viernes, 21 de septiembre de 2018

A MODO DE BROMA



A

─¡No dejes el pescado afuera! ─dijo Jeannette, con fastidio. La última vez lo dejaste afuera y se llenó de moscas.
─¡Esta bien, mamá! ─contestó el niño, mientras sacaba los platos de la mesa.
─¿Y qué tiene de malo las moscas, mamá? ─Refunfuño el niño ─, solo buscan la forma de alimentarse.
─Eso no es del todo exacto ─masculló Jeannette ─, la carne de pescado al descomponerse atrae a las moscas, y estas a su vez transmiten infecciones;  Así que  ¡Trae ese pescado para acá!  ¡Guárdalo en la cocina!, ¡niño por Dios!
─Pero a mí me gustan las moscas, mamá…, no te he dicho, pero a veces me las como… ─Se quedó pensativo el niño, como esperando el regaño de su madre.
─Pero ¿qué has hecho? ¡Niño tonto! Acaso no sabes  que los niños que comen moscas se trasforman en mosca ─farfulló Jeannette, y sus ojos se hincharon como bombillas ─, ruega a dios que por la noche no empieces  con dolor de barriga.
El niño se quedó paralizado por un momento, luego repuso:
─¡Ah, mamá! Es mentira… ¿Verdad? Los niños no son moscos ─el pequeño sonrió en tono de burla, la madre lo miró y negó con su cabeza de hito a hito.
─¡Ok! Si no me crees, no te diré nada ─contestó Jeannette ─, por ahora quiero que vayas a dormir, y mañana hablaremos tendremos esta charla de las moscas y el pescado.
─Bueno mamá ─, el niño obedeció y subió a su alcoba a dormir.
A la media noche, en el silencio de la casa, sucedió algo inexplicable, una especie de capa escamosa cubrió la piel del niño de forma esporádica, y se le adhirió a su rostro, piernas y manos. La membrana esclerótica era tan poderosa que el niño vociferó asustado llamando a su madre:
─¡Ay! ¡Mamá! ¿Qué es esto? ─preguntó mientras rosaba sus pliegues de la cara con las manos.
Jeannette corrió lo más deprisa que pudo para ayudar a su hijo
─¡Santo Dios! ─dijo sorprendida con sus manos en las mejillas─, ¡te lo dije! ¿Por qué no haces caso cuando te digo las cosas?, ahora, vas a ser el niño mosco del barrio, y no podrás ir al colegio mañana así que…, tendremos que llamar a un médico.
¡Buaaaa! ─el niño solo lloraba mientras lo regañaban. ─No quiero a ningún médico aquí ─gimoteó
─Y además…, te he dicho que esa mala costumbre de comer moscas iba a traer consecuencias, aparte de ser asqueroso, no me imagino que tenga un buen sabor…
Jeannette hizo una leve mueca de pudor y regresó a su cuarto.
-─¡Buaaaa! ¡Mamá! ¿saldrá esto de mi cara? ¿Mamá…?
Al día siguiente cuando el niño despertó, vio a un tipo con un traje de blanco a la orilla de su cama.
─¡Estarás bien! No te preocupes ─dijo el científico mientras acariciaba al niño en la cabeza, en el bolsillo de su chaqueta decía: <<Doctor: Paspala Werner, Asuntos Internacionales, NASA>>
─¿Cómo te llamas, querido…?
─¡Buaaaa! ¿Quién eres tú…?
─Es hora de que te calmes niño. Hemos venido para ayudarte, estamos a 24 horas de la trasformación.
─¿Trasformación...? ─susurró el niño─. Lucas. Me llamo Lucas ─dijo puchereando. 
─Bueno Lucas. Tu madre nos ha contado la situación que tenemos aquí.
Lucas se levantó de la cama frenéticamente y fue al baño de su habitación, se miró al espejo mientras intentaba lavarse los dientes ─o lo que fuera que tuviera en su boca─ hizo unos gestos de espanto seguido de un grito que hizo vibrar el espejo. Se agarró las mejillas e hizo un ademán de impresión, como una <<O>> (de la pintura: “El Grito”)
─ ¡Soy un maldito mosco! ─exclamó Lucas─. Es verdad. Soy el mosco del barrio, tal como lo advirtió Mamá.
El científico se apoyó en la puerta del baño con un gesto muy serio y elocuente, casi como si disfrutara del momento: <<¡no está nada de mal!>> pensó, y luego se acercó al chico colocándole las manos  sobre los hombros para consolarlo.
