A
─¡No dejes el pescado afuera!
─dijo Jeannette, con fastidio. La última vez lo dejaste afuera y se llenó de
moscas.
─¡Esta bien, mamá! ─contestó
el niño, mientras sacaba los platos de la mesa.
─¿Y qué tiene de malo las
moscas, mamá? ─Refunfuño el niño ─, solo buscan la forma de alimentarse.
─Eso no es del todo exacto ─masculló
Jeannette ─, la carne de pescado al descomponerse atrae a las moscas, y estas a
su vez transmiten infecciones; Así
que ¡Trae ese pescado para acá! ¡Guárdalo en la cocina!, ¡niño por Dios!
─Pero a mí me gustan las
moscas, mamá…, no te he dicho, pero a veces me las como… ─Se quedó pensativo el
niño, como esperando el regaño de su madre.
─Pero ¿qué has hecho? ¡Niño
tonto! Acaso no sabes que los niños que
comen moscas se trasforman en mosca ─farfulló Jeannette, y sus ojos se
hincharon como bombillas ─, ruega a dios que por la noche no empieces con dolor de barriga.
El niño se quedó paralizado
por un momento, luego repuso:
─¡Ah, mamá! Es mentira…
¿Verdad? Los niños no son moscos ─el pequeño sonrió en tono de burla, la madre
lo miró y negó con su cabeza de hito a hito.
─¡Ok! Si no me crees, no te
diré nada ─contestó Jeannette ─, por ahora quiero que vayas a dormir, y mañana
hablaremos tendremos esta charla de las moscas y el pescado.
─Bueno mamá ─, el niño
obedeció y subió a su alcoba a dormir.
A la media noche, en el
silencio de la casa, sucedió algo inexplicable, una especie de capa escamosa
cubrió la piel del niño de forma esporádica, y se le adhirió a su rostro,
piernas y manos. La membrana esclerótica era tan poderosa que el niño vociferó
asustado llamando a su madre:
─¡Ay! ¡Mamá! ¿Qué
es esto? ─preguntó mientras rosaba sus pliegues de la cara con las manos.
Jeannette
corrió lo más deprisa que pudo para ayudar a su hijo
─¡Santo Dios! ─dijo
sorprendida con sus manos en las mejillas─, ¡te lo dije! ¿Por qué no haces caso
cuando te digo las cosas?, ahora, vas a ser el niño mosco del barrio, y no
podrás ir al colegio mañana así que…, tendremos que llamar a un médico.
─¡Buaaaa! ─el
niño solo lloraba mientras lo regañaban. ─No quiero a ningún médico aquí ─gimoteó
─Y
además…, te he dicho que esa mala costumbre de comer moscas iba a traer
consecuencias, aparte de ser asqueroso, no me imagino que tenga un buen sabor…
Jeannette
hizo una leve mueca de pudor y regresó a su cuarto.
-─¡Buaaaa! ¡Mamá! ¿saldrá esto de mi cara? ¿Mamá…?
Al día
siguiente cuando el niño despertó, vio a un tipo con un traje de blanco a la
orilla de su cama.
─¡Estarás
bien! No te preocupes ─dijo el científico mientras acariciaba al niño en la
cabeza, en el bolsillo de su chaqueta decía: <<Doctor:
Paspala Werner, Asuntos Internacionales, NASA>>
─¿Cómo te
llamas, querido…?
─¡Buaaaa!
¿Quién eres tú…?
─Es hora
de que te calmes niño. Hemos venido para ayudarte, estamos a 24 horas de la
trasformación.
─¿Trasformación...?
─susurró el niño─. Lucas. Me llamo Lucas ─dijo puchereando.
─Bueno
Lucas. Tu madre nos ha contado la situación que tenemos aquí.
