1
El Rescate Imperial
Una
muralla de estrellas oscilaba en el universo frondoso, entre nubes purpurinas y
rojizas, de entre miles de constelaciones y galaxias, se divisó un pequeño
punto que se maximizó a la velocidad de la luz…, la nave triangular en forma de
compas y con luces azulinas en sus extremos, provenía del Cinturón de Orión y
aterrizó cerca del Cráter Kepler, en la Luna. Cientos de soldados grises se
trasladaron en tubos cilíndricos por la superficie. Su traje plomizo metaloide
tenía el símbolo del Grial imperial, eran de la milicia de salvamento del Capitán
Al-Verón.
- ¿Cuál
es el reporte? –preguntó el líder Zeta reticuliano, Al-Citrón a los soldados “Deltas”[1]
-No tengo
buenas noticias Señor. Hemos encontrado al capitán de la nave anterior. Y hay
cientos de grises mutilados por todo el valle de Kepler –dijo Delta A.
- ¿En qué
condiciones se encuentra el Capitán?
-Está
muerto señor.
- ¡Por
los anillos de Saturno! ¿Y el Grial? ¿Lo encontraron…?
-No señor.
No estaba en su traje cuando lo encontramos. Se lo han llevado los Ciarkas.
- ¡Estos
malditos engendros de la galaxia! –Gruñó Al-Citrón –, destruyen todo lo que
encuentran a su paso. Debemos recuperar el Grial. Delta B, ¿en qué ubicación se
encuentra la nave de los Ciarkas? ¿Podremos alcanzarlos aun? –preguntó el Zeta
y enarcó sus cejas fríamente.
El gris
extrajo su visor portátil y calculó la ubicación.
- ¡Si,
señor! Aun podemos alcanzarlo, se dirigen a la constelación de “Alpha Draconis” el lugar de donde
provienen. –dijo Delta B y sus dedos se traslucían suavemente en el holograma.
-Quieren
abrir el portal –razonó Al-Citrón –, y van a liberar al resto de los Ciarkas,
eso traerá la devastación en todos los planetas del imperio, tendrán la
venganza que tanto anhelan, si utilizan el Grial y logran entrar a YTA[2],
estaremos perdidos por varios mileños más, si lo Draconianos escapan, será el
fin.
-Y qué
tal si se devolvieron al planeta Varuna, Señor –Agregó Delta C –, estos Ciarkas
que nos emboscaron en la superficie lunar, provenían de ahí…, quizá los grises
pensaron que instalarían una base en Luna, cuestión que no sabemos.
- ¿Han
revisado los interiores del satélite? –preguntó Al-Citrón.
-No se ha
dado la orden Señor –rezongó Delta C.
Al-Citrón
se quedó estático por un momento, luego, cruzó sus delgadas manos por detrás de
su cintura, y meditó mientras el paisaje de la devastación lunar se reflectaba
en sus grandes ojos purpurinos. Los Aéreo Cilindros se estacionaban en la
superficie, extrayendo los cuerpos de los grises, y decenas de máquinas
excavadoras comenzaban las labores de exploración.
-Haremos
ambas cosas –hablo el líder, y los Deltas suspiraron aliviados –: el plan a)
consistirá en dirigirnos a la constelación de <<Alpha
Draconis>>, recuperar el Grial e impedir que los
Ciarkas draconianos sean liberados del portal YTA; de lo contrario, tendremos
que ir Varuna, y encontrarnos con Eskol[3]
. El plan b) es que un grupo de Deltas
deberá quedarse en la Luna, e inspeccionar si hay bases Ciarkas, no podemos
permitir que estos engendros dominen el satélite. Usted Delta A estará a cargo
de esta misión, tendrán naves y provisiones para hacerlo, los demás Deltas se
irán conmigo a rescatar el Grial. ¿Cristalino señores…?
-¡Cristalinos!
–respondieron los grises
-¡Muy
bien! En marcha.
2
En Búsqueda de Ciarkas
- ¿Ha
entendido las indicaciones Delta A? –el gris se quedó obnubilado con la mirada
fija en el visor de brazo. Luego dio un suspiro por sus pequeños orificios
nasales.