─¡Lucas! ─interrumpió la escena Jeannette─. ¿Qué sucede aquí? ¿Y quien es usted?
─Soy el Doctor Paspalas, científico de la NASA, me tomé la libertad de entrar, no se preocupe señora, tenemos todo controlado, y los equipos de investigación ya vienen en camino.
Hubo un silencio incómodo, o más bien, un silencio desconcertante que no encontraba explicación para tamaña locura.
─¡Perdón, escuche bien? ¿la NASA dijo…? ¿Qué tiene que ver la NASA con mi pequeño Lucas?  ¡llamaré a la policía! –sacó su celular y marcó la línea de emergencias.
-Señora, la policía esta al tanto de lo sucedido, les informamos a primera hora, no se preocupe, la situación esta controlada. 
─¿Controlada…? ¡Podría Usted ser más preciso! ─Jeanette colgó el celular y abrió sus gigantes ojos castaños en señal de interrogación.
─Su hijo está a punto de sufrir una trasformación sin precedentes señora, la hemos estado monitoreando, y usted precisó: <<! si sigues comiendo moscas, te convertirás en una de ella!>>, lo dijo el día de ayer a eso de las 14:00, más o menos, a la hora del almuerzo…, pues… ─el científico se palpó la barbilla y carraspeó─, Lucas engullía en secreto aquellas moscas, lo vimos por el monitor satelital. Y la NASA, ha estado experimentando en secreto con la <<Maquina de Bromas>>, que consiste básicamente en un artefacto que hace realidad las bromas de las personas, bromas simples, como la que un amigo le dice al otro: “Oye, cara de papas”, y pues ¿Qué sucede? Que literalmente ese amigo despertará por la mañana con una cara de cinco kilos tuberculada y con pequeñas raíces verdes, pero en su caso, usted le dijo al niño que si comía moscas se trasformaría en mosca, fue a modo de broma… y bueno, resulta que en los ensayos la maquina se topó con el sonido de sus cuerdas vocales el decir: (… ¡te trasformarás en mosco hijo!... ¡saquen las moscas del pescado!). Y cosas por el estilo. Así que el resultado aun no lo sabemos, debemos tener a su hijo en observación, por el momento.
─Usted. ¡Cuatro ojos!, me esta diciendo que mi hijo transforma su rostro joven y terso en una vil mosca, y que todo es mi culpa (un deseo hecho realidad, o ¿tal vez? La ironía del destino) ─dijo enfurecida Jeanette. Y el humo salía por sus fosas nasales, como un toro a punto de atacar.  
─No precisamente ─desesperó Paspalas─, es más bien culpa de la “Maquina”. Pero tranquila que la NASA correrá con todos los gastos, bueno…, después de arreglar esto obviamente ─apuntó la cara del niño con sus lentes. Menos mal que no dijo: “Cara de pescado”, sería peor un niño con cabeza de jurel. ¡Créame! ya hemos tenido ese caso─. Se le escapó una pequeña risa nerviosa.

Jeanette lo miró con ojos de furia. El científico retrocedió como oruga hasta que su cabeza se azotó con el borde de la puerta. El niño miró a su madre y hurgó su nariz en una reacción nerviosa infantil (o una protuberancia tubular que emitía un siseo extraño) introdujo su dedo, y extirpó un elemento redondo, viscoso y verdoso; pensó en comerse los mo…, pero luego desistió de aquella locura, persuadido por los ojos de huevo frito de Jeanette.
─¡Esta bien, señora…cálmese! ─exclamó el Doc. Acomodando sus lentes con el índice─, pronto llegará el equipo especializado en casos insectoides y haremos las observaciones pertinentes, créame…, su hijo estará en buenas manos. Las mejores de la NASA.
Jeanette gruñó mostrando su dentadura.
 
B

Los científicos entraron a la habitación del pequeño Lucas y la habilitaron con todo el equipo. La NASA, disponía de: un generador de corriente de alta potencia, un Estantor, que se fija formada por los polos salientes del generador con una culata; un rotor móvil y un colector. La maquina se fijo directamente entre la cama del niño y el baño, por si al entrar a ella le generaba náuseas o ganas de vomitar, entre otras necesidades. Un cilindro hecho de papel de aluminio llegaba hasta la ventana, para ir arrojando los desperdicios en un contenido de reciclaje, a medida que avance la trasformación del mosco, o mosca-niño.    
