi amigo, es prácticamente imposible.
-Igual de imposible como lo fue la invención de la invisibilidad –repuso Alberto–, o la colonización de Marte y después de Júpiter, o la teleyección, o los saltos cuánticos, en fin, la lista sigue, Newton, Einstein, Hawking, Asimov, todos ellos creyeron en un sueño, ¿Por qué no intentarlo? Si las bases de la ciencia especulativa es llevarlo a la praxis.
-Sí,  la ciencia de la idiotez –ironizó Luciano.
-Sabemos que en la tierra no existe un metal tan poderoso para crear este traje, pero, me he enterado de que hace unos días han publicado en la revista científica “Terranova”  el descubrimiento de un nuevo metal cien veces más poderoso que el mismo acero o los minerales de la luna, lo llaman “Voyagernita” y le he pedido a mi colega de la estación Jupiteriana, que me haga llegar unos cuantos kilos del preciado metal.
-¡Me sorprendes Alberto! Que adelantado eres, más no encuentro sentido a tu afán de viajar a sobre un cometa, ¿Qué deseas lograr con aquello? ¿Qué objeto tiene? Y ¿Cómo diantres piensas pararte sobre un cometa? –preguntó Carlos, dejando caer sus finos lentes sobre el escritorio flotante.
Luciano bostezó, se sentó nuevamente en el sillón, y esperó atentamente las respuestas de Alberto.
-Bueno mis queridísimos colegas. Primero: he llegado a una encrucijada de mi vida, tengo la sobrenatural convicción de que el estudio de los cometas nos permitirá saber nuevas variantes de los viajes estelares, y sus saltos cuánticos por el universo, ha llegado el momento de experimentar grandes velocidades que soporte el cuerpo humano, bueno; obviamente un cuerpo acorazado con un traje galáctico, compuesto por la apreciada Voyagernita; segundo: lo que deseo lograr es aportar a la ciencia en la investigaciones de los viajes lumínicos, y en este sentido, el viaje sobre el cometa nos puede entregar fórmulas para que el cuerpo humano pueda soportar la velocidad de la luz; y tercero: no creo que exista problema con llegar al meteorito, según mis cálculos, el mes que viene caerán estos 5 cometas, el último de ellos lo hará en el océano pacifico, no es destructivo, y tiene un tamaño acorde para posar un hombre en su base rocosa. Luciano tú tienes amigos militares en la estación imperial, ¿Podrías conseguir una nave C4, para aquella noche? –le preguntó el científico esperando un atisbo de entusiasmo, de su díscolo colega.
-¡Veré lo que puedo hacer! –dijo Luciano contorsionando sus muñecas y asintiendo con su cabeza.
-Aunque me cueste reconocerlo, es una brillante idea Alberto –señaló Carlos–, nuestros avances han llegado a la desintegración de partículas en la teleyección, incluso se ha utilizado  para la invisibilidad de naves y trajes, pero la comunidad científica no ha hecho grandes avances en el soporte de la velocidad de la luz, y es una vanguardia  trabajar en ese proyecto; me uno a la causa, mis connotados colegas –dijo Carlos levantando  su índice.
Los científicos salieron juntos del salón y tomaron un taxi flotante.
-¡Les invito un café Venusiano! –sugirió Luciano cortésmente…


B.

El trabajo se hizo ligero, los científicos se encontraban armando la estructura de un traje intergaláctico sin precedentes en la historia de la tierra, la Voyagernita se calentaba a  una temperatura de 200 grados Celsius, lo necesario para poder derretirla y darle forma a el armazón del traje; cada uno de los científicos trabajaba concentradamente en el laboratorio:
-¿Está lista la Voyagernita? –Inquirió Alberto.
-Aún no está lista, depende de las variaciones que tenga la temperatura, según los estudios del planeta Júpiter, ¿Cuánto tiempo debemos esperar la solidificación del metal? –cuestionó Carlos mirando una probeta antigua del laboratorio.
-Debemos esperar un día en frío, lo pondremos en la cámara de hidrotérrmica, hasta que se adhiera a la armadura del traje.
-¡Hidrógeno y helio! –Agregó Luciano con soberbia–, son los componentes químicos que necesitamos analizar, ahí está la clave de la elaboración del traje, si ya tenemos listo su estructura, sería bueno trabajar en la base de estos componentes, para no arriesgar ningún objetivo; creo yo.
-Pero todo depende del cometa. –insistió Carlos–: primero, la base estructural y dinámica del cometa debe adaptarse al traje, no nos olvidemos de la velocidad y el tiempo de impacto en el pacifico, no es necesario que el traje resista mucho tiempo; segundo, debemos prever que tipo de componentes trae el cometa, en base a lo que ya  conocemos de ellos, veo más improbable la posibilidad de que estos elementos varíen; y tercero: el cálculo del C4[Nave de experimentación] y la trayectoria del cometa, que según la distancia que he calculado del sol, puede ser elíptica o hiperbólica.
-¡Es solo hielo, polvo y roca! –recordó Alberto masajeando su ceño.
-¿Ya lo calculaste?
-Sí. Hice las pruebas entes de partir, después de todo es una idea un poco arriesgada, seré yo quien asuma los riesgos físicos y de los cálculos.
Los científicos se miraron comprendiendo la decisión de Alberto. 
-¿Y ya analizaron el tamaño del cometa? –interrumpió Luciano.
-Sí, es un cometa enano, mide 145 metros, se fragmentará en múltiples partes, las rocas más pesadas seguirán su trayectoria hacia el sol. Solo un pequeño trozo de 10 metros entrará a la atmosfera. Alberto, debemos colocarte desde una distancia razonable del C4, tendrás tiempo suficiente para taladrar la roca, colocar la cápsula de presión a 6 metros de profundidad, contigo en su interior, el traje intergaláctico estará adaptado con todo los elementos de monitoreo de última generación, nosotros recibiremos la información de un ordenador central que instalaremos en el C4.
-Veo que pensaste en todo, Carlos. –dijo Luciano con un pequeño aire de envidia.
-Mi especialidad es la logística astronómica espacial…, Solo debemos hacer bien los cálculos y todo saldrá como esperamos.
Los científicos salieron del laboratorio y se quitaron sus trajes amarillos dorados. La cámara  hidrotérrmica sonó chicharreando, en el instante en que unas luces verdes y rojas pulsaban.
-¡Atención! ¡Atención! Los niveles de radiación han subido. ¡Atención! –clamoreó la operadora del laboratorio.
-¡Satas ciencias! Luciano activa el cierre automático, quizás debemos esperar hasta que los niveles de radiación se estabilicen. –ordenó Alberto.
-¡De acuerdo! –se apresuró Luciano.
Diez, nueve, ocho…siete, cinco, cuatro…dos, uno. ¡Radiación estabilizada!
-¡Estuvo cerca! –se secó Carlos el sudor de su frente con su muñeca.
-Muy bien, suficiente por hoy; hay un nuevo restorán de comida venusiana ¿Quién se apunta? –preguntó Luciano.
-“Yo” respondieron los científicos.

C.

