miércoles, 12 de octubre de 2016

EL ROBOT DEL INTERIOR (Los Últimos Terrícolas)




1

Despertó asustado y no supo que decir. La imagen de un robot saliendo del interior de su cuerpo lo dejó más que turbado. Secó el sudor de su frente, se puso su traje azul metálico y se dirigió al laboratorio central de la base “Infinitum”. Sabía considerablemente que nadie en toda  Atón comprendería el experimento que estaba llevando a cabo.
Robert Dikoudis, era un tipo tranquilo, introvertido y de gran genio; pero por desgracia  padecía constantemente de demencia espacial, algunos; sin embargo decían que aquello era un reflejo genético del comportamiento humano exterior, heredado de Los últimos terrícolas.
-Llamando a bese central Infinitum, Operadora, comuníqueme con el general Lucas Evander.
-Entendido señor.
-Habla el general, ¿Cómo se encuentra hoy Dikoudis? ¡Dígame! ¿En qué puedo ayudarlo?
-Pido autorización para restablecer el “Proyecto Cinco” general.
-¿Me habla usted del proyecto de los Robots Humanoides Robert?
-Sí señor robots inteligentes y baratos para el mantenimiento de la ciudad.
-¡Esta seguro Robert! Recuerde lo que paso la última vez. Usted sufre demencia espacial y alucinaciones producto de los experimentos.
-No se preocupe señor, ya lo tengo superado, los robots deben quedar en buenas condiciones e utilizables para el manejo domestico de la ciudad
-Está Usted seguro Dikoudis. Puede ser perjudicial para su salud –exclamó Evander mientras lo analizaba de pies a cabeza.
-¡Sí! Lo sé señor. Cometí un error. Pero debo terminar los experimentos
-¡Está bien! cuente con la autorización para el Proyecto Cinco.-
-¡Gracias señor! –dijo el Doctor sin mediar más palabras.
El Proyecto Cinco consistía en un grupo de robots para las tareas domésticas y engorrosas de Atón; pero dado a la complejidad psíquica de un cerebro Cyberorgánico, era necesario seguir un protocolo especial, para mantener el control de loa robots, donde  no se exceda los límites del Código Atoriano.
¡Doctor Dikoudis! –Llamó una mujer alta, tez blanca y pelo liso dorado, entrando al laboratorio con su delantal blanco –: señor, hay un problema, con la serie Z10 de los robots domésticos, su cerebro Cyberorgánico se ha alterado. Puesto que su visión es dejar que este cerebro sea idéntico a los enlaces mentales y sinopsis neuronales de los humanos, no están respondiendo al protocolo exigido para el bien de la ciudad y el código Atoriano, más que un robot doméstico, estos enlaces cerebrales demuestran el traspaso de pensamientos destructivos que pueden ser peligrosos para la ciudad de Atón. ¿Puede usted generar los cambios necesarios en estos cerebros? –preguntó la joven científica.
-¡Por supuesto! Yo he creados estos cerebros para ser usados domésticamente, una mente Cyberorgánica puede ser muy útil para nuestra sociedad.
-¡Útil y destructiva! –Señaló la científica–, mis investigaciones han arrojado que los vicios humanos pueden ser traspasados a estos cerebros –dijo la mujer con un lápiz en la mano–; en resumidas cuentas estaríamos creando posibles robots con predisposición autodestructivas e invasivas, que puede ocasionar graves perjuicios en el desarrollo social de la ciudad.
-¿Con quién tengo el gusto de hablar…? –dijo Dikoudis en un tono sarcástico y burlón mientras veía a la chica con el lápiz en la boca.
- Helena Onisse, ingeniera robótica de la universidad de Atón Señor –exclamó la científica con gran vivacidad –. Helena alzo su fina mano delicadamente saludando al Doctor.
-¡Mucho gusto Señorita Onisse! Ahora, me puede explicar Usted como ha llegado a las conclusiones fácticas en la utilización de cerebros Cyberorgánicos.
-Pues bien, en realidad es cosa de herencia señor, la especies humanas no Atorianas han demostrado poseer una fuerte inclinación por los deseos más primitivos, los humanos antiguos excluyendo a Los Últimos, se caracterizaban por poseer actitudes bélicas y violentas. En este sentido, un cerebro Cyberorgánico está hecho al modelo de los primeros ingenieros, aquellos que sobrevivieron a la sexta guerra, pero no se percataron que en su evolución admitiría la información de sus antepasados.
-¿Me esta insinuando que los cerebros Cyberorgánicos están obsoletos?
-No señor, en lo absoluto. Solo señalo que la naturaleza robótica se abre curso, y que es posible que estos robots en algún momento inesperado se salgan de control
-¿Qué es lo que sugiere Onisse? –Preguntó Dikoudis con sus ojos desorbitados.
-Es necesario volver al origen señor. Necesitamos un cerebro con información Atoriana, con la evolución y conocimiento de Los Últimos Terrícolas, pero adaptado a las funciones básicas de la ciudad. Quizás alguna producción en serie que tenga ese objetivo, pero también necesitamos robots científicos y un líder.
-¿Este tipo de cosas enseñan en la universidad Atoriana en estos días? –Preguntó Dikoudis sorprendido.
-Así es Doctor. Las últimas investigaciones en robótica señalan que la construcción del pensamiento Cyberorgánico debe ir dirigido hacia la función de la sociedad colectiva, eso permite adquirir un estímulo comparable a la empatía humana, pero aplicable a los robots.
-Ok. Trabajaremos en la modificación interna de los cerebros por ahora, pero necesitamos un modelo de cerebro evolutivo. Uno que  contenga la herencia de los últimos terrícolas –comentó el Doctor pensativo mientras Onisse esperaba en un largo silencio esfumado –. Será mejor consultarlo a la almohada –Dijo finalmente el doctor con la vista pegada al techo.
Onisse sonrió con los labios sutilmente y salió del laboratorio.