─!Hey chico! ─vociferó ferviente Paspalas─, has visto lo que hemos hecho aquí, ¿me escuchas? ─Lucas lo observó como si fuera un saco de papas fritas, o un exquisito pastel de arándanos y manjar de leche. Ahora Lucas observaba en fractales la graciosas mejillas de Paspalas, con sus lentes de cristales redondos que le daba el aspecto de un nerds de primera línea. El niño solo captaba movimientos apresurados y siseaba un sonido vibrante como un: ¡Sssshrrr! ¡Sssshrrr! que salía de su boca en forma de trompa, tenía dos grandes ojos, pero compuesto de cientos de ocelos que reflejaba mil caras de Paspalas.
El niño intentaba responder, pero solo emitía un graznido.
─Si entiendes solo mueve la cabeza ─le dijo Paspalas alzando la voz como si le hablara a un sordo. El niño-mosco asintió con la cabeza. Sus dos grandes ojos se encogieron como un gesto de tristeza y preocupación.
─Hemos puesto una cápsula de trasformación, esto ayudará a monitorear lo que sucede con tu cuerpo, hasta el momento solo llevas un 30 por ciento…, eso explica que solo se ha trasformado parte de tu cabeza, aun mantienes tus extremidades de humano ─se podría decir─, debería completarse la trasformación…, pero…─hizo un silencio incómodo─, no te preocupes, después de la fase   larva, deberíamos corregir la cadena de ADN, e introducir nuevamente la de humano, estarás con nosotros nuevamente, todos los pacientes de la maquina de bromas sólo llegan a la tercera fase, luego, vuelven a su aspecto normal. ─Lucas bramó su trompa como si fuera un quejido, y luego asintió apenado─. Ahora debo hacerte una serie de preguntas. Tú tan solo asiente con la cabeza o gime con tu trompa. ─El científico asió su conducto bucal como si estuviera acariciando a un cachorro perdido en el parque.
─¿Has sentido náuseas o ganas de vomitar?
El niño asintió afirmativamente. Alzó sus manos velludas y se agarró el abdomen como si estuviera conteniendo una gran cantidad de líquido vomitivo.
─¿Sientes hambre incontenibles y ganas de comer azúcar a montones?
El niño asintió afirmativamente, y graznó por el conducto bucal, como si estuviera pidiendo a gritos gran cantidad de comida, o como una rabieta con pucherazos.
─¿Sientes ganas de volar o salir corriendo por la ventana en busca de comida?
El niño encogió los hombros en señal de duda o descarte, luego frunció lo que parecía su entrecejo para dejar a la vista su enojo. Aleteó rápidamente con sus brazos velludos, como si fuera un colibrí. 
─!Mmmm. ¡Ya veo! ─prosiguió Paspalas acariciándose el mentón ─, creo que empezarás el estado de larva…, las náuseas en un síntoma indicativo de aquello; además, tu cuerpo va sintiendo la necesidad de azúcar a medida que se acelera su metabolismo, y finalmente sentirás un golpe energético en las extremidades. Espero que no te den muchas ganas de saltar, si llegas a escapar por la ventana, tendremos a un niño-mosco merodeando por el barrio, y me temo que a tu madre no le vendría bien la idea si alguien te ahuyentara con un insecticida o una gran raquetilla de <<mata-mosco.>>
Lucas intentó llorar, pero las lágrimas no le salían por sus deformes ojos de mosca, parecía tener una horrible pena por no poder soltar las lágrimas qué un simple niño haría en un día normal. .
─¿Qué esta pasando aquí? ─interrumpió Jeannette mientras entraba a la habitación de Lucas, ─!Santo cielo¡, mi hijo esta irreconocible─. Exclamó compungida apretando las mejillas de su cara con las manos.
─No se alarme señora, ya he hecho los preparativos, esta maquina nos ayudará a enfocarnos al proceso de larva, la NASA no reparó en gastos.
Jeanette miró a Paspalas con desdén.  
─No me diga <<Señora>> cuatro ojos, aun soy una mujer joven. Ahora ¡explíqueme! ¿a que se refiere con estado de larva?
Paspalas se ruborizó y retrocedió lentamente mientras los orificios nasales de Jeannette se incrementaban con furia.