- ¡Si,
señor! –dijo el Selenita –, haremos lo posibles para apresar la mayor cantidad
de Ciarkas, he dispuesto a un grupo de Deltas para la inspección lunar,
empezaremos por Kepler, y luego… –se detuvo el gris, como si una extraña voz en
su ovalada cabeza le dijera: << ¡Ven por nosotros! ¡Engendro del universo!>> – … luego nos dirigiremos al resto de los
cráteres y mares lunares. ¡estos malditos no se escaparán!
- ¡Muy
bien, Delta A! recuerde que estos demonios draconianos han matado a unos de nuestros
mejores capitanes. –Dijo Al-Citrón, su rostro gesticuló una pequeña mueca de
pesar –, Al-Verón hubiera querido que sigamos a estos malditos hasta el fin del
universo. Así que, ánimo cabo, debemos defender el imperio.
- ¡Por el
Grial! –vociferó Al-Citrón como un grito de lucha, los demás deltas rugieron
con entusiasmo.
Al-Citrón
se embarcó en la nave en forma de compas, mientras algunos aéreos cilindros se
acoplaban de su parte inferior. Los grises desfilaban en dirección a la nave,
mientras aclamaban: << ¡Por el Grial!>> a viva voz. Los propulsores de la nave
flamearon y el motor gravitatorio vibro inaudible haciendo flotar las rocas
lunares entre los grises…, y en un flash ésta se perdió en un efecto de
velocidad lumínica entre las estrellas del espacio.
- ¡Atención!
–dijo Delta A–, debemos actuar en grupos, para que la expedición y búsqueda de
Ciarkas sea lo más óptima posible. Alguno de los Deltas presentes ¿ha tenido o
sugiere alguna idea por dónde empezar?
- ¡Aquí
señor! –dijo un Delta. El gris tenia los pliegues de su voluminosa frente más
delgados, señal de juventud e inexperiencia.
- ¿Cómo
te llamas chico? ¡Eh!
-Zauri de
Ciros. Señor –el símbolo del Grial en su pecho pareció inflamarse de orgullo–.
Estoy a su servicio.
- ¿No
eres un poco joven para esto? –Delata A frunció su pequeñísima boca– ¿has visto
alguna vez un Ciarkas? ¿sabes lo que hacen esos demonios del espacio a chicos
como tú…?
-No
señor.
- ¡Pues,
les arrancan las costillas! –enfatizó con voz ronca.
El joven
gris guardo un largo rato en silencio, luego respondió muy tímido:
-No soy
un Delta muy experimentado señor. Pero he jurado Lealtad al imperio y al
Grial…, y daría mi vida por ello…
Se
escuchó un siseo entre los Deltas expectantes.
- ¡Eres
muy Valiente! ¡Ah!, a ver –meditó encorvado –, por qué no nos hace el favor y
nos ilumina al resto del grupo. He visto muchachos como tú morir en manos de
esos engendros y no es algo muy agradable de recordar.
-En
Kepler Señor. –Respondió
-
¿Qué...?
El líder
observó con detención al chico.
- Pienso
que los Ciarkas han ocultado huevos en el interior del cráter, y atendiendo a
que su capacidad de reproducirse es una de las más avanzadas de la galaxia, no
tardarían mucho en preparar un ejército y atacarnos. –Se explayó Zauri de Ciros.
- ¡Mmmm,
veamos! –exclamó el gris y se tomó la barbilla dubitativamente –, tiene algo de
sentido lo que dices, especialmente después de la masacre que hubo en Kepler,
varios de los Ciarkas se ocultaron ahí, y la posibilidad de que un grupo de
ellos se haya parapetado en sus profundidades es alta. Debemos tomar en cuenta
el calor del cráter hace que sea un hábitat propicio para la incubación de
huevos Ciarkas.
Delta A
avanzó unos pasos y se puso enfrente de la cara del joven Zeta.
>>! Muy bien, chico¡, Eres joven, lo sé; pero
has demostrado ser valiente y tenas, o por lo menos, has planteado una idea que
no está del todo lejana de la realidad. Pero más que eso, me preocupa el hecho
de la somera posibilidad de que una horda de Ciarkas se ocultan en el cráter,
pues si vamos por ellos, y han logrado incubar esos huevos, obtendrán una leve
ventaja con nosotros, pues ha habido tiempo suficiente para que se adapten al
hábitat, y en las profundidades de la luna, cualquier cosa puede ocurrir. Pero,
por otro lado, tenemos el factor sorpresa –miró hacia el espacio y se quedó
meditando unos segundos–. Pero el tiempo…, es el tiempo el que nos apremia, se
reproducen rápidamente, así que no tenemos más opción que ir a exterminarlos.