Los astrónomos se alistaron y abordaron la nave de acercamiento. Partían de la estación espacial “kila” en las inmediaciones de la atmosfera terrestre para su encuentro con el cometa. Un cohete de propulsión instantánea se introdujo en el universo y después se hizo miniatura en cuestión de segundos.
-¡Que bello paisaje del universo! Y es más aun…, La tierra se ve increíble ¿Cómo es posible tanta belleza? –Dijo Carlos asombrado–, ¿Será posible volver para la cena? –comentó.
Luciano sonrió mientras copilotaba la nave.
-¡Que apetito que tienes Carlos! Veo que te has hecho fanático de la comida venusiana, la influencia culinaria de Luciano está surtiendo efectos. –comentó Alberto extrayendo un traje espacial del cubículo de carga.
-El computador muestra que nuestro traje galáctico está en buenas condiciones. ¿Te ha gustado el color que elegí Alberto? –preguntó Luciano.
-Sí, desde luego, el rojo metálico le asienta
-¿Y qué tal un azul eléctrico?  Como aquellos trajes de la antigua era. –comentó Carlos.
-Creo que ese color ya está obsoleto, además lo ocuparon mucho en la pos era interplanetaria.
La nave comenzó a acercarse a la estación Kila, donde nuestros astrónomos interceptarían el cometa.
-Muy bien muchachos, creo que tardamos pocos minutos, es hora del ensamblaje.
-¿La nave se encuentra alineada?
-Sí, y en perfectas condiciones.
-¡Ok! Dos, tres, uno, ¡Listo! Ya estamos dentro.
-¡Bien!, Preparemos el traje intergaláctico, debe estar todo correcto para cuando pase el cometa. –ordenó Alberto.
Luciano y Carlos tomaron cuidadosa mente el traje y lo dejaron en un receptáculo aislante, para su protección.
-¡Bienvenidos astronautas! –dijo Bruno Jopazo, receptor del C4, estirando la mano para saludar.
-¡Encantado! –respondió Carlos.
-¿Quién será el primero en salir al exterior?
-Solo uno saldrá receptor, ya lo hemos decidido –se adelantó Alberto.
-Pues bien, astronauta, el cometa está a quince minutos de llegar a la atmosfera, recomiendo que esté preparado lo antes posible –Dijo bruno con un tono de premura–, las misiones en nuestra estación espacial jamás han fallado, rogamos ser cautelosos. Entiendo que el astrofísico Luciano Blic, estará a cargo de pilotar el C4, ¿O me equivoco?
-Así, es señor –respondió con desagrado.
-Bueno, usted sabrá que aquí en el espacio las cosas son distintas a los simuladores de juguete de la tierra; le ruego que me haga caso en todo aquello que ordene, como su receptor del C4 tengo la responsabilidad de entregar la nave en buenas condiciones ¿Me entiende, señor?
-Sí, sí, sí, –dijo Luciano a regañadientes.
-Ok, creo que no hay más que agregar, mucho éxito y a confiar en los cálculos.
Los científicos abordaron el C4, las compuertas de la estación espacial se abrieron, y la nave se deslizó lentamente hasta el punto de encuentro con el cometa.
-¡Ahí viene! Ya puedo divisarlo, tiempo de intercepción, 7 minutos y contando –señaló Carlos, muy concentrado en su monitor.
-¡Entendido! Ya me he puesto el traje intergaláctico, y preparado para salir al exterior. –dijo Alberto con un leve entusiasmo.
-¡Cápsula de presión! Lista –agregó Luciano –, es hora, debes introducirte en ella Alberto, estamos a dos minutos de la intercepción.
El astronauta se  deslizaba por el espacio. A propulsión de la Cápsula, que esperaba incólumemente que el cometa la envistiera.
-¡Muy bien! Alberto –indicó Luciano –: ¿Traje intergaláctico?
-¡Listo! –Respondió con voz temblorosa
-¿Cápsula de presión?
-¡Lista!
-Tiempo de intercepción con el cometa: 30 segundos y contando, 29, 28…, los ojos de Alberto estaban fijos en el cometa en llamas, 19, 18…, por un momento recordó todos los cálculos matemáticos que había estudiado, pero los porcentajes de error, son bajos, es probable, pero siempre hay un margen, 9, 8…, la muerte también es probable –pensó–, una estrella titilaba al lado izquierdo de lo que ahora era una roca incandescente acercándose, 3, 2, 1…, “IMPACTO” ya tenemos impacto.
-Alberto, estamos monitoreando tus pulsaciones, es estable, presiona el botón negro de tu hombro, activará el traje, el taladro funcionó de forma instantánea, eres el primer hombre en viajar al interior de un cometa.
-Ok –respondió aturdido. 
-Estamos recibiendo información relevante, tu velocidad triplica los 80000 kilómetros por hora, esto es impresionante. –agregó Carlos.
-¿Cómo te sientes?
-Como una salchicha asada –dijo Alberto.
-Jajaja, veo que no has perdido en sentido del humor
-¡Creo que las cosas se están poniendo calientes aquí! ¿Cuánto falta para atravesar la atmosfera?
-No mucho, solo restan unos segundo, deberías caer en algún lugar pacifico, hemos recibido información sorprendente del traje intergaláctico, sin duda estos cálculos nos permitirán un avance en los estudios de la velocidad de la luz, es muy posible que perdamos comunicación en unos segundos, el cometa se está desintegrando, el granito y la roca se está pulverizando… ¿Me copias Alberto?... ¿Me copias?...
-Atención aquí, llamado a C4, receptor Bruno Jopazo, de la estación espacial, hemos recibido un reporte que proviene del traje intergaláctico, ¿Me copian?, no hay rastro del traje ni de la cápsula de presión, los sensores indican que se ha destruido, no hemos recibido reporte de algún objeto en el pacifico, repito… ¿Me copian?...
-Sí, entendido –dijo Luciano Atónito, mientras miraba el monitor y el rostro de espanto de Carlos.
Después de unos minutos se escuchó una voz:   
-Sí, aquí Alberto Prih, hablo de un inhóspito lugar de lo que sería el pacifico, todo salió mal, no vengan por mí, el traje está bien;  mis sensores marcan algún año desconocido que no puedo descifrar;  una horda de salvajes viene por mí, hay animales y extraña vegetación que no puedo explicar…, ¡Oh! ¡Sato Dios! ¿Qué es eso…?

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lunes, 7 de noviembre de 2016

EL OCÉANO DE LAS TORMENTAS (Oceanus Procellarum)