─A un cierto estado de desarrollo que tiene una mosca, que ha abandonado un supuesto huevo y puede alimentarse por si mismo, en cierto modo… ─Paspalas se de detuvo, inhalo profusamente y se masajeó la barbilla ─, su hijo entrará a una fase juvenil de las especies con este tipo de desarrollo.
─¿Especies…? ─refunfuño Jeanette.
─Y durante la noche esperamos que se forme el capullo. Después de eso con la maquina que instalamos su hijo debería ser normal por la mañana. Como un niño de cualquier barrio en cualquier parte del mundo. Los efectos de la maquina de bromas nunca han sido permanente <<Señorita Jeannette>> ─expresó con el índice fijo en el marco de sus anteojos y con voz nerviosa y seseante─. El señor cara de papas solo duró 24 horas con el tubérculo en su rostro, y bueno el niño-jurel… ─meditó con una calma burlesca ─, duró un poco más su trasformación, lo cierto es que se nos escapó por un riachuelo hasta llegar al mar, tardamos medio día en recuperarlo y en los noticieros hablaron de un: <<Nuevo espécimen acuático de Chernóbil>>, aún recuerdo su rostro cuando lo atrapamos, había devorado unos cincuentas pececillos de agua dulce. Para cuando llegó al mar, su barriga estaba tan hinchada que flotaba como ballena. El niño-jurel fue noticia en todo el mundo, pero la NASA se encargó de borrar todo rastro en los noticieros. Para el día siguiente la población mundial lo había olvidado con una nueva noticia: <<El caso del niño pegajoso>> , fue un día de domingo a unas cuantas calles de aquí.  Una madre le prohibió a su hijo comerse aquellas secreciones viscosas que fluyen por las fosas nasales de un infante, y que al parecer tanto disfrutan. La maquina de bromas captó las ondas sonoras de la prohibición de la madre, y bueno…, ya podrá usted imaginar el resto de la historia. Aunque en ambos casos los efectos alcanzaron al nivel encefálico, y no afectó a las extremidades de los pequeños.
─Más le vale que sea así Paspalas ─enfatizó Jeannette─, no quiero que mi pequeño Lucas salga en los noticieros, le pido discreción al respecto, de lo contrario le daré la golpiza de su vida, y ni su madre lo podrá consolar. ─Jeannette apretó su puño derecho y frunció los molares. Los ojos de Paspalas se abrieron como platos.
─!Tranquilícese Señora!, la NASA hará su trabajo, y yo también ─balbuceó el científico. 
Lucas gimoteó por su conducto bucal un: ¡Sssshrrr! ¡Sssshrrr! Y abrazó a su madre refugiándose en su regazo, le dio un beso con su trompa en la mejilla…, un liquido blanquecino rodó por la piel de Jeannette, pero la madre simuló no tener asco y estar dichosa con su hijo.   
  
     
     

C

El niño-mosco despertó por la noche, sentía un leve dolor de hambre en su barrida, que se contornaba como panal de abeja apunto de estallar en miel, sus extremidades estaban completamente velludas y filamentosas, los ocelos se habían desarrollado a la perfección, podía ver a larga distancia un gato en la techumbre de la casa vecina, hasta podía olerlo, sus alas estaban más alargadas con un color azul metálico. Paspalas dormía al lado de la cama, lo había vigilado hasta las 03: 00, pero finalmente el sueño lo hizo sucumbir, babeaba y roncaba mientras sus lentes desalineados rodaban por la mejilla. Lucas estaba arropado con la frazada de la cama hasta su cuello insectívoro…, de pronto, se escuchó el crujir de la puerta, las antenas de Lucas se pusieron en alerta, y una sombra caminaba hacia su cama.
!Sssshrrr! ¡Buuur! ¡Buuur! ─Lucas emitió un sonido, como si estuviera asustado preguntando <<¿Quién es?>> 
La sombra caminó misteriosamente, parecía llevar algo en la mano. La luz de la calle entró por la ventana y algo metálico se iluminó. Lucas se asuntó y se cubrió con la sábana, hasta que la sombra estuvo a su lado y se sentó en la cama. Las patitas de Lucas vibraron en señal de nervios y miedo.  
─!Sssshrrr! ¡Buuur! ¡Buuur! ─ ¿Quién es? dijo Lucas. Y masculló como lo haría un insecto asustado.
─!Hijo!, no te asustes, soy yo Jeannette, tu madre.
─¡Buuur! ¡Buuur! ─dijo Lucas en señal de sorpresa y alivio.
