A.
Por
miles de años los cometas han dejado su rastro en el cielo de la humanidad.
Desde tiempos inmemorables los hombres han salido a cazar estos ases del
firmamento, aerolitos gigantescos que
surcan la atmosfera, de gran volumen, longitud y masa; que desafía a los
astrofísicos a encontrar cualquier
indicio, que nos dé una esperanza, de avizorar señales de vida, en la
inmensidad del universo o en alguna
galaxia cercana. Todo comenzó una noche
del año 2336, cuando alrededor de 5 cometas dejaron su huella estelar por los cielos estrellados; un importante astrofísico
de aquellos tiempos el Señor Alberto Prih, tuvo un sueño revelador: la creación
de un traje intergaláctico que le permitiera viajar sobre los cometas. Después del lúdico sueño el señor
Prih, se dirigió velozmente y muy entusiasmado
a comentarlo en su círculo científico más cercano:
-¡Qué
maravilla de noche! He podido observar cómo estos cometas se acercan a la
tierra, es un hecho inédito; pero aún no estoy satisfecho, que llegue la hora
de verlos caer, –comentó Luciano blic, en un tono de cursilería científica.
-Buenas
noches estimados –saludó Alberto–, he tenido una noche agitada.
-¡Ah!
Los sueños otra vez. ¿Verdad? –dijo Luciano levantándose abruptamente de un
fino sillón de cuero.
-¡He
ahí! La magia de toda la ciencia –agregó Carlos Cleves.
La
habitación lucía pulcramente, miles de pergaminos digitales con la historia
estelar de cientos de cometas documentados de la historia terrestre.
-¡Tú no
cambias nada Alberto! –Comentó Luciano haciendo una mueca–, eres tan tozudo
como las colas de los cometas, siempre apuntas en dirección contraria al sol.
-¿A qué
te refieres? –sugirió Alberto.
-¡A
nada! Solo digo que tú y tus sueños locos nos saca de contexto.
-¡Bah!
–dijo Alberto haciéndose el desentendido.
-Entonces,
¿Qué has soñado esta vez? –preguntó Carlos.
-Lo
diré, sí, prometen no tomarme el pelo –repuso Alberto.
-¡Vamos
Hombre! ¡Habla ya! –sentenció Luciano.
-Es un
traje.
-¿Un
traje?
-¡Sí!
Un traje intergaláctico, que nos permita viajar sobre el cometa, bueno…, mmm,
quizás cabe la posibilidad de viajar por el interior del cometa.
Hubo un
silencio incomodo, unos segundos, los científicos se miraron desconcertados,
luego se rieron a destajo.
- Pero
usted está más loco que una cabra –dijo Luciano riendo a carcajadas–, sin
agregar, que no existe material en la tierra que soporte la presión, velocidad
y los altos grados de temperatura de un cometa. Su aventura mi amigo, es
prácticamente imposible.
-Igual
de imposible como lo fue la invención de la invisibilidad –repuso Alberto–, o
la colonización de Marte y después de Júpiter, o la teleyección, o los saltos
cuánticos, en fin, la lista sigue, Newton, Einstein, Hawking, Asimov, todos
ellos creyeron en un sueño, ¿Por qué no intentarlo? Si las bases de la ciencia
especulativa es llevarlo a la praxis.
-Sí, la ciencia de la idiotez –ironizó Luciano.
-Sabemos
que en la tierra no existe un metal tan poderoso para crear este traje, pero,
me he enterado de que hace unos días han publicado en la revista científica “Terranova” el descubrimiento de un nuevo metal cien veces
más poderoso que el mismo acero o los minerales de la luna, lo llaman “Voyagernita” y le he pedido a mi colega
de la estación Jupiteriana, que me haga llegar unos cuantos kilos del preciado
metal.
-¡Me
sorprendes Alberto! Que adelantado eres, más no encuentro sentido a tu afán de
viajar a sobre un cometa, ¿Qué deseas lograr con aquello? ¿Qué objeto tiene? Y
¿Cómo diantres piensas pararte sobre un cometa? –preguntó Carlos, dejando caer
sus finos lentes sobre el escritorio flotante.
Luciano
bostezó, se sentó nuevamente en el sillón, y esperó atentamente las respuestas
de Alberto.
