lunes, 21 de noviembre de 2016

SALTO TEMPORAL




A.

Por miles de años los cometas han dejado su rastro en el cielo de la humanidad. Desde tiempos inmemorables los hombres han salido a cazar estos ases del firmamento, aerolitos  gigantescos que surcan la atmosfera, de gran volumen, longitud y masa; que desafía a los astrofísicos a encontrar  cualquier indicio, que nos dé una esperanza, de avizorar señales de vida, en la inmensidad del universo o  en alguna galaxia cercana.  Todo comenzó una noche del año 2336, cuando alrededor de 5 cometas dejaron su huella estelar  por los cielos estrellados; un importante astrofísico de aquellos tiempos el Señor Alberto Prih, tuvo un sueño revelador: la creación de un traje intergaláctico que le permitiera viajar sobre  los cometas. Después del lúdico sueño el señor Prih, se dirigió velozmente y muy entusiasmado  a comentarlo en su círculo científico más cercano:
-¡Qué maravilla de noche! He podido observar cómo estos cometas se acercan a la tierra, es un hecho inédito; pero aún no estoy satisfecho, que llegue la hora de verlos caer, –comentó Luciano blic, en un tono de cursilería científica.
-Buenas noches estimados –saludó Alberto–, he tenido una noche agitada.
-¡Ah! Los sueños otra vez. ¿Verdad? –dijo Luciano levantándose abruptamente de un fino sillón de cuero.
-¡He ahí! La magia de toda la ciencia –agregó Carlos Cleves.
La habitación lucía pulcramente, miles de pergaminos digitales con la historia estelar de cientos de cometas documentados de la historia terrestre.
-¡Tú no cambias nada Alberto! –Comentó Luciano haciendo una mueca–, eres tan tozudo como las colas de los cometas, siempre apuntas en dirección contraria al sol.
-¿A qué te refieres? –sugirió Alberto.
-¡A nada! Solo digo que tú y tus sueños locos nos saca de contexto.
-¡Bah! –dijo Alberto haciéndose el desentendido.
-Entonces, ¿Qué has soñado esta vez? –preguntó Carlos.
-Lo diré, sí, prometen no tomarme el pelo –repuso Alberto.
-¡Vamos Hombre! ¡Habla ya! –sentenció Luciano.
-Es un traje.
-¿Un traje?
-¡Sí! Un traje intergaláctico, que nos permita viajar sobre el cometa, bueno…, mmm, quizás cabe la posibilidad de viajar por el interior del cometa.
Hubo un silencio incomodo, unos segundos, los científicos se miraron desconcertados, luego se rieron a destajo.
- Pero usted está más loco que una cabra –dijo Luciano riendo a carcajadas–, sin agregar, que no existe material en la tierra que soporte la presión, velocidad y los altos grados de temperatura de un cometa. Su aventura mi amigo, es prácticamente imposible.
-Igual de imposible como lo fue la invención de la invisibilidad –repuso Alberto–, o la colonización de Marte y después de Júpiter, o la teleyección, o los saltos cuánticos, en fin, la lista sigue, Newton, Einstein, Hawking, Asimov, todos ellos creyeron en un sueño, ¿Por qué no intentarlo? Si las bases de la ciencia especulativa es llevarlo a la praxis.
-Sí,  la ciencia de la idiotez –ironizó Luciano.
-Sabemos que en la tierra no existe un metal tan poderoso para crear este traje, pero, me he enterado de que hace unos días han publicado en la revista científica “Terranova”  el descubrimiento de un nuevo metal cien veces más poderoso que el mismo acero o los minerales de la luna, lo llaman “Voyagernita” y le he pedido a mi colega de la estación Jupiteriana, que me haga llegar unos cuantos kilos del preciado metal.
-¡Me sorprendes Alberto! Que adelantado eres, más no encuentro sentido a tu afán de viajar a sobre un cometa, ¿Qué deseas lograr con aquello? ¿Qué objeto tiene? Y ¿Cómo diantres piensas pararte sobre un cometa? –preguntó Carlos, dejando caer sus finos lentes sobre el escritorio flotante.
Luciano bostezó, se sentó nuevamente en el sillón, y esperó atentamente las respuestas de Alberto.
-Bueno mis queridísimos colegas. Primero: he llegado a una encrucijada de mi vida, tengo la sobrenatural convicción de que el estudio de los cometas nos permitirá saber nuevas variantes de los viajes estelares, y sus saltos cuánticos por el universo, ha llegado el momento de experimentar grandes velocidades que soporte el cuerpo humano, bueno; obviamente un cuerpo acorazado con un traje galáctico, compuesto por la apreciada Voyagernita; segundo: lo que deseo lograr es aportar a la ciencia en la investigaciones de los viajes lumínicos, y en este sentido, el viaje sobre el cometa nos puede entregar fórmulas para que el cuerpo humano pueda soportar la velocidad de la luz; y tercero: no creo que exista problema con llegar al meteorito, según mis cálculos, el mes que viene caerán estos 5 cometas, el último de ellos lo hará en el océano pacifico, no es destructivo, y tiene un tamaño acorde para posar un hombre en su base rocosa. Luciano tú tienes amigos militares en la estación imperial, ¿Podrías conseguir una nave C4, para aquella noche? –le preguntó el científico esperando un atisbo de entusiasmo, de su díscolo colega.
-¡Veré lo que puedo hacer! –dijo Luciano contorsionando sus muñecas y asintiendo con su cabeza.
-Aunque me cueste reconocerlo, es una brillante idea Alberto –señaló Carlos–, nuestros avances han llegado a la desintegración de partículas en la teleyección, incluso se ha utilizado  para la invisibilidad de naves y trajes, pero la comunidad científica no ha hecho grandes avances en el soporte de la velocidad de la luz, y es una vanguardia  trabajar en ese proyecto; me uno a la causa, mis connotados colegas –dijo Carlos levantando  su índice.
Los científicos salieron juntos del salón y tomaron un taxi flotante.
-¡Les invito un café Venusiano! –sugirió Luciano cortésmente…