1b

¡Suéltenme! ¡Suéltenme! –Gritó Dikoudis mientras despertaba asustado. La imagen de un Robot saliendo de su cuerpo lo volvía a atormentar.
-Otra vez el mismo sueño –se dijo así mismo con terror.
Se levantó de la cama y fue al baño a secarse el rostro del sudor. Enseguida se dirigió  hacia la ventana de su habitación, un paisaje hermoso de la tierra hacia brillar sus ojos; a pesar, de ser un gran planeta desértico, aún se podía vislumbrar aquellos bordes azulinos atmosféricos, o, quizás más bien imaginaba que era otro mundo, aquel del cual su padre le hablo en su niñez; su padre, quien fue uno de los que confió en él y en sus primeros experimentos, quien siendo uno de “Los Últimos” le dio aliento para seguir adelante con sus experimentos, pero la tierra siempre le fue un pensamiento lejano, incluso en este momento.
-¿Qué Robot debo crear para ayudar a la ciudad? ¿Qué cambios en el cerebro Cyberorgánico necesitamos? –Dikoudis se preguntaba mientras miraba la tierra por su ventana, esperando que la  respuesta cayera universo.

2

¡Doctor!, ¡Doctor!, ¡Despierte!, ¿Qué le sucedió? ¿Se quedó dormido? –Dijo Onisse mientras levantaba a Dikoudis del suelo.
-¡No lo sé! Onisse hay que ir al laboratorio.
-¿A tomado sus medicamentos Señor? El general Evander lo espera en el laboratorio.
-¡Ese cretino impaciente! –Comentó ofuscado mientras se levantaba–, solo quiere a los malditos Robots. No podré terminar el Proyecto Cinco a tiempo.
-No perdamos la calma Doctor, siempre ha llegado a la solución de los problemas científicos, tal como lo hizo su padre quien fue un científico excepcional.
-Mi padre era un verdadero Terrícola Onisse. Yo solo he sido una mala copia con una obsesión explosiva.
-No sea tan duro consigo mismo Doctor. Toda Atón sabe de lo que es capaz.
- ¿Toda Atón, insinúas? –Repitió con sarcasmo–, lo verdadero es que no puedo crear ese cerebro Helena. Es imposible encontrar algún modelo con la información genética de “Los Últimos” tendría que morir uno de ellos y su cuerpo ser donado a la ciencia. Tú y yo sabemos que “Los Últimos” son intocables.
Helena y el Doctor salieron del departamento en dirección al laboratorio.
-¿Señor Dikoudis como se encuentra? Lo estaba esperando. –Dijo el General Evander mientras se levantaba del sillón en la oficina del Doctor.
Dikoudis solo lo siguió con la mirada mientras se deslizaba.
-Lamento informarle que el Proyecto Cinco esta cancelado.
-General. Es el proyecto de mi padre, he trabajado toda mi vida en el desde que lo herede.
-Sí, lo sé –Dijo con su pipa en la boca –, Pero el Concejo Atoriano ha decidido que usted es un peligro para nuestra sociedad. O acaso se le olvida que sufre hace años de demencia espacial.
-Así es señor. Pero he hecho incansables esfuerzos para controlarlo, la enfermedad no impide mis investigaciones científicas.
-¡Bueno! No esta demás saberlo; pero el Concejo cree que ha pasado tiempo suficiente, y decidió que es hora de abandonar la idea de tener Robots domésticos en la ciudad, sin contar con el real peligro que puede ocasionar si los robots se salen de control, además el pre-proyecto fue un rotundo fracaso.
-Eso no es del todo correcto general. Los robots están utilizables, solamente que es necesario activar su cerebros Cyberorgánicos con la información genética de los últimos.
-Entonces Doctor ¿Me puede explicar porque todos estos años esos robots no ha sido utilizados?
-Por mi padre señor
-¿Qué dice?
-Mi padre me dijo antes de morir que no se activen los cerebros del pre-proyecto hasta que encontrara un modelo legítimo de los últimos, además, la doctora Onisse sugirió que aquella traslación debe tener la información Atoriana destinada a la mente colectiva de la ciudad y un líder que controle su masificación.
-¿Es aquello cierto señorita Onisse?
-Así es general, según las últimas investigaciones de la universidad Atoriana que lo avalan.
-¡No pude ser! –Dijo en general sacándose la pipa de la boca–, eso significa que debemos encontrar a ese líder, un líder capaz de dominar los robot domésticos y también que sea capaz de…
-¿Capaz de qué? –Interrumpió Dikoudis con cara interrogativa–, no estará pensando en utilizar mis robots con fines militares general, mi padre se esforzó mucho por estos robots, siempre quiso que ellos tuvieran un fin social para la ciudad y no para la milicia, no por ello la humanidad se extinguió por el uso de esta tecnología, fueron seis guerras general, seis; y me va explicar usted que aún no aprendemos…
-¡Lo siento mucho doctor! –Exclamó Evander–. El Consejo Atoriano tiene sus reglas, nada puedo hacer para intervenirlas, no puedo evitar simpatizar con usted, y sé que el Proyecto Cinco era la gran obra de su padre, pero el concejo tiene sus derechos y autoridad, las leyes Atorianas lo avalan según nuestra democracia.
-¡Democracia General! ¿De qué democracia me está usted hablando? –Preguntó desconcertado mientras se llevaba ambas manos al rostro en señal de negación –Usted y yo sabemos que aquellos conceptos han llevado y justificado la guerra por mileños a la humanidad, hay registros, están en los libros…, por aquellos hemos confiado en la ciencia para mantener nuestra civilización.
El general guardó silencio por unos segundos.
-Lo siento mucho Doctor Dikoudis. No puedo hacer nada por usted, el concejo piensa que es mejor resguardarse ante una posible invasión, sé que nos hemos mantenido en paz durante muchos años y no existen conflictos con los otros planetas y galaxias cercanas, pero…, la ciudad no puede quedar sin defensa.

Onisse estaba atónita y sin voz, sólo podía observar el rostro desfigurado de Robert al enterarse que la obra de su padre sería usada con fines militares. El general se puso la pipa en la boca y re retiro de la oficina con paso firme mientras Robert se desplomo abatido en su asiento.