 La sombra patibularia de la nueva era lunar se reflejó en la astronave, poco a poco aterrizó con sigilo en la planicie recalcitrante del rocoso mar de piedras celestiales. Los “Grises”  descendieron, su traje plomizo y metaloide brilló con una súbita luminosidad que se perdió en la oscuridad del océano sideral. Del platillo ovoide azófar se descolgaron cientos de tubos cilíndricos antimonio. Los aéreos cilindros trasportaban  a los grises por la superficie del satélite a gran velocidad: 
-¿De qué planeta se escaparon los alienígenas? –preguntó un soldado Gris por el fonovisor(Delta1) al Capitán Mayor de la nave (Al-Verón).
-Del planeta Varuna.  Soldado. Fueron apresados cerca de la órbita de Nibíru. –respondió el Zeta Reticuliano.
Al-Verón ordenó inspeccionar la Luna  en búsqueda de los Ciakars. Un grupo de extraterrestres  que están al servicio del poderoso “Eskol”  un Dios demoníaco del planeta Varuna.
¡Aquí están señor! –Exclamó un soldado Gris –los Ciakars se han ocultado en el cráter de Kepler, hay que apresarlos antes de su trasformación señor.
-Delta1,  proceda a capturar a los Ciakars y a la incautación de sus armas.
-¡Oh! ¡Por los anillos de Saturno! –vociferó el soldado gris a orillas del cráter.
-¿Qué ha ocurrido con los Ciakars? ¡Informe! –baladró Al-Verón.
-¡Llegamos tarde Señor! Los Ciakars escaparon.  La trasformación  ha comenzado.
El cráter expulsó los huevos color verde musgo de cinco metros de diámetro, los monstros comenzaron a romper el cascarón, los seres alados de color ocre pardusco y de poderosas escamas azuleadas de reptil observaban los movimientos de los Grises a orillas de la abertura.  Los Ciakars se desprendieron del cascaron hincharon sus alas y se deslizaron sobre el cráter, asechando a los Grises que miraban pasmados sus movimientos.
-Delta1, necesito que capture a los  Ciakars ¡De inmediato! No dejaremos que Eskol se salga con la suya –Protestó Al-Verón.
-¡Entendido Capitán!
Delta1 ordenó por el fonovisor: –Soldados, Grises del segundo batallón, preparen los láseres neutrónicos y diríjanse a Kepler de inmediato–. Los grises obedecieron ordenadamente mientras se deslizaban raudos por los aéreo cilindros.
Los grises instalaron la máquina de láser neutrónico y dispararon a quemarropa. Una ráfaga de destellos fue disparada desde la orilla del cráter de Kepler, pero los Ciakars eran veloces y difíciles de alcanzar.
-¡Delta1! Responda, pudo derribar el objetivo –encaró efusivamente Al-Verón al líder Gris.
-Señor. Han desaparecido, no lo vemos por ningún punto de ataque –agregó Delta1 compungido.
-¡Imposible! Esos monstruos son muy astutos. Llevo más de quinientos años combatiendo con ellos. Y mis antepasados lo hacían del mismo modo. ¡Fíjese bien!  Algunos tienen un potente camuflaje. No baje la retaguardia –dijo Al-Verón por el fonovisor del Gris.
Hubo minutos largos de silencio…después una enorme roca impactó a los Grises, los Ciakars camuflados comenzaron a arrojar rocas lunares desde el cielo.
-¡Señor! Nos atacan con piedras lunares –gritó Delta1 confundido.
-Es un mecanismo de distracción. Tenga mucho cuidado –agregó Al-Verón.
De pronto un Ciakars bajó del cielo a gran velocidad y se posó en frente de un soldado Gris que activaba la maquina láser.   
-¡Santos Universos! –gritó el gris mientras era desgarrado con la mandíbula del monstruo.
-Al-Verón. Hemos perdido a un Gris. El de la maquina láser ¿Cuáles son sus órdenes?-protestó Delta1.
-Envíen a otro rápidamente. No debemos dejar que el miedo nos supere.  –insistió el Gris.
Tímidamente un segundo soldado Gris tomó el mando de la maquina láser. Disparó cuatro ráfagas de alta energía, pero no se vio caer a ningún Ciakars. Se quedó muy quieto por un momento para ver si fijaba la mirada en el cielo de mejor forma, miró a su espalda y vio que un Ciakars lo tomo de los brazos y se lo llevó volado hacia el universo. 
-Al-Verón se han llevado al segundo soldado, están jugando con nosotros –dijo delta1 observando como el Gris desaparecía en el cielo.
-¡Ya regresará! No se preocupe –barbotó Al-Verón
-Señor, me puede decir usted ¿Qué clase de enemigo es este? ¿Qué diantres quiere su Dios de nosotros? –interpeló Delta1
-Quieren la el Grial de Varuna.
-¿A qué se refiere?
-Quieren el Grial para abrir el portal de YTA; es el lugar donde los Ciakars son arrojados como prisioneros; allí están los monstros asesinos más buscados de Nibíru y de toda la galaxia.
-Pero… ¡Que cosas dice! El Grial de YTA, Es el amuleto del Dios Eskol ¿Quién se atrevería a arrebatárselo?
- Nosotros –murmuró Al-Verón en voz baja.
-¿Cómo dice?
-Nosotros Solado –gruño Al-Verón –, y recuerde muy bien con quien está hablando, soy su superior. No lo olvide jamás.
-Me está diciendo señor, que nos persiguen los Ciakars más peligrosos de la galaxia y que no tenemos defensas contra ellos –replicó Delta1 con rabia y espanto –, esto es una locura, es una misión suicida.
-Eso me tiene sin cuidado soldado; yo Al-Verón poseo el Grial del portal de YTA y su valor es incalculable, se los ofreceré a los Dioses de Nibíru –dijo Al-Verón entre dientes.
-¡No es justo señor! Estamos perdiendo a nuestros soldados, solo por el comercio estelar. –se turbó Delta1.
Al-Verón callo por un momento. Y un silencio engañoso se disipó por el fonovisor.
-¡Al-Verón! Un Ciakars se acerca desde el cielo. ¡Por Dios! Son invisibles. Aparecen y desparecen por doquier. ¡Que hábiles son!
Un Ciakars voló sobre el cráter de Kepler y arrojó en su interior los restos de un Gris masacrado y devorado.
-¡Atención! –Dijo un soldado Gris de la superficie lunar –un grupo de Ciakars se acercan por el noroeste, son muchos, nos atacan en grupo… ¡Nos aniquilan!...!Huyan por sus vidas!
Delta1 ordenó insistentemente disparar los rayos láser desde el cráter.
-Al-Verón, seremos aniquilados –dijo Delta1 con espanto – ¡Acaso no lo ve! los Ciakars vienen hacia nosotros, nos superar en fuerza, y  su invisibilidad es insostenible, aparecen y desaparecen cientos de ellos por todo el firmamento, no podemos contraatacar así.
-¿Quiere desobedecer una orden directa? ¡Maldito alienígena! –gruño Al-Verón con rabia empuñando su mano. Haga lo que le digo y deje de quejarse.
Delta1 intentó luchar contra los Ciakars hidalgamente, pero fue muerto por uno de ellos en la orilla del cráter de Kepler. La luna estaba plagada de cuerpos alienígenas por toda la superficie, sus restos caían desde el cielo mientras los monstruos los devoraban por los aires despedazándolos con sus filamentosas mandíbulas, los platillos explotaban ordenadamente y cientos de Grises aullaban de dolor mientras ardían en los aéreos cilindros. El pandemónium se apoderó de la devastada raza alienígena de los Grises. Al-Verón se arrastraba herido por la superficie lunar mientras sus ojos captaban como toda su flota fue aniquilada. Un Ciakars lo vio gemir de dolor en la superficie y lo alzó con sus garras por la espalda.
¡Mátame! ¡Maldito demonio! –balbuceó Al-Verón –, los maldigo a todos ustedes y su infame raza de alienígenas, jamás pactaran con los Dioses de Nibíru, yo soy Al-Verón y tengo el Grial del portal de YTA.
¡Ya no más! –dijo el Ciakars con voz de ultratumba y le arrebató el Grial del cuello.
- Antes de que me mates solo dime una cosa –suplicó Al-Verón –, ¿Con cuántos Ciakars atacaste mi flota?
El Ciakars esbozó una sonrisa diabólica y putrefacta, luego le dijo: fue solo la primera rebelión, esto solo es un grito de horror en la inmensidad …
                            


GTF


domingo, 6 de noviembre de 2016

DINOLÚ

       
                       