B.

El trabajo se hizo ligero, los científicos se encontraban armando la estructura de un traje intergaláctico sin precedentes en la historia de la tierra, la Voyagernita se calentaba a  una temperatura de 200 grados Celsius, lo necesario para poder derretirla y darle forma a el armazón del traje; cada uno de los científicos trabajaba concentradamente en el laboratorio:
-¿Está lista la Voyagernita? –Inquirió Alberto.
-Aún no está lista, depende de las variaciones que tenga la temperatura, según los estudios del planeta Júpiter, ¿Cuánto tiempo debemos esperar la solidificación del metal? –cuestionó Carlos mirando una probeta antigua del laboratorio.
-Debemos esperar un día en frío, lo pondremos en la cámara de hidrotérrmica, hasta que se adhiera a la armadura del traje.
-¡Hidrógeno y helio! –Agregó Luciano con soberbia–, son los componentes químicos que necesitamos analizar, ahí está la clave de la elaboración del traje, si ya tenemos listo su estructura, sería bueno trabajar en la base de estos componentes, para no arriesgar ningún objetivo; creo yo.
-Pero todo depende del cometa. –insistió Carlos–: primero, la base estructural y dinámica del cometa debe adaptarse al traje, no nos olvidemos de la velocidad y el tiempo de impacto en el pacifico, no es necesario que el traje resista mucho tiempo; segundo, debemos prever que tipo de componentes trae el cometa, en base a lo que ya  conocemos de ellos, veo más improbable la posibilidad de que estos elementos varíen; y tercero: el cálculo del C4[Nave de experimentación] y la trayectoria del cometa, que según la distancia que he calculado del sol, puede ser elíptica o hiperbólica.
-¡Es solo hielo, polvo y roca! –recordó Alberto masajeando su ceño.
-¿Ya lo calculaste?
-Sí. Hice las pruebas entes de partir, después de todo es una idea un poco arriesgada, seré yo quien asuma los riesgos físicos y de los cálculos.
Los científicos se miraron comprendiendo la decisión de Alberto. 
-¿Y ya analizaron el tamaño del cometa? –interrumpió Luciano.
-Sí, es un cometa enano, mide 145 metros, se fragmentará en múltiples partes, las rocas más pesadas seguirán su trayectoria hacia el sol. Solo un pequeño trozo de 10 metros entrará a la atmosfera. Alberto, debemos colocarte desde una distancia razonable del C4, tendrás tiempo suficiente para taladrar la roca, colocar la cápsula de presión a 6 metros de profundidad, contigo en su interior, el traje intergaláctico estará adaptado con todo los elementos de monitoreo de última generación, nosotros recibiremos la información de un ordenador central que instalaremos en el C4.
-Veo que pensaste en todo, Carlos. –dijo Luciano con un pequeño aire de envidia.
-Mi especialidad es la logística astronómica espacial…, Solo debemos hacer bien los cálculos y todo saldrá como esperamos.
Los científicos salieron del laboratorio y se quitaron sus trajes amarillos dorados. La cámara  hidrotérrmica sonó chicharreando, en el instante en que unas luces verdes y rojas pulsaban.
-¡Atención! ¡Atención! Los niveles de radiación han subido. ¡Atención! –clamoreó la operadora del laboratorio.
-¡Satas ciencias! Luciano activa el cierre automático, quizás debemos esperar hasta que los niveles de radiación se estabilicen. –ordenó Alberto.
-¡De acuerdo! –se apresuró Luciano.
Diez, nueve, ocho…siete, cinco, cuatro…dos, uno. ¡Radiación estabilizada!
-¡Estuvo cerca! –se secó Carlos el sudor de su frente con su muñeca.
-Muy bien, suficiente por hoy; hay un nuevo restorán de comida venusiana ¿Quién se apunta? –preguntó Luciano.
-“Yo” respondieron los científicos.