3

Onisse se acercó a Dikoudis y lo tomo por su espalda en señal de consuelo
-¡Señor! ¡Señor! ¿Se encuentra usted bien? ¿Quiere un vaso de agua?
-No, muchas gracias señorita, la verdad, es que no sé qué es lo que haré ahora, esto puede traer graves consecuencia para Atón, es posible que los Robots se salgan de control sin un líder que provenga de “Los Últimos”, y a juzgar por lo que dijo el general, es muy probable que el Concejo esté pensando en un líder militar, aquello podría traer consecuencia desastrosas, podría formarse una rebelión, la historia nos ha demostrado que la robótica se abre curso y conciencia que los lleva a ejercer la dominación de la humanidad, ha pasado antes y volverá a pasar, hemos estado cientos de años tratando de dominar la tecnología, pero al final siempre nos sobrepasa.
-¡Así es señor! Usted está en lo correcto. En la universidad Atoriana nos enseñaban filosofía de la robótica, después de mucho tiempo en que la humanidad se desprendió de aquella, finalmente se optó por mantenerla pues nos ayuda a meditar los grandes cataclismos tecnológicos que hemos sufrido, ha sido una transición muy costosa señor para la humanidad…Mn. Bueno, la que queda por lo menos.
-¡Onisse!  Repítame. ¿Qué es lo que dijo…? –Exclamó Robert mientras se paraba efusivamente de su escritorio, comenzó a caminar de un lado para el otro, por toda la oficina como un loco mientras se desordenada su graso pelo y aplastaba su cabeza con sus manos.
-¿Cuál de todas las cosas señor? ¡Ah! Que en la universidad Atoriana nos enseñaban…
-¡No! No es eso. –interrumpió abruptamente el doctor con los ojos perdidos en el espacio tiempo de su locura –. Es lo último que dijo Onisse.
-¡Ah! Le decía que  la Robótica ha sido una transición muy costosa para la humanidad.
Onisse  miró al Doctor con cara de duda y desconcierto. Pensó en un instante: “¡sí que está loco este sujeto!”
-¡Exacto! Eso es. Transición, Transición. Esa es nuestra palabra; nuestro punto de vista.
-No lo logro entender a qué se refiere Doctor.
-¡Usted ha dado en al clavo Onisse!  Es necesario un proceso de “Transición”. Los robots necesitan un líder, y aquel debe contener información genética de “Los Últimos” ¡He aquí la solución!
-¿Dónde doctor?
-Justo en frente de ti.
-¡Señor! No estará pensando en…
-¡Si Señorita! Eso es justamente lo que estoy pensando, y es más, lo llevo meditando desde que Evander abandono mi oficina. No creo que tenga más alternativa, de lo contrario se perderá el proyecto de mi padre en manos de la milicia.
-Pero, Señor, es muy arriesgado, puede resultar un rotundo fracaso.
-No fracasaremos.
-¿Fracasaremos? –exclamó preocupada.
-¡Así es! Y Usted me ayudara. Usted y nadie más. Solo en ti puedo confiar Onisse.
La científica tomo los informes de la mesa de Robert y se retiró de su oficina, sin decir nada, ya había comprendido absolutamente todo, sabía en cierta y rara forma que el Doctor Dikoudis tenía razón y que todo lo que razonaba era por el bien de Atón. Al retirarse solo quedo su perfume de aroma jazmín en el aire.  
                                                                                