Lucas se
levantó de la cama frenéticamente y fue al baño de su habitación, se miró al
espejo mientras intentaba lavarse los dientes ─o lo que fuera que tuviera en su
boca─ hizo unos gestos de espanto seguido de un grito que hizo vibrar el
espejo. Se agarró las mejillas e hizo un ademán de impresión, como una <<O>> (de la pintura: “El Grito”)
─ ¡Soy un
maldito mosco! ─exclamó Lucas─. Es verdad. Soy el
mosco del barrio, tal como lo advirtió Mamá.
El
científico se apoyó en la puerta del baño con un gesto muy serio y elocuente,
casi como si disfrutara del momento: <<¡no está nada de mal!>> pensó, y luego se acercó al chico
colocándole las manos sobre los hombros
para consolarlo.
─¡Lucas! ─interrumpió
la escena Jeannette─. ¿Qué sucede aquí? ¿Y quien es usted?
─Soy el
Doctor Paspalas, científico de la NASA, me tomé la libertad de entrar, no se
preocupe señora, tenemos todo controlado, y los equipos de investigación ya
vienen en camino.
Hubo un
silencio incómodo, o más bien, un silencio desconcertante que no encontraba
explicación para tamaña locura.
─¡Perdón,
escuche bien? ¿la NASA dijo…? ¿Qué tiene que ver la NASA con mi pequeño Lucas? ¡llamaré a la policía! –sacó su celular y
marcó la línea de emergencias.
-Señora,
la policía esta al tanto de lo sucedido, les informamos a primera hora, no se
preocupe, la situación esta controlada.
─¿Controlada…?
¡Podría Usted ser más preciso! ─Jeanette colgó el celular y abrió sus gigantes
ojos castaños en señal de interrogación.
─Su hijo
está a punto de sufrir una trasformación sin precedentes señora, la hemos
estado monitoreando, y usted precisó: <<! si sigues comiendo moscas, te convertirás
en una de ella!>>, lo dijo el día de ayer a eso de las
14:00, más o menos, a la hora del almuerzo…, pues… ─el científico se palpó la
barbilla y carraspeó─, Lucas engullía en secreto aquellas moscas, lo vimos por
el monitor satelital. Y la NASA, ha estado experimentando en secreto con la <<Maquina de Bromas>>, que consiste básicamente en un artefacto
que hace realidad las bromas de las personas, bromas simples, como la que un
amigo le dice al otro: “Oye, cara de papas”, y pues ¿Qué sucede? Que
literalmente ese amigo despertará por la mañana con una cara de cinco kilos
tuberculada y con pequeñas raíces verdes, pero en su caso, usted le dijo al
niño que si comía moscas se trasformaría en mosca, fue a modo de broma… y
bueno, resulta que en los ensayos la maquina se topó con el sonido de sus
cuerdas vocales el decir: (… ¡te
trasformarás en mosco hijo!... ¡saquen las moscas del pescado!). Y cosas
por el estilo. Así que el resultado aun no lo sabemos, debemos tener a su hijo
en observación, por el momento.
─Usted.
¡Cuatro ojos!, me esta diciendo que mi hijo transforma su rostro joven y terso
en una vil mosca, y que todo es mi culpa (un deseo hecho realidad, o ¿tal vez?
La ironía del destino) ─dijo enfurecida Jeanette. Y el humo salía por sus fosas
nasales, como un toro a punto de atacar.
─No
precisamente ─desesperó Paspalas─, es más bien culpa de la “Maquina”. Pero
tranquila que la NASA correrá con todos los gastos, bueno…, después de arreglar
esto obviamente ─apuntó la cara del niño con sus lentes. Menos mal que no dijo:
“Cara de pescado”, sería peor un niño con cabeza de jurel. ¡Créame! ya hemos
tenido ese caso─. Se le escapó una pequeña risa nerviosa.
Jeanette
lo miró con ojos de furia. El científico retrocedió como oruga hasta que su
cabeza se azotó con el borde de la puerta. El niño miró a su madre y hurgó su
nariz en una reacción nerviosa infantil (o una protuberancia tubular que emitía
un siseo extraño) introdujo su dedo, y extirpó un elemento redondo, viscoso y
verdoso; pensó en comerse los mo…, pero luego desistió de aquella locura,
persuadido por los ojos de huevo frito de Jeanette.