C.

Los astrónomos se alistaron y abordaron la nave de acercamiento. Partían de la estación espacial “kila” en las inmediaciones de la atmosfera terrestre para su encuentro con el cometa. Un cohete de propulsión instantánea se introdujo en el universo y después se hizo miniatura en cuestión de segundos.
-¡Que bello paisaje del universo! Y es más aun…, La tierra se ve increíble ¿Cómo es posible tanta belleza? –Dijo Carlos asombrado–, ¿Será posible volver para la cena? –comentó.
Luciano sonrió mientras copilotaba la nave.
-¡Que apetito que tienes Carlos! Veo que te has hecho fanático de la comida venusiana, la influencia culinaria de Luciano está surtiendo efectos. –comentó Alberto extrayendo un traje espacial del cubículo de carga.
-El computador muestra que nuestro traje galáctico está en buenas condiciones. ¿Te ha gustado el color que elegí Alberto? –preguntó Luciano.
-Sí, desde luego, el rojo metálico le asienta
-¿Y qué tal un azul eléctrico?  Como aquellos trajes de la antigua era. –comentó Carlos.
-Creo que ese color ya está obsoleto, además lo ocuparon mucho en la pos era interplanetaria.
La nave comenzó a acercarse a la estación Kila, donde nuestros astrónomos interceptarían el cometa.
-Muy bien muchachos, creo que tardamos pocos minutos, es hora del ensamblaje.
-¿La nave se encuentra alineada?
-Sí, y en perfectas condiciones.
-¡Ok! Dos, tres, uno, ¡Listo! Ya estamos dentro.
-¡Bien!, Preparemos el traje intergaláctico, debe estar todo correcto para cuando pase el cometa. –ordenó Alberto.
Luciano y Carlos tomaron cuidadosa mente el traje y lo dejaron en un receptáculo aislante, para su protección.
-¡Bienvenidos astronautas! –dijo Bruno Jopazo, receptor del C4, estirando la mano para saludar.
-¡Encantado! –respondió Carlos.
-¿Quién será el primero en salir al exterior?
-Solo uno saldrá receptor, ya lo hemos decidido –se adelantó Alberto.
-Pues bien, astronauta, el cometa está a quince minutos de llegar a la atmosfera, recomiendo que esté preparado lo antes posible –Dijo bruno con un tono de premura–, las misiones en nuestra estación espacial jamás han fallado, rogamos ser cautelosos. Entiendo que el astrofísico Luciano Blic, estará a cargo de pilotar el C4, ¿O me equivoco?
-Así, es señor –respondió con desagrado.
-Bueno, usted sabrá que aquí en el espacio las cosas son distintas a los simuladores de juguete de la tierra; le ruego que me haga caso en todo aquello que ordene, como su receptor del C4 tengo la responsabilidad de entregar la nave en buenas condiciones ¿Me entiende, señor?
-Sí, sí, sí, –dijo Luciano a regañadientes.
-Ok, creo que no hay más que agregar, mucho éxito y a confiar en los cálculos.
Los científicos abordaron el C4, las compuertas de la estación espacial se abrieron, y la nave se deslizó lentamente hasta el punto de encuentro con el cometa.
-¡Ahí viene! Ya puedo divisarlo, tiempo de intercepción, 7 minutos y contando –señaló Carlos, muy concentrado en su monitor.