                                                                                    4

Robert se quedó meditando, mirando por la ventana de su alcoba, podía ver las estrellas a lo lejos y el rojizo planeta tierra, a través del cristal su rostro se reflejaba como si estuviera en el agua: ¡Ahí está mi rostro! –Pensaba contemplando los astros –, ¿Qué hubiera hecho mi padre? ¿Qué pensaría mi padre en este preciso momento, sería capaz de tirar el proyecto de su vida por el suelo, o más bien meditaría la posibilidad de prolongarlo por el resto de su existencia? Si tan solo estuviera con él; aquí, solo por un momento, solo por este segundo donde mi cabeza y corazón se retuercen buscando una solución. Lo cierto es que sé que la solución está a la mano, sé que de cualquier forma debo velar por el bien de la ciudadanía Atoriana, el Consejo lo sabe, somos los descendientes de los últimos, los últimos seres humanos que poblaron la tierra cuando aquella aun tenia vida, atmosfera, flores, animales o vida como la conocemos, mi padre amaba todo aquello, siempre estuvo dispuesto hasta entregar su vida si es necesario, y yo, un científico exitoso, uno de los más importantes de Atón, voy a sacrificar todo lo necesario para ello, tomaré esta difícil decisión y me hare responsable de ella por el bien de la humanidad.
El científico se puso su bata, sus lentes y salió de su habitación rumbo al departamento de la única persona en que confiaba, su asistente de laboratorio. Era la hora en que toda la cuidad dormía y necesitaba discreción para llevar a cabo su plan; su plan que lo haría transcender superiormente por el resto de cualquier mortal, sería recordado por mileños como el primer descendientes de los últimos que entrega su cuerpo por el bien superior de la ciencia
-¡Onisse, Onisse! ¡Contéstame! ¡Ábrame la puerta! –Golpeaba la puerta con ansiedad y euforia, como solía suceder los medicamentos a veces le causaban efectos secundarios.
-¡Doctor! Es tarde. ¿Qué quiere?
-necesito que me acompañe al laboratorio, ha ocurrido un problema con los robots, se han vuelto locos.
-Señor ¿cómo pudo suceder semejante cosa? –preguntó alterada.
-No lo sé, quizás alguien dejo la clave expuesta del compartimento. Necesito que me ayude.
-Está bien. Déjeme que me vista y lo acompaño.
Onisse entró a su departamento y se puso su traje azul metálico mientras Robert esperaba en la puerta.
-Ya señor estoy lista, vamos deprisa, no puedo creer que haya ocurrido semejante accidente, siempre mantengo precauciones excesivas, perdóneme si cometí un error.
Los dos tomaron un deslizador, y  atravesaban los anchos pasajes de Atón, a metros se vislumbraba un conjunto de árboles y jardines artificiales de múltiples colores; los científicos conversaban sobre la posibilidad de alguna fuga de un ejemplar, sin tener ideas verdaderas de lo que acontecía. Pronto llegaron al laboratorio.
-Doctor, he revisado todas las compuertas; todo está en orden aquí, no hay ninguna fuga de ejemplares –dijo Onisse en un tono de extraña sospecha, presintiendo lo que se venía –, las compuertas de los robots están aseguradas señor.
-¡Lo siento mucho Onisse! Lamento sacarla de su departamento con esta mentira, lo cierto es que usted es la única persona que me puede ayudar y en quien confío.
-¿A qué se refiere Señor? –Dijo Onisse un poco asustada, mientras retrocedía dando dos pasos certeros hacia atrás- ¿A tomado sus medicamentos? ¿Quiere que lo lleve al hospital Atoriano? Onisse trataba de entender lo que sucedía mientras buscaba la forma de tranquilizar a Robert.