- ¡Eso
es, teniente! ¡Exterminémoslos! –corearon el resto de los Deltas.
Las
tropas de movilizaron marchando hacia Kepler. Zauri sonrió y alzó su laser
neutrónico hacia el espacio en señal de guerra.
-Que no
se diga más… ¡Vamos por ellos! –ordenó el Teniente Delta A–, y no lo olviden,
¡protejan al muchacho!
3
En Búsqueda del Grial
- ¿A qué
velocidad nos dirigimos? –preguntó el Capitán Al-Citrón–, espero que no
tardemos tanto, no sería bueno perder el rastro de los lagartos.
-A tres
saltos temporales de Alpha Draconis. –Dijo Delta B–; pero el sistema de
navegación ha demostrado un desperfecto Señor, es una interferencia de rastreo,
creo que alguien está impidiendo que sigamos la señal.
- ¿A qué
se refiere, soldado? Usted esta insinuando que tenemos un espía, ¿un soplón en
nuestras filas? –inquirió el capitán, y la parte superior de su frente simuló
una desagradable muestra de ira–, si existe alguien así aquí, en mi nave, debe
encontrarlo y apresarlo.
-No es
algo que este en nuestro poder, Señor, con todo respeto –agregó Delta C–, ¿sabe
cuántos Deltas tenemos a bordo actualmente? Son 75. 400, es lo que arrojó el
último conteo del Fono de Transmisión Central 5 [FTC5],
que está conectado a los fono-visores individuales de cada Delta gris; en
definitiva, si alguien nos quiere espiar puede ser detectado, pero podría
borrar la información antes de que empecemos la búsqueda.
- ¿Está
Usted seguro de lo que informa, Soldado?
- ¡Completamente!
Es más…, creo que los Ciarkas ya han dado comienzo a una estrategia para que
nuestros instrumentos no los puedan detectar – Delta C caminó hacia la pantalla
principal, con una mano adelante y otra apoyada en su cintura –, aquí podemos
ver la órbita de Nibíru – apuntó suavemente su índice en la transparencia
virtual –, y un poco más acá, el planeta Varuna…, para cuando lleguemos a Alpha
Draconis, ellos ya se habrán instalado en Varuna, y tomaran posesión de armas y
refuerzos, buscaran la forma de despistarnos con un señuelo, y estarán
preparado en sus naves para atacar.
- ¿Cuánto
tiempo nos queda? – exclamó Al-Citrón con una sequedad en la boca que solo un
capitán al mando de 75.400 Deltas grises puede entender –, no me diga más
complicaciones cabo…, no dejaré que los Ciarkas se salgan con la suya. Usted lo
sabe; si tengo que usar todas las fuerzas Deltas de la nave, pues están a mi
entera disposición.
Delta C
sudó frío, y sus fosas nasales inhalaron profundamente buscando contener la
ansiedad.
- ¡Debemos
actuar rápido capitán! –desesperó el gris–, solo tenemos 45 minutos más para
llegar a Alpha Draconis…y después ¡Boom!
- ¡Boom?
–replicó Al-Citrón –, ¿Qué quiere decir exactamente con tamaña expresión?
Delta C
agachó la mirada, pero los ojos del capitán le obligaron a subir su delgado
mentón
-Si no
llegamos a tiempo ellos tomaran posesión de su arma principal, en Varuna. –Dijo
el Delta C–. Y si logran activarla nos enviaran un rayo desintegrador con la
potencia de 10 Naves Compas como ésta,
lo suficiente para quemarnos vivos, ¡los malditos lagartos nos cocinaran! –prosiguió
el gris, y su cara dibujo el horror de la situación –. ¿Comprende señor lo que
digo? ¡comprende? – repitió en un susurro que se fue apagando en el aire.
-Y ¿Cómo
sabes todo aquello? – terció Delta B.
-Lo sé
porque fui criado en Varuna –espetó el gris mostrando sus manos en señal de
trasparencia –, sé de los Ciarkas lo suficiente para entender lo que son
capaces de hacer, ellos devoraron a mis padres; eso sin contar con los
Draconianos, son de la realeza, su fuerza es descomunal…, espero que no nos
topemos con ellos, y espero que podamos recuperar el Grial y evitar que estos
lagartos liberen a los Draconianos del portal de YTA.