1
LA COLONIZACIÓN

Cristian Afrodakis, científico y geólogo lunar, habitaba la luna ya hace más de una década junto a su esposa y pequeño hijo Demetrio. Desde el periodo de colonización las bases lunares alcanzaron su apogeo y los terrícolas comenzaron a poblarla constantemente. Naves de gran magnitud llegaban desde la tierra todas las semanas con toda clase de implementos de construcción y abastecimiento general.
-“En la luna el sol no aparece a menudo” –pensó  Cristian para sus adentros, mientras manejada una probeta en el laboratorio –. “Es más, Hay cosas que suelen suceder sin explicación alguna, las cosas han cambiado mucho desde que empezamos a colonizar”…
El laboratorio estaba construido de un material ligero, un techo cristalizado y transparente; la casa lunar estaba compuesta de tres habitaciones, un living transformable y un comedor con una bella vista a la tierra.
Afrodakis era un buen padre de familia, un geólogo conocedor de la superficie lunar, se ha dedicado a recorrer sus mares con admirable cosmovisión  y ha  analizado todo tipo de hallazgo desde algunos años. Su hijo, el pequeño Demetrio contemplaba a su padre ocasionalmente en el laboratorio, y de vez en cuando, lo ayudaba con los instrumentos de análisis y el ordenador temporal, Demetrio alucinaba con las bellísimas piedras lunares.
Cristian era un tipo alto de ojos negros y pelo castaño, su aspecto de corpulencia acompañaban su altura; habitualmente usaba su traje estelar para protegerse del sol y del viento o cualquier imprevisto que sucedía en cada expedición.
Angélica Cleo, su tierna esposa preparaba la cena en cada ciclo lunar del periodo de oscuridad.
-¿Iras de expedición mañana? –Preguntó Cleo mientras servía el pollo frito y papas en los platos –, ya has visto gran parte de los mares lunares, el de la “Fecundidad”, el de la “Serenidad”, quizás  sea tiempo de conocer otros lugares. –Dijo Cleo pensativa.
-Lo he pensado muchas veces, ya conozco casi todas las planicies de aquellos mares, debo investigar el resto de las planicies más elevadas.
-¿Te refieres a las planicies de Tycho y Clavius? ¿Dónde están los sectores más montañosos de la luna?
-Oh sí,  Creo que ya es tiempo de investigar nuevas rocas, más allá de los límites de la comunidad, iré cerca de las cadenas montañosas “Apeninos”. He tenido información de la tierra  y dicen que ya es posible explorar y recorrer otros parajes –dijo Afrodakis mientras se llevaba un trozo de pollo a la boca.
-¿Qué son los Apeninos papá? –preguntó el niño con su boca llena.
-Son una cadenas montañosas que se encuentran en la tierra, las descubrió Galileo Galilei en la superficie lunar, y desde entonces tienen ese nombre.
El niño miro hacia el cielo, mientras su padre le explicaba con angustiosa serenidad, que solo un científico dedicado y experimentado  puede entregar.
-¿Entonces, pedirás la autorización para la exploración? –insistió Cleo
-Si querida. Mañana por la mañana me comunicaré con la base Galilea “Tierra”
-¿Puedo ir contigo papá? –Preguntó Demetrio moviendo sus manos alentándose, su madre ordenó con su mirada un poco de tranquilidad.
-Esta vez no Demetrio, pero te prometo que una vez acabada la exploración te llevaré para que conozcas los Apeninos.
El niño se quedó mirando a su padre con los ojos brillantes y aceitunados. Respondió con un: “Gracias Papá”, mientras engullía glotonamente su trozo de pollo.
 

2
EL HALLAZGO

A la mañana siguiente Afrodakis se dirigió a su laboratorio y prendió el monitor con conexión directo a la tierra.
-¡Atención! ¿Me copian? Solicito autorización para exploración del sector (L) “Los Apeninos”
-Si señor –respondió una voz femenina–, su solicitud ha sido aceptada. Tiene autorización de la base Galilea “Tierra”, para la exploración del sector (L)
-¡Excelente! Muchas gracias –respondió con su mano en la barbilla.
-Entonces iras de todas maneras –aseveró Cleo mientras entraba al laboratorio con un café en la mano para su esposo.
-Si cariño, soy un científico y geólogo, hace ya varios meses que no he investigado nada y ya la pereza me está obnubilando, las rocas lunares son mi vida.
-Está bien querido solo vuelve para la cena –dijo Cleo abrazando a su marido por el cuello.
El geólogo se dirigió al guarda naves, se puso su traje espacial, tomó sus herramientas  y sacó la moto-cohete. Se despidió de su esposa levantando las cejas tras el casco protector.
Se fue a toda velocidad en dirección hacia Los Apeninos. En la visera del casco se reflejaba el sol enfocando un rayo luminoso, el  paisaje se hacía cada vez más bello mientras avanzaba, la brillantes de la superficie lunar lo enceguecía.
Cuando llegó a la montaña, se deslizó hacia una planicie alta y rocosa, había  millares de  piedras blanquecinas entre el polvo delgado de asteroides. Las piedrecillas se mesclaban con arena plomiza. En un extremo de la cadena montañosa se podía vislumbrar una cueva forjada de forma natural y una entrada pedregosa.
Afrodakis sintió mucha curiosidad por aquella cueva que divisaba desde lejos y pensó: “¡Que buen lugar para investigar!”.  Se bajó de la moto-cohete y comenzó a escalar hacia la entrada de la cueva, estaba polvorienta y corrían ráfagas de viento; prendió su linterna entre las húmedas rocas mientras hablaba para sí mismo: “¡Que belleza arqueológica más impresionante!” Se sintió emocionado y con satisfacción de haber explorado nuevos parajes–. Se dió cuenta que en las paredes del túnel habían diminutos dibujos arqueológicos como jeroglíficos egipcios –pensó–, luego unas rocas llamo su atención, nunca había visto algo así, la roca tenía un aspecto ovalado seméjate a un huevo, que era, en cierto sentido muy extraño; ¿Qué haría  una roca así en la luna? ¿Por qué este parecido a un antiguo y prehistórico huevo terrícola? Decidió no seguir explorando pues la noche lunar es muy fría, baja la temperatura intempestivamente y quedar en las a sombras podría ser muy peligroso. Guardo la roca en su bolso de herramientas y comenzó a descender de la montaña. Se subió en la moto-cohete y partió con rumbo a su hogar.

3

Un huevecillo

-¡Hola mi amor, he llegado! –dijo Cristian Afrodakis con una voz tenue y baja como si ocultara algo.
-No tardaste tanto. La cena ya está lista. Hoy preparé pescado, fui al almacén de los “Giorgatos” y compre el más fresco que hallé. Los contenedores de abastecimiento ya están disponibles…he pensado en preparar un guiso…pero… –Cristian la interrumpió con beso y se sentó en la silla multiuso. 
-¡Cuéntame! ¿Encontraste alguna cosa nueva en tu exploración? –dijo Cleo mientras servía el pescado.
-¡No! En realidad ¡Sí!, es que… –titubeó por un segundo desorientado –, ¡está bien!, he encontrado algo muy distinto, es una piedra extraña ovalada en forma de huevo.
-¿Un huevecillo? ¿Y de qué forma, tamaño, color? ¿Cómo es?
-Es del tamaño de una pelota de rugby, blanco o plomo y está cubierto por una extraña capa fosilizada. Se parece a un huevecillo de dinosaurio, pero ambos sabemos que eso es imposible. Aquellos se extinguieron hace sesenta y cinco millones de años, mucho antes de la colonización lunar.
-¿Qué son los Dinosaurios Papá? –preguntó Demetrio sin entender la conversación de sus padres.
-Son un grupo de Reptiles que aparecieron durante el periodo Triásico pero que después se extinguieron por la caída de un asteroide –bueno si, en teoría–, en la Tierra se hablaban mucho de ellos y la ciencia trato muchas veces de imitar su instinto para cazar y devorar especies inferiores, pero nunca se obtuvo tal resultado.
-¡Yo quiero un Dinosaurio Papi! –dijo el niño con un trozo de pescado en su boca.
-¿Y qué harás con el huevecillo? –preguntó Cleo mientras se limpiaba la boca del niño con delicadeza femenina.
-Lo encapsulé. Aún está húmedo, estoy seguro que debe haber agua en esa cueva.  Lo dejé en el laboratorio para examinarlo y hacerle las pruebas pertinentes, debo asegurarme de que se encuentre en buenas condiciones, eso sería lo más apropiado por el momento.
-¿Informaras a Galilea “Tierra”? Puede ser peligroso tener eso en casa –dijo Cleo esperando un “Sí”  de respuesta.
-No lo creo amor, debo estar seguro, prefiero trabajar por la mañana, hacer todos los análisis de rigor e informar a la Tierra los resultados cuando llegue el momento.
Cleo miró a su esposo sin hacer ningún comentario, mientras preparaba el postre y lo sirvió tiernamente en la mesa.