─¡Esta
bien, señora…cálmese! ─exclamó el Doc. Acomodando sus lentes con el índice─,
pronto llegará el equipo especializado en casos insectoides y haremos las
observaciones pertinentes, créame…, su hijo estará en buenas manos. Las mejores
de la NASA.
Jeanette
gruñó mostrando su dentadura.
B
Los
científicos entraron a la habitación del pequeño Lucas y la habilitaron con
todo el equipo. La NASA, disponía de: un generador de corriente de alta
potencia, un Estantor, que se fija formada por los polos salientes del
generador con una culata; un rotor móvil y un colector. La maquina se fijo
directamente entre la cama del niño y el baño, por si al entrar a ella le
generaba náuseas o ganas de vomitar, entre otras necesidades. Un cilindro hecho
de papel de aluminio llegaba hasta la ventana, para ir arrojando los
desperdicios en un contenido de reciclaje, a medida que avance la trasformación
del mosco, o mosca-niño.
─!Hey
chico! ─vociferó ferviente Paspalas─, has visto lo que hemos hecho aquí, ¿me
escuchas? ─Lucas lo observó como si fuera un saco de papas fritas, o un
exquisito pastel de arándanos y manjar de leche. Ahora Lucas observaba en
fractales la graciosas mejillas de Paspalas, con sus lentes de cristales
redondos que le daba el aspecto de un nerds de primera línea. El niño solo
captaba movimientos apresurados y siseaba un sonido vibrante como un: ¡Sssshrrr! ¡Sssshrrr! que salía de su boca
en forma de trompa, tenía dos grandes ojos, pero compuesto de cientos de ocelos
que reflejaba mil caras de Paspalas.
El niño
intentaba responder, pero solo emitía un graznido.
─Si
entiendes solo mueve la cabeza ─le dijo Paspalas alzando la voz como si le
hablara a un sordo. El niño-mosco asintió con la cabeza. Sus dos grandes ojos
se encogieron como un gesto de tristeza y preocupación.
─Hemos
puesto una cápsula de trasformación, esto ayudará a monitorear lo que sucede
con tu cuerpo, hasta el momento solo llevas un 30 por ciento…, eso explica que
solo se ha trasformado parte de tu cabeza, aun mantienes tus extremidades de
humano ─se podría decir─, debería completarse la trasformación…, pero…─hizo un
silencio incómodo─, no te preocupes, después de la fase larva,
deberíamos corregir la cadena de ADN, e introducir nuevamente la de humano,
estarás con nosotros nuevamente, todos los pacientes de la maquina de bromas
sólo llegan a la tercera fase, luego, vuelven a su aspecto normal. ─Lucas bramó
su trompa como si fuera un quejido, y luego asintió apenado─. Ahora debo
hacerte una serie de preguntas. Tú tan solo asiente con la cabeza o gime con tu
trompa. ─El científico asió su conducto bucal como si estuviera acariciando a
un cachorro perdido en el parque.
─¿Has
sentido náuseas o ganas de vomitar?
El niño
asintió afirmativamente. Alzó sus manos velludas y se agarró el abdomen como si
estuviera conteniendo una gran cantidad de líquido vomitivo.
─¿Sientes
hambre incontenibles y ganas de comer azúcar a montones?
El niño
asintió afirmativamente, y graznó por el conducto bucal, como si estuviera
pidiendo a gritos gran cantidad de comida, o como una rabieta con pucherazos.
─¿Sientes
ganas de volar o salir corriendo por la ventana en busca de comida?
El niño
encogió los hombros en señal de duda o descarte, luego frunció lo que parecía
su entrecejo para dejar a la vista su enojo. Aleteó rápidamente con sus brazos
velludos, como si fuera un colibrí.
─!Mmmm.