-¡Entendido! Ya me he puesto el traje intergaláctico, y preparado para salir al exterior. –dijo Alberto con un leve entusiasmo.
-¡Cápsula de presión! Lista –agregó Luciano –, es hora, debes introducirte en ella Alberto, estamos a dos minutos de la intercepción.
El astronauta se  deslizaba por el espacio. A propulsión de la Cápsula, que esperaba incólumemente que el cometa la envistiera.
-¡Muy bien! Alberto –indicó Luciano –: ¿Traje intergaláctico?
-¡Listo! –Respondió con voz temblorosa
-¿Cápsula de presión?
-¡Lista!
-Tiempo de intercepción con el cometa: 30 segundos y contando, 29, 28…, los ojos de Alberto estaban fijos en el cometa en llamas, 19, 18…, por un momento recordó todos los cálculos matemáticos que había estudiado, pero los porcentajes de error, son bajos, es probable, pero siempre hay un margen, 9, 8…, la muerte también es probable –pensó–, una estrella titilaba al lado izquierdo de lo que ahora era una roca incandescente acercándose, 3, 2, 1…, “IMPACTO” ya tenemos impacto.
-Alberto, estamos monitoreando tus pulsaciones, es estable, presiona el botón negro de tu hombro, activará el traje, el taladro funcionó de forma instantánea, eres el primer hombre en viajar al interior de un cometa.
-Ok –respondió aturdido. 
-Estamos recibiendo información relevante, tu velocidad triplica los 80000 kilómetros por hora, esto es impresionante. –agregó Carlos.
-¿Cómo te sientes?
-Como una salchicha asada –dijo Alberto.
-Jajaja, veo que no has perdido en sentido del humor
-¡Creo que las cosas se están poniendo calientes aquí! ¿Cuánto falta para atravesar la atmosfera?
-No mucho, solo restan unos segundo, deberías caer en algún lugar pacifico, hemos recibido información sorprendente del traje intergaláctico, sin duda estos cálculos nos permitirán un avance en los estudios de la velocidad de la luz, es muy posible que perdamos comunicación en unos segundos, el cometa se está desintegrando, el granito y la roca se está pulverizando… ¿Me copias Alberto?... ¿Me copias?...
-Atención aquí, llamado a C4, receptor Bruno Jopazo, de la estación espacial, hemos recibido un reporte que proviene del traje intergaláctico, ¿Me copian?, no hay rastro del traje ni de la cápsula de presión, los sensores indican que se ha destruido, no hemos recibido reporte de algún objeto en el pacifico, repito… ¿Me copian?...
-Sí, entendido –dijo Luciano Atónito, mientras miraba el monitor y el rostro de espanto de Carlos.
Después de unos minutos se escuchó una voz:   
-Sí, aquí Alberto Prih, hablo de un inhóspito lugar de lo que sería el pacifico, todo salió mal, no vengan por mí, el traje está bien;  mis sensores marcan algún año desconocido que no puedo descifrar;  una horda de salvajes viene por mí, hay animales y extraña vegetación que no puedo explicar…, ¡Oh! ¡Sato Dios! ¿Qué es eso…?

GTF







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