-
¿Draconianos? Pensé que los habían atrapados a todos –Baladró Al-Citrón y
empuñó su mano.
-En
teoría están todos en el portal, pero si lo Ciarkas llegan a liberar a los
Draconianos –hizo una pausa profunda y emitió una voz de pesadumbre –,
estaremos perdidos…, su fuerza es superior o equivalente a tres grises muy bien
entrenados; y en una lucha cuerpo a cuerpo, simplemente…, nos vencerán –afirmó
el Zeta.
-Pues más
vale que eso no suceda –declaró Al-Citrón con una certeza invencible–. En mi
cabeza no existe la derrota, ya perdimos al gran capitán Al-Verón, y no
permitiré que esos lagartos destruyan mi nave, así que…, le ordeno que acelere
la fuerza gravitatoria de la nave al 100 porciento si es necesario, llegaremos
a destino y vamos a detener a los lagartos a como dé lugar o moriremos en el
intento.
-
¡Entendido Señor! – dijeron los grises sin preámbulos.
4
La Batalla en Kepler
Zauri de
Ciros, el joven soldado gris iba en trote pausado siguiendo a las hordas deltas
por los túneles de Kepler, su rostro era más alargado y aplanado como el resto
de sus compañeros, tenía los ojos almendrados y negro petróleo, que reflejaba
un pequeño prisma de luz y brillantes, dándole una aspecto lloroso y
sentimental…, que otro gris no tenia en la galaxia. Sus manos y sus piernas
eran largas y tenía un tono verde que disminuía levemente al grisáceo; adaptadas
especialmente para los efectos gravitatorios de los viajes estelares, y de la
gravedad de la Luna. Unas pequeñas yagas diminutas y superfluas adornaban su
cara, dando el aspecto de pecas pintadas que se distribuían suavemente como
estrellas en el cielo.
- ¿Te
crees capaz de hacer todo eso que dijo el teniente? –preguntó un Delta de la
Horda mientras marchaba.
- ¿Te
refieres a lo que dije yo? Me uní al imperio por los mismos motivos que tú…, y
ya sabemos que, si los Ciarkas abren el portal de YTA a los Draconianos,
nuestra existencia correrá peligro en la galaxia… a todo esto… –meditó con su
mano en la barbilla –, ¿Cómo te llamas? ¿vienes del Cinturón de Orión? Tu voz y
rostro me es familiar…
-Oh
perdón –el gris dejó su pistola neutrónica colgada por su espalda–, Heee si…,
soy Elij de Alnitak – el gris extendió su mano.
-Un gusto
Elij, es difícil conocer a grises entre las hordas…ya sabes…, somos entrenados
para seguir órdenes y defender el imperio, los asuntos de amistad quedan para
casa – inclinó su cabeza Zauri, y luego repuso con una sonrisa –… y, cuéntame
¿Cómo son las cosas en Alnitak? Yo nací en Ciros, pero he vivido toda mi vida
en Alnilam, una de las estrellas hermanas del Cinturón de Orión.
-Bueno.
Las cosas no han estado muy bien en nuestro hogar…, ya sabes, desde que los
Ciarkas han tomado parte de la galaxia hemos estado en constantes batallas,
hemos perdido muchos de nuestros hermanos – dijo Elij cabizbajo –, pero tenemos
la posibilidad de remediar todo esto por el imperio, y por el Grial.
Zauri
asintió.
- ¡Miren
allí! –dijo un delta de improviso.
- ¿Qué
es?
- ¡Oh,
por Júpiter! –exclamó Elij.
- ¡Qué?
¿es que nadie hablará? –dijo un gris sorprendido.
- Es
Terranova – respondió Zaur –, la primera ciudad de la colonización de los
terrícolas, mucho antes de las guerras interplanetarias, es una antigua leyenda
que nos contaban en Alnilam…, cuando los terrícolas expandieron su poder
gravitatorio y habitaron la luna, y, crearon
la primera ciudad subterránea del espacio, aunque se decía para entonces, que
nosotros los grises ya habíamos habitado este lugar; probablemente hubo un pacto entre las dos
razas que desconocemos y los llevo a instalar estos cimientos.