-Bueno
mis queridísimos colegas. Primero: he llegado a una encrucijada de mi vida,
tengo la sobrenatural convicción de que el estudio de los cometas nos permitirá
saber nuevas variantes de los viajes estelares, y sus saltos cuánticos por el
universo, ha llegado el momento de experimentar grandes velocidades que soporte
el cuerpo humano, bueno; obviamente un cuerpo acorazado con un traje galáctico,
compuesto por la apreciada Voyagernita; segundo: lo que deseo lograr es aportar
a la ciencia en la investigaciones de los viajes lumínicos, y en este sentido,
el viaje sobre el cometa nos puede entregar fórmulas para que el cuerpo humano
pueda soportar la velocidad de la luz; y tercero: no creo que exista problema
con llegar al meteorito, según mis cálculos, el mes que viene caerán estos 5
cometas, el último de ellos lo hará en el océano pacifico, no es destructivo, y
tiene un tamaño acorde para posar un hombre en su base rocosa. Luciano tú
tienes amigos militares en la estación imperial, ¿Podrías conseguir una nave
C4, para aquella noche? –le preguntó el científico esperando un atisbo de
entusiasmo, de su díscolo colega.
-¡Veré
lo que puedo hacer! –dijo Luciano contorsionando sus muñecas y asintiendo con
su cabeza.
-Aunque
me cueste reconocerlo, es una brillante idea Alberto –señaló Carlos–, nuestros
avances han llegado a la desintegración de partículas en la teleyección,
incluso se ha utilizado para la
invisibilidad de naves y trajes, pero la comunidad científica no ha hecho
grandes avances en el soporte de la velocidad de la luz, y es una
vanguardia trabajar en ese proyecto; me
uno a la causa, mis connotados colegas –dijo Carlos levantando su índice.
Los
científicos salieron juntos del salón y tomaron un taxi flotante.
-¡Les
invito un café Venusiano! –sugirió Luciano cortésmente…
B.
El
trabajo se hizo ligero, los científicos se encontraban armando la estructura de
un traje intergaláctico sin precedentes en la historia de la tierra, la
Voyagernita se calentaba a una
temperatura de 200 grados Celsius, lo necesario para poder derretirla y darle
forma a el armazón del traje; cada uno de los científicos trabajaba
concentradamente en el laboratorio:
-¿Está
lista la Voyagernita? –Inquirió Alberto.
-Aún no
está lista, depende de las variaciones que tenga la temperatura, según los
estudios del planeta Júpiter, ¿Cuánto tiempo debemos esperar la solidificación
del metal? –cuestionó Carlos mirando una probeta antigua del laboratorio.
-Debemos
esperar un día en frío, lo pondremos en la cámara de hidrotérrmica, hasta que
se adhiera a la armadura del traje.
-¡Hidrógeno
y helio! –Agregó Luciano con soberbia–, son los componentes químicos que
necesitamos analizar, ahí está la clave de la elaboración del traje, si ya
tenemos listo su estructura, sería bueno trabajar en la base de estos
componentes, para no arriesgar ningún objetivo; creo yo.
-Pero
todo depende del cometa. –insistió Carlos–: primero, la base estructural y
dinámica del cometa debe adaptarse al traje, no nos olvidemos de la velocidad y
el tiempo de impacto en el pacifico, no es necesario que el traje resista mucho
tiempo; segundo, debemos prever que tipo de componentes trae el cometa, en base
a lo que ya conocemos de ellos, veo más
improbable la posibilidad de que estos elementos varíen; y tercero: el cálculo
del C4[Nave de experimentación] y la trayectoria del cometa, que según la
distancia que he calculado del sol, puede ser elíptica o hiperbólica.
-¡Es
solo hielo, polvo y roca! –recordó Alberto masajeando su ceño.
-¿Ya lo
calculaste?
-Sí.
Hice las pruebas entes de partir, después de todo es una idea un poco
arriesgada, seré yo quien asuma los riesgos físicos y de los cálculos.
Los
científicos se miraron comprendiendo la decisión de Alberto.
-¿Y ya
analizaron el tamaño del cometa? –interrumpió Luciano.