¡Chissst! ¡Chsss!, ¡tranquilo hijo! ─dijo Jeannette─, no queremos que el cuatro ojos de Paspalas despierte y arruine lo que te traje. ¡Mira esto!
Jeannette llevaba una bandeja plateada con un gran festín para cenar: había un plato de guiso de lentejas con carne y arroz, pastas con salsa a la boloñesa, puré de patatas con pollo frito, y un pastel de carne, enseguida tres tipos de postres de chocolates y flan con caramelos; lo suficiente para recuperar las energías perdidas por tres días. 
─!Come hijo!, estas muy flaco, son tus platos favoritos ─susurró Jeannette y acarició al pequeño mosco por la cabeza.
Los ojos de Lucas se pusieron brillantes al ver tanta comida. Sus patitas aletearon de felicidad.
─¡No le hagas caso al lunático de Paspalas! ─espetó Jeannette─, todo niño debe comer, sin importar su condición. Aunque sea el insecto más feo del mundo, eres mío, ¡mi hijo, mi mosca-niño!  
Lucas miró a su madre con ternura. Gimió un ¡Buuur! Y se lanzó hacia la comida. Su trompa exprimió las lentejas como si fueran las más deliciosas del mundo, los mismo hizo con las pastas, las chupeteó hasta perderse en su trompa, la salsa boloñesa escurría por el conducto como saliva, y el chocolate se escarchó en sus mejillas; el niño insecto babeó como un canino hambriento por toda la cama.
─¡¿Qué es lo que ha hecho señora Jeannette?! ─exclamó el científico─, ¡que no se da cuenta usted que el niño no puede alimentarse en su fase de larva! Ahora, ruegue a Dios que los alimentos no aceleren su metabolismo digestivo.
Jeannette miró a Paspalas de soslayo y sin cuidado.
─!Lucas¡ ─dijo Paspalas con exaltación─, te haré unas preguntas. Ya sabes, gime con tu trompa una vez si la respuesta es negativa, y dos si es positiva.
─¿Te sientes hinchado por las lentejas y el festín que te dio sin permiso la señora Jeannette?
─¡Buuur! ¡Buuur! ─gimoteó el mosco-niño.
─¿Te sientes extraño y crees que sea posible la transformación?
─¡Buuur! ¡Buuur! ─exclamó─. Y sus múltiples ocelos se redondearon como caramelo.
─¡Oh, por Newton!, ¡ve lo que ha hecho señora!, Ahora su hijo aceleró su estado larvario, y no tendremos más remedio que intervenir, la ciencia no se puede arriesgar nuevamente a que estos casos sean públicos. Ya sabe usted lo que sucedió con el niño jurel o el niño pegajoso; se lo expliqué. Su hijo podría estar en los noticieros mañana. 
─¡Buuur! ─endilgó Lucas, negando con su trompa la posibilidad de que todo el mundo se enterara de su degradante estado.
Pero el cuerpo del niño comenzó a sufrir una desconcertante inflamación. Hasta que se formó un capullo sobre él. Sus alas se volvieron más fuertes en un abrir y cerrar de ojos hasta romper de una vez la fina membrana que lo cubría. Lucas ya era todo un mosco adolescente, y cuando intentó volar su cabeza se dio tres golpes en el cielo de su pieza. Sus patitas se acicalaban mientras descansaba en el borde de la cama, y luego, un brinco; se acicaló, y otro brinco nuevamente, hasta que su cabeza se moreteó de tanto insistir. Eran un movimiento involuntario que no podía controlar.
Paspalas intentó dialogar con el niño sin éxito, llamó de urgencia al resto de los científicos para intentar remediar. Pero la situación se fue de sus manos. Y después de varios brincos desperdigados, el niño-mosco quebró el vidrio de su ventana y se asomó hacia el jardín.
Doña Isidora, la vecina de Jeannette estaba justo sacando la basura, cuando se encontró con Lucas en la techumbre de su casa.
¡Puaf! ¡puaj! ─se asqueó, luego vociferó─: ¿Qué demonios es eso? ¡cielo santo, es un mosco, un mosco mutante! Gritó.
Aníbal su perro guardián comenzó a ladrar a Lucas efusivamente, mientras el gato se acercó y lamió su trompa sin miedo alguno. El niño-mosco lo acarició, y le dio besos con su trompa.