- ¡Caray! –señaló Elij –, entonces es muy
posible que los terrícolas se hayan encontrado con los Ciarkas en más de una
ocasión…, si ellos estaban aquí, y establecieron esta ciudad, como no pensar
que se tropezaron con los lagartos en Kepler, si ya sabemos que buscan apoderarse
de cualquier espacio útil del imperio.
-Tiene sentido lo que dices, salvo un pequeño
detalle – espetó Zaur–; los Ciarkas han convivido con los terrícolas desde
tiempos inmemoriales, solo que ellos no lo sabían, y es muy posible que hayan
tenido asentamientos; ¡aquí!, en la Luna. Junto a todas las otras razas que
buscaban apoderarse de ella.
- ¿Es comprobable esa situación…? –replicó Elij–. Me
refiero…, que, si los Ciarkas conocen estos vestigios de Terranova, es muy
posible que sepan donde esconderse, y que ellos nos hayan atraído hasta aquí;
apropósito, para generar la emboscada y terminar con las Fuerzas Deltas.
- ¡Es posible! – prosiguió Zaur, se percató que a
su alrededor un paisaje de extraños pilares y construcciones se hacía presente
–; de todas formas, no hay nada que podamos suponer si no es abriendo camino
por estos túneles.
- ¡Atención, Fuerzas Deltas! –vociferó el teniente
y los grises se detuvieron. –Hemos llegado a la <<Zona de Peligro>>, según lo que
informa mi fonovisor –se miró el brazo–, estamos a 200 metros de la ubicación
de los Ciarkas, debemos estar preparados, ¡alisten sus armas! –ordenó Delta A–
y envíen Drones de inspección.
- ¿Qué está sucediendo…? – inquirió Elij un poco
temeroso. Abrió sus ojos ovalados como plato –, ¿hemos llegado…ya? ¿son los
Ciarkas?
- ¡Chissst! ¡Chsss!
¡Silencio! – sosegó Zaur –, mantén esa boca callada, estamos en la
entrada de Terranova.
Poco a poco las tropas de grises caminaban entre
las ruinas de lo que fue una civilización terrícola perdida. Había decenas de
edificios de hierro, bunkers metálicos, cajas de alimentos enlatados y
contenedores de purificación de oxígeno, entre otras cosas. Delta A iba a la
cabeza en paso sigiloso y muy atento a las sombras escurridizas que se asomaban
por los edificios.
- ¡Viste eso! – desesperó Elij. Y su pequeña
quijada vibró.
-Si. Deben estar escondidos detrás de los armazones
de hierro –añadió Zaur con preocupación–, ¡ahí deben estar los huevos! Solo…,
mantén el paso, Elij.
- ¡No disparen sin mí autorización! –espetó
bruscamente el teniente gris.
- ¡Los Drones, señor! Han llegado –dijo un soldado
Delta.
- ¿Qué dice el informe, soldado…?
- ¡Por los anillos de Saturno! – repuso el soldado
–, ¡están en todos lados! Debemos salir de aquí señor. ¡Es una trampa! ¡el
cráter esta infectado de Ciarkas!
El soldado retrocedió asustado y sujetó con fuerzas
la pistola neutrónica.
- ¡Preparen Armas, Fuerzas Deltas! – decretó Delta A,
alzando sus delgados brazos en señal de ataque.
- ¡Están en partes elevadas! No tenemos alternativa. –Dijo Elij
puchereando.
Los Ciarkas atacaron por ambos flancos, unos pocos
por el derecho: depredando a los grises sin misericordia, y luego por el
izquierdo dejándolos sin escapatoria. Todo se transformó en una: <<! bola se sapos,
vivoras del universo ¡>> que se entremezcló con los delgados y flácidos
cuerpo de los Zetas y la robustez de los lagartos, dejando como resultado un revoltijo
de carne extraterrestre y un charco de sangre verdosa esparcida por las ruinas
de Terranova. Delta A, se empeño por distribuir lo mejor que pudo la horda de
alienígenas, pero la fuerza de los Ciarkas era muy superior como para
contenerlos, se camuflaban hábilmente entre los hierros de bunkers, y usaban su
invisibilidad como factor sorpresa para sorprender a las Fuerzas Deltas; se
movían fotoeléctricamente como si manejaran el espacio-tiempo en un par de
segundos, y atravesaban a los grises con sus garras o lanzas luminiscentes.