4

EL NACIMIENTO

Un rayo de sol entró por la ventana de la habitación y le dió justo en los ojos de Afrodakis mientras dormía en su cama. Se levantó de golpe y recordó aquello que había encontrado en Los Apeninos. Fue hacia el laboratorio y sacó el huevecillo de la cápsula, se veía en buenas condiciones, lo saco y lo puso en una mesa quirúrgica, prendió su ordenador y comenzó el análisis químico.
-¡Computadora! Espero resultados
La máquina comenzó a trabajar velozmente mientras las manos mecanizadas manipulaban el huevecillo en sumo cuidado
-¡Computadora! Entregue informe solicitado: Ya es efectivo señor, existe un ser viviente dentro del huevecillo con características Pre-históricas, o más bien, de la pre-historia de los terrícolas.
-¿Qué? ¿Está segura computadora? –exclamó conmocionado.
-Sí señor, así lo muestra los análisis.
-¿Cuál es el protocolo o procedimiento a seguir en estos casos?
-Es necesario comprobar la viabilidad del huevo, señor.
-Tiempo estimado de nacimiento, quince días Señor.
Afrodakis trató de mantener la calma con el asunto del huevecillo, por lo tanto, estimó que no sería necesario dar aviso a la tierra hasta tener certeza del nacimiento de la criatura.
Pasaron los quince días  y el huevecillo estaba preparado para nacer, Afrodakis estaba entusiasmado con la idea de tener una mascota en la casa aunque fuera un poco diferente a lo que recordaba en la tierra. Llamó a toda la familia para que presenciaran el suceso en el laboratorio.
-¡Vengan todos está a punto de nacer! –Dijo Cristian con un entusiasmo que solo un niño podía comprender.
Entre  las cascaras de huevo se dejaba ver una criatura de color blanco con el cuello alargado y muy fino, tenía dos patas delanteras y una trasera, una cola alargada, ojos negros saltones, boca pequeña y nariz redonda.
-¡Mira mamá! Qué bello es…es un poco blanco. ¿No lo crees? –Dijo el pequeño con sus ojos de huevo fritos.
-Es una especie muy parecida a los que se extinguieron hace miles de años en la tierra, solo que este es gracioso y tiene tres patas –agregó Afrodakis mientras observaba una cascara de huevo con su lupa.
El dinosaurio comenzó a abrir  y cerrar sus pequeños ojos  a una velocidad impresionante, casi fotográficamente  y  se alimentaba de pescado o pollo frito, o cualquier desecho sobrante,  que podía hallar en su cápsula; A estas alturas ya se encontraba gozando de la hospitalidad de la familia, podía respirar perfectamente y  Afrodakis pensaba que, en el futuro,  podría transformarse en un experto guía sabueso para sus investigaciones.
-¿Y qué es lo que comerá esta criatura? –preguntó Cleo un poco confundida.
-No lo sé. Pero hasta el momento ha comido todo lo que encuentre –contestó el geólogo con una sonrisa en sus labios.
-¡Papá! Y ¿Cómo se llamará el Dinosaurio? –Preguntó el niño.
-no se me ocurre ningún nombre entretenido hijo, a juzgar por esta rara especie, creo que por el momento lo llamaremos Dinolú, el primer dinosaurio nacido en la luna.
-Me gusta ese nombre –Agregó Cleo–, es tan pálido, parece un fantasma, tiene su hocico algodonado.    
Paso el tiempo y el dinosaurio comenzó a crecer, su rostro estaba más desarrollado y evocaba una sonrisa que se confundía entre la boca y su nariz, podía dar grandes saltos con su pata trasera y corría con las delanteras como un fugaz trípode.
-¡Papá! Mira, Dinolú  está saltando –dijo Demetrio–, al parecer ya tiene fuerza en las patas y son tremendas –masculló el niño mientras acariciaba al dinosaurio.
-Mañana lo llevaremos de expedición. Es hora de probar a este nuevo sabueso planetario. Iremos juntos Demetrio, tendrás la oportunidad de conocer “Los Apeninos” el lugar de donde proviene Dinolú. –señaló el Afrodakis muy emocionado.
¡No será peligroso para el niño! –agregó Cleo un poco sorprendida por la decisión de su marido.
-No cariño, nuestro hijo ya está grande. Es hora de que se familiarice con la montaña y la exploración. Cuando grande será un gran Geólogo Lunar, además, es bueno que de interactué con nuestra mascota y conozca sus virtudes. Se llevaran bien, ya puedo sentirlo. –dijo el padre orgulloso mientras acariciaba  el frondoso cabello de su hijo.