-¡Transición! ¿Se acuerda de esa palabra Señorita?
-Si claro que lo recuerdo Señor. ¿Cómo olvidarlo? Sin embargo, es una locura, podría perder la vida.
-¿Locura? Locura sería no terminar el trabajo de mi padre y dejar que Evander use los Robots para la milicia. Mi vida quedará a manos de la ciencia desde esta noche.
-¿Usted sabe en el lío que podría meterme señor? Podrían quitarme la licencia y jamás ejercería como ingeniera robótica
-Lo sé mi querida Onisse, por eso me tome el tiempo de redactar un testamento, en él te entrego amplios poderes, tienes el dominio de todas mis haberes, incluyendo el proyecto de mi padre, solo en ti confío, y sé que serás la indicada para seguir sobrellevando el Proyecto Cinco con todo lo que eso implica, incluso si es que todo sale bien, tendrás amplios poderes sobre mí, en cualquier circunstancia si transciendo de la forma Robótica, como esperamos, podré darte más indicaciones.
-Pero señor, no creo poder con tanta responsabilidad
-sí, claro que podrás, ya se todo sobre ti, fuiste la mejor de la clase y tienes un corazón noble, tu eres la indicada, no cabe duda. Cuando acabes la transición debes destruir la cápsula, solo tú tienes el poder de reconstruirla, las indicaciones están en mi testamento; no queremos que alguien más use su cerebro en pos de la guerra.
Onisse sonrió y entró al compartimento donde estaban los robots, tomo el ALFA 1, el modelo más avanzado de todo el grupo y lo conectó al computador central y dijo: –Señor, sé que usted está en lo correcto, me siento muy honrada en poder ayudarlo, que este sacrificio sea por el bien de la ciencia y de la humanidad.
Las cápsulas se abrieron y Robert entró a una de ellas, mientras el ALFA 1 caminaba hacia la otra. Una última mirada y Onisse le dió la mano a quien fue su mentor por todos estos años en la universidad.
-¡Éxito Señor! Estaré aquí esperando cuando salga. No se preocupe por todo, está bajo control como usted decía.
Robert mantuvo la calma y solo pensaba en su padre cuando estaba dentro de la cápsula, las compuertas se cerraron, había un olor a gas metálico en el interior, unas manos robóticas lo tomaron de las extremidades y un casco descendió del techo de la cápsula incrustándose en su cabeza, el ALFA 1 estaba exactamente en la misma posición en el otro extremo del laboratorio.
-Listo, Onisse, estoy preparado, comienza la Transición cerebral
Onisse oprimió enter del computador central, un ruido extraño y fuerte comenzó a emerger, casi como una centrifuga, en el interior de la capsula unas luces azules comenzaron a parpadear, el computador indicaba: “cincuenta porciento, setenta porciento”, mientras Onisse se apretaba fuertemente las manos y los dientes nerviosa: “setenta y cinco porciento, noventa porciento”, ¡Por los anillos de Saturno! Solo quedan “Diez porciento”, ¡Vamos Robert tu puedes lograrlo! : “noventa y cinco porciento”, y hubo una pausa más de lo normal, Onisse  se empezó a impacientar: ¡Vamos, Vamos!   “noventa y ocho porciento… y cien porciento”: “Transición Completa” ¡Jesús! –Exclamó una palabra que había recordado de las bibliotecas antiguas Atorianas –, vio que salía un vapor fluorescente de la cápsula de Robert… Y allí estaba.  Un imponente Robot se asomaba delante de sus ojos…



     



   










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