─¡Hijo no, no te lo comas! ─baladró Jeannette con sus ojos de huevos cocidos. Pero Lucas fingió no escuchar a su madre. Terminó de succionar el pelaje del gato, y lo dejó en la techumbre. Su lomo estaba peinado, y el felino ronroneó agradecido.
¡Uff! ─exclamó Paspalas aliviado─, ya creía que su niño devoraba al gato…, menos mal que le dio de comer sus platos favoritos. Ya no tenemos opción señora, su hijo ha escapado y tendremos que dispararle con el “desmutalizador”
─¿“desmutalizador” ?, ¿Qué me está diciendo cuatro ojos?, Acaso cree que le dejare disparar a mi hijo; primero: ninguna madre en la tierra permitiría que algo así sucediera, y segundo: ese tal desmutaliza…, o como se llame no me da buena espina, ni siquiera es una palabra que se utilice.
─Es un arma señora. Y busca detener los efectos de la mutación, lo creamos en caso de emergencias como esta, ¿Cómo cree usted que el niño jurel volvió a la normalidad y no nadó mar adentro por el pacífico? O el niño pegajoso, ya sabe, también lo solucionamos así, de lo contrario no podríamos inventar otra broma en la cual surgiera una gran nariz de gigante, y que se le cayeran los mocos, ¡iuuu!, No tenemos más remedio que usar dicha arma.
─¡De acuerdo cerebrito! ─resopló abatida Jeannette─. Solo haga que mi hijo vuelva a la normalidad lo más pronto posible. Si llega su padre, no tendré palabras para explicar esta situación ─desesperó Jeannette. Paspalas la abrazó tranquilizándola.
El niño-mosco dio un brinco hacia el primer árbol del jardín de doña Isidora, era un manzano, y comenzó a devorar las frutas, tal como si fuera las últimas manzanas de la tierra; Aníbal le ladraba desde el pasto defendiendo su territorio, pero lucas le arrojó manzanas y el tierno canino comenzó a succionarle el sabroso jugo, tal como lo hacía Lucas con su trompa.
─¡Aníbal ven aquí, no comas de aquella fruta!, ─ordenó Isidora con su cara rechoncha─, no ves que ese en mosco ha regurgitado sobre las manzanas.  ¡Qué asco por Dios!
El perro miró sin entender el regaño, ladró divertido y siguió lamiendo las manzanas.
─¡Tranquila, señora! ─espetó Paspalas─. Es Lucas, su vecino, tan solo un niño del vecindario; desafortunadamente se ha convertido en un niño-mosco, pero no os preocupéis, yo soy un científico de la NASA, calificado para estas situaciones, solo déjenos pasar a su jardín y tendremos controlada la situación, en menos que canta un gallo.
─¡Esta bien! ¡apresúrese! ─desesperó Isidora ora confundida ora asustada─, haga cualquier cosa contar de no tener ese bicho en mi patio. No creo que a mis hijos les agrade ver a un niño… ¡insecto! Husmeado por el jardín, o por mi cocina…, ¡caray! He dejado el Pastel de limón recién horneado enfriase en la cocina…
El niño-mosco escuchó la frase <<Pastel de Limón>> y su cuerpo resbaloso se puso alerta; Lucas dio un brinco y agitó sus alas hasta la ventana de su vecina, su trompo babeaba profusamente en señal de gula extrema, el delicioso pastel se multiplicaba por cada uno de los ocelos del niño, eran miles de <<Pastel de Limón>> por cada visión. Por primera vez Lucas se sentía como un gran insecto con poder de entrometerse en cualquier cocina del mundo ha comer lo que su cuerpo solicitara. Su cabeza y antenas se meneaban con locura, y solo podía pensar en aquel pastel que estaba detrás de la ventana. Y sus patas delanteras se atusaron, tal como un par de manos friccionándose antes de un gran festín.
─¡Oh Dios, mi pastel! ─baladró Isidora─, ya fue suficiente, llamaré a la policía. Que se coma las manzanas lo podía soportar, pero no mi Pastel de Limón recién horneado, ¡mi precioso pastel! si lo dejo así, capaz que este niño-mosco devore toda la despensa de la cocina.   