5

GRANITÓN

Al día siguiente Afrodakis y Demetrio se levantaron muy emocionados, partieron al guarda-coches, y encendieron la Moto-Cohete más grande que encontraron; tenía dos cómodos asientos y un micro-carro adherido donde  el dinosaurio se subió de un brinco. Cleo les entrego una bolsa de papel con emparedados para el almuerzo del día y partieron rumbo a “Los Apeninos” La amorosa madre beso a su esposo e hijo y acarició a Dinolú  por su lomo.
-¡Que tengan un buen viaje! ¡Mucho cuidado! –dijo Cleo entre el ruido de la Moto-Cohete. Alejándose rápidamente.
Cuando llegaron a la montaña, subieron caminando hasta la cueva pedregosa donde Afrodakis encontró al dinosaurio. Una vez en la cueva tomaron un descanso.
-¡Mira papá! Que bellos dibujos –exclamó el niño asombrados.
-¡Son una especie de jeroglíficos! De alguna época antigua –murmuró Afrodakis –, es muy  probable que estas ruinas lunares fueron habitadas por seres extraterrestres, quizás alguna raza alienígena que ya conocía a los dinosaurios antes de la era terrícola.
-¡Oh! ¡huauuu! –rezongó el niño –. ¡         Sorprendente! ¿Podremos saber de dónde viene Dinolú papá?
-¡La verdad! No lo sé, hijo. Por eso estamos acá, para conseguir algunas respuestas.
El padre y su hijo caminaron por el interior de la grandiosa montaña hasta llegar a un alto bloque de piedra color calipso.
-¡Que enorme! –Susurró Demetrio –, quizás podamos moverla.
-Lo intentaré –dijo Afrodakis removiendo el colosal bloque con su picota galáctica.
Una luz rutilante empezó a salir por los bordes del alto bloque de piedra, seguido de un viento que soplaba generosamente por la entrada rocosa de la enorme puerta. La luz se apagó lentamente, dejando ver un enorme símbolo en forma de trípode. Afrodakis tomó de la mano al niño y entró por el umbral de piedra calipsa. Dinolú los siguió emocionado mientras saltaba con su pata trasera. Delante de sus ojos se avizoraba un frondoso bosque de ancianos arboles de piedra, sus filosas ramas caían por la gravedad en forma de círculos que giraban con el viento. Los arboles brillaban en diferentes colores, sus tonos violáceos, amarillos y purpurinos resplandecían alternadamente como notas musicales.
-¡Mira papá! Es hermoso, ¿Cómo es posible que existan tan bello lugar en las profundidades de la luna? –dijo el niño asombrado.
-Tampoco lo puedo creer hijo mío. Lo reconozco, estoy tan sorprendido como tú. –tartamudeó Afrodakis con la boca abierta de asombro. Mientras Dinolú se acomodaba debajo de los pies del geólogo; extrañamente reía de felicidad y ansiedad. Movió su cola de un lado para el otro, luego se acicaló con sus patas delanteras.
De pronto un silbido extraño y denso, seguido de un temblor que azotó los pies de los visitantes. Unas pisadas gigantescas se escuchó hacia lo lejos; pero el sonido tumbó cada vez más cerca de los excursionistas lunares; éstos de detuvieron y se miraron con detención:
-Papá. ¡Escuchas eso! Son pisadas. Y vienen hacia nosotros, proviene desde el bosque de piedra. –dijo Demetrio.
Afrodakis protegió a su hijo y ordenó al Dinosaurio quedarse quieto.
-¡Mira es un hombre de Piedra! –dijo Afrodakis emocionado y asustado a la vez.
- Cof cof cof ¿Quién anda ahí? –dijo el coloso gigante de piedra caliza.  
Afrodakis no quería asomarse, pero el dinosaurio corrió hacia el hombre de piedra con extraña familiaridad. El niño salió detrás de él sin que el padre pudiera reaccionar.
-¡Somos visitantes! Venimos de la superficie.  Buscamos  el hogar de Dinolú, nuestra mascota lunar,  ¿Quién eres tú? –Preguntó el niño con curiosidad – ¿Puedes ayudarnos?
-Yo soy Granitón, guardián del bosque de “La tranquilidad” –contestó el gigante en  una sólida sonrisa,  moviendo sus labios de piedra de un lado para el otro.
-¡Oh! –exclamó Granitón–, ya he visto esta especie de mascota en el bosque de ancianos, eran cientos de dinosaurios juguetones. –habló el coloso.
-¿De dónde provienen los dinosaurios trípodes? –preguntó Afrodakis con asombro.
De  los viejos cimientos del castillo de KAN –aseveró el hombre de piedra –, bueno, por lo menos los que quedan. En la antigüedad la luna estaba habitada por cientos de dinosaurios trípodes, pero lamentablemente un meteorito calló y destruyó todo a su paso. Solo sobrevivieron unos pocos. Y desde entonces se refugiaron  en el interior de la luna, crearon una gran fortaleza para su protección, en la “Boca” de Los Apeninos.
-¿Y cómo podemos hallar ese Castillo? –preguntó Demetrio.
-Beben cruzar el bosque de “La Tranquilidad”, al final  encontraran un gran bloque de oro vigilado por el poderoso  y sabio Selemín. –dijo el gigante rocoso mientras  devoraba un alargado arbusto de fino granito.
-¿Quién es  ese sabio y poderoso vigilante? –inquirió Afrodakis.
-¡No lo puedo revelar! –Cada guardián vigila su propio umbral en la Boca de Los Apeninos –, tendrán que llegar a él y  sabrán a qué me refiero, queridos visitantes de la superficie. –habló el hombre de piedra con voz estridente, mientras se frotaba la panza con sus graníticas manos de roca lunar.
Dinolú aulló hacia el gigante con un sonido largo y agudo, el aullido se expandió en el frondoso bosque de La Tranquilidad; las ondas sonoras de Dinolú produjo un cambio en las tonalidades violáceos, amarillos y purpurinos de los ancianos árboles; luego, tarareó un silbido melodioso y mágico que llenó  de gozo al gran hombre de piedra, éste lo tomó con su poderosa mano granítica, lo dejo en su palma de roca, mientras el dinosaurio saltaba con su fuerte pata trasera  y aullaba  graciosamente con su redondo hocico.

6

LOS GUSARAPOS

 ¿Cuánto más faltará? Padre. ¡Estoy exhausto! –dijo el niño acomodando su casco y botas espacial.
¡No lo sé! Hijo mío. Espero que falte poco. –respondió Afrodakis mientras Dinolú devoraba pequeños frutos que se desprendían de las raíces coloreadas de los ancianos arboles de granito.
-¿Qué está comiendo papá?  -preguntó curiosamente el niño.
-Son frutos de norita, veras, cuando comenzó la colonización se encontraron muchas de estas semillas en la superficie lunar, luego desaparecieron sin explicación alguna.
-¿Será posibles comerlas? –agregó Demetrio
-¡Si, claro que sí! Los primeros colonos se alimentaban de estas semillas.
Padre e hijo se pusieron en cuclillas y junto a su mascota comenzaron a demorar las vastas semillas una por una hasta quedar rechonchos de tantas noritas, Dinolú hecho sus patas y mostró su barriga de globo. Los visitantes descansaron por un rato a orillas de un hermoso árbol de piedra granita de color violeta, y poco a poco sus ojos se cerraron… el tiempo pasó…
- ¿Quiénes son ustedes? –preguntó una voz que despertó a los visitantes de sopetón.
-¿Quién anda ahí? –respondió Afrodakis asustado.
Se escuchan pequeños alaridos como si unas criaturas grandes y gordas se arrastraran y escondieran detrás de los árboles de granito con gran agilidad.
-¡Somos los Gusarapos! –rieron las criaturas con soltura, mientras brillaba su pelaje amarillo.
Detrás de los árboles se asomaron  dos orugas del porte de un camello terrestre, con enormes y expresivos ojos verdes redondos. Los Gusarapos se acercaron a los visitantes lentamente, arrastrando su hermoso pelaje amarillo miel.   
¡Huauuu! –Exclamó el niño–, son orugas lunares, pensé que solo existían en los cuentos que lee mi mamá.
¡Es increíble! –Murmuró Afrodakis.
-¡Fuimos enviados por Granitón! –Dijeron los Gusarapos al mismo tiempo, luego rieron a carcajadas –para su traslado y protección hacia el portal de Selenín.
Dinolú frotó su blanco lomo en el amarillento pelaje de los Gusarapos, en señal de confianza.
-¿Cuánto nos queda para traspasar el Bosque de la Tranquilidad y llegar al segundo portal? –preguntó Afrodakis con impaciencia. Esperando que los Gusarapos tuvieran buenas noticias.
-Son solo tres kilómetros más –respondieron los Gusarapos al unísono -, pero debemos cruzar “El mar de las Crisis” un lugar desolado donde habitan extrañas bestias de ultratumba lunar.
-¡El mar de las Crisis! –pronunció el niño mientras tragaba saliva.
-¡Sí!–refunfuño un Gusarapo –, pero no se preocupen visitantes…, está todo bajo control, somos orugas de tierra y de agua, en ocasiones merodeamos la superficie lunar; así que…estaremos bien, solo permanezcamos unidos. –dijo el segundo Gusarapo.