¡Ya veo! ─prosiguió Paspalas acariciándose el mentón ─, creo que empezarás el
estado de larva…, las náuseas en un síntoma indicativo de aquello; además, tu
cuerpo va sintiendo la necesidad de azúcar a medida que se acelera su
metabolismo, y finalmente sentirás un golpe energético en las extremidades.
Espero que no te den muchas ganas de saltar, si llegas a escapar por la
ventana, tendremos a un niño-mosco merodeando por el barrio, y me temo que a tu
madre no le vendría bien la idea si alguien te ahuyentara con un insecticida o una
gran raquetilla de <<mata-mosco.>>
Lucas intentó llorar, pero las lágrimas no le salían por
sus deformes ojos de mosca, parecía tener una horrible pena por no poder soltar
las lágrimas qué un simple niño haría en un día normal. .
─¿Qué esta pasando aquí? ─interrumpió Jeannette mientras
entraba a la habitación de Lucas, ─!Santo cielo¡, mi hijo esta irreconocible─. Exclamó
compungida apretando las mejillas de su cara con las manos.
─No se alarme señora, ya he hecho los preparativos, esta
maquina nos ayudará a enfocarnos al proceso de larva, la NASA no reparó en
gastos.
Jeanette miró a Paspalas con desdén.
─No me diga <<Señora>> cuatro ojos, aun soy una mujer joven. Ahora ¡explíqueme!
¿a que se refiere con estado de larva?
Paspalas
se ruborizó y retrocedió lentamente mientras los orificios nasales de Jeannette
se incrementaban con furia.
─A un
cierto estado de desarrollo que tiene una mosca, que ha abandonado un supuesto
huevo y puede alimentarse por si mismo, en cierto modo… ─Paspalas se de detuvo,
inhalo profusamente y se masajeó la barbilla ─, su hijo entrará a una fase
juvenil de las especies con este tipo de desarrollo.
─¿Especies…?
─refunfuño Jeanette.
─Y
durante la noche esperamos que se forme el capullo. Después de eso con la
maquina que instalamos su hijo debería ser normal por la mañana. Como un niño
de cualquier barrio en cualquier parte del mundo. Los efectos de la maquina de
bromas nunca han sido permanente <<Señorita Jeannette>> ─expresó con el índice fijo en el marco de
sus anteojos y con voz nerviosa y seseante─. El señor cara de papas solo duró
24 horas con el tubérculo en su rostro, y bueno el niño-jurel… ─meditó con una
calma burlesca ─, duró un poco más su trasformación, lo cierto es que se nos
escapó por un riachuelo hasta llegar al mar, tardamos medio día en recuperarlo
y en los noticieros hablaron de un: <<Nuevo
espécimen acuático de Chernóbil>>,
aún recuerdo su rostro cuando
lo atrapamos, había devorado unos cincuentas pececillos de agua dulce. Para
cuando llegó al mar, su barriga estaba tan hinchada que flotaba como ballena.
El niño-jurel fue noticia en todo el mundo, pero la NASA se encargó de borrar
todo rastro en los noticieros. Para el día siguiente la población mundial lo
había olvidado con una nueva noticia: <<El
caso del niño pegajoso>> , fue un día de domingo a unas cuantas calles de aquí. Una madre le prohibió a su hijo comerse
aquellas secreciones viscosas que fluyen por las fosas nasales de un infante, y
que al parecer tanto disfrutan. La maquina de bromas captó las ondas sonoras de
la prohibición de la madre, y bueno…, ya podrá usted imaginar el resto de la
historia. Aunque en ambos casos los efectos alcanzaron al nivel encefálico, y
no afectó a las extremidades de los pequeños.
─Más le
vale que sea así Paspalas ─enfatizó Jeannette─, no quiero que mi pequeño Lucas
salga en los noticieros, le pido discreción al respecto, de lo contrario le
daré la golpiza de su vida, y ni su madre lo podrá consolar. ─Jeannette apretó
su puño derecho y frunció los molares. Los ojos de Paspalas se abrieron como
platos.