- ¡Retirada! ¡retirada! –vociferó el teniente Delta
A, el brillo estelar de sus ojos se transmutó en una sombra oscura y sin vida,
una abominación dolorosa que cualquier Delta al mando de una horda gris no
querría vivir…, pero era la realidad, la batalla se estaba perdiendo –; ¡es una
masacre! ¡oh, por mis antepasados alienígenas, nunca imagine que los Ciarkas,
una raza depredadora y hostil, estuviera arriba de la cadena de la
supervivencia del espacio – se dijo para sí.
- ¡Señor! – imploró un Delta de rodillas al
teniente –, por lo que más quiera, ¡huya de aquí! – Delta A lo miró de soslayo
como queriendo decir: << ¡levántate cobarde! >>, luego hizo un
ademán de enojo.
Un Ciarkas de unos cuatro metros de alto y alado,
aterrizó detrás del gris sin que este se percatara. Ciarkas y grises detuvieron
la batalla por unos instantes.
- ¿Quién eres tú? –dijo el reptil apuntando su
lanza hacia Delta A. Su ronca voz hizo que los demás lagartos detuvieran la
matanza y se agacharan con pleitesía –. ¿Eres el líder de estos estúpidos
grises?
-Sí – dijo Delta A hidalgamente, dio un paso en
frente e inflamó su pecho estampado con el símbolo del Grial –. Soy Delta A,
Primer Teniente de las Fuerzas Deltas Zetas Reticuliano, y te ordeno que abandones
Terranova, Kepler y cualquier lugar de la Luna, hemos venido del Cinturón de
Orión, y ustedes deben volver donde pertenecen, al portal YTA…, lejos de este
imperio, ¡no les pertenece!
El Ciarkas lo miró con desdén e hizo una mueca que
simuló una risa.
-Yo soy Braco, descendiente de los Draconianos y
del Dios Eskol..., y ustedes no son más que parásitos de este satélite, hemos
liberado nuestras fuerzas y nos disponemos a conquistar la galaxia, el tiempo
de los grises Zetas ha terminado.
Alzó su lanza neutrónica y decapitó al joven
soldado que yacía de rodillas frente a Delta A. Los demás grises observaron
horrorizados.
>> En este
preciso momento, nuestros amigos están tomando parte de Alpha Draconis y
proseguirán a la apertura del Portal YTA, uniremos fuerzas con los Draconianos
y seremos invencibles, dominaremos nuevamente nuestro planeta Varuna, que
alguna vez nos fue arrebatado por los Zetas, e invadiremos la Constelación de
Orión y sus tres estrellas hermanas, iremos una por una causando la muerte y
pesar a los grises habitantes y aldeanos alienígenas, liberaremos al único Dios
del Universo: <<Eskol>>, quien nos guiara a otros mundos para
ser conquistados, nadie hablará de los grises…, serán una vil leyenda de
galaxia, tal como fueron los terrícolas que habitaron Terranova…y, por ahora
les perdonaré sus vidas, salvo tú Delta A –lo apuntó con su lanza–, eres mi
prisionero ahora; los demás se pueden ir por donde le plazca, les aconsejo que
se devuelvan por los túneles de Kepler y que salgan de la superficie Lunar, de
lo contario, atacaremos sin piedad…, ya hemos incubado en diferentes partes de
la Luna, no tienen alternativa.
Braco amarró las muñecas y pies del teniente Delta A con las esposas de
neutrinos y lo arrojó a los Ciarkas.
- ¡Denle una paliza! –dijo Braco burlescamente y los Ciarkas rieron
mostrando su mandíbula filosa –, es la hora de la tortura…
Los Ciarkas rugieron y alentaron a su líder.
- ¿Qué haremos nosotros? – preguntó Elij obnubilado
-Por ahora…, sobrevivir –respondió Zaur mientras se dirigía al túnel de
Kepler.
- ¡Mira! –señaló Elij y apuntó con su índice en dirección a un pequeño
bulto entre la tierra lunar –. ¿Qué es eso?
-No lo sé – susurró Zaur –. Parece un pequeño huevo de Ciarkas, quizás
nos sirva de algo… ¡Ocúltalo Elij! –ordenó– buscaremos la forma de matar a
estos malditos lagartos, todo enemigo tiene su punto débil por más fuerte que
sea.