Los Gusarapos se acercaron a los visitantes lentamente y se inclinaron para que Afrodakis y el niño los pudiera montar su pelaje, Dinolú brinco sobre el cuello de un Gusarapo colgándose fofamente. El pelaje de los Gusarapos se adhería firmemente a la piel de los visitantes dando un aspecto frondoso y acolchonado que generaba bastante comodidad y acilo a los excursionistas. Los Gusarapos muy risueños se sintieron agradados con sus nuevos amigos.
¡Muy bien muchachos! –Gritaron  los Gusarapos al mismos tiempo -, es hora de partir. ¡Agárrense firmemente! Que ya nos vamos.
Las graciosas orugas no tardaron en tomar velocidad, el cabellos de Demetrio serpenteaba dentro de su casco especial, los ojos de Afrodakis parecían más redondos de la impresión y el rostro de Dinolú se redondeaba con el viento como un mono de nieve; a pesar del aspecto rechoncho de los Gusarapos eran unas orugas muy agiles y fuertes.
-¿A qué velocidad vamos?  -preguntó Afrodakis
-A la velocidad del rayo –contestaron las orugas simultáneamente.
-¿Es eso posible o estaré loco? –se cuestionó Afrodakis
-ósea, eso es 140.ooo mil kilómetros por segundo, ¿La mitad de la velocidad de la luz? –analizó el geólogo asombrado por la potencia de los Gusarapos.      
-¡Excelente  viaje amigos! Hemos llegado, solo tardamos tres segundos. –exclamó la oruga mayor.
-¡Muy bien! Es un nuevo record. Solo un segundo por cada kilómetro. –agregó la oruga menor.
Los Gusarapos se miraron fijamente y después explotaron en una risa jolgoriosa hasta caer las lágrimas. Los visitantes no tardaron en contagiarse con la simpatía de las orugas y rieron apretando el vientre con sus manos, Dinolú se paró en su pata trasera y dio varios brincos en el peludo contorno de las orugas.
-¡Ah! ¡Qué risa que me da!, Bueno, creo que hemos llegado, enfrente de ustedes está “El mar de las Crisis” –dijo el Gusarapo mayor con un leve temor en sus grandes y redondos ojos verdes.
Los visitantes estaban a la orilla del mar, negruzco y misterioso, en el horizonte un cielo violáceo y rojizo con nubes algodonadas y  anaranjadas; extrañas aves se zambullían en el agua atrapando unos pececillos triangulares y cuadrados; y en la playa, se escuchaba el tronar de tenebrosos sonidos que provenían de inimaginables animales y especies innombrables de las profundidades. Los Gusarapos y los visitantes se cobijaron mutuamente, mientas un escalofrío subía súbitamente por sus pies. Afrodakis abrazó a Demetrio y Dinolú pronuncio un sonido penoso, como el llanto de un cachorro.  Las orugas encallaron en la misteriosa playa.

7

EL MAR DE LAS CRISIS

-¡Bueno muchachos! Que el miedo no nos detenga, ya estamos aquí –dijo la oruga menor mostrando sus dientes con una risa nerviosa.
¿Es el único camino que existe? –preguntó Demetrio afligido.
-Mmm. Me temo que sí, desde que dejamos de habitar la superficie, solo nos queda este camino hacia el castillo de KAN. –dijo la oruga con un poco de aflicción
-Y, ¿Por qué le llaman el mar de las crisis? –inquirió Afrodakis.
-Porque sus aguas oculta la hostilidad de la luna, aquí es el único lugar donde aún perdura la agonía de las criaturas que escaparon del meteorito.
-¡Esperemos que algún día encuentren la calma! –sollozó la oruga mayor.
Los gusarapos se sumergieron en las aguas de las crisis, y se inflaron como dos flotadores de plástico. Su pelaje se hizo más abundante e impermeable, las orugas estiraron sus patas o pseudopatas de forma vertical, las cuales comenzaron a dar vueltas de forma circular; tal como las hélices de un helicóptero. Sus graciosas patas generaban propulsión en las aguas.
-¡Ok! ¡Muchachos! Es hora de subir, debemos llegar del otro lado, a las puertas del príncipe Selenín. –exclamaron las orugas con gran entusiasmo.
Afrodakis y el niño se montaron en la oruga menor, Dinolú se zambulló en la profundidad del mar y saltó como un cohete haciendo una divertida pirueta en el aire, luego se deslizó con rapidez por el dorso del gusarapo mayor.
Los gusarapos emprendieron su viaje, junto a sus peculiares visitantes excursionistas de las superficies. Los pececillos triangulares y cuadrados daban pequeños saltos alrededor de los gusarapos mientras navegaban, algunos saltaban tan alto que Dinolú los agarraba con su hocico, luego los liberaba sin hacerle daño.  
-¡Que bellos pececillos papá! –Dijo el niño –, me gusta su forma geométrica. ¡Mira! Son cientos, ¿O quizás miles? ¿De dónde vendrán?
Los excursionistas miraron las profundidades del mar.
-¡Mmm. Grandioso!  Parece que proviene de aquellas rocas, en las profundidades. –Agregó Afrodakis.
-¡Pero, Papá! ¿Qué rayos es eso? ¡Santas Galaxias! Hay algo en el mar, algo se está asomando. –dijo Demetrio sorprendido.
Los excursionistas y los gusarapos quedaron en suspenso por un momento…, de las profundidades emergió una colosal cabeza de forma elíptica con una punta membranosa, parecida a los calamares terrícolas; que alzó sus tentáculos hacia el cielo dejando en claro a sus visitantes su presencia.
-¡Quien se ha atrevido a invadir mis aguas! ¡Hablen insectos! –exclamó el calamar   geométrico mientras tragaba pececillos triangulares.
-¡Somos amigables! Vamos a las puertas de Selenín –contestaron los gusarapos asustados.
-Todo aquel que vaya a las puestas de Selenín, es mi enemigo –replicó el calamar – solo yo navego por estas aguas. Ahora ustedes, serán mi cena. –se rio tétricamente el calamar geométrico mientras alzaba su aberrante y colorida cola hacia los visitante, como un gran martillo.
-¡Oh, oh! Creo que es hora de nadar, este gigantón se enojó. –corearon los gusarapos con impaciencia. Sus graciosas patas de hélice giraron más deprisa.
-Muy bien. ¡Afírmense! Debemos escapar. Nos sumergiremos en un instante –ordenaron los gusarapos.
Los visitantes activaron su casco espacial a modo inmersión y se adhirieron firmemente al pelaje de los gusarapos; una vez zambullidos se percataron que Dinolú era un gran nadador y detrás de sus patas delanteras se desprendieron unas preciosas y trasparentes branquias color celeste, esté parecía sonreír mientras se sumergía abrazado al gusarapo.  Las orugas nadaban con gran precaución. Mientras el calamar geométrico los perseguía por las aguas con el firme propósito de devorarlos. El calamar se daba impulso con sus enromes tentáculos en las oscuras y gelatinadas aguas.
¡Allí! –Señaló el gusarapo menor –hay una cueva, escondámonos. ¡Pronto!
Los gusarapos atravesaron la cueva rápidamente, y de pronto, una enorme boca con diminutos filamentos intento atraparlos. Pero los tentáculos del poderoso calamar geométrico se enredaron en la cueva de rocas submarinas.
-¡Ufff! ¡Rayos! Estuvo cerca, creo que lo dejamos atrás. –dijo el gusarapo mayor.
-¡Qué gran boca tenía ese cetáceo! –agregó Afrodakis.
Los gusarapos nadaron hacia la superficie.
¡Oh! Que grandes tentáculos papá. ¿Y Dinolú? –preguntó el niño buscando por rededor con su mirada.
Dinolú salió del agua como un fugaz petardo, y se montó en el gusarapo menor.
¡Aquí estas! –Exclamó el niño aliviado –, ya había olvidado que eres un excelente nadador, y muy vivaz.
Los gusarapos siguieron el rumbo definido fuera de todo peligro. Las aguas poco a poco se calmaron y se tornaron en una diáfana transparente salinidad, los pececillos triangulares y cuadrados comenzaron aparecer nuevamente por doquier, y en infinitos colores danzaban en la superficie del mar y en la quietud del aire. En el horizonte cercano ya se podía avistar el magnífico portalón dorado del príncipe Selenín. Hermosas  y coloridas aves geométricas de múltiples formas rodeaban toda la playa dando la bienvenida a los visitantes.
   