-Sí, es
un cometa enano, mide 145 metros, se fragmentará en múltiples partes, las rocas
más pesadas seguirán su trayectoria hacia el sol. Solo un pequeño trozo de 10
metros entrará a la atmosfera. Alberto, debemos colocarte desde una distancia
razonable del C4, tendrás tiempo suficiente para taladrar la roca, colocar la
cápsula de presión a 6 metros de profundidad, contigo en su interior, el traje
intergaláctico estará adaptado con todo los elementos de monitoreo de última
generación, nosotros recibiremos la información de un ordenador central que
instalaremos en el C4.
-Veo
que pensaste en todo, Carlos. –dijo Luciano con un pequeño aire de envidia.
-Mi
especialidad es la logística astronómica espacial…, Solo debemos hacer bien los
cálculos y todo saldrá como esperamos.
Los
científicos salieron del laboratorio y se quitaron sus trajes amarillos
dorados. La cámara hidrotérrmica sonó
chicharreando, en el instante en que unas luces verdes y rojas pulsaban.
-¡Atención!
¡Atención! Los niveles de radiación han subido. ¡Atención! –clamoreó la
operadora del laboratorio.
-¡Satas
ciencias! Luciano activa el cierre automático, quizás debemos esperar hasta que
los niveles de radiación se estabilicen. –ordenó Alberto.
-¡De
acuerdo! –se apresuró Luciano.
Diez,
nueve, ocho…siete, cinco, cuatro…dos, uno. ¡Radiación estabilizada!
-¡Estuvo
cerca! –se secó Carlos el sudor de su frente con su muñeca.
-Muy
bien, suficiente por hoy; hay un nuevo restorán de comida venusiana ¿Quién se apunta?
–preguntó Luciano.
-“Yo”
respondieron los científicos.
C.
Los
astrónomos se alistaron y abordaron la nave de acercamiento. Partían de la
estación espacial “kila” en las
inmediaciones de la atmosfera terrestre para su encuentro con el cometa. Un cohete
de propulsión instantánea se introdujo en el universo y después se hizo
miniatura en cuestión de segundos.
-¡Que
bello paisaje del universo! Y es más aun…, La tierra se ve increíble ¿Cómo es
posible tanta belleza? –Dijo Carlos asombrado–, ¿Será posible volver para la
cena? –comentó.
Luciano
sonrió mientras copilotaba la nave.
-¡Que
apetito que tienes Carlos! Veo que te has hecho fanático de la comida
venusiana, la influencia culinaria de Luciano está surtiendo efectos. –comentó
Alberto extrayendo un traje espacial del cubículo de carga.
-El
computador muestra que nuestro traje galáctico está en buenas condiciones. ¿Te
ha gustado el color que elegí Alberto? –preguntó Luciano.
-Sí,
desde luego, el rojo metálico le asienta
-¿Y qué
tal un azul eléctrico? Como aquellos
trajes de la antigua era. –comentó Carlos.
-Creo
que ese color ya está obsoleto, además lo ocuparon mucho en la pos era
interplanetaria.
La nave
comenzó a acercarse a la estación Kila, donde nuestros astrónomos
interceptarían el cometa.
-Muy
bien muchachos, creo que tardamos pocos minutos, es hora del ensamblaje.
-¿La
nave se encuentra alineada?
-Sí, y
en perfectas condiciones.
-¡Ok!
Dos, tres, uno, ¡Listo! Ya estamos dentro.
-¡Bien!,
Preparemos el traje intergaláctico, debe estar todo correcto para cuando pase
el cometa. –ordenó Alberto.
Luciano
y Carlos tomaron cuidadosa mente el traje y lo dejaron en un receptáculo
aislante, para su protección.
-¡Bienvenidos
astronautas! –dijo Bruno Jopazo, receptor del C4, estirando la mano para
saludar.
-¡Encantado!
–respondió Carlos.
-¿Quién
será el primero en salir al exterior?
-Solo
uno saldrá receptor, ya lo hemos decidido –se adelantó Alberto.
-Pues
bien, astronauta, el cometa está a quince minutos de llegar a la atmosfera,
recomiendo que esté preparado lo antes posible –Dijo bruno con un tono de
premura–, las misiones en nuestra estación espacial jamás han fallado, rogamos
ser cautelosos. Entiendo que el astrofísico Luciano Blic, estará a cargo de
pilotar el C4, ¿O me equivoco?