─No, Isidora ─vociferó Paspalas─, si usted hace eso no solo vendrá la policía, sino se llenará de periodistas y curiosos toda la casa, es por su bien se lo advierto. Deje que los científicos de la NASA intervengan… señora…señora…
Y así fue, llegaron cientos de periodistas y miles de ocelos humanos observando curiosos por la TV el gran espectáculo del niño-mosco; los noticieros citaban: <<¡Extra!, ¡Extra! “Una hazaña indescriptible ha ocurrido en el mundo de la ciencia, por primera vez en la historia un niño se ha convertido en mosca, al parecer todo ocurrió debido a un experimento de la NASA, con una máquina de bromas; pero también se comenta que todo empezó por que “Lucas”, el niño-mosco, habría ingerido moscas a escondidas de su madre. Ante tal negativa el infante adolescente ha sufrido una dramática trasformación Insectoide y ahora amenaza con devorar un Pastel de Limón de Isidora, la vecina de la casa contigua. ¡Atento estudios!”>>, Pero a Lucas parecía no importarle nada, estaba completamente hipnotizado por la belleza del Pastel, pensaba en aquella base de masa dulzona, en el sabor de limón en su boca, en las terminaciones de merengue, en las pequeñas gotillas de manjar dibujadas en los contornos del pastel. Lo veía fijamente tras la ventana de la cocina, esperando el momento preciso para entrar; Aníbal ladraba alentándolo más que defendiendo el hogar, Paspalas y Jeannette gritaban: <<¡No lo hagas, Lucas, ¡no lo hagas!>>, pero ya era demasiado tarde, todo el sistema digestivo del niño se preparaba para devorar aquel pastel; las nubes se deslizaban lentas en el cielo, los pajarillos cantaban desde el manzano alentando al niño, la gente expectante en los Televisores observaban el pastel detenidamente saboreándose hasta morder los labios, los periodistas, los vecinos, los policías, todos se saboreaban sucumbidos ante la belleza de aquel pastel, hasta Jeannette y Paspalas lo hacían, por un momento todo el mundo olvidó que existía un niño-mosco, y solo se enfocaron en el Pastel. De pronto todo se puso en cámara lenta: Lucas movió sus patitas hasta alcanzar la puerta de la cocina, cogió un tenedor y un cuchillo; hasta se dio el tiempo de buscar una servilleta de genero y la enrolló en su velludo cuello; y tal como si fuera un catador de vino profesional, con sutil delicadeza cortó un pedazo de pastel y lo puso en su conducto bucal saboreándolo detenidamente; todo el mundo quedó en silencio por un instante, hasta que las antenas de Lucas comenzaron a vibrar de felicidad. Unos aplausos espontáneos se escucharon por toda la cuadra, gritos de júbilo por doquier; hasta los periodistas, bomberos y policías entonaron un: <<¡Hurra muchacho!>> a favor de Lucas; Paspalas se sacó los lentes sorprendido, y a Jeannette le corría una lagrima de felicidad por su mejilla. Por primera vez en la historia, un insecto causaba tanta conmoción y emoción ante la belleza de un Pastel de Limón. Finalmente, Lucas terminó por acabarse el pastel hasta la ultima miga, Isidora en vez de sentirse profanada estaba muy dichosa por su apetecible creación. Jeannette y Paspalas entraron a la cocina, Lucas aun seguía sentado frente a la fuente donde alguna vez hubo un bello Pastel de Limón; Jeannette abrazó a su hijo y lo beso en su mejilla aceitosa. Luego Paspalas dijo:
─¡Ya es hora niño! debo disparar el “desmutalizador”, si no lo hago ahora, correremos serios riesgos de que te quedes como insecto definitivamente, aunque la NASA, correría con todos los gastos de tu nuevo aspecto, ya hemos desarrollado trajes especiales y accesorios que se ajustarían perfectamente a tus alas y patas, serías el primer niño-mosco catador de comida, podrías viajar por el mundo, ya sabes: fama, dinero, mujeres…, todo lo que un héroe de rock querría en su vida; los Pasteles de Limón irían por cuenta de la NASA…
─¡Dispare la maldita arma de una vez…, Paspalas! ─reclamó Jeannette con sus ojos de huevo fritos tan característicos.
Paspalas obedeció y el niño volvió a la normalidad, sus alas y patitas insectívoras se desvanecieron en cenizas áuricas.
A la salida de la casa todos abrazaban a Lucas, felicitándolo, tal como si fuera un héroe. Cuando lo entrevistaron dijo:
─Solo puedo decir lo siguiente: ¡nunca más volveré a comer moscas a escondidas! Y obedeceré a mi madre en los parabienes que me diga… Prometo lavarme los dientes antes de acostarme y comer sano a diario…, pero los Pasteles de Limón nunca los dejaré. 


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