5
- ¡Aquí esta! Es quien nos ha estado espiando, lo
encontré husmeando en el sistema de maniobra orbital señor. –Dijo Delta C;
traía a un gris de mediana estatura y su rostro se deshacía en pequeñas muecas
fotoeléctricas como el parpadeo de una TV sin señal.
- Quítenle las esposas electromagnéticas – ordenó
Al-Citrón.
- ¡Tengan cuidado, señor! –endilgó Delta B–. Puede
ser peligroso, no sabemos nada de sus planes, con certeza, quizás cuantos más
de estos traidores tenemos a bordo de la nave.
- ¡Dime! –gruñó Al-Citrón con vehemencia e ira–
¿Por qué haces esto? ¿Para quién trabajas? A caso, no te da vergüenza engañar a
tu propia raza.
Hubo un silencio ansioso por 30 segundos.
- ¡Contesta! ¡te lo ordeno, soldado! –insistió el
capitán tomándolo del cuello al gris.
Los Deltas se miraron de reojo.
-Algo anda mal –espetó Delta C.
El gris se desmoronó entre las manos de Al-Citrón
como si fuera una vela derretida, y el rostro del gris se fue desfigurando:
ojos, boca y los dos orificios nasales se desdibujaron como una pintura desteñida.
La piel escamosa se dejó entrever en lo que aparentaba ser el rostro de un gris
Zeta.
- ¡Es un maldito lagarto! –exclamó el capitán –,
¡disparen! ¡disparen!...
Las extremidades del Ciarkas se estiraron como
plasticina, llegando a su tamaño original, la boca se agrandó como un hocico de
lobo, dejando al descubierto una prominente dentadura con molares y premolares
afilados, los ojos de reptil ahora expresaban: <<quiero tu
maldita sangre>> y las garras se asomaron como cuquillas de hierro –¡cuash! ¡cuash!
–dio dos zarpazos al aire, mientras sus alas se alzaban hasta el tope de la
nave.
-Tenemos a Delta A en Kepler, es nuestro
prisionero, ¡ahora! –dijo el reptil con una mueca de risa sardónica y oscura –,
tus insignificantes grises no pudieron con nosotros y vamos a conquistar toda
la galaxia…, ¡morirán! ¡todos los
grises! Las Fuerzas Deltas dejaran de existir.
Una ráfaga de disparos cayó sobre el cuerpo del
alienígena. La sangre verdosa se deslizó hasta los pies de Al-Citrón y rozó la
punta de su bota lunar. Los soldados Deltas recogieron el cuerpo y lo pusieron
en una celda electromagnética.
- ¡Mis heridas curaran! –dijo el lagarto y luego se
desmayó.
-llévenlo a la cubierta de bodegas y manténgalo
vigilado –dispuso el capitán. –Delta C, verifique lo que dijo el lagarto, si el
teniente Delta A fue apresado en Kepler, estamos en serios problemas, no
podemos darnos el lujo de perder la superficie Lunar, ni ninguna de sus bases.
-Capitán –interrumpió Delta B –, nos estamos
acercado a Alpha Draconis, su luz estelar ya es visible a 3500 años luz, es
necesario activar el último salto temporal y estaremos a un paso de llegar a
Varuna…, es posible que no hayan abierto el portal, el FTC5 nos indica que no
se ha detectado el Grial en posesión de los Ciarkas, o bien, activaron un
sistema de camuflaje, pero, con este último salto temporal ya habremos
traspasado su campo magnético, no podrán activar su arma principal.
- ¿Estás seguro? –dudó el capitán y en su rostro se
dibujó un destello de satisfacción. –Si lo que dices es cierto, estaremos en
condiciones de atacar en Varuna. Ellos tienen a nuestro teniente Delta A, pero
nosotros tenemos a unos de sus Ciarkas espías, las piezas de ajedrez están
dispuestas, la moneda está en el aire…, solo debemos posicionarlas de la forma
que más nos convenga y aprenderemos de nuestro enemigo, que nos supera en
fuerza física: uno a cuatro; pero el factor sorpresa es nuestro –meditó –,
subestimarnos puede ser su peor error, su más frágil debilidad, y estoy dispuesto
a tomar provecho de ello.
GTF.

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