8

EL PRÍNCIPE SELENÍN

Cuando llegaron a la orilla de la playa, los gusarapos se desplegaron y los visitantes descendieron de sus frondosos lomos, comenzaron a sacudirse para desprenderse del agua y de las algas enredadas en su pelaje amarillo miel, con sus lenguas apaisadas lamian sus pequeñas y filamentosas  patas de oruga lunar. Los visitantes fueron recibidos por una horda de aves geométricas multicolores que cantaban hacia el cielo; Dinolú se entusiasmó y contó junto a las aves en un bello concierto de melodías ancestrales.
Los visitantes y los gusarapos de acercaron al gran portalón dorado.
-¡Vaya! Es sorprendentemente hermoso –dijo Afrodakis –, tal como en la tierra, habían  muchas culturas  que utilizaban el oro,  pero nunca encontré en los libros antiguos algo  sin igual.
-¿Qué es el oro papa? –preguntó el niño.
-Es un antiguo metal de las civilizaciones terrícolas ancestrales, fue utilizado durante un tiempo como intercambio por algo que llamaban “Dinero”, luego desapareció. Es increíble que esto esté aquí en la luna –dijo el científico emocionado.
-¡Bueno! ¡Heee! ¿Alguien sabe cómo abrir este enorme portalón?  -murmuró Demetrio.
Los gusarapos se miraron desconcertados. Dinolú se acercó al portalón y comenzó  a cantar una tranquilizadora melodía.
-¡Oh! Está dando resultado. ¡Sigue Dinolú!, no te detengas, las puertas están abriendo. –gritó Demetrio emocionado mientras abrazaba al dinosaurio.
Afrodakis observaba todo con su boca abierta, y los gusarapos jadeaban con la lengua afuera. Una luz rutilante se asomó por los contornos de la puerta. Los visitantes entraron por el portalón curiosamente. Un palacio de mármol afloró delante de sus ojos, en sus extremos había grandes pilares de oro y piedra granita; múltiples estatuas  de piedra caliza se posaban en sus altares como gárgolas góticas; y en el centro del palacio, había un enorme sitial de oro y rocas lunares, en ella estaba sentado el gran Selenín, un gigante selenita de  ojos rojos ovoideo y un delgado cuerpo gris; llevaba una capa aterciopelada y una corona de oro y granito. Selenín se levantó de su trono y les dijo:
-¡bienvenidos queridos excursionistas de la superficie! He estado esperando vuestra llegada. Un gusarapo mensajero del gran Granitón me ha avisado su espléndida aventura por el mar de las crisis, y veo que han tenido éxito escapando del calamar geométrico, estoy muy sorprendido de la hidalguía del pequeño dinosaurio trípode,  que con su canto ha dado paso a vuestras visitas por las enormes puertas de mi palacio.
Los  visitantes hicieron una reverencia delante de los pies del gran Selenín, los gusarapos agacharon su rechoncha cabeza tiernamente en señal de respeto.
-hemos venido de la superficie su alteza –dijo Demetrio –,  de un lugar llamado “Los Apeninos” he venido con mi padre y con Dinolú…
-¡Los Apeninos! Dices pequeño terrícola –interrumpió Selenín –, recuerdo muy bien ese lugar, es allí donde cayó el cometa.
-¡Así es! –Agregó Afrodakis –, los terrícolas lo llamamos así, en aquel lugar encontré el huevecillo, que después resultó ser Dinolú.
¡Mmm! Así que este es Dinolú. Hace muchos años que no veía un dinosaurio trípode como este, ¿Me permiten observarlo? –dijo Selenín con un tono solemne.
-sí, claro que sí –respondió Afrodakis.
Selenín se levantó de su trono y se acercó a los visitantes, los gusarapos retrocedieron deslizando su rechoncho pelaje; el gigante selenita agacho su alargado cuerpo y observó a Dinolú de costado; el dinosaurio sonrió y se acicaló con sus patas. Selenín extendió su gigante y alargada mano y Dinolú no tardo en brincar sobre su palma y hacer piruetas en el aire. Selenín quedó mirando al dinosaurio mientras pensaba…
-¡Mmm! Me temo que este dinosaurio pertenece a la realeza del castillo de KAN, allí se concentran un gran número de este ejemplar.
-¡Oh! ¿Qué? Entonces… ¿Dinolú es un rey? –preguntó emocionado el niño.
¡No lo sé exactamente! Pero él pudo abrir el portal de oro con su canto, y solo los antiguos dinosaurios trípodes tenían dominio con su canto. –agregó Selenín mientras bajaba al dinosaurio con su mano.
-Entonces su alteza… ¿hay más dinosaurios como Dinolú en el castillo de KAN? –intuyó Afrodakis convencido de la hazaña.
-¡Así es! Mis queridos y pequeños visitantes, pero para ellos deberán abrir el gran pórtico de KAN y rescatar a los dinosaurios, están allí refugiados desde que cayó el meteorito en la superficie, es hora de liberarlos; pero yo, ya estoy muy viejo, y soy el último de los selenitas gigantes, mi tiempo ya se termina; he sido muy feliz reinando en el interior de la luna, sé que mis antepasados volverán en algún momento de otro planeta y quiero que cuando vuelvan encuentren la luna como era antes, con estos maravilloso dinosaurio trípodes y los fieles y graciosos gusarapos habitando en la superficie –dijo Selenín con sus brillantes y rojos ojos cristalizados.
Los visitantes y los gusarapos se abrazaron mientras escuchaban las palabras de Selenín. Dinolú aulló tristemente como un cachorro pidiendo cariño.
-¿Y cómo podremos llegar al castillo de KAN, y liberar a los Dinosaurios? –preguntó Afrodakis.
El gigante selenita estiró su alargado cuello y sacó una llave que pendía centellas de oro y de fragor.
-¡Con esto! –Dijo Selenín –, con la llave de los sueños, la he guardado por siglos, esperando el momento para liberar a mis amigos, ahora es el momento, por fin podré descansar en paz.
Selenín colgó la llave en el cuello de Dinolú  suavemente.
-¡Ahora acompáñenme! El tiempo apremia. Los llevare el portal del castillo de KAN –insistió Selenín enfáticamente.
Los visitantes siguieron al gigante por los pasillos de palacios, hasta llegar a un gran pórtico de cristal y diamantes petrificados. Selenín apunto con su dedo y explicó:
-Detrás de este pórtico se encuentra el camino hacia el castillo de KAN, solo deben llegar hasta el final del pasillo y encontraran el panteón de las nuevas almas lunares, deben abrirlo con la llave de los sueños, como verán, por su pequeño tamaño, solo ustedes podrán hacerlo; estoy muy agradecido mis queridos visitantes, les deseo buena suerte. –dijo Selenín con gran elocuencia mientras se despedía de los excursionistas.
Dinolú llevaba la llave de los sueños muy dichoso en su cuello, los excursionistas y los gusarapos traspasaron el pórtico de cristal, y caminaron por el pasadizo de las nuevas almas, al llegar al final del corredor Dinolú tomó la llave de los sueños con su hocico y abrió el panteón.
Cuando traspasaron la puerta los sorprendió una enceguecedora luz que les dio en la cara, poco a poco se fue apagando, dejando ver un hermoso castillo de piedra granita en el horizonte, los dinosaurios y gusarapos estaban por doquier, Dinolú corrió hacia una pareja de dinosaurios que bebían en un lago fosforescente y se abrazaron cariñosamente.
-¡Papá! Creo que ellos son su familia –dijo el niño dichosamente.
-¡Es sorprendente! Hijo mío, hemos liberado a estos dinosaurios, tu madre estará muy orgullosa de ti.
Los gusarapos se unieron y comenzaron a danzar alrededor de los dinosaurios. Dinolú cantó una hermosa melodía al unisonó junto a cientos de dinosaurios trípodes. Y todos juntos comenzaron a caminar hacia la superficie lunar de “Los Apeninos” La hora de volver había comenzado.                                           
                                                                           FIN
                                                                          
     GTF.