─!Tranquilícese
Señora!, la NASA hará su trabajo, y yo también ─balbuceó el científico.
Lucas
gimoteó por su conducto bucal un: ¡Sssshrrr! ¡Sssshrrr! Y abrazó a su madre
refugiándose en su regazo, le dio un beso con su trompa en la mejilla…, un
liquido blanquecino rodó por la piel de Jeannette, pero la madre simuló no
tener asco y estar dichosa con su hijo.
C
El
niño-mosco despertó por la noche, sentía un leve dolor de hambre en su barrida,
que se contornaba como panal de abeja apunto de estallar en miel, sus
extremidades estaban completamente velludas y filamentosas, los ocelos se
habían desarrollado a la perfección, podía ver a larga distancia un gato en la
techumbre de la casa vecina, hasta podía olerlo, sus alas estaban más alargadas
con un color azul metálico. Paspalas dormía al lado de la cama, lo había
vigilado hasta las 03: 00, pero finalmente el sueño lo hizo sucumbir, babeaba y
roncaba mientras sus lentes desalineados rodaban por la mejilla. Lucas estaba
arropado con la frazada de la cama hasta su cuello insectívoro…, de pronto, se
escuchó el crujir de la puerta, las antenas de Lucas se pusieron en alerta, y
una sombra caminaba hacia su cama.
─!Sssshrrr! ¡Buuur! ¡Buuur! ─Lucas emitió un sonido,
como si estuviera asustado preguntando <<¿Quién es?>>
La sombra
caminó misteriosamente, parecía llevar algo en la mano. La luz de la calle entró
por la ventana y algo metálico se iluminó. Lucas se asuntó y se cubrió con la sábana,
hasta que la sombra estuvo a su lado y se sentó en la cama. Las patitas de
Lucas vibraron en señal de nervios y miedo.
─!Sssshrrr!
¡Buuur! ¡Buuur!
─ ¿Quién es? dijo Lucas. Y masculló como lo haría un insecto asustado.
─!Hijo!,
no te asustes, soy yo Jeannette, tu madre.
─¡Buuur!
¡Buuur! ─dijo Lucas en señal de sorpresa y alivio.
─¡Chissst!
¡Chsss!, ¡tranquilo hijo! ─dijo Jeannette─, no queremos que el cuatro ojos de
Paspalas despierte y arruine lo que te traje. ¡Mira esto!
Jeannette
llevaba una bandeja plateada con un gran festín para cenar: había un plato de
guiso de lentejas con carne y arroz, pastas con salsa a la boloñesa, puré de
patatas con pollo frito, y un pastel de carne, enseguida tres tipos de postres
de chocolates y flan con caramelos; lo suficiente para recuperar las energías
perdidas por tres días.
─!Come
hijo!, estas muy flaco, son tus platos favoritos ─susurró Jeannette y acarició
al pequeño mosco por la cabeza.
Los ojos
de Lucas se pusieron brillantes al ver tanta comida. Sus patitas aletearon de
felicidad.
─¡No le
hagas caso al lunático de Paspalas! ─espetó Jeannette─, todo niño debe comer,
sin importar su condición. Aunque sea el insecto más feo del mundo, eres mío,
¡mi hijo, mi mosca-niño!
Lucas
miró a su madre con ternura. Gimió un ¡Buuur! Y se lanzó hacia la comida. Su
trompa exprimió las lentejas como si fueran las más deliciosas del mundo, los
mismo hizo con las pastas, las chupeteó hasta perderse en su trompa, la salsa
boloñesa escurría por el conducto como saliva, y el chocolate se escarchó en
sus mejillas; el niño insecto babeó como un canino hambriento por toda la cama.
─¡¿Qué es
lo que ha hecho señora Jeannette?! ─exclamó el científico─, ¡que no se da
cuenta usted que el niño no puede alimentarse en su fase de larva! Ahora,
ruegue a Dios que los alimentos no aceleren su metabolismo digestivo.