-Así,
es señor –respondió con desagrado.
-Bueno,
usted sabrá que aquí en el espacio las cosas son distintas a los simuladores de
juguete de la tierra; le ruego que me haga caso en todo aquello que ordene,
como su receptor del C4 tengo la responsabilidad de entregar la nave en buenas
condiciones ¿Me entiende, señor?
-Sí,
sí, sí, –dijo Luciano a regañadientes.
-Ok,
creo que no hay más que agregar, mucho éxito y a confiar en los cálculos.
Los
científicos abordaron el C4, las compuertas de la estación espacial se
abrieron, y la nave se deslizó lentamente hasta el punto de encuentro con el
cometa.
-¡Ahí
viene! Ya puedo divisarlo, tiempo de intercepción, 7 minutos y contando –señaló
Carlos, muy concentrado en su monitor.
-¡Entendido!
Ya me he puesto el traje intergaláctico, y preparado para salir al exterior.
–dijo Alberto con un leve entusiasmo.
-¡Cápsula
de presión! Lista –agregó Luciano –, es hora, debes introducirte en ella
Alberto, estamos a dos minutos de la intercepción.
El
astronauta se deslizaba por el espacio.
A propulsión de la Cápsula, que esperaba incólumemente que el cometa la
envistiera.
-¡Muy
bien! Alberto –indicó Luciano –: ¿Traje intergaláctico?
-¡Listo!
–Respondió con voz temblorosa
-¿Cápsula
de presión?
-¡Lista!
-Tiempo
de intercepción con el cometa: 30 segundos y contando, 29, 28…, los ojos de
Alberto estaban fijos en el cometa en llamas, 19, 18…, por un momento recordó
todos los cálculos matemáticos que había estudiado, pero los porcentajes de
error, son bajos, es probable, pero siempre hay un margen, 9, 8…, la muerte
también es probable –pensó–, una estrella titilaba al lado izquierdo de lo que
ahora era una roca incandescente acercándose, 3, 2, 1…, “IMPACTO” ya tenemos
impacto.
-Alberto,
estamos monitoreando tus pulsaciones, es estable, presiona el botón negro de tu
hombro, activará el traje, el taladro funcionó de forma instantánea, eres el
primer hombre en viajar al interior de un cometa.
-Ok
–respondió aturdido.
-Estamos
recibiendo información relevante, tu velocidad triplica los 80000 kilómetros
por hora, esto es impresionante. –agregó Carlos.
-¿Cómo
te sientes?
-Como
una salchicha asada –dijo Alberto.
-Jajaja,
veo que no has perdido en sentido del humor
-¡Creo
que las cosas se están poniendo calientes aquí! ¿Cuánto falta para atravesar la
atmosfera?
-No
mucho, solo restan unos segundo, deberías caer en algún lugar pacifico, hemos
recibido información sorprendente del traje intergaláctico, sin duda estos cálculos
nos permitirán un avance en los estudios de la velocidad de la luz, es muy
posible que perdamos comunicación en unos segundos, el cometa se está
desintegrando, el granito y la roca se está pulverizando… ¿Me copias
Alberto?... ¿Me copias?...
-Atención
aquí, llamado a C4, receptor Bruno Jopazo, de la estación espacial, hemos
recibido un reporte que proviene del traje intergaláctico, ¿Me copian?, no hay
rastro del traje ni de la cápsula de presión, los sensores indican que se ha
destruido, no hemos recibido reporte de algún objeto en el pacifico, repito…
¿Me copian?...
-Sí,
entendido –dijo Luciano Atónito, mientras miraba el monitor y el rostro de
espanto de Carlos.
Después
de unos minutos se escuchó una voz:
-Sí,
aquí Alberto Prih, hablo de un inhóspito lugar de lo que sería el pacifico,
todo salió mal, no vengan por mí, el traje está bien; mis sensores marcan algún año desconocido que
no puedo descifrar; una horda de
salvajes viene por mí, hay animales y extraña vegetación que no puedo explicar…,
¡Oh! ¡Sato Dios! ¿Qué es eso…?
GTF

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