Jeannette
miró a Paspalas de soslayo y sin cuidado.
─!Lucas¡
─dijo Paspalas con exaltación─, te haré unas preguntas. Ya sabes, gime con tu
trompa una vez si la respuesta es negativa, y dos si es positiva.
─¿Te
sientes hinchado por las lentejas y el festín que te dio sin permiso la señora
Jeannette?
─¡Buuur! ¡Buuur! ─gimoteó
el mosco-niño.
─¿Te
sientes extraño y crees que sea posible la transformación?
─¡Buuur!
¡Buuur! ─exclamó─. Y sus múltiples ocelos se redondearon como caramelo.
─¡Oh, por
Newton!, ¡ve lo que ha hecho señora!, Ahora su hijo aceleró su estado larvario,
y no tendremos más remedio que intervenir, la ciencia no se puede arriesgar nuevamente
a que estos casos sean públicos. Ya sabe usted lo que sucedió con el niño jurel
o el niño pegajoso; se lo expliqué. Su hijo podría estar en los noticieros
mañana.
─¡Buuur! ─endilgó
Lucas, negando con su trompa la posibilidad de que todo el mundo se enterara de
su degradante estado.
Pero el
cuerpo del niño comenzó a sufrir una desconcertante inflamación. Hasta que se
formó un capullo sobre él. Sus alas se volvieron más fuertes en un abrir y
cerrar de ojos hasta romper de una vez la fina membrana que lo cubría. Lucas ya
era todo un mosco adolescente, y cuando intentó volar su cabeza se dio tres
golpes en el cielo de su pieza. Sus patitas se acicalaban mientras descansaba
en el borde de la cama, y luego, un brinco; se acicaló, y otro brinco nuevamente,
hasta que su cabeza se moreteó de tanto insistir. Eran un movimiento
involuntario que no podía controlar.
Paspalas
intentó dialogar con el niño sin éxito, llamó de urgencia al resto de los
científicos para intentar remediar. Pero la situación se fue de sus manos. Y
después de varios brincos desperdigados, el niño-mosco quebró el vidrio de su
ventana y se asomó hacia el jardín.
Doña
Isidora, la vecina de Jeannette estaba justo sacando la basura, cuando se
encontró con Lucas en la techumbre de su casa.
─¡Puaf! ¡puaj!
─se asqueó, luego vociferó─: ¿Qué demonios es eso? ¡cielo santo, es un mosco,
un mosco mutante! Gritó.
Aníbal su
perro guardián comenzó a ladrar a Lucas efusivamente, mientras el gato se
acercó y lamió su trompa sin miedo alguno. El niño-mosco lo acarició, y le dio
besos con su trompa.
─¡Hijo
no, no te lo comas! ─baladró Jeannette con sus ojos de huevos cocidos. Pero
Lucas fingió no escuchar a su madre. Terminó de succionar el pelaje del gato, y
lo dejó en la techumbre. Su lomo estaba peinado, y el felino ronroneó
agradecido.
─¡Uff! ─exclamó
Paspalas aliviado─, ya creía que su niño devoraba al gato…, menos mal que le
dio de comer sus platos favoritos. Ya no tenemos opción señora, su hijo ha
escapado y tendremos que dispararle con el “desmutalizador”
─¿“desmutalizador” ?, ¿Qué me está diciendo cuatro
ojos?, Acaso cree que le dejare disparar a mi hijo; primero: ninguna madre en
la tierra permitiría que algo así sucediera, y segundo: ese tal desmutaliza…, o
como se llame no me da buena espina, ni siquiera es una palabra que se utilice.
─Es un arma señora. Y busca detener los efectos de
la mutación, lo creamos en caso de emergencias como esta, ¿Cómo cree usted que
el niño jurel volvió a la normalidad y no nadó mar adentro por el pacífico? O
el niño pegajoso, ya sabe, también lo solucionamos así, de lo contrario no
podríamos inventar otra broma en la cual surgiera una gran nariz de gigante, y
que se le cayeran los mocos, ¡iuuu!, No tenemos más remedio que usar dicha
arma.
─¡De acuerdo cerebrito! ─resopló abatida
Jeannette─. Solo haga que mi hijo vuelva a la normalidad lo más pronto posible.
Si llega su padre, no tendré palabras para explicar esta situación ─desesperó
Jeannette. Paspalas la abrazó tranquilizándola.
El niño-mosco dio un brinco hacia el primer árbol
del jardín de doña Isidora, era un manzano, y comenzó a devorar las frutas, tal
como si fuera las últimas manzanas de la tierra; Aníbal le ladraba desde el
pasto defendiendo su territorio, pero lucas le arrojó manzanas y el tierno canino
comenzó a succionarle el sabroso jugo, tal como lo hacía Lucas con su trompa.
─¡Aníbal ven aquí, no comas de aquella
fruta!, ─ordenó Isidora con su cara rechoncha─, no ves que ese en mosco ha
regurgitado sobre las manzanas. ¡Qué
asco por Dios!
El perro miró sin entender el regaño, ladró
divertido y siguió lamiendo las manzanas.
─¡Tranquila, señora! ─espetó Paspalas─. Es Lucas,
su vecino, tan solo un niño del vecindario; desafortunadamente se ha convertido
en un niño-mosco, pero no os preocupéis, yo soy un científico de la NASA,
calificado para estas situaciones, solo déjenos pasar a su jardín y tendremos
controlada la situación, en menos que canta un gallo.
─¡Esta bien! ¡apresúrese! ─desesperó Isidora ora
confundida ora asustada─, haga cualquier cosa contar de no tener ese bicho en
mi patio. No creo que a mis hijos les agrade ver a un niño… ¡insecto! Husmeado
por el jardín, o por mi cocina…, ¡caray! He dejado el Pastel de limón recién
horneado enfriase en la cocina…
El niño-mosco escuchó la frase <<Pastel de Limón>> y su cuerpo
resbaloso se puso alerta; Lucas dio un brinco y agitó sus alas hasta la ventana
de su vecina, su trompo babeaba profusamente en señal de gula extrema, el
delicioso pastel se multiplicaba por cada uno de los ocelos del niño, eran
miles de <<Pastel de Limón>> por cada visión. Por primera vez Lucas se sentía
como un gran insecto con poder de entrometerse en cualquier cocina del mundo ha
comer lo que su cuerpo solicitara. Su cabeza y antenas se meneaban con locura,
y solo podía pensar en aquel pastel que estaba detrás de la ventana. Y sus
patas delanteras se atusaron, tal como un par de manos friccionándose antes de
un gran festín.
─¡Oh Dios, mi pastel! ─baladró Isidora─, ya fue
suficiente, llamaré a la policía. Que se coma las manzanas lo podía soportar,
pero no mi Pastel de Limón recién horneado, ¡mi precioso pastel! si lo dejo
así, capaz que este niño-mosco devore toda la despensa de la cocina.
─No, Isidora ─vociferó Paspalas─, si usted hace eso
no solo vendrá la policía, sino se llenará de periodistas y curiosos toda la
casa, es por su bien se lo advierto. Deje que los científicos de la NASA
intervengan… señora…señora…
Y así fue, llegaron cientos de periodistas y miles
de ocelos humanos observando curiosos por la TV el gran espectáculo del
niño-mosco; los noticieros citaban: <<¡Extra!, ¡Extra! “Una hazaña indescriptible ha
ocurrido en el mundo de la ciencia, por primera vez en la historia un niño se
ha convertido en mosca, al parecer todo ocurrió debido a un experimento de la
NASA, con una máquina de bromas; pero también se comenta que todo empezó por
que “Lucas”, el niño-mosco, habría ingerido moscas a escondidas de su madre. Ante
tal negativa el infante adolescente ha sufrido una dramática trasformación Insectoide
y ahora amenaza con devorar un Pastel de Limón de Isidora, la vecina de la casa
contigua. ¡Atento estudios!”>>, Pero a Lucas
parecía no importarle nada, estaba completamente hipnotizado por la belleza del
Pastel, pensaba en aquella base de masa dulzona, en el sabor de limón en su
boca, en las terminaciones de merengue, en las pequeñas gotillas de manjar
dibujadas en los contornos del pastel. Lo veía fijamente tras la ventana de la
cocina, esperando el momento preciso para entrar; Aníbal ladraba alentándolo
más que defendiendo el hogar, Paspalas y Jeannette gritaban: <<¡No lo hagas,
Lucas, ¡no lo hagas!>>, pero ya era demasiado tarde, todo el sistema
digestivo del niño se preparaba para devorar aquel pastel; las nubes se
deslizaban lentas en el cielo, los pajarillos cantaban desde el manzano
alentando al niño, la gente expectante en los Televisores observaban el pastel detenidamente
saboreándose hasta morder los labios, los periodistas, los vecinos, los
policías, todos se saboreaban sucumbidos ante la belleza de aquel pastel, hasta
Jeannette y Paspalas lo hacían, por un momento todo el mundo olvidó que existía
un niño-mosco, y solo se enfocaron en el Pastel. De pronto todo se puso en
cámara lenta: Lucas movió sus patitas hasta alcanzar la puerta de la cocina, cogió
un tenedor y un cuchillo; hasta se dio el tiempo de buscar una servilleta de
genero y la enrolló en su velludo cuello; y tal como si fuera un catador de
vino profesional, con sutil delicadeza cortó un pedazo de pastel y lo puso en
su conducto bucal saboreándolo detenidamente; todo el mundo quedó en silencio
por un instante, hasta que las antenas de Lucas comenzaron a vibrar de
felicidad. Unos aplausos espontáneos se escucharon por toda la cuadra, gritos
de júbilo por doquier; hasta los periodistas, bomberos y policías entonaron un:
<<¡Hurra muchacho!>> a favor de Lucas; Paspalas se sacó los lentes
sorprendido, y a Jeannette le corría una lagrima de felicidad por su mejilla.
Por primera vez en la historia, un insecto causaba tanta conmoción y emoción
ante la belleza de un Pastel de Limón. Finalmente, Lucas terminó por acabarse
el pastel hasta la ultima miga, Isidora en vez de sentirse profanada estaba muy
dichosa por su apetecible creación. Jeannette y Paspalas entraron a la cocina,
Lucas aun seguía sentado frente a la fuente donde alguna vez hubo un bello
Pastel de Limón; Jeannette abrazó a su hijo y lo beso en su mejilla aceitosa.
Luego Paspalas dijo:
─¡Ya es hora niño! debo disparar el
“desmutalizador”, si no lo hago ahora, correremos serios riesgos de que te
quedes como insecto definitivamente, aunque la NASA, correría con todos los
gastos de tu nuevo aspecto, ya hemos desarrollado trajes especiales y
accesorios que se ajustarían perfectamente a tus alas y patas, serías el primer
niño-mosco catador de comida, podrías viajar por el mundo, ya sabes: fama,
dinero, mujeres…, todo lo que un héroe de rock querría en su vida; los Pasteles
de Limón irían por cuenta de la NASA…
─¡Dispare la maldita arma de una vez…, Paspalas!
─reclamó Jeannette con sus ojos de huevo fritos tan característicos.
Paspalas obedeció y el niño volvió a la normalidad,
sus alas y patitas insectívoras se desvanecieron en cenizas áuricas.
A la salida de la casa todos abrazaban a Lucas,
felicitándolo, tal como si fuera un héroe. Cuando lo entrevistaron dijo:
─Solo puedo decir lo siguiente: ¡nunca más volveré
a comer moscas a escondidas! Y obedeceré a mi madre en los parabienes que me
diga… Prometo lavarme los dientes antes de acostarme y comer sano a diario…,
pero los Pasteles de Limón nunca los dejaré.

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